Confusión conyugal

En el avión desde Los Ángeles, me ocurrió algo que me ha parecido idéntico a la situación política del país. Al tomar el lugar que me correspondía, di las buenas noches a mi compañera de asiento, pero ésta resultó ser una señora algo malgeniada o quizás muda que volvió la cabeza hacia la ventana.

Dormí de un tirón, desperté a las cinco de la mañana y me dirigí al baño del avión. Un caballero, sentado con su esposa, dos filas antes, hizo lo mismo.
Quizás él volvió primero y se equivocó. En la oscuridad de la nave, tomó asiento al lado de la señora muda. Por mi parte, me senté al lado de su esposa. No me di cuenta.

De repente, la señora que estaba a mi lado y que yo presumía era la muda, recuperó el habla y me dijo: “Eres un madrugador, amorcito.”

Sorprendido por su impertinencia, me puse un antifaz para dormir. No habían pasado cinco minutos cuando sentí que la mano de la señora muda acariciaba mi cabeza y me decía: “Peladito, dormilón…”

Me levanté del asiento indignado, pero de inmediato comencé a presenciar una escena en el lugar al que había ido el otro caballero, o sea el mío al lado de la muda. Aquélla gritaba: “Este hombre es un degenerado”

Cuando se prendieron las luces de todo el avión, la muda continuó “Este hombre ha querido manosearme.” El hombre asustado se puso de pie, y la mujer que estaba a mi lado clamó: “Ese hombre es mi esposo”. Luego me miró: “¿Y usted, quién es?”

Pasa lo mismo en el Perú. De un momento a otro, hemos despertado al lado de quien no esperábamos. Hace cuatro años presencié la campaña de las organizaciones populares para lograr que el candidato Ollanta Humala llegara al gobierno.

Los “partidos” de hoy pagan con dinero o especies el aplauso de sus “portátiles”, la pega de carteles, las pintas y la presencia s en sus manifestaciones. Humala no necesitó eso. Los campesinos que vi en Cajamarca hacían “cuyadas” para apoyar al que consideraban su candidato. Un anciano campesino estaba vendiendo su único borrego para comprar pinturas y hacer cartelones humanistas.

Su candidato les había dicho que si tuviera que elegir entre el agua y el oro, se quedaba con el agua.

Eso lo vi hace cuatro años. El candidato triunfó pero hizo todo lo contrario de lo que prometía. Desde el primer día, decidió la continuidad del modelo económico y del acta constitucional de Fujimori. Ante el problema social minero, impuso una política dura con los de abajo y complaciente con las corporaciones internacionales.

El hombre que vendió su único borrego debe de haber sufrido mucho cuando varios de los suyos cayeron muertos por los balazos de un cuerpo policial que parecía al servicio de la minera. Aparte de los muertos, el hombre sabe que muchos de sus familiares y compañeros han sido golpeados y otros padecen injusta persecución judicial.

La dureza de una policía a la que se ha dotado de una ley que le asegura impunidad contrasta con la pasividad del gobierno frente al narcotráfico, la inseguridad y la delincuencia.

En mucho se parece a un suceso del siglo pasado. En 1931, una buena parte de la población votó por Luis Sánchez Cerro pensando que su formación militar y la dureza de sus facciones eran muestra de firmeza y de dinamismo.

Aunque tenía listo el fraude electoral, aquél necesitaba masas para la campaña, y los grupos choloides y afroperuanos se las dieron en la inocente creencia de que haría un gobierno para quienes se le parecían físicamente, los de abajo. No fue así. Apenas victorioso, se entregó por completo a los ricos. En todo les sirvió, con obsecuencia.

Incluso, llegó hasta el paroxismo demencial de bombardear una ciudad peruana, Trujillo, y de ordenar la ejecución de miles de ciudadanos. Pero la derecha siempre pide más y más, y peor todavía, los blancos jamás lo consideraron uno de ellos y nunca lo admitieron como socio en el Club Nacional.

Sumamente parecido en el rostro a Sánchez Cerro, quien también se sublevó en el sur, el actual gobernante-aparte de su inclemencia con los campesinos pobres-sólo ha exhibido un liderazgo endeble y pusilánime. Durante todos estos años, ha parecido siempre un ex presidente.

Y a pesar su total sometimiento ante la derecha, sufre el constante acoso de los grupos sociales a los que sirve y tanto él como los suyos son tratados con desprecio y discriminación.

¿Confusión conyugal? Tal vez. El gobierno trabaja para quienes no lo eligieron, y quienes vendieron un borreguito o se deslomaron para apoyar la campaña otra vez han sido postergados y engañados.

El compañero Juvenal

El año pasado, cuando me dijeron en Trujillo que don Juvenal Ñique había cumplido 99 años, decidí ir a visitarlo para que me diera la receta.
Mi amigo, el doctor Daniel Canchucaja, a quien le había pedido que me acompañara, me preguntó:
¿Y dónde quieres visitarlo? ¿En su casa o en su trabajo? Añadió que Juvenal trabajaba en la Universidad César Vallejo
.
No le quise creer, pero por las dudas llame por teléfono a ese centro de estudios, y de inmediato me pasaron a su oficina. La persona que me atendió me indicó que el amigo buscado había salido de la oficina hacia un salón para reemplazar en clase a joven profesor que estaba enfermo.
Poeta, periodista, ensayista, maestro y, sobre todo, luchador social, ha participado con valentía y desmesura en la gesta del cambio peruano. Una mañana, cuando le faltaba una semana para cumplir 17 años, se enteró de que el pueblo había tomado el cuartel O’Donovan para iniciar una revolución.
Con otros muchachos de su edad, Juvenal tomó el camino de la cárcel pública y allí liberó a varios compañeros, entre ellos a su ídolo Ciro Alegría, que padecían prisión por sus ideas.
Lugarteniente del héroe Manuel Arévalo, Juvenal ha publicado un libro que revive sus experiencias. Como se sabe, Arévalo fue uno de los fundadores del aprismo en Trujillo. Luego de ser capturado fue torturado con brutalidad para que delatara a los integrantes de la organización clandestina del APRA en el Norte, pero no habló. Fue acribillado a traición, cuando era llevado a Lima por la policía, el 15 de febrero de 1937 en el lugar donde ahora se levanta su cruz,”, entre Huarmey y Pativilca. La tiranía de Benavides justificó el asesinato diciendo que había querido fugarse.
La primera vez que Juvenal conoció la cárcel fue durante la tiranía de Benavides en que lo acusaron de terrorista “dinamitero”. Y eso no lo ha cambiado porque sabe que quienes son llamados así por una tiranía al cambiar el tiempo y la historia son considerados héroes y redentores.
Parece que no ha perdido la costumbre de ser valiente porque, con una valentía propia de norteño, defiende sus ideas y admira a quienes –no importa el frente en que militen- sacrifican la libertad y la vida por sus propias creencias.
En la revista “Sólido Norte”, Juvenal Ñique dice que el Gobierno de García no fortaleció al APRA, y fue más bien un gobierno de Alan García y de sus amigos. Pero, retruca “¿acaso Alan fue elegido con los votos de sus amigos?” (Sólido Norte, febrero 2008)
El centenario compañero no ha recibido ninguno de los beneficios de ser miembro fundador de un partido que ha estado dos veces en el gobierno. No estado jamás entre los lobbystas de corporaciones trasnacionales ni en el directorio de las empresas del Estado. Tampoco ha sido asesor encargado de amnistiar a narcotraficantes. Con motivo de la espectacular fuga del Chapo en México, un amigo que me da informaciones sobre la vida de Juvenal, se pregunta: “¿allá, en México, no se han inventado todavía las gracias presidenciales?”
Glorioso pero difícil es el camino de de estos héroes sin monumento en el Perú. La prisión y la persecución fueron cotidianas en su vida durante la larga clandestinidad del aprismo. La pobreza en el hogar y la triste pérdida de algunos compañeros no lo arredraron. No hicieron mella en su fe. Redobló su trabajo en los buenos y los malos días para lograr que los suyos no sufrieran las consecuencias.
No es raro por eso que haya llegado a los cien años esta semana y, sin embargo, no haya pedido permiso en la universidad para celebrar este aniversario. Todo lo contrario, aparte de su recién publicado libro sobre Arévalo, está preparando otro sobre la revolución de Trujillo.
¿Estará en su oficina don Juvenal? ¿Habrá salido a tomar un café con  una profesora joven? Me hago todas estas preguntas porque viajo Trujillo en estos días y quiero que Juvenal Ñique nos dé una clase de cómo se llega a ser un hombre valiente en el Perú.

¿Por qué no visitó Lima el papa Francisco?

“No siempre sin motivo la actividad de las industrias extractoras se ha visto como una explotación injusta de los recursos naturales y de las poblaciones locales, reducidas, a veces a la esclavitud y obligadas a mudarse, abandonando sus lugares de origen.”

¿Quién dijo estas palabras antimineras?

¿Acaso fue Gregorio Santos?… Entonces, hay que encarcelarlo dieciocho meses sin previo juicio ni acusación probada.

¿Las dijo Marco Arana?… Hay que detenerlo aunque esté sentado pacíficamente en una banca de la plaza de armas de Cajamarca. Hay que llevarlo a la comisaría, darle golpes en los riñones e insultarlo. En toda mención periodística, hay que llamarlo ex-cura.

¿Las proclamó Patria Roja?… ¿Una ONG? ¿Algún partido de izquierda?… A cualquiera de ellos, hay que llamarlos caviares o terroristas.

¿Hubo mucha gente escuchando estas palabras?… La Fuerzas Armadas y policiales tienen derecho de usar sus armas a discreción.

No, no, por favor, que nadie ponga la mano en la pistola. Quienes escuchaban estas palabras no eran campesinos pobres, contaminados o despojados de sus tierras. Eran representantes de de las industrias mineras más importantes del mundo, entre ellas la Anglo American, la China Minmetals Corportation, Rio Tinto, Zamin Resources, etc… y junto a ellos, diversos expertos de la Iglesia Católica en este sector, Caritas y Oxfam America.

Y que nadie se apresure a encarcelar o difamar al autor de esa reflexión porque son palabras del papa Francisco y fueron leídas en la Jornada de reflexión sobre la industria minera mundial, organizada por el Pontificio Consejo Justicia y Paz en septiembre del 2013.

De entonces para acá, mucha agua ha corrido bajo los puentes, y el líder de la cristiandad ha hecho cada vez más claras sus propuestas. La reciente encíclica nos muestra como la destrucción y el envenenamiento de la tierra son fruto de una ambición perversa y sin límites propia del capitalismo neoliberal.

El Papa, además, acaba de visitar su nativa América del Sur en la cual algunos gobiernos ensayan políticas de cambio social muy valientes que al mismo tiempo son reconocidas por sumamente eficaces, y se ha reunido en el encuentro mundial de pueblos realizada en Bolivia con un gobernante a quien califica de su “admirado” Evo Morales.

Pertenezco a una generación a la que se quiso hacer creer que el mundo estaba dividido irreconciliablemente entre socialistas y cristianos. Las frases y actitudes que ahora vienen de Roma nos muestran que eso fue siempre una farsa.

Las frases del Papa no son nuevas; provienen de nuestro viejo y querido Evangelio. Son dichas ahora como un llamado urgente porque Francisco llegó a la Iglesia en un momento en que el capitalismo muestra su rostro más carnicero, feroz y apocalíptico.

Ese sistema asume ahora una postura neoliberal. En ella, la oferta y la demanda han reemplazado a los diez mandamientos, y el culto diabólico del mercado ha suplantado a la veneración de Dios. O sea que el anticristo ha salido del clóset y está en algún directorio minero.

De otra parte, las actitudes de los presidentes Rafael Correa y Evo Morales demuestran que la izquierda ha aprendido también una lección, y ella enseña que en vez de buscar enemigos o infiltrados, en actitud paranoide, hay que encontrar y reunir a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Eso es urgente.

Y podemos estar seguros de que: “Quienes se empeñan en la defensa de la dignidad de las personas, pueden encontrar en la fe cristiana los argumentos más profundos para ese compromiso”.

Respecto a la pregunta que da título a esta nota, en un país donde el Estado prefiere el oro sobre el agua y la naturaleza y donde la fuerza pública está dotada de impunidad para disparar contra los disidentes, es evidente que hacer una pascana no resulta cómodo ni para Francisco ni para sus eventuales anfitriones oficiales quienes deben sentirse mejor yendo a presentar sus respetos al rey de España.

USA: los candidatos latinos

Estoy seguro de que Luis Favre es el asesor de imagen de Ted Cruz, precandidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos.

Lo creo porque el “latino” Cruz, un político muy poco recordable en las encuestas, de un momento a otro, ha pasado a convertirse en la persona de quien casi todo el mundo ha hablado la semana pasada.

El señor Cruz lanzó una broma vejatoria contra el vicepresidente Joe Biden en el mismo momento en que éste estaba velando a su hijo Beau, quien murió de cáncer al cerebro a los 46 años de edad.

Ahora todos recuerdan a Ted Cruz… aunque sea como infame. Pienso que tiene que ser una estrategia de Luis Favre porque es el mismo que en el Perú está tratando de convertir a un desabrido PP Monster en una impúdica Jennifer López con tendencias bolcheviques.

La extrema derecha norteamericana tiene los ojos puestos en Cruz y en Marco Rubio para las elecciones próximas. En vista de que el voto hispano ha crecido notablemente, suponen que un “latinou” de pelo negro- aunque sea bizco- puede cortejar con éxito a este importante segmento de la población.

De Marco Rubio hemos hablado antes. El periódico español “El País” que también cree en las identidades raciales llegó a llamarlo el “Obama republicano” aunque lo más justo habría sido llamarlo “La nueva Sarah Palin”, la mujer que creía que “Corea del Norte es la que está en el sur, y es nuestra aliada, ¿no?”

Un par de años atrás, el senador Rubio dio una charla en un colegio secundario. Cuando un chico le preguntó por el origen del universo, respondió: “Oh, men! Yo no soy un científico, pero te lo voy a decir: El mundo fue creado en seis días. Al séptimo, su creador descansó.

-¿Y cuál es la antigüedad del universo?

-Eso es más fácil. ¿En qué año estamos? En el 2012. Entonces, el mundo tiene 2012 años.

Además de superlativo ignorante, Marco Rubio es un enemigo feroz de cualquier reforma que facilite el tránsito de los inmigrantes latinos a la legalidad

En lo social, se opone a aumentar el salario mínimo. Su plan tributario consiste en reducir los impuestos sobre los estadounidenses más ricos y las corporaciones grandes y elevar la tasa de impuestos sobre las familias trabajadoras. Además, ha votado para reducir radicalmente la educación pública y rebajar los fondos para las becas Pell, lo cual hará el acceso a la educación universitaria todavía más difícil.

Marco Rubio propone revocar la Ley de Salud, llamada también Obamacare,  y eliminar la seguridad médica para millones de latinos así como la cobertura de Medicaid para las familias de bajos ingresos.  El seguro social, por supuesto, debería ser, según él, eliminado o privatizado, que es lo mismo.

Aunque renuentes en un principio a las políticas postmodernistas de identidad, los ultraderechistas han terminado por entender que las mismas son una garantía para la continuidad del sistema frente al embate del cambio social. Esas políticas soslayan que todavía existe la crueldad del hambre y la feroz codicia del capitalismo. Hacer creer que la lucha de clases ha desaparecido como motor de la historia y que la etnia y el género la han sustituido les sirve para supuestamente enterrar todo recuerdo del socialismo.

Y por esa razón, los republicanos sacan de la tienda las pelucas negras, los bigotes, el castellano agringado y todas las máscaras de hispanos que encuentran. Creen que así los latinos votarán por un latino como ellos aun cuando su proyecto político sea reaccionario. Ahora todo  está en manos de la cara dura de los candidatos y la catadura de sus publicistas.

Una inmigrante en el paraíso

Lo he contado antes. Un sábado estaba sentado en una banca de un parque de Salem. Gozaba de un buen libro y de una calurosa primavera. De repente, sentí risas femeninas.
 
Venían de una banca cercana. Eran tan intensas que me interrumpieron la concentración. Eran tan contagiosas que también yo comencé a reír.
 
Traté de volver a la lectura, pero era imposible. Media hora más tarde, todavía riendo, logré levantarme de la banca y fui a ver a mis vecinas. Hablaban castellano y eran dos. Tal vez de 40 y de 22 años. Las supuse madre e hija, y lo eran. Llegué hasta ellas.
 
-Señora, por favor. ¿Podría decirme de que nos estamos riendo?
 
Me respondió Margarita:
 
-Reímos- me dijo- porque a Marianita, mi hija, la acaban de despedir de su trabajo.- Se puso la mano sobre la boca para no seguir riendo, y continuó:

-El manager dijo que sus papeles eran chuecos.

-¿Lo eran?

– Por supuesto. Mariana y yo somos ilegales.
 
No pudo contener la risa, y Mariana rió también.
 
-Lo más cómico es que esta mañana, el administrador del apartamento donde vivimos me ha telefoneado. Exige que nos vayamos porque somos muchos: Mariana, su compañero, su bebé y yo.
 
-¡Espere! Eso no es todo. Hace tres meses, le dimos 2 mil dólares a un tipo que nos iba a conseguir visas de verdad. El tipo se ha hecho humo…
Ya no pude aguantar. Miraba al cielo para que me dijera qué hacer en esas circunstancias. Margarita se dio cuenta.
 
-Se pregunta por qué nos reímos. ¿Verdad? … Hay una buena razón. Nos reímos porque el sufrir sin reír es muy malo. Hace daño para la salud.
 
En una entrevista, la periodista italiana Francesca Russo me pregunta hoy si mis personajes son inventados, y yo le digo que no es así. En la historia anterior, por ejemplo, Margarita es en realidad Carmen García, la inmigrante mexicana a quien conocí riendo en el parque.
 
Era ella una dama bastante guapa de Guadalajara que pronto se convertiría en mi primera amiga de Oregón. Respiraba una entusiasta filosofía de la vida. Su aspecto juvenil y el hecho de ser una “güera” le habían permitido pasar la frontera caminando por el puente como si fuera una chiquilla gringa. Lo había hecho muchas veces.
 
Por ella, conocí a otros maravillosos ilegales, y me di cuenta que estaba llamado a ser un escritor de la inmigración en los Estados Unidos. Tenía que darles voz a quienes no la hubieran tenido de otra forma.
 
Los motivos de su ingreso en este país me fueron narrados con encanto y me sugirieron la historia que plasmé en “Siete noches en California”, un texto con el cual ganaría el premio mundial de relato Juan Rulfo. Las reuniones religiosas de sus connacionales, tan importantes para la comunidad inmigrante, me dieron motivo para escribir “El programa de Dios”.
 
Carmen creó además un programa de televisión destinado a la población hispanoparlante de Oregón. Arrendó, después, una casa en Salem y la dedicó al cuidado de ancianos. Esa no era una actividad para una persona “ilegal”, pero eso la tenía sin cuidado. “Y si no soy yo, quien cuidará a los viejitos que solamente hablan español.”
 
Por fin, me llevé una sorpresa muy grande cuando escuché que a través de la radio hispana alguien daba consejos a los inmigrantes ilegales para evitar los abusos de la “migra”. Era Carmen. Cuando le hice recordar que ella también era una ilegal, se mató de risa.
 
Escribir esto suena como si estuviera delatándola, pero ya no es necesario. La “migra” ya no podrá detenerla. La semana pasada, Carmen sufrió un ataque cerebral y, en pocas horas, falleció. Se fue de noche, y ahora comprendo por qué. Como buena ilegal, lo hizo para entrar en el paraíso sin que la vieran.

El oso peruano de Londres

El oso Paddington

El oso Paddington

El peruano más conocido de Londres es un joven inmigrante de sombrero rojo que lleva un sánduche de mermelada de naranja en el bolsillo y una moneda de un sol cosida en el interior de su chaleco. Lo llaman el Oso Paddington.

En realidad, no solo lo llaman así. Es un oso de verdad que, según los cuentos infantiles, llegó aquí desde “el remoto y oscuro Perú.” En ese país, leen los niños ingleses, su anciana tía estaba a punto de entrar en un asilo y, para salvarlo del desamparo, lo embarcó para Inglaterra vestido con un elegante saco rayado de lanilla. Un pequeño letrero colgando de su cuello decía: “Por favor, cuiden a este oso. Muchas gracias.”

Una encantadora familia británica lo adoptó y le puso el apellido Paddington por la estación del tren en que lo encontraron.

Es una pena que los publicistas de Marca Perú no hayan tenido el talento de inventar un personaje tan dulce y metafórico como este. El “remoto y oscuro Perú” recuerda en Londres a quienes leen las noticias internacionales a un país lejano en el que buena parte del territorio ha sido concesionada a empresas extractivas sin tener en cuenta que los recursos mineros son agotables, y que la explotación no produce un número de empleos considerable en comparación con el envenenamiento de la atmósfera y la destrucción del ambiente que causa en regiones habitadas por la mayoría de los peruanos.

Los comentaristas de fuera se preguntan si todos esos sacrificios han sido considerados dentro de un plan de desarrollo de largo alcance y se muestran asustados ante la evidencia de que no es así, y que las pérdidas de vidas humanas aumentan y el gobierno endurece la represión de las poblaciones disidentes con medidas tan brutales como la impunidad para los elementos de las fuerzas armadas y policiales que ocasionen muertos y heridos con el mal empleo de sus armas.

Felizmente, la imagen de nuestro paisano, el buen Oso Paddington es la de un compañero de juegos tan niño como los niños que son sus amigos.

Este cándido rostro es tan simpático como los mangos peruanos de los mercados de Londres y los sabrosos espárragos que son al parecer el primer producto peruano de exportación a este país.

De otro lado, la quinua se ha impuesto aquí tanto como en el resto del mundo. Su precio sube constantemente y su presencia puede verificarse en el menú de los mejores restaurantes. Recuerdo que hace dos años cuando también vine a este país, la quinua solamente era ofrecida en los mercados de gente saludable, orgánica y “políticamente correcta.”

La palta, el camote, la chirimoya e incluso el kion peruano tienen gran acogida aquí.

Sin embargo, lo que más me ha asombrado en esta visita a la “pérfida Albión” es que junto al simpático osito y a nuestros recursos agrícolas, la poesía también puede ser uno de nuestros primeros productos de exportación.

Lo comprobé con nuestro Cesar Vallejo. En la presentación de mi novela biográfica “Cesar Vallejo’s Season in Hell” tan solo esperaba que llegara un grupo de especialistas, pero la asistencia fue masiva. Centenares de personas colmaron el teatro de la primera universidad de Londres en el lanzamiento de la obra.

Nada menos que Stephen M. Hart, uno de los más importantes latinoamericanistas de Europa, había liderado la traducción de mi libro y esa era una tarea en la cual habían participado bajo su batuta quince profesores angloparlantes de todo el mundo.

Lo voy a decir con la mayor sinceridad. No había esperado tanto ni siquiera en el Perú. Al otro día, mayor fue mi sorpresa cuando encontré a un grupo de estudiantes londinenses que leían “Masa” en inglés junto a la estatua de Mahatma Gandhi quien fuera alumno de la universidad. Eso ya era Vallejo para todo el mundo.

Si Vallejo en vida hubiera intentado regresar, la cárcel lo habría estado esperando. Un juicio penal fraguado indisimulado castigo por sus ideas políticas lo había condenado a caminar errante por el mundo. Por eso mi obra se llama “Vallejo en los infiernos”

Hoy por la mañana tomé el tren hacia París. Cuando el oficial de Inmigración selló mi pasaporte, se me ocurrió que pensaba: “Voy a decirle a mis niños que he conocido a un caballero del país de Oso Paddington.

Eduardo González-Viaña miembro de número de la ANLE

 Fuente: Periodistas en Español.

La Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE) ha incorporado como miembro de número al escritor y profesor peruano Eduardo González-Viaña, quien a lo largo de una ilustre carrera creativa y docente ha volcado su reconocido talento literario en la defensa de los inmigrantes en su tierra de adopción.

Diploma de académico de la lengua

Diploma de académico numerario de la lengua española

González-Viaña, miembro de la Academia Peruana de la Lengua y hasta hace poco profesor en Oregón, cuya obra “El corrido de Dante” ha sido proclamada como “la novela de los inmigrantes latinos por excelencia”, dedicó su discurso de ingreso al tema “Vallejo en los infiernos: biografía de una novela biográfica”, informa la ANLE.

La ceremonia, que tuvo lugar en la Embajada de Perú en Washington DC el 11 de abril, en el seno del I Congreso Internacional de Peruanistas –y a la que asistió Ana Cecilia Gervasi, cónsul de cultura de Perú– comenzó con las palabras de José Antonio Mazzotti, presidente de la Asociación Internacional de Peruanistas (AIP), quien destacó las virtudes del homenajeado. El director de la ANLE, Gerardo Piña-Rosales, respondió el discurso del nuevo numerario y le otorgó el diploma y medalla correspondientes.

En una apasionante reseña de la creación de su novela “Vallejo en los infiernos”, González-Viaña reveló que siendo adolescente conoció al filósofo Antenor Orrego, el mejor amigo y mentor de César Vallejo, a quien manifestó su interés por saberlo todo sobre el gran escritor peruano: “Seis meses después, don Antenor murió súbitamente”, recordó. “A mí me había dejado una profecía y una condena. Desde los 17 años de edad, por esa razón, he estado condenado a escribir la novela de Vallejo”.

En su novela, González-Viaña incorporó una primicia: las confesiones de María Sandoval, una joven bibliotecaria de la que se enamoró Vallejo y que murió a los 20 años de tuberculosis, y cuyo diario consiguió gracias a un hermano de la muchacha.

Pero esos rasgos románticos de una vida atribulada contrastaron en el discurso de González-Viaña con sus recuerdos de juventud en el grupo literario “Trilce”, que fundó con otros amigos en la Universidad de Trujillo, “la ciudad que Vallejo tanto amaba y temía, en la que escribió sus primeras obras y en la que sufrió el infierno de la prisión”.

“Como denuncio en mi novela, César Vallejo fue en realidad un preso político y un candidato a pasar largo tiempo en la cárcel o a morir de súbito castigado por sus ideas socialistas”, afirmó. “Muchos críticos y comentaristas de su obra suelen dedicar sólo unas líneas breves –y a veces mezquinas– a este hecho, que es fundamental en la gesta de Trilce y en la comprensión de ese libro y del propio país que le da origen”.

González-Viaña, autor de unos 40 libros entre novela, cuento y ensayo, obtuvo el Premio Nacional de Cultura del Perú con su libro “Batalla de Felipe en la casa de las palomas”. También ganó el Premio Internacional de Cuento Juan Rulfo por un relato incluido en su libro “Los sueños de América”. Su novela “El corrido de Dante” recibió el Premio Latino Internacional de Novela de los Estados Unidos imponiéndose a obras de Gioconda Belli e Isabel Allende.

“Gonzalez Viaña ha escrito mucho y bueno”, afirmó Piña-Rosales. “Estamos ante un autor que libro a libro ha ido forjando una obra sólida, poliédrica, original. González Viaña es peruano de pura cepa, pero tras varias décadas en los Estados Unidos, podemos considerarlo también hispanounidense”, agregó el director de la ANLE.

Piña -Rosales anunció que “fruto de nuestra admiración y amistad” con el nuevo académico de la ANLE es el libro “Los académicos cuentan”, “una gavilla de relatos de escritores vinculados a alguna de las 22 academias de la lengua española, coedición entre la ANLE y la editorial que dirige González-Viaña, AXIARA, que además de un cuento premiado de este incluye dos textos de los escritores peruanos Isaac Goldemberg y Julio Ortega, ambos miembros de la ANLE.

Por su parte Mazzotti afirmó que González Viaña es “un modelo de escritor, comprometido además con la justicia social y la defensa de los derechos humanos. En un mundo literario donde es tan fácil claudicar a las leyes del mercado, se ha mantenido incólume en su compromiso con los desamparados de la tierra”.

Fujimori y el embarazo de seis meses

-Señorita, hay una iniciativa del ministro de salud para que el tiempo del embarazo se reduzca de nueve a seis meses. ¿Qué opina usted?

-Estoy de acuerdo. De esa manera, el gobierno dará más tiempo a la mujer para estudiar y trabajar.

Videla y Fujimori

Videla y Fujimori

En el Internet, se está difundiendo esta encuesta realizada aparentemente en las calles de Lima entre mujeres que tenían por lo menos educación secundaria. Se dan diversos factores para que nuestras jóvenes expresen tal nivel de cultura. Entre ellos, se cita el embrutecedor efecto que tienen nuestros devastadores programas de televisión.
Por mi parte, creo que ha sido la dictadura lo que más empobrecedor efecto ha tenido sobre nuestra moral y nuestra cultura. Quince años después de la fuga de Fujimori a su país, muy poco se ha hecho para liberarnos de sus secuelas y de su hedor. Incluso, seguimos guiando nuestra vida colectiva con el acta de sumisión que nos entregara a cambio de la constitución.

Hay muestras de ignorancia colectiva todos los días. Acaso la más inmediata y temible es la indiferencia con que se escucha la revelación de que la dirección de inteligencia, DINI, ha recogido en estos años de democracia información privada y confidencial sobre más de 100 mil ciudadanos.

Los datos recogidos así como la interceptación telefónica también denunciada pueden servirle al Estado, o a quien lo administre, para fines tan nefastos como la compra de voluntades, el chantaje, la coacción, la amenaza perpetua y el asesinato moral.

Hace 800 años, la Carta Magna reconocía como fundamental el derecho a la intimidad, y fue la inspiración de todas las constituciones modernas.

Y sin embargo en el Perú, pocas han sido las voces que han preguntado “¿y para que necesite el gobierno esas informaciones?” O “¿para qué vamos a reorganizar la DINI? ¿No es más sencillo suprimirla?… Si se requieren instrumentos para la lucha contra la delincuencia, ¿acaso nuestra policía no es capaz o no los tiene?

Y aquí viene lo peor de todo: el propio dictador Fujimori se acaba de ofrecer como asesor del gobierno para manejar ese tema. Ha dado consejos de cómo manejar los servicios de inteligencia el país y ha hecho alarde de que en su gobierno este sector dio como resultado “la pacificación sin costo social, la defensa de las fronteras con Chile y Ecuador y la drástica reducción del narcotráfico… Todo con un presupuesto menor al de la DINI” ¿Se refería al dinero robado al Estado que vemos en los vídeos en los que Montesinos compra conciencias, paga empresarios, a congresistas y aceita a los dueños de los diarios chicha?

Lo asombroso es que tenga toda esta actuación y atención pública un terrorista quien además de sus latrocinios es convicto de genocidios y otros crímenes de Estado que deshonran la historia.

El cardenal de Argentina, ahora Papa Francisco, pidió perdón a ese país por la participación de la Iglesia en el terrorismo de estado. Y así lo ha hecho el presidente Alemania, Joachim Gauck, cuando fue a Oradour en Francia, para pedir perdón por uno de los crímenes más abyectos de la historia del ser humano. Y sin embargo, en el Perú de nuestro tiempo nadie pide perdón por las masacres de Fujimori.

Pinochet, Videla y Fujimori no fueron el poder, sino su brazo armado. Traidores, cumplieron órdenes extranacionales. Su misión era instaurar una economía neoliberal en la que el estado fuera despojado de sus bienes y funciones. El encargo era que aquél fuera privatizado para beneficiar al gran capital transnacional, a las corporaciones foráneas y a sus socios locales…. Y en nuestro tiempo sigue vigente la “constitución” de Fujimori.
No es raro por eso que la señorita de la encuesta esté de acuerdo con lo que supuestamente mandan desde arriba y piense que es encantador el futuro decreto supremo en virtud del cual el embarazo durará seis meses.

Arturo Vera, la ubicación del paraíso

Puesta de sol

Puesta de sol

Gracias a mi amigo Arturo Vera Farfán, me enteré hace algunos años de la ubicación exacta del paraíso. Queda en Pacasmayo.

Si bajas del malecón a la playa y caminas hacia el sur como quien va al faro de la bahía, lo encontrarás.

Lo supe porque Arturo era mi psiquiatra y, cuando yo sufría de un estrés, me daba ejercicios para relajarme. En esa ocasión, me pidió que cerrara los ojos y que imaginara un lugar muy tranquilo y seguro, y yo me recordé en el puerto de mi infancia, acompañado por mi padre, y caminando hacia el faro frente al cual hace varios siglos se hundiera una de las naves del pirata Drake.

Ese recuerdo celeste me tranquilizó y me hizo pensar que todos podemos llegar al paraíso porque aquel no está allá arriba sino dentro, muy dentro de nosotros.

Arturo Vera Farfán había nacido en Guadalupe, en la misma provincia que yo. Estudió endocrinología en Madrid y fue entonces uno de los discípulos más distinguidos de Gregorio Marañón. Posteriormente hizo un doctorado de psiquiatría en Alemania. En los anales de la Universidad de Berlín, figuran sus sobresalientes estudios sobre enfermedades folclóricas como el mal del ojo y el susto.

Pudo haberse quedado luego a ejercer o dar cátedra en Europa, pero la tierra lo llamaba, y trabajó en Trujillo y luego en Lima. Por casualidad, tanto Arturo como el “Tuno”, mi brujo y personaje, me dieron alguna vez la misma explicación: “Puedes estar en cualquier sitio del mundo, pero al final el cerro de tu pueblo te llama.”

A pesar de su formidable formación académica, Arturo Vera no se perdía en los bosques de las neuronas. A sus amigos y pacientes les describía la mente como un bosque en el que se dibujaban caminos seguros y extensos páramos donde siempre se podía encontrar la paz. A cada cual le hablaba en su propia manera de entenderlo. A un paciente, que era nuestro paisano, le recomendó ir a visitar a un brujo muy conocido del Norte.

En mi caso, al cumplir 33 años de edad me sentí deprimido acaso porque hasta entonces no había logrado alcanzar mis metas personales. Cuando fui a verlo, Arturo me preguntó: “¿Qué prefieres? ¿Una medicina que te curará en diez días o un consejo que te durará toda la vida?”

Obviamente, escogí el consejo, y me lo dio. “Vete una academia, y aprende a nadar. De paso aprenderás, a respirar, a pensar y a vivir en paz.”. Es lo que hice, y lo que he seguido haciendo todo el resto de mi vida. Cada mañana cuando aquí en Oregón me levanto a las cinco para ir a nadar, recuerdo a mi amigo. Tal vez el ejercicio me liberó de cigarrillo y me salvó de inclinarme por la bohemia, que respeto pero que no considero una forma de vida obligatoria para el intelectual o el artista.

Creo que Arturo es el médico más contagioso que he conocido. Viviendo a su lado, Denise Gamero, su esposa, se contagió de sus ganas de aprender y volvió a la universidad cuando ya estaba en los últimos cuarentas y tenía cuatro hijos. Y por eso, de un momento a otro, el psiquiatra tuvo que ir a comprar el pan para el desayuno de sus cinco estudiantes. (En la foto, Arturo y Denise en la playa)

Me acaban de comunicar que Arturo ha fallecido de súbito mientras atendía a un paciente. Tal vez era sobre todo un filósofo, y para serlo es preciso morir porque sólo los muertos proporcionan la credibilidad de lo inalcanzable. De todas maneras, sus amigos y pacientes nos hemos quedado sin alguien que nos ayude a recordar nuestros destinos. O tal vez, todo lo que ocurre es que él ahora está descubriendo la ubicación exacta del paraíso.

Máxima y mínimo

Pocas veces en la historia un país ha estado representado con tanta fidelidad por una mujer. En el Perú de nuestros días, esa mujer es Máxima Chaupe. Vigilias, manifestaciones y comunicados la nombran y asumen su defensa en todo el mundo. Todos dicen que lo máximo es Máxima.

Los homenajes públicos se hicieron multitudinarios la semana pasada cuando la minera Yanacocha, apoyada por la fuerza pública, destruyó la casa de la humilde campesina.

Véase su imagen en Europa: Cuando se produjo su llegada a París en mayo pasado, el aeropuerto de Orly se vio desbordado por gente que ansiaba expresarle su solidaridad y lo mismo ocurrió en las instalaciones de la Maison d’Amérique Latine. Senadores, hombres del gobierno, intelectuales y artistas, estudiantes, todos querían una foto con Máxima.

Si se ve el revés de la medalla, en las dos visitas del presidente Humala a París, el recibimiento fue escueto. Mejor dicho, mínimo.

Esa contradicción se da todos los días en el Perú.  Cuando Yanacocha terminó de destruirle su casa, la pequeña mujer comenzó a reconstruirla. Le aplanaron los enseres. Solamente eso, pero nunca jamás la valentía ni el orgullo. “Si me quieren sacar de aquí, me van a tener que matar”, ha dicho.

¿Y qué hace el gobierno? Lo mínimo.

No es el único de los conflictos sociales, pero en todos los que ahora sacuden uno y otro extremo del Perú, el gobierno parece tener tanta potencia de fuego como los inmóviles guardias de honor de los palacios reales o como la Guardia Suiza en olor de santidad. Me entusiasma la metáfora con que describe esta inercia Raúl Wiener:

“ Como si lo hubieran elegido para ser un guardián de lo existente que  entiende su misión como estar parado, fusil al hombro, hasta que estallen los conflictos. Un gobierno perdido en el espacio, que primero mata e hiere y luego manda comisiones de alto nivel para tratar con la gente”

El mínimo gobierno, la inseguridad en las calles, la corrupción en los niveles más altos están haciendo sentir al ciudadano común que todas las instancias del poder devienen delictivas y que el crimen organizado está en las puertas de su casa, y por eso no es raro que aplauda ni considere un futuro candidato a la presidencia  a un exministro que está procesado por homicidio.

Las encuestas de popularidad del gobierno arrojan porcentajes mínimos. En esas condiciones, por experiencia sabemos que las administraciones débiles tratan de mostrarse fuertes, y lo son particularmente con los débiles y con la Constitución y las leyes.

Muestra de ello es la dación de la ley 30151 que ofrece impunidad a los militares y policías cuando hieran o maten en supuesta acción de servicio. Lo es la sanguinaria represión de la protesta social que ya ha dejado decenas de cadáveres. Lo es también el secuestro de Guillermo Bermejo. Lo es el encarcelamiento del presidente de la región Cajamarca. Lo es la soplonería. La intromisión de los organismos de inteligencia en la vida privada mostró su extremo ridículo al espiar también la casa de la vicepresidente del Perú. ¿Estamos volviendo al terrorismo de Estado de Fujimori?

La frivolidad de algunos medios los hace buscar posibles “outsiders” entre ciudadanos mínimos sin pensar que la historia no tiene por qué repetirse.

Lo que deberían mostrar a los jóvenes son los modelos de conducta y los valores morales de una mujer de un metro y medio y de unos 45 kilos de peso, pero de un coraje superior al de los hombres que tratan de a sacarla por la fuerza. Los bulldozers que se estrellan contra su casa pertenecen a una de las empresas más ricas del mundo, pero Máxima es lo máximo. Lo demás es lo mínimo.