La muerte de Archie

La muerte de Archie

La muerte de Archie

Archie Gómez ha sido acribillado. El hecho ocurrió a las seis de la tarde del pasado miércoles en Washington.

Las balas no estaban destinadas al súper héroe de los adolescentes. El asesino en realidad disparó contra el senador Kevin Keller quien ha estado luchando todos estos años por el control de las armas de fuego de los Estados Unidos.

En momentos en que el político conversaba con la prensa en las afueras del Capitolio, un sujeto armado hizo fuego contra él. En vista de que no tenía otra forma de protegerlo, Archie se puso frente al político como escudo y recibió los balazos.

El asesino fue detenido de inmediato, y según sus declaraciones a la prensa quería matar al senador por sus ideas pacifistas y por haber sido el primero en declararse gay en ese cuerpo legislativo.

“Archie murió como vivió; siendo un héroe, representando lo mejor de nosotros”, dijo el CEO de Archie Comics, Jon Goldwater, en un comunicado de prensa que fue de inmediato publicado por la CNN.

¿Recuerdan ustedes a Archie?… Aunque llegó a América Latina en los años 60, siempre tuvo el rostro de un adolescente pelirrojo y pecoso, estereotipo de los muchachos gringos. Vivía en la ciudad de Riverdale y estaba enamorado de Verónica del Valle.

¿Lo recuerdan? A pesar de que era torpe para bailar y no sabía jugar el fútbol, gozaba de un éxito increíble entre las chicas. Mi hermana Pocha escondía revistas con el rostro de su ídolo entre sus libros de colegio. Algo me dice que fue su primer amor.

Archie es un personaje ficticio de la historieta norteamericana. Lidera un grupo de adolescentes llamados Betty, Verónica, Torombolo, Carlos y Gorilón. En América latina, la serie se difundió a través de la editorial Novaro de México a partir de 1960. Los creadores del “comic” decidieron dar muerte a su personaje principal el pasado miércoles 16 de julio.

Las circunstancias que vive Estados Unidos y que hace vivir al resto del mundo han sacado a Archie desde su ámbito de héroe de papel para convertirlo en un símbolo valiente de nuestra época.

En primer lugar, aunque pareciera fuera de la historia, la plena libertad para el uso de las armas de fuego es uno de los principios del evangelio republicano. Se amparan, para ello, en trasnochadas fundamentaciones constitucionales y en citas bíblicas sacadas fuera de contexto.

El pacifismo por el que muere Archie contrasta con los sangrientos primeros años del siglo XXI. Osama bin Laden era un bestial genocida, pero no tenía nada que ver con Irak, ni este país era dueño de armas de destrucción masiva. Sin embargo, el presidente Bush inició contra Irak una devastadora, insana e interminable guerra. Aunque ese conflicto terminó, como resultado, el país se debate ahora en otra conflagración de carácter religioso y apocalíptico.

La solidaridad que Archie expresa al morir defendiendo a las víctimas del odio es otro valor que debería regresar al país de los “pilgrims” fundadores. Ni pobres ni perseguidos parece ser la consigna.

De Estados Unidos salieron los eslóganes según los cuales defender al capitalismo era defender a la sociedad occidental y cristiana. En nuestro tiempo, sabemos que por el contrario ese sistema es materialista y diabólico. Según el Papa Francisco, el capitalismo neoliberal ha sido construido como una nueva idolatría del dinero. El supuesto liberalismo de ese sistema y el fin de las regulaciones ocasiona el lucro excesivo de unos pocos y a la destrucción material y moral de los pobres.

El pelirrojo Archie que antaño fuera la imagen de una despreocupada y apolítica juventud norteamericana simboliza la fe de quien da la vida por una causa de paz y de tolerancia.

La prisión y la pesadilla

Una noche de junio de 1950, el general Manuel Odría, dictador del Perú, tuvo una pesadilla. Soñó que el único candidato que le hacía frente en las próximas elecciones presidenciales, el general Ernesto Montagne, lo derrotaba ignominiosamente.

Odría había asumido el mando supremo de la República en 1948 luego de dar un golpe de estado contra el doctor Bustamante y Rivero. Sin embargo, aspiraba a ser un presidente constitucional, y por ello, dos años más tarde, había convocado a elecciones.

Aterrado por el sueño, llamó al general Zenón Noriega, su compadre, a quien había encomendado el ministerio de gobierno. Seguramente discutieron:

-Te dije que lo sacaras del juego… que le encontraras un pariente, un amigo o un vecino aprista, y que lo acusaras de cómplice.

-He hecho algo mejor que eso, Manuel. El jurado nacional de elecciones es nuestro. Ya están preparadas las ánforas, y todos los votos dicen Odría, Odría, Odría…

De todas maneras, a Montagne lo metieron en la cárcel. Una semana después, un día como hoy, como candidato único, el general Odría resultaba electo presidente del Perú.

Lo recuerdo porque este suceso trágico y también risible de hace 64 años se acaba de repetir. El profesor Gregorio Santos, presidente de la región Cajamarca, ha sido condenado a penar 14 meses de prisión preventiva por supuestas irregularidades económicas no probadas en su gestión.

Tres situaciones hacen que la prisión de Santos se parezca a la del general Montagne durante el odriato.

La primera: Santos es el candidato al parecer mayoritario para ocupar otra vez la presidencia de la región. Su encarcelamiento durante 14 meses parece dirigido a desbancarlo.

La segunda: La extraña decisión de la juez no se ajusta a las condiciones prescritas en el artículo  268 y siguientes del Código Procesal Penal para imponer prisión preventiva a un ciudadano. La posibilidad de que Santos se diera a la fuga está completamente descartada por la función pública que ejerce y por su propia candidatura.

El hecho de que durante estos años recientes se le haya iniciado 38 procesos judiciales y que todos hayan sido desestimados uno por uno hace suponer que, en este caso, el criterio de la juez ha sidosubjetivo,  arbitrario y acaso dictado por instancias políticas.

La tercera: Al lado de la mayoría de los cajamarquinos, Santos persiste en oponerse al proyecto minero Conga. Esta lucha es para defender el agua, la vida y la pureza de los aires de las comunidades campesinas que viven en su entorno. De seguir en sus planes, la corporación minera Newmont-Yanacocha puede afectar gravemente el equilibrio ecológico de esta zona habitada por miles de familias que dependen directamente del agua.

Poner a Santos en el penal de Piedras Gordas acompaña sospechosamente al anuncio de que las empresas mineras van a continuar sus trabajos como si se tratara de una forma de acallar a los opositores. Va junto también a un puñado de medidas económicas anunciadas por el gobierno para supuestamente estimular la inversión, y parece ser una de ellas.

Casi al mismo tiempo, se revela una contradicción en el gobierno. El nuevo ministro de Interior, Daniel Urresti, afronta una acusación grave. Se le acusa de haber participado en la muerte de un periodista a quien después de abalearlo lo dinamitaron. Aunque su caso judicial está mucho más avanzado, el presidente lo nombró hace muy poco.

El presidente alega en favor de Urresti la presunción de inocencia. ¿No tendría más sentido reconocérsela a Gregorio Santos cuyo proceso ni siquiera se ha iniciado?

Más que un régimen político, la democracia es un estilo de vida con fines y valores, con respeto por la discrepancia, por la justicia, por la libertad y por la dignidad humana. La democracia es una actitud del espíritu. Cuando no lo es, resulta tan sólo una pesadilla de palacio.

Si Ana Frank estuviera viva

Ana Frank

Ana Frank

Si Ana Frank estuviera viva, habría cumplido 85 años el pasado jueves. Lamentablemente, murió cuando todavía no había cumplido los 15.

Cuando apenas tenía 13 años, tuvo que esconderse junto con sus familiares en las dependencias de un edificio comercial en Amsterdam. Además de los Frank, otras familias judías se refugiaron allí durante dos años para salvarse de ser capturadas por los nazis.

El padre de Ana, Otto, había recibido una citación para presentarse junto con los suyos ante la policía. Ello significaba entregarse para ser enviados después a un campo de concentración.

Al esconderse, no podían llevar consigo muchas pertenencias. Ana tenía un diario que le había sido obsequiado el día de su cumpleaños. En él, escribió a una amiga imaginaria los pormenores de su vida en el refugio.

El “querido diario o, más bien, querida Kitty” recibía cada día las confidencias de la niña sometida a las estrecheces del albergue y al imaginable terror de lo que sucedería si fueran descubiertos. El amor por la familia, las discusiones con otros niños e incluso el naciente cariño por, Peter, un jovencito de su edad, también escondido allí, formaban parte de las confidencias de la adolescente.

Así pasaron dos años y un mes. Un vecino los delató. El 4 agosto de 1944 los ocho ocupantes del escondite fueron apresados por la Gestapo. Los sometieron a “científicos” interrogatorios policiales y, por fin, fueron enviados a los campos de concentración. La perversidad refinada de los carceleros separó a los padres de los hijos con el fin de que ni siquiera pudieran estar juntos en la hora final.

Felizmente, el diario escrito por Ana Frank no se perdió. Los amigos de la familia lo encontraron y, al final de la guerra, se lo entregaron a Otto, el único superviviente de la familia. Desde 1947 en que fue publicado, ha dado la vuelta al mundo en todos los idiomas y es uno de los testimonios más cercanos de lo que fue el holocausto. El escritor soviético Ilya Ehremburg dijo ese texto que es “una voz que habla por la de seis millones; la voz no de un sabio o un poeta, sino la de una muchacha corriente”.

En Auschwitz, donde por suerte le tocó estar con su hermana Margot, Ana ya no podía escribir. Un vaso de agua y un bol con alimentos malogrados eran su régimen diario. No pudo siquiera llegar a una cámara de gas porque el hambre y el tifus acabaron con ella antes. Me imagino que durante todo ese tiempo se preguntó cuáles podrían ser las razones de la bestialidad y el odio con que se les perseguía.

El holocausto, el apartheid, los campos de concentración de Pinochet, Somalia, Uganda, Sarajevo, todo esto demuestra que ese odio persevera e incluso se ha convertido en doctrina. La lección de un posible nuevo orden internacional es que los pueblos arcaicos y las utopías por la felicidad colectiva deben ser exterminados.

En el Perú, hace cinco años se quiso echar de sus tierras ancestrales a varios millones de peruanos de la Amazonia. El presidente de entonces, García, se atrevió a decir que los expulsados de la selva eran ciudadanos de segunda clase.

En el departamento de Cajamarca, a la joven Liseth Vásquez, la policía la golpeó salvajemente en la plazuela Bolognesi en 2012, luego de patear las ollas de su madre que era vendedora ambulante de alimentos. Ahora, el poder judicial pide para Lizeth 10 años de prisión.

Como hubo resistencia pacífica, la empresa transnacional quiere dar una lección a quienes se oponen al megaproyecto Conga. Y sin embargo, en el 85 aniversario de Ana Frank, tenemos otra lección… el diario supervivió y las utopías- de quienes creemos que algún día seremos libres y felices- están más vivas hoy que nunca.

Europa y la catástrofe moral

Quinientos millones de ciudadanos y 28 países fueron llamados a las urnas: nunca en la historia hubo elecciones políticas que involucraran a tanta gente ni a tantos países.
Nunca las hubo que fueran tan inútiles, redundantes y superfluas. No hubo ninguna que se pareciera tanto a una farsa.

Ninguno de los líderes tradicionales pudo ofrecer algo siquiera de lo que podrían desear sus desmoralizados votantes. Nadie pudo decirles que la interminable crisis se estuviera terminando. Entre las dos corrientes oficiales de partidos, desde la supuesta “izquierda” hasta la derecha dentro del sistema, “socialistas” y “populares” compitieron en los mítines en exhibir impúdicos su abrumadora pobreza argumental.

Me refiero a las recientes elecciones del Parlamento de la Unión Europea cuyo proceso he vivido durante abril y mayo mientras viajaba por varios de los países que esa federación comprende.

En vista de que las situaciones son similares, tomo uno de esos países, España, como muestra de lo que he visto. Seis de cada diez jóvenes españoles no tienen trabajo y muchos lo andan buscando desde hace una década. La mayoría cuida de la abuela, consigue algunos cachuelos o vive de la pensión de sus padres jubilados.

¿Se les podría pedir a ellos que vayan a votar? ¿O tal vez sugerir eso mismo a los padres que comparten con ellos además de la pensión, las estrecheces de un piso en una de esas colmadas ratoneras que son los edificios de las grandes ciudades españolas?

No, por supuesto. No se le puede pedir que participen en la vida política de la comunidad a quienes están excluidos de participar en la vida económica de la misma. Las sociedades esclavistas ni siquiera se lo sugerían a sus desdichados fámulos.

Por otro lado, parados o no, los ciudadanos saben que los servicios sociales de salud han comenzado a escasear. Es una exigencia del Neoliberalismo que los estados liberen sus presupuestos de esa carga social o comiencen a privatizarla.

Peor aún, los llamados a votar saben que no hay opciones diferentes. Tienen que votar por la misma desalmada forma de capitalismo, el neoliberalismo, con administradores diferentes, llámense éstos, “populares” o “socialistas”.

Saben encolerizados que no hay salida bajo este sistema pues es el mismo que causó la crisis y que, para supuestamente terminar con ella ha premiado a los balqueros culpables e impone a las mayorías unas medidas de austeridad cada vez más asfixiantes.

He visto conservadores y “socialistas” cada vez más alejados de sus electores. El “social demócrata” alemán Martín Schultz llegó a Madrid en su avión privado y declaró que sí había habido un Carlomagno y un Carlos V, pronto habría un Martin I de Europa.

Por su parte, los burócratas del Partido Socialista, muy bien acomodados dentro del sistema neoliberal y lejos ya de sus antecesores, han cambiado la grandeza moral del luchador social por las palmaditas del rey, la calificación cursi de “barones” o la acogida que les ofrecen las revistas de sociedad cuando los llaman “clase política”.

En Europa, triunfó la abstención. En España, los que ganaron fueron grupos de los indignados, los antiguos socialistas y la nueva izquierda. “Podemos” de Pablo Iglesias es, entre ellos, el más destacado.

Según el columnista Luis María Ansón, si el resultado de hoy se reprodujera el próximo año cuando se elija a los diputados españoles, podría dar origen a un gobierno de frente popular. Asustado, el “barón” socialista Felipe González, sugiere una coalición entre su partido y la derecha “popular”. Dice que le da terror el regreso de las utopías y las alternativas a lo Simón Bolívar que propone América Latina.

Se dice que en Europa se ha producido un sismo político. En los partidos socialistas, se estremece el monstruo de una catástrofe moral.

Vallejo vuela por Italia

A Pablo Neruda, los italianos de cualquier edad lo recuerdan por la encantadora película “Il Postino”. En ella, es el amable compañero chileno de cuya amistad y poesía se vale un joven cartero para conquistar el amor de una ragazza.

La península italiana

La península italiana

No hay filmes sobre César Vallejo, sin embargo, pero se le conoce. Lo sé porque me encuentro en este país presentando “Vallejo agli inferi”, la traducción italiana de mi novela biográfica que narra las mocedades del gran poeta así como la prisión que sufriera en la cárcel de Trujillo.

Centenares de personas me esperaban en la Casa del Pueblo de Florencia para conocer ese libro y rendir un homenaje al “compañero Vallejo” . Un periódico comentaba la presentación como si se tratara de un acto político porque en vez del silencio académico reinaba en ella un ambiente gozoso y encendido. A mí, el autor, me calificaba como un “animal de palco escénico que sabe envolver al público en lo que narra.”

Casas del Pueblo se llaman en este país a locales en que se concentra la cultura sublevada y popular de la izquierda italiana. Las hay en todas partes. Se dan funciones de teatro y de cine, se ofrecen clases y se presentan conciertos. Por cierto que los dirigentes políticos, sindicales y gremiales hacen de ella su primer centro de actividades.

Existen desde comienzos del siglo veinte y han sido el lugar donde resonaron las proclamas anarquistas, socialistas y comunistas. No se puede concebir, sin embargo, actos meramente políticos sin los arrolladores actos de masas de los conciertos o las presentaciones de libros.

Lo mismo observé en diversas localidades póximas a Siena en las que el grupo musical “Desde mi canto” celebraba con todo el pueblo la llegada del primero de mayo. En Livorno, por fin, espectadores y lectores se apretujaron en un yate para dar vueltas bajo los canales e internarnos en el mar Tirreno… siempre con Vallejo a nuestro lado. De aquí nos vamos a la feria del libro de Turín. Puede asegurarse que en Italia la cultura es de izquierda.

Pero… ¿cómo ha llegado Vallejo aquí? La esmerada traducción de sus obras por Roberto Paoli así como la crítica del genial Antonio Melis son responsables de que en universidades y en casas del pueblo se entienda y se conozca a quien Melis califica como el mejor poeta en español del siglo veinte.

Por su parte, Lucia Lorenzini, la traductora de Jorge Luis Borges, ha convertido mi libro “Vallejo en los infiernos” en 600 páginas del fabuloso italiano.

Al mismo tiempo que en Florencia, hoy mismo se han reunido en Londres 34 profesores y vallejistas de todo el mundo anglófono. A inciiativa del profesor Stephen Hart, en la University College de Londres, veinte de ellos están terminando de traducir al inglés este “Vallejo en los infiernos”

En estos tiempos de globalización, hay quienes pretenden esconder la imagen del gran poeta revolucionario. Aunque no lo dicen, preferirían que estos homenajes no se realizaran y que las reimpresiones del gran poeta social cesaran. Quienes prefieren aquello señalan que la literatura no tiene ninguna relación con la sociedad, no es una expresión del alma de su pueblo y preferirían que la misma fuera solamente un ejercicio de bufones.

Señalan además, sin atreverse a decirlo, que la obra de Vallejo ya no está de moda por su supuesto pesimismo, aunque en realidad lo aborrecen por haberse atrevido a decir lo que, según ellos, ya no debe decirse.

Hace creo tres años un articulista atacó en el principal periódico de Lima a un personaje de Vallejo.Señló que la lectura de Paco Yunque incitaba a los colegiales peruanos a creer que la nuestra era una sociedad injusta y que, por lo tanto había que combatir para cambiarla. Sin comnentarios. Las palabras de Vallejo llaman y continuarán llamando a la solidaridad de los hombres que es la única forma decente de habitar en este planeta.

García Márquez, después de después

Gabriel García Márquez

Gabriel García Márquez

Muchos tiempos después del nuestro, cuando acaso el río Magdalena corra de norte a sur y la arena cubra los monumentos levantados en su memoria, la gente va a pensar que Gabriel García Márquez fue un profeta o el personaje de una leyenda, o ambas cosas a la vez.

Se dirá que la fecha de su fallecimiento, un Jueves Santo, fue escogida por la imaginación colectiva porque esa es la semana en que-de acuerdo con los mitos-mueren los redentores o los creadores de nuevos lenguajes.

Se acordarán de que ese también fue el día en que supuestamente falleció César Vallejo.

Perduran los libros, y por ellos, la gente el futuro revivirá asombrada la alegría, la generosidad, la desesperación, la inocencia,  la perversidad, la violencia, la pasión y el heroísmo que son y fueron parte inquebrantable de la vida de los latinoamericanos.

Advertirán que los malvados y los héroes de uno y otro lado del continente eran los mismos y que sus vidas coincidían. Mientras que el norte del continente, los libertadores se convertían en montañas, en el sur nuestro, uno era descuartizado, los otros terminaban en la pobreza o en la cárcel, y todos eran calificados de terroristas, bandidos y enemigos de la patria

Gabriel García Márquez será, muchos años después del nuestro, el profeta que nos hizo conocernos mejor entre nosotros y saber que habíamos sido engendrados por padres y madres semejantes y por el mismo viento de la fatalidad que siempre ha dado vueltas en torno de nuestra tierra.

Los grandes amores latinoamericanos durarán todo el tiempo como esa fantástica pareja de amantes que el escritor situó en un barco para que subieran y bajaran los rumbos del Magdalena por los siglos de los siglos.

Los lectores del futuro se darán cuenta de que los tiranos y los déspotas de uno y otro lado del continente eran idénticos en la rapacidad, el servilismo y el ridículo como en aquella escena en que el dictador pregunta: -¿Qué hora es? Y su subordinado responde:-La que usted ordene, mi general… y que todo, todo aquello era verdad como aquella escena en que la gente se despertó sin mar porque el gobierno lo había vendido… o sin río en otro tiempo porque se quería vender el oro.

“Cien años de soledad” continuará denunciando que la masacre de las bananeras no fue un sueño ni tan sólo una creación literaria.

Aquella ocurrió en Ciénaga, provincia de Magdalena, el 6 de diciembre de 1928, cuando un gran número de trabajadores del banano que estaban en huelga fueron acribillados por el Ejército Nacional. Lo que más resonó de la narración literaria de García Márquez fue la cifra de 3.408 muertos que uno de sus personajes arroja como balance final de la matanza.

Pero también ocurrió en México, en la Plaza de las Tres Culturas. Y también en el valle de Chicama, en el Perú. Y también en Chile, en Santa María de Iquique. Y otra vez en el Perú, al ser derrotado el pueblo de Trujillo por el ejército del dictador en 1932. Y muchas veces más en el Perú cuando el dictador aprovechó de una guerra interna para desencadenar un genocidio étnico.

Y todo el tiempo, el hecho real se transformó en un idiota debate histórico destinado a preguntarse cuántos eran los muertos. Aquello obvió la verdad de que en nuestras tierras la matanza es la manera en que los poderosos hacen sus negocios.

En su voz, todo aquello se transformó en una epopeya. Sus coetáneos aprendimos a ser latinoamericanos y a vivir orgullosos de nuestro profeta y de una tierra que ha parido a hombres como Sandino, Bolívar, Tupac Amaru, Bernardo O’Higgins, San Martín, Luis Carlos Prestes, el Che Guevara y Salvador Allende, entre muchos otros.

García Márquez debe estar ahora navegando el Magdalena. Sobre sus aguas, la  muerte canta noche y día su canción sin fin.

Dios no ha muerto

Durante los días del holocausto, dos rabinos se conocieron en el campo de concentración de Dachau, uno era polaco y el otro, francés. Anciano ya, este último vivía en California cuando yo llegué como profesor de Berkeley en 1990, y fue él quien me contó esta historia:
En París, la resistencia había sostenido una balacera con los nazis ocupantes. El encuentro produjo la muerte de todos los milicianos y también la de un alto mando de la Gestapo.
Desde Francia, salió la orden. En cada uno de los campos de concentración, había que vengar al nazi muerto. La represalia no iba a traer consecuencia positiva alguna para los alemanes toda vez que si se trataba de una lección, los judíos internados no iban a poder asumirla. Estaban en el campo, y no iban a salir de allí sino convertidos en cenizas.
Se situó a los prisioneros en líneas circulares. Parecía una función de circo.
De pronto, un grupo de guardias comenzó a buscar entre los asistentes. Ubicaron a un joven de contextura atlética. Lo llevaron hasta un tabladillo que habían levantado en el centro del campo.
El joven obedeció todas las órdenes que se le daban. Bajó la cabeza, y le rodearon el cuello con una cuerda. Sin decir palabra, el prisionero cerró los ojos y quizás se encomendó a Dios.
Isaac, el rabino francés, me dijo que también cerró los ojos esperando que todo terminara en unos minutos, pero no fue así. La perversidad de los nazis había convertido a la horca en un juguete. De alguna forma, habían logrado que la cuerda no se terminara de cerrar y que, de esa manera, torturara por más tiempo a su víctima.
Diez, veinte minutos, casi media hora transcurrieron, y el joven se estremecía sin morir. Su cuerpo saltaba independiente. Sus miembros se agitaban o se movían sin concierto. Parecía morir, y recuperar la vida para sufrir aún más.
Isaac no pudo soportarlo. Se acercó al rabino polaco, y le dijo:
-¿Dónde está Dios?… ¿Dios ha muerto?
Su interlocutor se quedó un instante sin responder. Luego, levantó la mano derecha y señaló al hombre atormentado.
-Allí está.-dijo.- Allí está Dios.
Este domingo se inicia la Semana Santa. Habrá ceremonias formales y el cardenal se abrazará con el presidente y con los miembros de los otros poderes del estado. Tal vez Cipriani recuerde a sus vecinos del cuartel de Ayacucho, sus cómplices, quienes hicieron de aquel un inmenso cementerio. Tal vez piense que sólo eran escenificaciones del Viernes Santo.
En las mazmorras de un cuartel, prohibida la visita de alguien que no sea su familiar de segundo grado, Víctor Polay recibirá la noticia de que han anulado la sentencia judicial que les permitía a él y a otros presos pasar a una cárcel más humana.
¿Termina la perversidad al finalizar la dictadura? En Alemania, se desarrolló durante décadas un proceso de desnazificación. En países con tan distinto signo ideológico como Chile, Guatemala y Argentina, los antiguos torturadores — algunos octogenarios— van a la cárcel. En el Perú, el terrorista de estado Fujimori recibe un trato diferente, y cada vez se endurece más el tratamiento contra los presos de la guerra, algunos de los cuales se han pasado la mayor parte del tiempo en régimen de calabozo. ¿Es necesaria tanta crueldad?
No, Dios no ha muerto. Como decía Vallejo, ya va a venir el día, ponte el alma. Se lo recordará a Víctor Polay la amada sombra de su madre que lo visita todos los días

Perú, el racismo ilusorio

El 26 febrero de 2012, George Zimmerman vio que el adolescente Trayvon Martin comía caramelos sentado en una banca del parque de Sanford, Florida.

Según afirmó después, eso le pareció altamente sospechoso. Por ello, bajó de su potente SUV, tomó la pistola y apuntó al jovencito. Tan buena era su puntería que acertó al primer intento, pero siguió disparando hasta cerciorarse de que el sospechoso estaba muerto.

Ante la policía primero, luego frente al juez y, por fin, ante todos quienes lo vieron en la televisión George justificó su crimen aduciendo que lo había cometido en legítima defensa. Se olvidó de decir que el estaba armado y que Trayvon sólo habría podido responder a sus balazos arrojándole alguna de las golosinas que le había dado su padre.

Agregó George que el adolescente era negro y que los negros son generalmente delincuentes.

Cualquiera podría creer que George es un flaquito pecoso, pero no es así. Aunque él se vea, se crea y se sienta blanco, no lo es. Hijo de peruana y de gringo, es una mole de 140 kilos, y los rasgos de su rostro son de diseño afroamericano pero de color claro, lo que en el Perú se suele llamar un “negro lavado”.

George Zimmerman es un blanco ilusorio, algo que la mayoría de los racistas peruanos suelen ser.

En cuanto a actitud política, la mayoría de ellos suelen defender los “bienes ilusorios”. Por ejemplo, vociferaban contra la reforma agraria aunque no fueran propietarios sino de una pequeña maceta o les parecía totalitaria la nacionalización de la banca propuesta por Alan García, y sin embargo apenas eran dueños de una escuálida libreta de ahorros.

La querida patria que visito es un país muy pobre. Aunque en años recientes hayan proliferado los “malls”, siempre se podrá uno encontrar con hombres y mujeres harapientos buscando entre las bolsas de basura algo que pueda ser revendido en las tiendas del suelo que pertenecen a los más pobres.

Los taxistas conducen carros alquilados y trabajan  entre 12 y 14 horas diarias. La mayor parte de los vehículos que ruedan por Lima son taxis.

¿Y la jubilación? Ese lujo ha sido reducido drásticamente en un país donde las conquistas sociales fueron abolidas por una dictadura neoliberal que pretendía atraer de esa forma a los inversionistas.

Y sin embargo, unos y otros se siguen “choleando” y situando su punto de vista desde el pedestal de una raza ilusoria o de una clase inventada.

Los limeños cholean a los provincianos y los costeños a los serranos, pero allí no acaban las caracterizaciones sociales; también existen decentes, achorados, indios, huachafos, pitucos, bacanes, gente del pelo y gente de medio pelo.

Por fin las cúpulas de los partidos políticos, asentadas en Lima, se sienten gozosas de ser llamadas la “clase política”, término que acuñó hace un tiempo el redactor frívolo de una revista social europea para poder incluir en sus páginas a los políticos junto a los príncipes y a las vedettes.

Y, por supuesto, los “parvenus”, ascendidos a clase política han olvidado ya la investigación que solicitó la Comisión de la Verdad, toda vez que la

mayor parte de los 90 mil muertos y de muchos presos injustamente son serranos, provincianos y misios.

Un amigo sociólogo me explica esta situación como un fruto de la herencia española, y me ofende que diga esa simplonería. Los españoles se fueron ya hace dos siglos, y es tiempo de que asumamos nuestra propia culpa. Ya es tiempo de que denunciemos como demencia colectiva esta raza ilusoria y esa clase inventada… La alternativa es que un día de estos nos miremos en el espejo y nos veamos tan “pelirrojos” cómo George Zimmerman se ve.

Perú, calabozo perpetuo

Libre como un pájaro

Libre como un pájaro

Luego de ser conducido a la cárcel de Trujillo, César Vallejo fue llevado a un calabozo que llamaban el “infierno”. Este innecesario trato le era inferido para humillarlo y ponerlo cerca de un preso que intentaría matarlo.

Muy decaído, pero sin perder la dignidad, salió de allí el poeta tres días después. El alcaide le pedía que presentara sus generales de ley.

-Usted me debió ser presentado apenas llegó a la cárcel. ¿Donde dice que lo han tenido?

-En el infierno.

-¿En el infierno? Ya averiguaré quién recibió dinero para ponerlo allí. Pero, señor Vallejo, usted está equivocado. Eso que usted llama el “infierno” es, en realidad, un calabozo, o algo mejor que eso. Lo llamamos sala de meditación.

Ocurrió en 1920, y ha seguido ocurriendo en el Perú. El calabozo es una forma de aislamiento penitenciario que se aplica por algunas horas o días a los reos que han estado observando mala conducta. Si ese régimen se prolonga, entra dentro del concepto de “tortura” tal y como lo entiende la Convención de las Naciones Unidas.

En nuestro país, no solamente existe el calabozo sino que hay seres humanos encerrados en él durante más de 20 años. A todo esto se añade que se encuentran en la base militar de una isla que no fue diseñada como centro penitenciario, y que sus familiares sufren duras restricciones para poder visitarlos. La madre de Víctor Polay murió hace unos meses luego de haber sido el rostro que él podía ver unas cuantas veces en el año.

Todo esto es inhumano y degradante. Así lo han entendido los jueces Óscar Sumar Calmet y Julio Biaggi Gómez, quienes ordenaron el traslado a un penal del INPE para Víctor Polay Campos, Miguel Rincón Rincón y Peter Cárdenas Schulte y Óscar Ramírez Durand.

Satanizados por toda la prensa e incluso amenazados, los jueces han ratificado su sentencia y han defendido la capacidad que tiene todo tribunal-y no los periódicos ni los otros poderes del estado-de interpretar la ley con justicia.

De forma increíble, el defensor del pueblo ha dicho que es sumamente peligroso poner a esos presos en un penal común. Por supuesto que eso no es cierto. Personas que llegan a la tercera edad luego de haber sufrido tan feroz aislamiento están muy lejanas de parecerse a un Rambo.

Como lo han señalado los especialistas, en condiciones de aislamiento prolongado se produce primero la desocialización o la pérdida de capacidad para relacionarse con la gente. Los prisioneros pueden perder incluso las capacidades de verbalizar oralmente o de distinguir los colores. La falta de contacto humano puede suponer la pérdida de la capacidad táctil o el sentir cualquier proximidad como una amenaza En definitiva, los efectos del aislamiento suponen una paulatina destrucción de la persona humana y son una agresión permanente contra aquella y un escarnio contra la misma condición humana.

No. El defensor del pueblo no los teme. Lo que ocurre es que quiere sumarse a quienes reclaman venganza. Quiere evitar que lo confundan porque, al fin y al cabo, una sociedad que tortura obliga a tener personas que aceptan, que se acobardan o que fingen no saber lo que está ocurriendo. Lo curioso es que no es ésta la misma regla con que se mide al Sr. Fujimori, autor de crímenes contra la humanidad. ¿Es él otra clase de terrorista con quien veladamente debemos estar de acuerdo?

Sé que es impopular e incluso peligroso pensar en el Perú de esta manera, y sobre todo expresarlo. Debería sentir miedo. Más miedo me da, como cristiano, el ser preguntado mañana por el más alto de los jueces si en los días de mi vida fui compasivo, y por lo tanto bueno, y si me sobrepuse las amenazas y aprendí a ser valiente, hombre libre y de buenas costumbres.

El autoritarismo en la esquina

El voto de confianza al gabinete sonó más a voto de desconfianza en el gobierno. Hay que recordar que, una sesión antes, ese voto había sido negado y ello ocurría por primera vez en la historia republicana.

A esto hay que añadir el ritmo decreciente de la aprobación popular al presidente. Ha llegado al 25 por ciento, luego de una constante cuesta abajo en la rodada.

Es una situación muy grave.

Discrepo de quienes la interpretan de una manera coyuntural. Dicen ellos que todo el problema reside en una suerte de poder paralelo familiar y le atribuyen toda la culpa a la primera dama del país.

Esa interpretación nació en el aparato de propaganda del expresidente García que todos los días habla con el espejo del cuento: “Espejito, espejito… dime quién te gusta más…” mientras acaso compara sus elefantiásicas curvas con la elegante silueta de su posible rival en las próximas elecciones presidenciales.

Se trata de algo más estructural: este gobierno no nos indica exactamente hacia donde va.  Carece de una visión estratégica de medio y de largo plazo.

Como lo hacen las combis, el chofer se detiene en cada esquina o acelera de súbito para ganar pasajeros, pero nadie sabe exactamente hacia dónde nos conduce.

Hay la sensación, además, de que la conducción del país se hubiera pasado al ministerio de economía cuyos tecnócratas son dogmáticos partidarios de la privatización y del neoliberalismo al mismo tiempo que desalmados en cuanto concierne a las necesidades sociales.

Ya hemos visto cómo la negativa del MEF a aumentar el salario mínimo ha sobrepasado todas las instancias, ha hecho caer al jefe del gabinete y ha propiciado el desgobierno y la práctica ruptura de la institucionalidad.

Si en este momento -como se anuncia- se aprueba la ley de la universidad peruana y se derriba la autonomía de la misma, la consiguiente respuesta de los estudiantes no tendrá que esperarse. En Chile, los universitarios llevaron al naciente gobierno de Piñera hasta una situación insostenible.

En estas condiciones, las encuestas continuarán con la flechita mirando hacia el suelo. Se está engendrando un gobierno muy débil. Lo peor de todo es que los gobiernos de esas características tratan de mostrarse fuertes de maneras que van contra la constitución y las leyes.

La tentación del autoritarismo está en la esquina. En el Perú, ya se han dado muchos pasos en ese sentido. Uno de los más temibles es la dación de la ley 30 151 que consagra la impunidad de los militares y las fuerzas policiales cuando hieran o maten en supuesta acción de servicio. En vista de que operará de forma retroactiva, servirá para abrir la puerta de la cárcel a quien el masacraron campesinos en Cajamarca y Cusco.

Mientras escribo esta nota, esa ley está probando su eficacia. Efectivos de la DINOES (la policía contratada por los mineros de Yanacocha) acaban de quemar el campamento de los cajamarquinos que cuidan sus lagunas. ¿Qué puede venir después de esta provocación?

No. El autoritarismo no es lo que la historia espera del actual presidente. Creemos que está a tiempo de formular políticas económicas capaces de impulsar la actividad interna. Todavía puede proyectar una nueva ley del trabajo para defender los derechos laborales. Le queda tiempo para honrar su palabra, deshacerse del acta de Fujimori así como de sus perversas leyes represivas. Cuando lo haga, entonces será de veras un gobierno fuerte.