El ébola y el Perú

Peligro biológico

Peligro biológico

“Hay que llevar el virus del ébola a Centro América.”

“Una vez que todos esos comedores de tacos hayan muerto, nosotros podremos instalar McDonalds, Wal-Marts y Home Depots. Puede ser incluso que construyamos un Disneylandia. Será el paraíso.”

No son palabras mías. Las acaba de decir la famosa periodista conservadoraAnn Coulter ante Fox News, una de las primeras cadenas televisivas de los Estados Unidos.

Más todavía, según ella, el ébola puede solucionar el problema de inmigración ilegal. Dice la periodista: “En primer lugar, hay que infectar a cada uno de los niños latinos que llegan a Estados Unidos con el virus del ébola. De esa manera, vamos a desalentar a los inmigrantes. En vez de hacer eso, el gobierno de Obama les da medicinas gratuitas. Por eso es que viene tanta gente”

“Yo digo que en vez de seguro médico les demos fiebre hemorrágica. Si llenamos a cada niño ilegal con el ébola, sus padres van a tener que pensarlo dos veces…. Nos guste o no nos guste, esa enfermedad ha llegado a nuestro país. En consecuencia, es necesario darle un buen uso. A eso lo llamo “hacer limonada sin limones.”

¿No le parece una solución demasiado extrema? “De ninguna manera. Infectando a miles de niños y devolviéndolos a sus países, ellos contagiarán a sus padres y al resto de la población. Esa es la mejor parte de mi plan. ”

Durante cien años, los apologistas del capitalismo han calificado ese sistema como occidental y cristiano. Supuestamente, el socialismo era lo contrario. Eso es un embuste. El propio Papa ha culpado las abismales desigualdades entre ricos y pobresal predominio de una mentalidad egoísta e individualista expresada por un capitalismo financiero al que llama disoluto y salvaje.

Todo lo que está ocurriendo en el mundo, y ahora, las palabras de Ann Coulters comprueban que el capitalismo en su etapa neoliberal es un sistema caníbal.

El Ébola y el perro del hortelano

Sin embargo, la ideóloga norteamericana no está sola. Su doctrina de “hacer limonada sin limones” se parece entrañablemente en el Perú a la del “perro del hortelano” planteada por Alan García.

En el año 2009, ese presidente impulsó una Ley de la Selva destinada a despojar a los peruanos indígenas de sus tierras ancestrales. Sus territorios serían concesionados o vendidos a empresas extranjeras para la explotación del petróleo y el gas, la edificación de “resorts” y acaso también de McDonalds, Wal-Marts y Home Depots.

El paraíso imaginado por García iba a significar un genocidio. Alrededor de un millón de peruanos a quienes se llamaba “ciudadanos de segunda clase” iban a quedarse sin hogar y naturaleza, y acaso emigrar a las miserables barriadas de Lima para incrementar ese espantable infierno de hambre, crimen y muerte.

Ni el convenio 169 de la OIT, que reconoce el derecho colectivo de propiedad de los pueblos indígenas sobre su tierra, ni la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas de la ONU pudieron alejar a García de su pretensión de Progreso o Masacre.

Más aún, la legítima defensa de los nativos fue penada y criminalizada por el gobierno. La porfía del gobernante ocasionó una matanza de policías e indígenas. Y, por fin, los hombres que salieron a defender sus tierras, sus hogares y sus cielos fueron encarcelados y ahora siguen siendo juzgados. Si una amnistía no los saca de la cárcel ahora mismo, los futuros historiadores del Perú confundirán esta época con la de Alan García.

Como se ve, el ébola, García y el capitalismo neoliberal caminan de la mano. Si la situación no cambia, este país será el de la contaminación y la muerte, pero también de los McDonalds, Wal-Marts y Home Depots. Y acaso también Disneylandia.

La paz y la muerte

Un día de junio de 1985, yo iba a morir.
 
Por lo menos, otras 90 personas volarían conmigo por los aires en una casa de Trujillo.
 
Fujimori y Hurtado

Fujimori y Hurtado

Estábamos en el jurado departamental de elecciones. Bajo la mesa en la que yo me encontraba, había sido colocado un explosivo. La razón de sus ejecutores era sencilla: de acuerdo con su punto de vista, las elecciones eran un juego fraudulento del Estado burgués.

 
Era yo entonces candidato al Senado de la República por la Izquierda Unida. En el departamento de La Libertad, los votos preferenciales me otorgaban una holgada mayoría sobre todos los otros candidatos al Senado de la misma agrupación. Mientras se contaban los votos, me sentía agradecido por la generosa preferencia de mis paisanos.
 
De pronto, mi pie derecho chocó contra un bulto bajo la mesa. Era un envoltorio sospechoso, una posible bomba. “Levántense, por favor”, dije, y sin pedirme explicaciones, todos lo hicieron. Al salir nosotros, la policía especializada ubicó y desactivó el artefacto explosivo.
 
De eso han pasado casi 30 años. Se iniciaba en el Perú una guerra demencial. Los miembros del grupo que puso aquella bomba se lanzaron al abismo de una violencia sin fin. Del otro lado, el Estado les respondió pocas veces con tino y prudencia. El gobierno de aquellos años tuvo la idea depravada de masacrar a centenares de presos rendidos en una cárcel peruana.
 
Se suele atribuir al diablo la paternidad de todo lo perverso. A veces pienso que él no es tan necesario y creo que los seres humanos suelen tener poderes casi sobrenaturales para ejercer el mal y ser infernales con sus víctimas. Ese fue el caso de ese gobierno y el de la dictadura interminable que le sucedió. Los peruanos de esas épocas hemos padecido el tormento de estar encerrados en un sánduche. Había terror de uno y otro lado. En el país, se operó una verdadera guerra étnica en la que quien tenía orígenes andinos era sospechoso. Podía ser ejecutado por Sendero o apresado, torturado y desaparecido por las Fuerzas Armadas.
 
Después de tantos años, tuve la esperanza de que el nuevo gobierno iniciaría un camino de paz. Voté por el señor Humala sin hacerme la ilusión de que una gran transformación estuviera a la vista. Lo hice, sobre todo, porque me espantaba su adversaria.
 
No obstante, nunca podré entender bajo qué lógica se prohíbe un movimiento en el que los subversivos se rinden y piden amnistía, y, en el otro lado, se acepta con naturalidad la existencia de un partido político “fujimorista”.
 
No hay planes en ese partido. Su único fin es el indulto de Alberto Fujimori quien durante 10 años capitaneó un régimen de terrorismo estatal construido a base de genocidios, manipulación electoral, corrupción a tiempo completo y cementerios clandestinos por uno y otro lado del Perú.
 
Fujimori fue el comandante supremo que ocultó, justificó y amnistió crímenes contra la humanidad, y ahora se defiende diciendo que los ignoraba, o achacándoselos a la institución militar que no podría haber actuado sino bajo sus órdenes. ¿Se permiten partidos hitleristas en Alemania?
 
Como si se aceptara que uno de los terrorismos es bueno, este señor recibe una cárcel de cinco estrellas. Y sin embargo, enfrente, el otro condenado por terrorismo, un hombre anciano y sobre todo, ya rendido, tiene que sufrir la súbita invasión de los guardias carceleros a su calabozo perpetuo para confiscar lo que escribe y lee. No sé cómo alguna revista pudo festejar esta innecesaria tortura.
 
Estuve a punto de morir un día de junio de 1985. Agradezco a Dios que eso no ocurrió porque, entre otros premios de la vida, tengo la ocasión de olvidar y perdonar lo que me pudo ocurrir, desear que no se desbarate el Estado de derecho y ansiar que nuestros gobernantes no pasen a la historia como continuadores de una guerra sin término sino como hacedores generosos de la paz y la reconciliación.

Un héroe norteamericano

Los chicos Dolan se despiden de su padre antes de partir a la Guerra ( Jim es el de la izquierda).

Los chicos Dolan se despiden de su padre antes de partir a la Guerra (Jim es el de la izquierda).

El pasado domingo me llamaron por teléfono desde Kansas City para anunciarme que mi amigo Jim Dolan estaba próximo a la muerte. Tal vez le quedaban 24 horas.

Por casualidad, Jim cumplía 90 ese mismo día. Cada año, hasta el pasado enero, Jim conducía 3 mil kilómetros para viajar desde Kansas hasta Salem, Oregón. Además, como soldado durante la segunda guerra mundial, había estado innumerables veces mucho más próximo que ahora de la muerte.

El lunes llamé al hospital para saber si ya había fallecido. Sin esperar respuesta, pasaron mi llamada a su habitación.

Me identifiqué ante la enfermera que lo cuidaba. Ella repitió mi nombre en voz alta, y el paciente ordenó que le pasara la llamada. Mi amigo estaba consciente. Había ordenado que le retiraran los sedantes para poder despedirse.

- Gracias, Eduardo. Bueno, ya era hora. Han venido muchas personas en estos días: mis hijos, mis nietos, sobrinos. Tengo una familia grande y amorosa. Lo curioso es que, sin ser vistos por ellos, había también algunos viejos sonrientes. Deben de ser mis hermanos, y mis compañeros, los que cayeron a mi lado en Iwo Jima y Okinawa. Me deben estar esperando allá arriba, y ya estoy listo.

En 1941, a pocas semanas de Pearl Harbor, los seis hermanos Dolan se presentaron voluntarios para ir a combatir contra las fuerzas de HItler. A dos de ellos no los aceptaron por razones de salud, pero Edward, Francis, Bob y Jim dijeron adiós a sus padres y cruzaron el océano.

Edward fue uno de los héroes del día D, como se conoce a la invasión aliada en Europa, a partir de la cual comenzó la guerra terrestre contra los nazis.

Diez mil compañeros suyos cayeron en la batalla de Normandía contra el muro del Atlántico, pero Edward resultó intacto e ingresó al París liberado. Luego de un día de gloria, al lado de su batallón siguió avanzando hacia Alemania. En la frontera, la bala de un francotirador le atravesó el corazón.

Jim, Francis y Bob hicieron la campaña del océano Pacífico. A Jim le tocó pelear en la infernal isla de Iwo Jima. Tiempo después, combatiría en Okinawa en una batalla que duraría 82 días. Para entender la magnitud de la violencia, hay que recordar que un cuarto de millón de hombres murieron en ella.

Gracias a los chicos Dolan y a millones de hombres y mujeres como ellos, en Normandía como en Stalingrado, en las diversas ciudades de Europa y en los campos, se derrotó a la bestia nazi. De no ser por su sacrificio, el nazismo seguiría aplastando Europa y tendría considerable influencia sobre el resto del mundo. No olvidemos que en el Perú, el  partido “Unión Revolucionaria” (gobernante en la época de Sánchez Cerro), profesaba esa ideología, y la clase dirigente era declaradamente admiradora de Franco, Mussolini y Hitler.

Después de la guerra, los hermanos Dolan continuaron sus estudios en la Universidad de Notre Dame. Descendientes de irlandeses, todos ellos eran profundamente católicos. Por lógica, el contenido revolucionario del Evangelio hizo de Bob un socialista norteamericano. Su pragmatismo lo llevó a formar “crédit unions” por todo el país, y fue uno los precursores del microcrédito. Instalado en el Noroeste, Bob pudo apoyar de esa manera al combativo sindicato de campesinos de César Chávez el líder hispano de los derechos civiles de Estados Unidos.

La creencia en el Evangelio hace que mi amigo Jim me haya dicho con tanta alegría que estaba listo para partir. Ha muerto esta mañana, y mientras escribo, recuerdo sus palabras por teléfono: “Todos los días la muerte nos muestra su cara, pero si hemos creído en la justicia y hemos sabido amar a nuestra gente, seremos nosotros quienes la esperemos y le digamos: bienvenida, hermana Muerte.”

La muerte de Archie

La muerte de Archie

La muerte de Archie

Archie Gómez ha sido acribillado. El hecho ocurrió a las seis de la tarde del pasado miércoles en Washington.

Las balas no estaban destinadas al súper héroe de los adolescentes. El asesino en realidad disparó contra el senador Kevin Keller quien ha estado luchando todos estos años por el control de las armas de fuego de los Estados Unidos.

En momentos en que el político conversaba con la prensa en las afueras del Capitolio, un sujeto armado hizo fuego contra él. En vista de que no tenía otra forma de protegerlo, Archie se puso frente al político como escudo y recibió los balazos.

El asesino fue detenido de inmediato, y según sus declaraciones a la prensa quería matar al senador por sus ideas pacifistas y por haber sido el primero en declararse gay en ese cuerpo legislativo.

“Archie murió como vivió; siendo un héroe, representando lo mejor de nosotros”, dijo el CEO de Archie Comics, Jon Goldwater, en un comunicado de prensa que fue de inmediato publicado por la CNN.

¿Recuerdan ustedes a Archie?… Aunque llegó a América Latina en los años 60, siempre tuvo el rostro de un adolescente pelirrojo y pecoso, estereotipo de los muchachos gringos. Vivía en la ciudad de Riverdale y estaba enamorado de Verónica del Valle.

¿Lo recuerdan? A pesar de que era torpe para bailar y no sabía jugar el fútbol, gozaba de un éxito increíble entre las chicas. Mi hermana Pocha escondía revistas con el rostro de su ídolo entre sus libros de colegio. Algo me dice que fue su primer amor.

Archie es un personaje ficticio de la historieta norteamericana. Lidera un grupo de adolescentes llamados Betty, Verónica, Torombolo, Carlos y Gorilón. En América latina, la serie se difundió a través de la editorial Novaro de México a partir de 1960. Los creadores del “comic” decidieron dar muerte a su personaje principal el pasado miércoles 16 de julio.

Las circunstancias que vive Estados Unidos y que hace vivir al resto del mundo han sacado a Archie desde su ámbito de héroe de papel para convertirlo en un símbolo valiente de nuestra época.

En primer lugar, aunque pareciera fuera de la historia, la plena libertad para el uso de las armas de fuego es uno de los principios del evangelio republicano. Se amparan, para ello, en trasnochadas fundamentaciones constitucionales y en citas bíblicas sacadas fuera de contexto.

El pacifismo por el que muere Archie contrasta con los sangrientos primeros años del siglo XXI. Osama bin Laden era un bestial genocida, pero no tenía nada que ver con Irak, ni este país era dueño de armas de destrucción masiva. Sin embargo, el presidente Bush inició contra Irak una devastadora, insana e interminable guerra. Aunque ese conflicto terminó, como resultado, el país se debate ahora en otra conflagración de carácter religioso y apocalíptico.

La solidaridad que Archie expresa al morir defendiendo a las víctimas del odio es otro valor que debería regresar al país de los “pilgrims” fundadores. Ni pobres ni perseguidos parece ser la consigna.

De Estados Unidos salieron los eslóganes según los cuales defender al capitalismo era defender a la sociedad occidental y cristiana. En nuestro tiempo, sabemos que por el contrario ese sistema es materialista y diabólico. Según el Papa Francisco, el capitalismo neoliberal ha sido construido como una nueva idolatría del dinero. El supuesto liberalismo de ese sistema y el fin de las regulaciones ocasiona el lucro excesivo de unos pocos y a la destrucción material y moral de los pobres.

El pelirrojo Archie que antaño fuera la imagen de una despreocupada y apolítica juventud norteamericana simboliza la fe de quien da la vida por una causa de paz y de tolerancia.

La prisión y la pesadilla

Una noche de junio de 1950, el general Manuel Odría, dictador del Perú, tuvo una pesadilla. Soñó que el único candidato que le hacía frente en las próximas elecciones presidenciales, el general Ernesto Montagne, lo derrotaba ignominiosamente.

Odría había asumido el mando supremo de la República en 1948 luego de dar un golpe de estado contra el doctor Bustamante y Rivero. Sin embargo, aspiraba a ser un presidente constitucional, y por ello, dos años más tarde, había convocado a elecciones.

Aterrado por el sueño, llamó al general Zenón Noriega, su compadre, a quien había encomendado el ministerio de gobierno. Seguramente discutieron:

-Te dije que lo sacaras del juego… que le encontraras un pariente, un amigo o un vecino aprista, y que lo acusaras de cómplice.

-He hecho algo mejor que eso, Manuel. El jurado nacional de elecciones es nuestro. Ya están preparadas las ánforas, y todos los votos dicen Odría, Odría, Odría…

De todas maneras, a Montagne lo metieron en la cárcel. Una semana después, un día como hoy, como candidato único, el general Odría resultaba electo presidente del Perú.

Lo recuerdo porque este suceso trágico y también risible de hace 64 años se acaba de repetir. El profesor Gregorio Santos, presidente de la región Cajamarca, ha sido condenado a penar 14 meses de prisión preventiva por supuestas irregularidades económicas no probadas en su gestión.

Tres situaciones hacen que la prisión de Santos se parezca a la del general Montagne durante el odriato.

La primera: Santos es el candidato al parecer mayoritario para ocupar otra vez la presidencia de la región. Su encarcelamiento durante 14 meses parece dirigido a desbancarlo.

La segunda: La extraña decisión de la juez no se ajusta a las condiciones prescritas en el artículo  268 y siguientes del Código Procesal Penal para imponer prisión preventiva a un ciudadano. La posibilidad de que Santos se diera a la fuga está completamente descartada por la función pública que ejerce y por su propia candidatura.

El hecho de que durante estos años recientes se le haya iniciado 38 procesos judiciales y que todos hayan sido desestimados uno por uno hace suponer que, en este caso, el criterio de la juez ha sidosubjetivo,  arbitrario y acaso dictado por instancias políticas.

La tercera: Al lado de la mayoría de los cajamarquinos, Santos persiste en oponerse al proyecto minero Conga. Esta lucha es para defender el agua, la vida y la pureza de los aires de las comunidades campesinas que viven en su entorno. De seguir en sus planes, la corporación minera Newmont-Yanacocha puede afectar gravemente el equilibrio ecológico de esta zona habitada por miles de familias que dependen directamente del agua.

Poner a Santos en el penal de Piedras Gordas acompaña sospechosamente al anuncio de que las empresas mineras van a continuar sus trabajos como si se tratara de una forma de acallar a los opositores. Va junto también a un puñado de medidas económicas anunciadas por el gobierno para supuestamente estimular la inversión, y parece ser una de ellas.

Casi al mismo tiempo, se revela una contradicción en el gobierno. El nuevo ministro de Interior, Daniel Urresti, afronta una acusación grave. Se le acusa de haber participado en la muerte de un periodista a quien después de abalearlo lo dinamitaron. Aunque su caso judicial está mucho más avanzado, el presidente lo nombró hace muy poco.

El presidente alega en favor de Urresti la presunción de inocencia. ¿No tendría más sentido reconocérsela a Gregorio Santos cuyo proceso ni siquiera se ha iniciado?

Más que un régimen político, la democracia es un estilo de vida con fines y valores, con respeto por la discrepancia, por la justicia, por la libertad y por la dignidad humana. La democracia es una actitud del espíritu. Cuando no lo es, resulta tan sólo una pesadilla de palacio.

Si Ana Frank estuviera viva

Ana Frank

Ana Frank

Si Ana Frank estuviera viva, habría cumplido 85 años el pasado jueves. Lamentablemente, murió cuando todavía no había cumplido los 15.

Cuando apenas tenía 13 años, tuvo que esconderse junto con sus familiares en las dependencias de un edificio comercial en Amsterdam. Además de los Frank, otras familias judías se refugiaron allí durante dos años para salvarse de ser capturadas por los nazis.

El padre de Ana, Otto, había recibido una citación para presentarse junto con los suyos ante la policía. Ello significaba entregarse para ser enviados después a un campo de concentración.

Al esconderse, no podían llevar consigo muchas pertenencias. Ana tenía un diario que le había sido obsequiado el día de su cumpleaños. En él, escribió a una amiga imaginaria los pormenores de su vida en el refugio.

El “querido diario o, más bien, querida Kitty” recibía cada día las confidencias de la niña sometida a las estrecheces del albergue y al imaginable terror de lo que sucedería si fueran descubiertos. El amor por la familia, las discusiones con otros niños e incluso el naciente cariño por, Peter, un jovencito de su edad, también escondido allí, formaban parte de las confidencias de la adolescente.

Así pasaron dos años y un mes. Un vecino los delató. El 4 agosto de 1944 los ocho ocupantes del escondite fueron apresados por la Gestapo. Los sometieron a “científicos” interrogatorios policiales y, por fin, fueron enviados a los campos de concentración. La perversidad refinada de los carceleros separó a los padres de los hijos con el fin de que ni siquiera pudieran estar juntos en la hora final.

Felizmente, el diario escrito por Ana Frank no se perdió. Los amigos de la familia lo encontraron y, al final de la guerra, se lo entregaron a Otto, el único superviviente de la familia. Desde 1947 en que fue publicado, ha dado la vuelta al mundo en todos los idiomas y es uno de los testimonios más cercanos de lo que fue el holocausto. El escritor soviético Ilya Ehremburg dijo ese texto que es “una voz que habla por la de seis millones; la voz no de un sabio o un poeta, sino la de una muchacha corriente”.

En Auschwitz, donde por suerte le tocó estar con su hermana Margot, Ana ya no podía escribir. Un vaso de agua y un bol con alimentos malogrados eran su régimen diario. No pudo siquiera llegar a una cámara de gas porque el hambre y el tifus acabaron con ella antes. Me imagino que durante todo ese tiempo se preguntó cuáles podrían ser las razones de la bestialidad y el odio con que se les perseguía.

El holocausto, el apartheid, los campos de concentración de Pinochet, Somalia, Uganda, Sarajevo, todo esto demuestra que ese odio persevera e incluso se ha convertido en doctrina. La lección de un posible nuevo orden internacional es que los pueblos arcaicos y las utopías por la felicidad colectiva deben ser exterminados.

En el Perú, hace cinco años se quiso echar de sus tierras ancestrales a varios millones de peruanos de la Amazonia. El presidente de entonces, García, se atrevió a decir que los expulsados de la selva eran ciudadanos de segunda clase.

En el departamento de Cajamarca, a la joven Liseth Vásquez, la policía la golpeó salvajemente en la plazuela Bolognesi en 2012, luego de patear las ollas de su madre que era vendedora ambulante de alimentos. Ahora, el poder judicial pide para Lizeth 10 años de prisión.

Como hubo resistencia pacífica, la empresa transnacional quiere dar una lección a quienes se oponen al megaproyecto Conga. Y sin embargo, en el 85 aniversario de Ana Frank, tenemos otra lección… el diario supervivió y las utopías- de quienes creemos que algún día seremos libres y felices- están más vivas hoy que nunca.

Europa y la catástrofe moral

Quinientos millones de ciudadanos y 28 países fueron llamados a las urnas: nunca en la historia hubo elecciones políticas que involucraran a tanta gente ni a tantos países.
Nunca las hubo que fueran tan inútiles, redundantes y superfluas. No hubo ninguna que se pareciera tanto a una farsa.

Ninguno de los líderes tradicionales pudo ofrecer algo siquiera de lo que podrían desear sus desmoralizados votantes. Nadie pudo decirles que la interminable crisis se estuviera terminando. Entre las dos corrientes oficiales de partidos, desde la supuesta “izquierda” hasta la derecha dentro del sistema, “socialistas” y “populares” compitieron en los mítines en exhibir impúdicos su abrumadora pobreza argumental.

Me refiero a las recientes elecciones del Parlamento de la Unión Europea cuyo proceso he vivido durante abril y mayo mientras viajaba por varios de los países que esa federación comprende.

En vista de que las situaciones son similares, tomo uno de esos países, España, como muestra de lo que he visto. Seis de cada diez jóvenes españoles no tienen trabajo y muchos lo andan buscando desde hace una década. La mayoría cuida de la abuela, consigue algunos cachuelos o vive de la pensión de sus padres jubilados.

¿Se les podría pedir a ellos que vayan a votar? ¿O tal vez sugerir eso mismo a los padres que comparten con ellos además de la pensión, las estrecheces de un piso en una de esas colmadas ratoneras que son los edificios de las grandes ciudades españolas?

No, por supuesto. No se le puede pedir que participen en la vida política de la comunidad a quienes están excluidos de participar en la vida económica de la misma. Las sociedades esclavistas ni siquiera se lo sugerían a sus desdichados fámulos.

Por otro lado, parados o no, los ciudadanos saben que los servicios sociales de salud han comenzado a escasear. Es una exigencia del Neoliberalismo que los estados liberen sus presupuestos de esa carga social o comiencen a privatizarla.

Peor aún, los llamados a votar saben que no hay opciones diferentes. Tienen que votar por la misma desalmada forma de capitalismo, el neoliberalismo, con administradores diferentes, llámense éstos, “populares” o “socialistas”.

Saben encolerizados que no hay salida bajo este sistema pues es el mismo que causó la crisis y que, para supuestamente terminar con ella ha premiado a los balqueros culpables e impone a las mayorías unas medidas de austeridad cada vez más asfixiantes.

He visto conservadores y “socialistas” cada vez más alejados de sus electores. El “social demócrata” alemán Martín Schultz llegó a Madrid en su avión privado y declaró que sí había habido un Carlomagno y un Carlos V, pronto habría un Martin I de Europa.

Por su parte, los burócratas del Partido Socialista, muy bien acomodados dentro del sistema neoliberal y lejos ya de sus antecesores, han cambiado la grandeza moral del luchador social por las palmaditas del rey, la calificación cursi de “barones” o la acogida que les ofrecen las revistas de sociedad cuando los llaman “clase política”.

En Europa, triunfó la abstención. En España, los que ganaron fueron grupos de los indignados, los antiguos socialistas y la nueva izquierda. “Podemos” de Pablo Iglesias es, entre ellos, el más destacado.

Según el columnista Luis María Ansón, si el resultado de hoy se reprodujera el próximo año cuando se elija a los diputados españoles, podría dar origen a un gobierno de frente popular. Asustado, el “barón” socialista Felipe González, sugiere una coalición entre su partido y la derecha “popular”. Dice que le da terror el regreso de las utopías y las alternativas a lo Simón Bolívar que propone América Latina.

Se dice que en Europa se ha producido un sismo político. En los partidos socialistas, se estremece el monstruo de una catástrofe moral.

Vallejo vuela por Italia

A Pablo Neruda, los italianos de cualquier edad lo recuerdan por la encantadora película “Il Postino”. En ella, es el amable compañero chileno de cuya amistad y poesía se vale un joven cartero para conquistar el amor de una ragazza.

La península italiana

La península italiana

No hay filmes sobre César Vallejo, sin embargo, pero se le conoce. Lo sé porque me encuentro en este país presentando “Vallejo agli inferi”, la traducción italiana de mi novela biográfica que narra las mocedades del gran poeta así como la prisión que sufriera en la cárcel de Trujillo.

Centenares de personas me esperaban en la Casa del Pueblo de Florencia para conocer ese libro y rendir un homenaje al “compañero Vallejo” . Un periódico comentaba la presentación como si se tratara de un acto político porque en vez del silencio académico reinaba en ella un ambiente gozoso y encendido. A mí, el autor, me calificaba como un “animal de palco escénico que sabe envolver al público en lo que narra.”

Casas del Pueblo se llaman en este país a locales en que se concentra la cultura sublevada y popular de la izquierda italiana. Las hay en todas partes. Se dan funciones de teatro y de cine, se ofrecen clases y se presentan conciertos. Por cierto que los dirigentes políticos, sindicales y gremiales hacen de ella su primer centro de actividades.

Existen desde comienzos del siglo veinte y han sido el lugar donde resonaron las proclamas anarquistas, socialistas y comunistas. No se puede concebir, sin embargo, actos meramente políticos sin los arrolladores actos de masas de los conciertos o las presentaciones de libros.

Lo mismo observé en diversas localidades póximas a Siena en las que el grupo musical “Desde mi canto” celebraba con todo el pueblo la llegada del primero de mayo. En Livorno, por fin, espectadores y lectores se apretujaron en un yate para dar vueltas bajo los canales e internarnos en el mar Tirreno… siempre con Vallejo a nuestro lado. De aquí nos vamos a la feria del libro de Turín. Puede asegurarse que en Italia la cultura es de izquierda.

Pero… ¿cómo ha llegado Vallejo aquí? La esmerada traducción de sus obras por Roberto Paoli así como la crítica del genial Antonio Melis son responsables de que en universidades y en casas del pueblo se entienda y se conozca a quien Melis califica como el mejor poeta en español del siglo veinte.

Por su parte, Lucia Lorenzini, la traductora de Jorge Luis Borges, ha convertido mi libro “Vallejo en los infiernos” en 600 páginas del fabuloso italiano.

Al mismo tiempo que en Florencia, hoy mismo se han reunido en Londres 34 profesores y vallejistas de todo el mundo anglófono. A inciiativa del profesor Stephen Hart, en la University College de Londres, veinte de ellos están terminando de traducir al inglés este “Vallejo en los infiernos”

En estos tiempos de globalización, hay quienes pretenden esconder la imagen del gran poeta revolucionario. Aunque no lo dicen, preferirían que estos homenajes no se realizaran y que las reimpresiones del gran poeta social cesaran. Quienes prefieren aquello señalan que la literatura no tiene ninguna relación con la sociedad, no es una expresión del alma de su pueblo y preferirían que la misma fuera solamente un ejercicio de bufones.

Señalan además, sin atreverse a decirlo, que la obra de Vallejo ya no está de moda por su supuesto pesimismo, aunque en realidad lo aborrecen por haberse atrevido a decir lo que, según ellos, ya no debe decirse.

Hace creo tres años un articulista atacó en el principal periódico de Lima a un personaje de Vallejo.Señló que la lectura de Paco Yunque incitaba a los colegiales peruanos a creer que la nuestra era una sociedad injusta y que, por lo tanto había que combatir para cambiarla. Sin comnentarios. Las palabras de Vallejo llaman y continuarán llamando a la solidaridad de los hombres que es la única forma decente de habitar en este planeta.

García Márquez, después de después

Gabriel García Márquez

Gabriel García Márquez

Muchos tiempos después del nuestro, cuando acaso el río Magdalena corra de norte a sur y la arena cubra los monumentos levantados en su memoria, la gente va a pensar que Gabriel García Márquez fue un profeta o el personaje de una leyenda, o ambas cosas a la vez.

Se dirá que la fecha de su fallecimiento, un Jueves Santo, fue escogida por la imaginación colectiva porque esa es la semana en que-de acuerdo con los mitos-mueren los redentores o los creadores de nuevos lenguajes.

Se acordarán de que ese también fue el día en que supuestamente falleció César Vallejo.

Perduran los libros, y por ellos, la gente el futuro revivirá asombrada la alegría, la generosidad, la desesperación, la inocencia,  la perversidad, la violencia, la pasión y el heroísmo que son y fueron parte inquebrantable de la vida de los latinoamericanos.

Advertirán que los malvados y los héroes de uno y otro lado del continente eran los mismos y que sus vidas coincidían. Mientras que el norte del continente, los libertadores se convertían en montañas, en el sur nuestro, uno era descuartizado, los otros terminaban en la pobreza o en la cárcel, y todos eran calificados de terroristas, bandidos y enemigos de la patria

Gabriel García Márquez será, muchos años después del nuestro, el profeta que nos hizo conocernos mejor entre nosotros y saber que habíamos sido engendrados por padres y madres semejantes y por el mismo viento de la fatalidad que siempre ha dado vueltas en torno de nuestra tierra.

Los grandes amores latinoamericanos durarán todo el tiempo como esa fantástica pareja de amantes que el escritor situó en un barco para que subieran y bajaran los rumbos del Magdalena por los siglos de los siglos.

Los lectores del futuro se darán cuenta de que los tiranos y los déspotas de uno y otro lado del continente eran idénticos en la rapacidad, el servilismo y el ridículo como en aquella escena en que el dictador pregunta: -¿Qué hora es? Y su subordinado responde:-La que usted ordene, mi general… y que todo, todo aquello era verdad como aquella escena en que la gente se despertó sin mar porque el gobierno lo había vendido… o sin río en otro tiempo porque se quería vender el oro.

“Cien años de soledad” continuará denunciando que la masacre de las bananeras no fue un sueño ni tan sólo una creación literaria.

Aquella ocurrió en Ciénaga, provincia de Magdalena, el 6 de diciembre de 1928, cuando un gran número de trabajadores del banano que estaban en huelga fueron acribillados por el Ejército Nacional. Lo que más resonó de la narración literaria de García Márquez fue la cifra de 3.408 muertos que uno de sus personajes arroja como balance final de la matanza.

Pero también ocurrió en México, en la Plaza de las Tres Culturas. Y también en el valle de Chicama, en el Perú. Y también en Chile, en Santa María de Iquique. Y otra vez en el Perú, al ser derrotado el pueblo de Trujillo por el ejército del dictador en 1932. Y muchas veces más en el Perú cuando el dictador aprovechó de una guerra interna para desencadenar un genocidio étnico.

Y todo el tiempo, el hecho real se transformó en un idiota debate histórico destinado a preguntarse cuántos eran los muertos. Aquello obvió la verdad de que en nuestras tierras la matanza es la manera en que los poderosos hacen sus negocios.

En su voz, todo aquello se transformó en una epopeya. Sus coetáneos aprendimos a ser latinoamericanos y a vivir orgullosos de nuestro profeta y de una tierra que ha parido a hombres como Sandino, Bolívar, Tupac Amaru, Bernardo O’Higgins, San Martín, Luis Carlos Prestes, el Che Guevara y Salvador Allende, entre muchos otros.

García Márquez debe estar ahora navegando el Magdalena. Sobre sus aguas, la  muerte canta noche y día su canción sin fin.

Dios no ha muerto

Durante los días del holocausto, dos rabinos se conocieron en el campo de concentración de Dachau, uno era polaco y el otro, francés. Anciano ya, este último vivía en California cuando yo llegué como profesor de Berkeley en 1990, y fue él quien me contó esta historia:
En París, la resistencia había sostenido una balacera con los nazis ocupantes. El encuentro produjo la muerte de todos los milicianos y también la de un alto mando de la Gestapo.
Desde Francia, salió la orden. En cada uno de los campos de concentración, había que vengar al nazi muerto. La represalia no iba a traer consecuencia positiva alguna para los alemanes toda vez que si se trataba de una lección, los judíos internados no iban a poder asumirla. Estaban en el campo, y no iban a salir de allí sino convertidos en cenizas.
Se situó a los prisioneros en líneas circulares. Parecía una función de circo.
De pronto, un grupo de guardias comenzó a buscar entre los asistentes. Ubicaron a un joven de contextura atlética. Lo llevaron hasta un tabladillo que habían levantado en el centro del campo.
El joven obedeció todas las órdenes que se le daban. Bajó la cabeza, y le rodearon el cuello con una cuerda. Sin decir palabra, el prisionero cerró los ojos y quizás se encomendó a Dios.
Isaac, el rabino francés, me dijo que también cerró los ojos esperando que todo terminara en unos minutos, pero no fue así. La perversidad de los nazis había convertido a la horca en un juguete. De alguna forma, habían logrado que la cuerda no se terminara de cerrar y que, de esa manera, torturara por más tiempo a su víctima.
Diez, veinte minutos, casi media hora transcurrieron, y el joven se estremecía sin morir. Su cuerpo saltaba independiente. Sus miembros se agitaban o se movían sin concierto. Parecía morir, y recuperar la vida para sufrir aún más.
Isaac no pudo soportarlo. Se acercó al rabino polaco, y le dijo:
-¿Dónde está Dios?… ¿Dios ha muerto?
Su interlocutor se quedó un instante sin responder. Luego, levantó la mano derecha y señaló al hombre atormentado.
-Allí está.-dijo.- Allí está Dios.
Este domingo se inicia la Semana Santa. Habrá ceremonias formales y el cardenal se abrazará con el presidente y con los miembros de los otros poderes del estado. Tal vez Cipriani recuerde a sus vecinos del cuartel de Ayacucho, sus cómplices, quienes hicieron de aquel un inmenso cementerio. Tal vez piense que sólo eran escenificaciones del Viernes Santo.
En las mazmorras de un cuartel, prohibida la visita de alguien que no sea su familiar de segundo grado, Víctor Polay recibirá la noticia de que han anulado la sentencia judicial que les permitía a él y a otros presos pasar a una cárcel más humana.
¿Termina la perversidad al finalizar la dictadura? En Alemania, se desarrolló durante décadas un proceso de desnazificación. En países con tan distinto signo ideológico como Chile, Guatemala y Argentina, los antiguos torturadores — algunos octogenarios— van a la cárcel. En el Perú, el terrorista de estado Fujimori recibe un trato diferente, y cada vez se endurece más el tratamiento contra los presos de la guerra, algunos de los cuales se han pasado la mayor parte del tiempo en régimen de calabozo. ¿Es necesaria tanta crueldad?
No, Dios no ha muerto. Como decía Vallejo, ya va a venir el día, ponte el alma. Se lo recordará a Víctor Polay la amada sombra de su madre que lo visita todos los días