El oso peruano de Londres

El oso Paddington

El oso Paddington

El peruano más conocido de Londres es un joven inmigrante de sombrero rojo que lleva un sánduche de mermelada de naranja en el bolsillo y una moneda de un sol cosida en el interior de su chaleco. Lo llaman el Oso Paddington.

En realidad, no solo lo llaman así. Es un oso de verdad que, según los cuentos infantiles, llegó aquí desde “el remoto y oscuro Perú.” En ese país, leen los niños ingleses, su anciana tía estaba a punto de entrar en un asilo y, para salvarlo del desamparo, lo embarcó para Inglaterra vestido con un elegante saco rayado de lanilla. Un pequeño letrero colgando de su cuello decía: “Por favor, cuiden a este oso. Muchas gracias.”

Una encantadora familia británica lo adoptó y le puso el apellido Paddington por la estación del tren en que lo encontraron.

Es una pena que los publicistas de Marca Perú no hayan tenido el talento de inventar un personaje tan dulce y metafórico como este. El “remoto y oscuro Perú” recuerda en Londres a quienes leen las noticias internacionales a un país lejano en el que buena parte del territorio ha sido concesionada a empresas extractivas sin tener en cuenta que los recursos mineros son agotables, y que la explotación no produce un número de empleos considerable en comparación con el envenenamiento de la atmósfera y la destrucción del ambiente que causa en regiones habitadas por la mayoría de los peruanos.

Los comentaristas de fuera se preguntan si todos esos sacrificios han sido considerados dentro de un plan de desarrollo de largo alcance y se muestran asustados ante la evidencia de que no es así, y que las pérdidas de vidas humanas aumentan y el gobierno endurece la represión de las poblaciones disidentes con medidas tan brutales como la impunidad para los elementos de las fuerzas armadas y policiales que ocasionen muertos y heridos con el mal empleo de sus armas.

Felizmente, la imagen de nuestro paisano, el buen Oso Paddington es la de un compañero de juegos tan niño como los niños que son sus amigos.

Este cándido rostro es tan simpático como los mangos peruanos de los mercados de Londres y los sabrosos espárragos que son al parecer el primer producto peruano de exportación a este país.

De otro lado, la quinua se ha impuesto aquí tanto como en el resto del mundo. Su precio sube constantemente y su presencia puede verificarse en el menú de los mejores restaurantes. Recuerdo que hace dos años cuando también vine a este país, la quinua solamente era ofrecida en los mercados de gente saludable, orgánica y “políticamente correcta.”

La palta, el camote, la chirimoya e incluso el kion peruano tienen gran acogida aquí.

Sin embargo, lo que más me ha asombrado en esta visita a la “pérfida Albión” es que junto al simpático osito y a nuestros recursos agrícolas, la poesía también puede ser uno de nuestros primeros productos de exportación.

Lo comprobé con nuestro Cesar Vallejo. En la presentación de mi novela biográfica “Cesar Vallejo’s Season in Hell” tan solo esperaba que llegara un grupo de especialistas, pero la asistencia fue masiva. Centenares de personas colmaron el teatro de la primera universidad de Londres en el lanzamiento de la obra.

Nada menos que Stephen M. Hart, uno de los más importantes latinoamericanistas de Europa, había liderado la traducción de mi libro y esa era una tarea en la cual habían participado bajo su batuta quince profesores angloparlantes de todo el mundo.

Lo voy a decir con la mayor sinceridad. No había esperado tanto ni siquiera en el Perú. Al otro día, mayor fue mi sorpresa cuando encontré a un grupo de estudiantes londinenses que leían “Masa” en inglés junto a la estatua de Mahatma Gandhi quien fuera alumno de la universidad. Eso ya era Vallejo para todo el mundo.

Si Vallejo en vida hubiera intentado regresar, la cárcel lo habría estado esperando. Un juicio penal fraguado indisimulado castigo por sus ideas políticas lo había condenado a caminar errante por el mundo. Por eso mi obra se llama “Vallejo en los infiernos”

Hoy por la mañana tomé el tren hacia París. Cuando el oficial de Inmigración selló mi pasaporte, se me ocurrió que pensaba: “Voy a decirle a mis niños que he conocido a un caballero del país de Oso Paddington.

Eduardo González-Viaña miembro de número de la ANLE

 Fuente: Periodistas en Español.

La Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE) ha incorporado como miembro de número al escritor y profesor peruano Eduardo González-Viaña, quien a lo largo de una ilustre carrera creativa y docente ha volcado su reconocido talento literario en la defensa de los inmigrantes en su tierra de adopción.

Diploma de académico de la lengua

Diploma de académico numerario de la lengua española

González-Viaña, miembro de la Academia Peruana de la Lengua y hasta hace poco profesor en Oregón, cuya obra “El corrido de Dante” ha sido proclamada como “la novela de los inmigrantes latinos por excelencia”, dedicó su discurso de ingreso al tema “Vallejo en los infiernos: biografía de una novela biográfica”, informa la ANLE.

La ceremonia, que tuvo lugar en la Embajada de Perú en Washington DC el 11 de abril, en el seno del I Congreso Internacional de Peruanistas –y a la que asistió Ana Cecilia Gervasi, cónsul de cultura de Perú– comenzó con las palabras de José Antonio Mazzotti, presidente de la Asociación Internacional de Peruanistas (AIP), quien destacó las virtudes del homenajeado. El director de la ANLE, Gerardo Piña-Rosales, respondió el discurso del nuevo numerario y le otorgó el diploma y medalla correspondientes.

En una apasionante reseña de la creación de su novela “Vallejo en los infiernos”, González-Viaña reveló que siendo adolescente conoció al filósofo Antenor Orrego, el mejor amigo y mentor de César Vallejo, a quien manifestó su interés por saberlo todo sobre el gran escritor peruano: “Seis meses después, don Antenor murió súbitamente”, recordó. “A mí me había dejado una profecía y una condena. Desde los 17 años de edad, por esa razón, he estado condenado a escribir la novela de Vallejo”.

En su novela, González-Viaña incorporó una primicia: las confesiones de María Sandoval, una joven bibliotecaria de la que se enamoró Vallejo y que murió a los 20 años de tuberculosis, y cuyo diario consiguió gracias a un hermano de la muchacha.

Pero esos rasgos románticos de una vida atribulada contrastaron en el discurso de González-Viaña con sus recuerdos de juventud en el grupo literario “Trilce”, que fundó con otros amigos en la Universidad de Trujillo, “la ciudad que Vallejo tanto amaba y temía, en la que escribió sus primeras obras y en la que sufrió el infierno de la prisión”.

“Como denuncio en mi novela, César Vallejo fue en realidad un preso político y un candidato a pasar largo tiempo en la cárcel o a morir de súbito castigado por sus ideas socialistas”, afirmó. “Muchos críticos y comentaristas de su obra suelen dedicar sólo unas líneas breves –y a veces mezquinas– a este hecho, que es fundamental en la gesta de Trilce y en la comprensión de ese libro y del propio país que le da origen”.

González-Viaña, autor de unos 40 libros entre novela, cuento y ensayo, obtuvo el Premio Nacional de Cultura del Perú con su libro “Batalla de Felipe en la casa de las palomas”. También ganó el Premio Internacional de Cuento Juan Rulfo por un relato incluido en su libro “Los sueños de América”. Su novela “El corrido de Dante” recibió el Premio Latino Internacional de Novela de los Estados Unidos imponiéndose a obras de Gioconda Belli e Isabel Allende.

“Gonzalez Viaña ha escrito mucho y bueno”, afirmó Piña-Rosales. “Estamos ante un autor que libro a libro ha ido forjando una obra sólida, poliédrica, original. González Viaña es peruano de pura cepa, pero tras varias décadas en los Estados Unidos, podemos considerarlo también hispanounidense”, agregó el director de la ANLE.

Piña -Rosales anunció que “fruto de nuestra admiración y amistad” con el nuevo académico de la ANLE es el libro “Los académicos cuentan”, “una gavilla de relatos de escritores vinculados a alguna de las 22 academias de la lengua española, coedición entre la ANLE y la editorial que dirige González-Viaña, AXIARA, que además de un cuento premiado de este incluye dos textos de los escritores peruanos Isaac Goldemberg y Julio Ortega, ambos miembros de la ANLE.

Por su parte Mazzotti afirmó que González Viaña es “un modelo de escritor, comprometido además con la justicia social y la defensa de los derechos humanos. En un mundo literario donde es tan fácil claudicar a las leyes del mercado, se ha mantenido incólume en su compromiso con los desamparados de la tierra”.

Fujimori y el embarazo de seis meses

-Señorita, hay una iniciativa del ministro de salud para que el tiempo del embarazo se reduzca de nueve a seis meses. ¿Qué opina usted?

-Estoy de acuerdo. De esa manera, el gobierno dará más tiempo a la mujer para estudiar y trabajar.

Videla y Fujimori

Videla y Fujimori

En el Internet, se está difundiendo esta encuesta realizada aparentemente en las calles de Lima entre mujeres que tenían por lo menos educación secundaria. Se dan diversos factores para que nuestras jóvenes expresen tal nivel de cultura. Entre ellos, se cita el embrutecedor efecto que tienen nuestros devastadores programas de televisión.
Por mi parte, creo que ha sido la dictadura lo que más empobrecedor efecto ha tenido sobre nuestra moral y nuestra cultura. Quince años después de la fuga de Fujimori a su país, muy poco se ha hecho para liberarnos de sus secuelas y de su hedor. Incluso, seguimos guiando nuestra vida colectiva con el acta de sumisión que nos entregara a cambio de la constitución.

Hay muestras de ignorancia colectiva todos los días. Acaso la más inmediata y temible es la indiferencia con que se escucha la revelación de que la dirección de inteligencia, DINI, ha recogido en estos años de democracia información privada y confidencial sobre más de 100 mil ciudadanos.

Los datos recogidos así como la interceptación telefónica también denunciada pueden servirle al Estado, o a quien lo administre, para fines tan nefastos como la compra de voluntades, el chantaje, la coacción, la amenaza perpetua y el asesinato moral.

Hace 800 años, la Carta Magna reconocía como fundamental el derecho a la intimidad, y fue la inspiración de todas las constituciones modernas.

Y sin embargo en el Perú, pocas han sido las voces que han preguntado “¿y para que necesite el gobierno esas informaciones?” O “¿para qué vamos a reorganizar la DINI? ¿No es más sencillo suprimirla?… Si se requieren instrumentos para la lucha contra la delincuencia, ¿acaso nuestra policía no es capaz o no los tiene?

Y aquí viene lo peor de todo: el propio dictador Fujimori se acaba de ofrecer como asesor del gobierno para manejar ese tema. Ha dado consejos de cómo manejar los servicios de inteligencia el país y ha hecho alarde de que en su gobierno este sector dio como resultado “la pacificación sin costo social, la defensa de las fronteras con Chile y Ecuador y la drástica reducción del narcotráfico… Todo con un presupuesto menor al de la DINI” ¿Se refería al dinero robado al Estado que vemos en los vídeos en los que Montesinos compra conciencias, paga empresarios, a congresistas y aceita a los dueños de los diarios chicha?

Lo asombroso es que tenga toda esta actuación y atención pública un terrorista quien además de sus latrocinios es convicto de genocidios y otros crímenes de Estado que deshonran la historia.

El cardenal de Argentina, ahora Papa Francisco, pidió perdón a ese país por la participación de la Iglesia en el terrorismo de estado. Y así lo ha hecho el presidente Alemania, Joachim Gauck, cuando fue a Oradour en Francia, para pedir perdón por uno de los crímenes más abyectos de la historia del ser humano. Y sin embargo, en el Perú de nuestro tiempo nadie pide perdón por las masacres de Fujimori.

Pinochet, Videla y Fujimori no fueron el poder, sino su brazo armado. Traidores, cumplieron órdenes extranacionales. Su misión era instaurar una economía neoliberal en la que el estado fuera despojado de sus bienes y funciones. El encargo era que aquél fuera privatizado para beneficiar al gran capital transnacional, a las corporaciones foráneas y a sus socios locales…. Y en nuestro tiempo sigue vigente la “constitución” de Fujimori.
No es raro por eso que la señorita de la encuesta esté de acuerdo con lo que supuestamente mandan desde arriba y piense que es encantador el futuro decreto supremo en virtud del cual el embarazo durará seis meses.

Arturo Vera, la ubicación del paraíso

Puesta de sol

Puesta de sol

Gracias a mi amigo Arturo Vera Farfán, me enteré hace algunos años de la ubicación exacta del paraíso. Queda en Pacasmayo.

Si bajas del malecón a la playa y caminas hacia el sur como quien va al faro de la bahía, lo encontrarás.

Lo supe porque Arturo era mi psiquiatra y, cuando yo sufría de un estrés, me daba ejercicios para relajarme. En esa ocasión, me pidió que cerrara los ojos y que imaginara un lugar muy tranquilo y seguro, y yo me recordé en el puerto de mi infancia, acompañado por mi padre, y caminando hacia el faro frente al cual hace varios siglos se hundiera una de las naves del pirata Drake.

Ese recuerdo celeste me tranquilizó y me hizo pensar que todos podemos llegar al paraíso porque aquel no está allá arriba sino dentro, muy dentro de nosotros.

Arturo Vera Farfán había nacido en Guadalupe, en la misma provincia que yo. Estudió endocrinología en Madrid y fue entonces uno de los discípulos más distinguidos de Gregorio Marañón. Posteriormente hizo un doctorado de psiquiatría en Alemania. En los anales de la Universidad de Berlín, figuran sus sobresalientes estudios sobre enfermedades folclóricas como el mal del ojo y el susto.

Pudo haberse quedado luego a ejercer o dar cátedra en Europa, pero la tierra lo llamaba, y trabajó en Trujillo y luego en Lima. Por casualidad, tanto Arturo como el “Tuno”, mi brujo y personaje, me dieron alguna vez la misma explicación: “Puedes estar en cualquier sitio del mundo, pero al final el cerro de tu pueblo te llama.”

A pesar de su formidable formación académica, Arturo Vera no se perdía en los bosques de las neuronas. A sus amigos y pacientes les describía la mente como un bosque en el que se dibujaban caminos seguros y extensos páramos donde siempre se podía encontrar la paz. A cada cual le hablaba en su propia manera de entenderlo. A un paciente, que era nuestro paisano, le recomendó ir a visitar a un brujo muy conocido del Norte.

En mi caso, al cumplir 33 años de edad me sentí deprimido acaso porque hasta entonces no había logrado alcanzar mis metas personales. Cuando fui a verlo, Arturo me preguntó: “¿Qué prefieres? ¿Una medicina que te curará en diez días o un consejo que te durará toda la vida?”

Obviamente, escogí el consejo, y me lo dio. “Vete una academia, y aprende a nadar. De paso aprenderás, a respirar, a pensar y a vivir en paz.”. Es lo que hice, y lo que he seguido haciendo todo el resto de mi vida. Cada mañana cuando aquí en Oregón me levanto a las cinco para ir a nadar, recuerdo a mi amigo. Tal vez el ejercicio me liberó de cigarrillo y me salvó de inclinarme por la bohemia, que respeto pero que no considero una forma de vida obligatoria para el intelectual o el artista.

Creo que Arturo es el médico más contagioso que he conocido. Viviendo a su lado, Denise Gamero, su esposa, se contagió de sus ganas de aprender y volvió a la universidad cuando ya estaba en los últimos cuarentas y tenía cuatro hijos. Y por eso, de un momento a otro, el psiquiatra tuvo que ir a comprar el pan para el desayuno de sus cinco estudiantes. (En la foto, Arturo y Denise en la playa)

Me acaban de comunicar que Arturo ha fallecido de súbito mientras atendía a un paciente. Tal vez era sobre todo un filósofo, y para serlo es preciso morir porque sólo los muertos proporcionan la credibilidad de lo inalcanzable. De todas maneras, sus amigos y pacientes nos hemos quedado sin alguien que nos ayude a recordar nuestros destinos. O tal vez, todo lo que ocurre es que él ahora está descubriendo la ubicación exacta del paraíso.

Máxima y mínimo

Pocas veces en la historia un país ha estado representado con tanta fidelidad por una mujer. En el Perú de nuestros días, esa mujer es Máxima Chaupe. Vigilias, manifestaciones y comunicados la nombran y asumen su defensa en todo el mundo. Todos dicen que lo máximo es Máxima.

Los homenajes públicos se hicieron multitudinarios la semana pasada cuando la minera Yanacocha, apoyada por la fuerza pública, destruyó la casa de la humilde campesina.

Véase su imagen en Europa: Cuando se produjo su llegada a París en mayo pasado, el aeropuerto de Orly se vio desbordado por gente que ansiaba expresarle su solidaridad y lo mismo ocurrió en las instalaciones de la Maison d’Amérique Latine. Senadores, hombres del gobierno, intelectuales y artistas, estudiantes, todos querían una foto con Máxima.

Si se ve el revés de la medalla, en las dos visitas del presidente Humala a París, el recibimiento fue escueto. Mejor dicho, mínimo.

Esa contradicción se da todos los días en el Perú.  Cuando Yanacocha terminó de destruirle su casa, la pequeña mujer comenzó a reconstruirla. Le aplanaron los enseres. Solamente eso, pero nunca jamás la valentía ni el orgullo. “Si me quieren sacar de aquí, me van a tener que matar”, ha dicho.

¿Y qué hace el gobierno? Lo mínimo.

No es el único de los conflictos sociales, pero en todos los que ahora sacuden uno y otro extremo del Perú, el gobierno parece tener tanta potencia de fuego como los inmóviles guardias de honor de los palacios reales o como la Guardia Suiza en olor de santidad. Me entusiasma la metáfora con que describe esta inercia Raúl Wiener:

“ Como si lo hubieran elegido para ser un guardián de lo existente que  entiende su misión como estar parado, fusil al hombro, hasta que estallen los conflictos. Un gobierno perdido en el espacio, que primero mata e hiere y luego manda comisiones de alto nivel para tratar con la gente”

El mínimo gobierno, la inseguridad en las calles, la corrupción en los niveles más altos están haciendo sentir al ciudadano común que todas las instancias del poder devienen delictivas y que el crimen organizado está en las puertas de su casa, y por eso no es raro que aplauda ni considere un futuro candidato a la presidencia  a un exministro que está procesado por homicidio.

Las encuestas de popularidad del gobierno arrojan porcentajes mínimos. En esas condiciones, por experiencia sabemos que las administraciones débiles tratan de mostrarse fuertes, y lo son particularmente con los débiles y con la Constitución y las leyes.

Muestra de ello es la dación de la ley 30151 que ofrece impunidad a los militares y policías cuando hieran o maten en supuesta acción de servicio. Lo es la sanguinaria represión de la protesta social que ya ha dejado decenas de cadáveres. Lo es también el secuestro de Guillermo Bermejo. Lo es el encarcelamiento del presidente de la región Cajamarca. Lo es la soplonería. La intromisión de los organismos de inteligencia en la vida privada mostró su extremo ridículo al espiar también la casa de la vicepresidente del Perú. ¿Estamos volviendo al terrorismo de Estado de Fujimori?

La frivolidad de algunos medios los hace buscar posibles “outsiders” entre ciudadanos mínimos sin pensar que la historia no tiene por qué repetirse.

Lo que deberían mostrar a los jóvenes son los modelos de conducta y los valores morales de una mujer de un metro y medio y de unos 45 kilos de peso, pero de un coraje superior al de los hombres que tratan de a sacarla por la fuerza. Los bulldozers que se estrellan contra su casa pertenecen a una de las empresas más ricas del mundo, pero Máxima es lo máximo. Lo demás es lo mínimo.

Pulpines y pulpones

Jóvenes manifestantes

Jóvenes manifestantes

Durante las elecciones presidenciales últimas, los partidarios del señor Humala nos mordíamos las uñas cada vez que él tenía que participar en un debate televisivo.

El problema era que nuestro candidato no parecía escuchar las preguntas del moderador ni los ataques de los rivales. En vez de responder o contraatacar, se limitaba a leer el libreto que le había sido preparado y que no necesariamente abordaba el tema. A veces, incluso, parecía confundirse de papel. De todas formas, leía sin puntos ni comas ni matiz alguno, pero siempre con imperiosa voz marcial.

En el año 2015, y ya presidente del país, el señor Humala parece estar repitiendo aquella triste performance. Por ejemplo, nunca entendió a los jóvenes que protestaban contra la llamada ley Pulpín.

La primera gran movilización debería haberlo hecho reflexionar. Sin embargo, después de las que siguieron, insistió en el guión proporcionado por la CONFIEP y, por fin, recurrió a la consabida salida de la fuerza. Dejó que su “inteligente” ministro de interior resolviera un problema social con infiltrados, palos y contusos.

La acción de los jóvenes era masiva, persistente y unitaria. Una avalancha similar causó en Chile el desmoronamiento del gobierno derechista de Sebastián Piñera y su final derrota en las urnas. De igual forma, las marchas de los indignados y su posterior expresión en política ha modificado de forma radical el mapa partidario de España.

No es la primera vez que una experiencia como ésta se da en el gobierno Humala. En el año 2012, las grandes movilizaciones producidas en Cajamarca echaron por los suelos el proyecto Conga. En el 2013, la famosa repartija de los cargos públicos fue también aplastada en las calles.

Por su parte, todo el tiempo el gobierno no ha escuchado, o quizás no ha entendido el sentido de la protesta social, y siempre se ha sentido contento con asumir las recetas del Ministerio de Economía y Finanzas o las fórmulas de la confederación de empresarios. Para matizar estas ideas, al Presidente le basta con repetir “inclusión social”, una frase que ha sido inventada para sustituir los poderosos alcances de la justicia social.

En estas condiciones, se ha ido generando un gobierno muy débil en argumentos y en soporte popular, y ya sabemos lo que suelen hacer esta clase de administraciones. Recurren al autoritarismo y el uso de la fuerza. En el Perú, ya hay cadáveres en el camino.

En Cajamarca, los intereses de las mineras han teñido el suelo con sangre inocente. En esa misma región, aprisionar al presidente de la misma, Gregorio Santos, fue una medida a la que el pueblo rechazó con el voto aplastante de las urnas.

Una de las espantosas medidas de la represión ha sido la promulgación de la ley 30 151 que consagra la impunidad de los militares y las fuerzas policiales cuando hieran o maten en supuesta acción de servicios. Una aberración jurídica como esta no ayuda mucho a los que nos prometen que pronto estaremos en el primer mundo.

Las grandes marchas juveniles y la derogatoria de la ley llamada Pulpín tienen un significado trascendente. Por un lado, como alguien lo ha dicho, han evitado para después de esta una ley Pulpón. La Confiep consideraba insuficiente o tal vez tan sólo un globo de ensayo a la Pulpín; lo que ellos buscaban era una destrucción radical de los derechos de todos los trabajadores. No, el Presidente no es culpable de este episodio anti histórico. Fue tan sólo el lector, con voz marcial, de un libreto de los empresarios.

Ahora, en vez de leer un libreto, el presidente debe entender que la gran victoria de los jóvenes ha cambiado el mapa político del Perú.
Un comentarista superficial se preguntaba por quién íbamos a votar en el año 2016 y daba como posibles los nombres del doctor García, la señora Fujimori y el general Urresti. Esas alternativas ya no existen. Ahora el pueblo decidirá por opciones políticas y sociales concretas y no por candidatos felones o fantoches. Y menos aun, por pulpones.

Cuba y la utopía

Cuba

Cuba

“Y si el presidente y los halcones de Estados Unidos se quejan de tener un país comunista a sólo 90 millas… pues que se muden de enfrente.”

Lo dijo Fidel Castro, pero no recuerdo cuándo. Tiene que haber sido durante una de aquellas madrugadas en las que los jóvenes de América nos levantábamos para escucharlo en Radio Habana, Cuba. Entre las 4 y las 5 de la mañana, se oía el silbido característico de esa emisora que anunciaba estar transmitiendo desde “Cuba, territorio libre de América.”

Creo que yo tenía 16 años y era estudiante en la Universidad Nacional de Trujillo. Al igual que muchos de mis compañeros, prendía el receptor y le bajaba el volumen porque lo que estábamos haciendo era peligroso, muy peligroso…

En obediencia servil de los dictados de Washington, los gobiernos peruanos que se sucedieron durante esas épocas habían prohibido escuchar esas transmisiones como lo hacían por ejemplo con la canción de Gilbert Bécaud llamada “Natalie”. En sus letras, un francés declaraba su amor por una guía de ese nombre que lo había llevado a conocer Moscú. El delirio de los gobiernos conservadores consideraba sedicioso mencionar la Plaza Roja, la universidad, el nombre de la capital soviética.

Ver la película “Morir en Madrid” estaba prohibido como también lo estaba “El acorazado Potenkim”. Los cuartos de los estudiantes podían ser invadidos por la policía en busca de material rebelde. La tenencia del libro “La rebelión de las masas” de Ortega y Gasset provocó el encarcelamiento de un amigo mío. Por su parte, el poeta Elqui Burgos y dos amigos suyos permanecieron encerrados por haber publicado una revista en cuya portada se presentaba la efigie de William Shakespeare. “Ah, barbitas, no”- dijo el comisario, y se los llevaron.

Y a pesar de todo esto, los muchachos de entonces nos atrevimos a eso y a todo. Ahora ya sé por qué. Nos atrevimos porque necesitábamos un estímulo moral. Nos atrevimos porque requeríamos un modelo de comportamiento. Nos atrevimos porque el socialismo –proclamado por la revolución cubana- era mucho más que una opción política. Era y es una forma ética de vivir.

La propaganda oficial dividía al mundo en dos campos. Uno era el capitalismo supuestamente occidental y cristiano. El otro era el presuntamente anticristiano socialismo. Era exactamente al revés. Lo supimos cuando vimos países aplastados y pueblos paupérrimos envenenados por la avidez demoníaca de los capitalistas en pos del petróleo, del oro y el resto de las materias naturales. La teología de la Liberación entonces y las proclamas papales en nuestro tiempo demuestran que el capitalismo es infernal.

Cuba era un pequeño país que había escogido su destino socialista a pesar de las amenazas de la potencia más poderosa del mundo. Era David contra Goliat. Los jóvenes de entonces apostamos por David.

No solamente éramos los muchachos latinoamericanos. También los europeos y los norteamericanos generosos que distinguían bien entre las tradiciones libertarias de los fundadores de su patria y la gula insaciable de las corporaciones multimillonarias.

Entre complots contra la vida de Fidel, la invasión de Bahía Cochinos y el cierre de los mercados, le dieron con todo a Cuba, En los 60, nadie le daba un año más a la revolución cubana. Pero año tras año un pueblo de héroes se sobrepuso y- con sus carros modelo 1950- apostó por el futuro.

La utopía tarda un poco en llegar, pero llega. El presidente Obama acaba de reconocer que el bloqueo ha sido una brutalidad innecesaria, y ha restablecido relaciones con Cuba. ¿Para qué nos sirvió la utopía? … Para ser gente con dignidad. ¿Quién venció a la utopía? Nadie. Ella está siempre adelante. ¿Quién la derrotará? Solamente el que camine dos pasos más adelante.

Así no va. Así no vamos

Italia está conmovida. 50 mil personas marcharon por las calles de Milán, 70 mil lo hicieron en Turín, 50 mil en Nápoles y 15 mil en Palermo, además de otras 54 manifestaciones y de una huelga general para exigir al gobierno que canbie una política económica destinada entre otras cosas a lo que ellos llaman “esclavizar” a los jóvenes.

Incluso el Papa Francisco confernció con el jefe de gobierno de ese país, y la conversación, según informa El Vaticano, estuvo centrada en el actual contexto marcado por dificultades persistentes de naturaleza económica y social, “que tienen consecuencias negativas en el empleo juvenil”.

La justificación de esas medidas de acuerdo con el Ejecutivo es la de proteger el futuro de los jóvenes contra las secuelas de la nefasta crisis económica que parece estar demoliendo este país dessde hace una década.

Sentado en una banca de la estación de trenes de Florencia, una voz de los parlantes me anunció el último fin de semana que el servicio había sido suspendido.

Por cierto que me sentí muy mal, pero los informes triunfalistas sobre la marcha de la economía peruana me tranquilizaron sobre lo que podría ocurrir allá. El actual gobierno del señor Ollanta Humala suele dar cifras extraordinarias que, aparentemente, le dan la razón a la aplicación expeditiva de un modelo neoliberal muy agresivo.

Tanto ésta como las administraciones anteriores de García y Toledo han señalado que ese modelo supuestamente conducirá al país al Tercer Mundo. Quienes expresan su descontento son calificados de elementos antisistema, una definición sumamente peligrosa porque podría acarrear el epíteto de terroristas, una clase de peruanos que no tiene derecho a exigir juicios justos y cuya supuesta comisión de ese delito acarrea largas condenas carcelarias.

Máa todavía, el gobierno actual –siguiendo la línea de los anteriores- ha liberado de cualquier culpalas acciones de los policías y militares que producen muertos y heridos en la rprsión de las protestas popuares. Recientemente, un campesino erguido sobre el techo de su modesta vivienda sufrió la embestida de un centenar de ejecutores de la ley. La bala certera de uno de ellos a 4 metros de distancia lo liquidó. Los demás cumplieron su trabajo enzañandose en el muerto y golpeando a su esposa e hijos.

Con medidas tan contundentes como esa (que se parecen mucho a las del funesto Fujimori) se podría creer que la presunta entrada del Perú al Primer Mundo se habría acelerado.

Sin embargo, el gobirno de Lima promulgò hace unos días una ley que no contempla el pago de la compensación por tiempo de servicios a los jóvenes entre los 18 y 24 años. Además, los excluye de las gratificaciones anuales, el seguro de vida y la bonificación por carga familiar.
O sea, en un país cuya economía se proclama boyante, van a aplicarse políticas que sólo por el descalabro del país se anuncian en Italia.¿En qué quedamos?

Por fin, el presidente ha declarado que la norma es para suplir la falta de experiencia de unos 263.000 jóvenes en el país. Esto resulta más difícil de entender. La norma va a engendrar despidos fáciles y la opción al recibir un sueldo de hambre de “tómalo o déjalo”.Y, sin embargo, se dice que es para proteger a los jóvenes y para suplir su inexperiencia. ¿Dónde se les dará clases para que adquieran experiencia? ¿En las calles y pateando latas?

Los miles de italianos que marchan por todo este país y que lo paralizan tienen un lema:!Así no va! En el Perú, esa expresión tiene el mismo sentido:
!Así no va! !Así no vamos!

Milagro en Roma

Según García Márquez, en Roma después del almuerzo, el sol de mediodía se queda inmóvil en el centro del cielo y solo se oye el rumor del agua que es la voz natural de Roma.

Ayer, en la ciudad eterna, escuchaba yo las voces distintas del rio y de las fuente, y me apenaba pensar que cuando partiera de regreso las olvidaría para siempre. Sin embargo la voz evangélica de Maria Rosaria Omaggia, Rosaria con A, me dijo al oído que cuanto se escucha aquí se enreda en los sueños y en el corazón, y permanece en nosotros para siempre.

Participaba yo con otros ocho intelectuales de un coloquio en el que se nos invitaba a discutir si existía o debía existir con características unificadoras una literatura latinoamericana. El IILA (Instituto de Italia y América Latina)había organizado de forma excelente esa reunión.

Pero hablar de una literatura regional y sostener que debe tener peculiaridades que la hagan reconocible, sinceramente lo creo una preceptiva totalitaria o el slogan publicitario de algún librero voraz. Creo que lo que debería existir es una América Latina unida y capaz de enfrentar de esa forma su destino y, por su parte, un escritor que desdeñe las modas y desobedezca las imposiciones acerca de cuan
complaciente ha de ser para ser aceptable en el nuevo orden neoliberal.

Un escritor así debe estar presto para enfrentar el anacronismo de los regímenes que gobiernan contra sus pueblos y que prefieren las exigencias de las empresas extranjeras en vez de escuchar el clamor popular que defiende el agua y los recursos naturales. Tarde o temprano y para defender sus insostenibles posiciones, esos gobiernos desestabilizan la armonía de los poderes del Estado y convierten en impunes y sanguinarias a las fuerzas del orden

En vez de esmerarse por acatar una preceptiva que lo torne romo y aceptable, el escritor tendría que
caracterizarse por lo que siempre fue en nuestra compartida historia historia, un rebelde y un luchador como Bolívar o Martí, por ejemplo. O como lo dicen García Márquez y William Faulkner, “los inventores de fábulas nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de una diferente utopia de la vida.”

Por todo eso, me refería a Maria Rosaria Omaggio. Como una coronación brillante del coloquio, la conocida actriz italiana fue encargada de rendir homenaje a Gabriel García Márquez. Sus reflexiones y los textos que ella seleccionara suplieron nuestras discusiones y nos hablaron en verdad de una nueva y arrasadora utopía de la vida.

Tal fue, por ejemplo, su lectura de un fragmento de “La santa”. Para quienes no leyeron este cuento del Gabo, trata de un campesino colombiano que se lleva a Roma el cadaver de su hijita a fin de lograr que el Papa la santifique. Pasa veinte anos en ese afán y los papas se van muriendo sin escucharlo. Al final, el narrador nos descubre que el verdadero santo es ese hombre esperanzado y pobre como lo son todos los hombres pobres o esperanzados del continente.

Unas horas mas tarde, recordando el papel que ella cumpliera representando en la ficción cinematográfica a Oriana Fallaci, hablamos sobre la valiente periodista, y me dio la impresión de que por momentos no era tan solo el parecido físico lo que había de común entre ellas. Maria
Rosaria que es también antropóloga y escritora,me hablaba con la misma pasión que lo estuviera haciendo Oriana.

Mencione los nombres del Che y de Allende, y de inmediato, escuche lo que hubiera dicho una cualquiera de ellas, o las dos juntas acaso: Quien ama la vida esta siempre con el fusil en la ventana para defender la vida.

Le pregunte si creía en un escritor sin mas deber con la sociedad que entretenerla, y me respondió: La libertad es un deber-Primero que un derecho, es un deber. Le pedí por fin que me diera un consejo para que ni Roma ni su voz de aguas se escapara jamas de mi recuerdo, y me lo dio: “Uno de los personajes
en tu novela “La ballata di Dante”, tu nuevo libro italiano, asegura que va a respirar hondo, muy hondo, para no olvidar a la mujer que ama, y eso es lo que debes hacer: Respira hondo, muy hondo para no morir cuando estés muerto.”

Gooooooool de Vallejo

Vallejo Agli Inferi

Vallejo agli inferi

El día en que se inauguraba el Congreso internacional “Vallejo siempre”, tomé un taxi y pedí al conductor que me llevara al Ministerio de Cultura donde ese evento se iba a realizar.

-De inmediato, señor- respondió aquél y aceleró. Por mi parte, olvidé el asunto y me puse a revisar las notas de la ponencia que iba a presentar. Estaba distraído cuando el conductor me indicó que ya habíamos llegado.

Abrí la puerta, pero me encontré frente a la entrada del Ministerio del Interior. Al hacerle ver su equivocación, el taxista un poco extrañado me preguntó:

-El general Urresti ¿no es el actual ministro de cultura?

Sus razones tendría para suponerlo,-tal vez la finura del lenguaje del ministro- pero yo le rogué que se diera prisa y avanzara hacia el local que se encuentra entre Javier Prado y la Vía Expresa.

-¿Y se puede saber, señor, qué se hace en ese edificio enorme? ¿Qué se hace en un Ministerio de Cultura?

Como yo tampoco lo sabía, preferí hablar del evento al que acudía. Le expliqué que algunos de los sabios más importantes del planeta, así como poetas, juristas y escritores se estaban reuniendo este octubre en Lima en el Congreso Internacional “Vallejo siempre”.

-Ah, Vallejo, los poetas. ¿Por qué no me lo dijo antes?… Podría haberlo llevado al estadio nacional. ¿No es allí donde vamos?

Antes de que yo pudiera corregirlo, el hombre del timón comenzó a contarme un entusiasmo su admiración por el club futbolístico “César Vallejo”.

Felizmente, llegamos al Ministerio de Cultura. Pensé que si en algún país vecino se hubiera desarrollado un encuentro de esa trascendencia las autoridades del Estado habían estado presentes. Acaso habrían utilizado la importancia del evento y de sus participantes para prestigiar al país. El mismo nombre de Vallejo había servido. No se olvide que nuestro paisano fue considerado por Thomas Merton como el más grande poeta universal después de Dante.

Entre los concurrentes de uno y otro lado del mundo llegaron el británico Stephen M. Hart, el latinoamericanista italiano Antonio Melis, el profesor James Higgins de la Universidad de Liverpool, la profesora francesa Marie-Madeleine Gladieu y otras personalidades.

Vinieron también, los profesores Raúl Bueno, de Dartmouth College, José Antonio Mazzoti de Tufts, Jean Franco de la Universidad de Cambridge, Leslie Barry de Louisiana, Mara L. García de Brigham Young, Laurie Lomask, de Yale, Dominic Moran de Oxford, . Del Japón, llegan Kenji Matsumoto y el poeta Satoko Tamura.

El Congreso fue organizado por la Academia Peruana de la Lengua, la Asamblea Nacional de Rectores, las universidades de Trujillo, San Marcos y Ricardo Palma y el Instituto Riva Agüero.

El principal impulsor del certamen fue el doctor Francisco Távara, presidente del Jurado Nacional de Elecciones, quien no lo hizo a nombre de su entidad sino del suyo propio, como admirador y estudioso de Vallejo. Recuérdese que cuando era presidente de la Corte Suprema hizo un acto de desagravio de nuestro gran poeta por la carcelería que sufriera en 1920.

La magnitud del evento, realizado también en Trujillo y Santiago de Chuco, puso al Perú a la cabeza de las noticias culturales de todo el mundo. Y, sin embargo en el Perú, pocos sabían lo que estaba ocurriendo. Los medios de comunicación masiva le concedieron displicentemente unos centímetros de texto.

El colmo de todo fue que, de acuerdo con el programa, la titular de Cultura iba a inaugurar el congreso que se realizaba en su casa, pero nos dejó plantados. Alguien pasó el chisme de que la titular de Cultura no sabía bien quién era César Vallejo, y lo confundía con Ricardo Palma. Uno de sus viceministros tuvo que reemplazarla. Sin embargo, nos dijo que la literatura no era exactamente su tema, y nos habló de algo así como infraestructura vial.

Cuando terminó su perorata, divisé entre el público un rostro muy conocido: el taxista había entrado en la sala y nos miraba muy preocupado. Todavía él pensaba que la reunión era de carácter futbolístico. Quizás buscaba a algún arquero o delantero de su equipo favorito, y estaba tratando de conseguir algún autógrafo.