La inmigración y la otra orilla del universo

Niños leyendo y conversando con E.G.V.

Niños leyendo y conversando con E.G.V.

Estábamos en pleno mitin por los inmigrantes en Salem cuando divisé a dos niños que participaban en el acto. Mientras sus padres coreaban lemas contra el racismo de Arizona, los pequeños, sentados sobre una grada de cemento, estaban dedicados a la lectura. La niña tenía siete años. Su hermano, ocho.

Aunque estaban por llamarme en la lista de los oradores, me acerqué a los jovencitos y logré sentarme a su lado. Tenía mucho interés en saber qué tipo de libros habían logrado cautivar su atención durante las dos horas que ya duraba nuestro mitin.

-Es la historia de un perro.- me respondió Nieves. Añadió:

-Está en el cielo volando y tiene que llegar hasta la otra orilla del universo.

-¿Cuántos días le faltan?-pregunté tratando de meterme en la lógica de la historia.

La niña me quedó mirando como se debe de mirar a los marcianos, o a los tontos.

-Esas distancias no se miden en días….- respondió muy severa. Pensé asombrado que me iba a hablar de años luz, pero no fue así.

-La otra orilla del universo son nuestros corazones.-me explicó.

Quizás me llamaron al estrado en ese momento. Preferí quedarme con Nieves y con su hermano Fernando porque sabía que, entre ellos, tenía mucho que aprender.

Conversé con los padres y los felicité por darles libros a los niños y por haberlos llevado a la manifestación.

-No fuimos los de la idea. Ellos podían haberse quedado con su abuelita, pero nos rogaron que los trajéramos.

-¿También querían ellos protestar?

Elizabeth de Benvenuto, la madre, parecía no tener una respuesta.

-Es algo diferente que eso.

Me contó la historia:

A mediados de abril, Paulina, la vecinita de Nieves y su mejor amiga, se había pasado varias horas en la puerta de la escuela esperando a su padre. Lamentablemente, aquél no llegó porque los agentes de Inmigración habían descubierto que era ilegal y, de inmediato, lo fueron a sacar de la fábrica donde trabajaba  para expulsarlo a México.

-Eso ocurrió hace más de un mes. Desde entonces, Nieves va todas las tardes a visitar a Paulinita y a su madre. Dice que va a acompañarlas a llorar.

El locutor anunció varias veces mi nombre, pero yo no me moví. En todos estos días, el presidente Obama ha estado postergando la reforma migratoria para hacer campaña por otras leyes – a mi parecer, superficiales- que los liberales de este país consideran urgentes reformas sociales.

En la frontera con México, varios grupos paramilitares autodenominados “Patriots” esperan con metralletas a los que pretendan entrar, o procuran desviarlos para que ingresen al infernal desierto. En un país árabe, una mujer está a punto de ser condenada a muerte por haber “permitido” que un hombre bestial la violara. En otro país de América, hacen cargamontón contra una mujer que no puede defenderse.

Me acerqué a la pequeña Nieves para preguntarle si algún día podríamos convencer a toda esa gente de las ventajas de pensar con el corazón.

No llegué a formular la pregunta. La pequeña levantó los ojos hacia mí y me dijo feliz:

- El perro ya está por llegar a la otra orilla del universo… Y ya le he dicho a usted que la otra orilla está justo en medio de nuestro corazón.

Superman, el ilegal

-¿Es un pájaro?

-¡Es un avión!

-No, hombre. Es un mojado.

Luego de este diálogo inicial, el coro de “Los Tigres del Norte” canta:

Llegó del cielo, y no es un avión.
Venía en su nave, desde Criptón,
y por lo visto,
 no es un “americano”
sino otro igual como yo, indocumentado.
Así es que, Migra, él no debe de trabajar
porque aunque duela, Supermán es ilegal.

Supermán - Por Jim Lee

Supermán - Por Jim Lee

La ley racista de Arizona no es sino la punta del iceberg. La verdad es que en uno y otro lado de los Estados Unidos, los sectores derechistas se han radicalizado y, además de querer empujar este país hacia doscientos años atrás, están deseosos de convertir la vida de los inmigrantes “hispanos” en un infierno.

En Arizona, a partir de la nueva ley de inmigración, resulta sospechoso cuando no prohibido hablar castellano, expresarse con acento extranjero, tratar con inmigrantes e incluso tener rostro de indocumentado aunque la gobernadora del estado, Jan Brewer no ha podido decir a los periodistas cómo es exactamente esa imagen.

Tan radical y expeditiva es la ley que el propio gobernador de California se ha asustado. El fornido actor de Terminator, Arnold Schwarzenegger, un austriaco nacionalizado estadounidense, ha declarado que no volverá a viajar a Arizona porque –debido a su fuerte acento- podrían apresarlo.

De otro lado, Sarah Palin visitó recientemente el estado para expresar su apoyo a la nueva ley, y no pierde ocasión para asegurar que el mejor trato para los hispanos es ponerlos en la frontera con México. Como se sabe, la frustrada candidata republicana a la vicepresidencia, al ser entrevistada por la periodista Katie Couric, no pudo recordar cuáles son los tres países que forman parte de Norte América. Además, comparte con el pasado presidente George W. Bush la posibilidad de hablar con Dios quien, según ellos, les ha ordenado tomar algunas decisiones históricas.

Ya en nuestros tiempos la campaña no es tan sólo contra los que entran ilegalmente, sino contra todos los latinoamericanos quienes, según sus detractores, son una amenaza para la cultura y la identidad “americanas”. Eso se advierte en las palabras del republicano de Arizona, J.D. Hayworth, quien reclama una “moratoria en la inmigración legal procedente de México.”

De su parte, el representante de Colorado también republicano Tom Tancredo califica a Florida como un país del Tercer Mundo, lo cual evidencia que  la campaña antiinmigrante es decididamente racista. Tancredo, nieto de inmigrantes latinos, pasa por alto el hecho de que los cubanos de Florida son legales y que ese estado es uno de los más prósperos y desarrollados del país.

En esas circunstancias, los inmigrantes (debo decir, los nuevos, porque éste es un país de inmigrantes) cuentan con el soporte de la gente civilizada y progresista que se ha expresado en multitudinarias manifestaciones en casi todas las ciudades del país. Pero tienen de su lado algo más, y es el humor, la chispa, la gracia y el genio de  “latinos” como los “Tigres del Norte” y otros grupos como los “Hermanos Ortiz” según los cuales Supermán es tan ilegal como cualquier otro indocumentado porque entró por el cielo, no tiene pasaporte, ni visa, y ni siquiera licencia para volar.

Cuentan, además, con la inocencia y la valentía de la niña peruana que –cuando la esposa del presidente hablaba en su escuela de una inmigración legal y ordenada- la interrumpió para decirle:- ¡Pero mi mamá no tiene papeles, señora Obama…!

Dejemos que Supermán siga volando:

No tiene mica ni permiso pa’ volar.
Y les apuesto que ni seguro social.
Hay que echar a Superman de esta región
y si se puede, regresarlo pa’ Criptón.


El amor por chat: para entrar en Estados Unidos

-¿Eres tú Eduardo? ¿Eduardo González Viaña?- me preguntó por teléfono la voz de una dama que podía ser del Perú o de Colombia. Le respondí que sí, que así lo suponía.

-Te habla Carmela.- me dijo ella, y agregó:

-Tú no me conoces en absoluto. Pero yo sí. Te he leído al llegar a Estados Unidos. En la biblioteca del pueblo donde vivo me prestaron tu obra “El corrido de Dante”. Me dijeron que una inmigrante tenía que leerla. Y era verdad. Pero yo quiero contarte algo más sobre el tema de la gente que entra en este país, la parte que corresponde a las mujeres…

Me preguntó si tenía tiempo para escucharla, pero no necesitaba hacerlo. La curiosidad- o el gusto por los chismes que tenemos los escritores- me obligaba a escucharla. Comenzó a hablar sin detenerse como si estuviera sola y temiera que alguien entrara a la casa.

A los veinte minutos, calló de pronto e inició un largo silencio. La imaginé abriendo la ventana y atisbando para ver si alguien se acercaba. Volvió al teléfono:

-Mi vida es una novela.-declaró.- ¡Y tú tienes que escribirla!

No sé qué hizo para convencerme. Recordé el nombre de mi interlocutora y, también, la melodía que canta Nelson Pineda con la “Sonora Matancera” y se me ocurrió que el título del libro sería “El amor de Carmela me va a matar”.

Eso ocurrió en setiembre del 2009. En noviembre, publiqué un cuento de unas 70 páginas con ese nombre, pero el tema daba para mucho más. Por eso, hoy, en mayo del 2010 acabo de publicar una novela de más de 300 páginas que es el resultado de haber entrevistado a unas cuarenta Carmelas y de haber seguido hasta el final el drama de la primera.

Resumo el argumento: La muy bella aunque otoñal Carmela vive en Bogotá obsesionada por chatear. En la pantalla de la computadora conocerá a un norteamericano maduro llamado Chuck Williams que está solo en el mundo y se parece a Robert Duvall. Se trata de un amor a primera vista con algunas dificultades, pero todas serán superadas y, por fin, la protagonista llegará San Francisco donde la esperan el amor y el “sueño americano”.

Pero, ¿qué es lo que viene después? ¿Quién es en realidad Chuck Williams? ¿Y por qué su barba tiene reflejos azules? ¿Es un gringo romántico o un asesino en serie que mata a latinas aficionadas al chat?

Comencé a hacerme esas preguntas el día en que recibí la llamada iracunda de un tipo que me exigía en inglés abandonar lo que supuestamente yo estaba escribiendo.

-Y si se mete en problemas ajenos, su vida no vale nada. ¡Yo se lo aseguro!

Chuck Williams había regresado algo desequilibrado luego de pelear en Vietnam. En alguna de sus llamadas, o tal vez por email, me lo había contado Carmela. (Imagínate que una vez me dijo: -¿Matar? Creo que maté a algún enemigo. Quizás maté al propio jefe de mi pelotón. Quizás me maté a mí mismo. En la guerra todos resultamos muertos.)

Sin embargo, yo insistí. No es que no le tema a la muerte, pero me fascinan las historias. Por todo eso, como les acabo de contar, entrevisté por email en este país y en otros de América Latina a muchas damas a las que les había ido bien, mal o de maravilla luego de una experiencia como la de Carmela. Algunas tuvieron incluso la bondad de enviarme una transcripción de sus conversaciones amorosas.

Escribí 700 páginas y las reduje a 200, y por fin terminaron en 310. Consulté estadísticas y descubrí, además, que el número de mujeres que inmigran debido a los juramentos apasionados vertidos en el chat está a punto de alcanzar al de los mexicanos que todas las noches escalan el temible muro inexpugnable e ingresan en el paraíso que, según dicen, se encuentra de este lado.

En algunos pueblos de la frontera, los mexicanos de uno y otro lado juegan al tennis, y la muralla les sirve de net. En toda la América Latina, las cabinas de Internet están repletas y las chicas caminan por las calles enviando mensajes de texto. Parece que la tecnología cibernética ha trastornado y globalizado el amor.

Me preguntarán ustedes qué fue de Carmela. No voy a poder responderles. Eso es lo malo que tienen las novelas, que ni el autor recuerda el final sino cuando las relee. Y eso es lo terrible de “El amor de Carmela me va matar”.

VIDEO DE “EL AMOR DE CARMELA ME VA A MATAR

Antenor Orrego, el hombre que se convirtió en una escuela

Hace un par de semanas, la Universidad Particular Antenor Orregode Trujillo me otorgó a mayor condecoración académica que ofrece, el Doctorado Honoris Causa. Quiero recordar algo de lo que entonces dijera.

González Viaña, Guerra Cruz, Doctorado Honoris Causa por la UPAO

González Viaña y el rector Guerra Cruz, Doctorado Honoris Causa por la UPAO

Recuerdo la historia de un filósofo que se había cansado de la sabiduría humana y se hallaba sumergido en un fondo triste de escepticismo y soledad.

Una tarde, paseando frente al mar, creyó escuchar una voz infantil que acaso venía del cielo o que tal vez lo llamaba  detrás de una ola. El niño le decía:

-Toma y lee. Toma y lee.

Se llamaba Agustín, (el futuro San Agustín) y él mismo nos ha contado que esa fue su primera revelación del conocimiento humano. Leyó unas páginas de la Biblia y sintió que la gran maravilla del conocimiento radica en que es siempre incompleto como la pequeñez de un hombre frente a la serena inmensidad del mar.

Traigo a la memoria el recuerdo del Padre de la Iglesia porque esa fue exactamente la concepción que Antenor Orrego tuvo del conocimiento. “Nunca lo recibirás completo ni terminado. Conténtate con la mitad del conocimiento. La otra mitad es la que tú buscarás toda la vida.”

Nacido para maestro, lo fue de César Vallejo que, como él había nacido en 1892. Lo fue también de Carlos Valderrama, Alcides Spelucín, Francisco Xandóval,  Macedonio de la Torre, Víctor Raúl Haya de la Torre, de todo un conjunto de jóvenes asombrosos que apenas pasaban de los veinte años de edad pero que ya soñaban con innovar la estética, darle nuevos contenidos a la música y al poema, morir buscando la verdad, unir a los pueblos de América Latina y edificar una sola patria grande, común y libre.

Se conocieron en Trujillo. Nunca en el Perú y pocas veces en el resto del mundo se ha reunido en una sola ciudad un grupo tan prodigioso.

“Te lo repito. Nunca recibirás completo el conocimiento. Siempre te faltará una clave. Te pasarás la vida buscando esa palabra secreta.”

Estamos viendo en nuestros cines una hermosa versión en tercera dimensión de “Alicia en el país de la maravillas”. Como recordarán ustedes, de la misma forma que ocurre siempre en los sueños, Alicia no sabe exactamente donde está ni hacia donde se encamina. Sabe que debe correr en busca del Conejo Blanco y hacerle las preguntas indicadas. Buscar al Conejo Blanco es el camino de la sabiduría.

¿Y qué tiene que ver esto con la universidad? La universidad debería ser el inicio de una búsqueda del conocimiento y una permanente investigación que nunca terminará de saciarse. Cito a Orrego:

“Los estudiantes quieren una amplia base de integración humanista porque no quieren ser simples insectos especializados en una profesión lucrativa. Por eso quieren, ante todo, maestros que tengan un verdadero formato humano, un verdadero porte moral, una auténtica dimensión ética que los haga capaces de cualquier renunciamiento en aras de un interés superior. Porque solo de ellos surgirá la universidad nueva del futuro.”

Y lo cito otra vez:

“Todas las verdades universales deben enseñarse y profesarse en la universidad, pero reelaboradas, repensadas, re-creadas y re-interpretadas, en cierta manera, por maestros y estudiantes. Esto se llama forjar cultura bíblica y dinámica y no cultura yerta de textos literales, cultura rutinaria y de repetición simiesca”.

Por sostener estas verdades sobre la universidad y otras muchas sobre la patria, por demandar el cumplimiento del sueño de Bolívar y la unión de los pueblos de América Latina, miles de hombres y el propio Orrego entre ellos sufrieron afrentas y prisiones innobles y cinco mil trujillanos fueron ejecutados en 1932 a dos kilómetros del campus de la UPAO en los paredones sangrientos de Chan Chan.

Cuando su amigo, el joven Víctor Raúl Haya de la Torre le dijo que ansiaba organizar un partido político para ejecutar el cambio y la revolución socialista, discrepó de él.

-Partido, no. Escuela.- dijo fiel a su formación anarquista. –Una escuela para que los indios, los campesinos y las clases medias conozcan sus derechos y luchen por conquistarlos.

De esa concepción libertaria, nacieron las Universidades Populares González Prada. El resto es historia.

Cuando paseo por el campus de la Universidad Particular Antenor Orrego y veo que es una de las casas de enseñanza más importantes de América Latina, me convenzo de que es bello pasarse la vida, como lo hizo Orrego, buscando la palabra perdida. Y me doy cuenta además de que un hombre, movido por una pasión, al morir puede transformarse en una escuela.

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Mi debut con la Sonora


Pacasmayo: Vista desde el muelle - Foto Guillermo Arévalo

Pacasmayo: Vista desde el muelle - Foto Guillermo Arévalo


Ochenta y seis años tiene la “Sonora Matancera,». Fundada en Matanzas, al sur de La Habana, la famosa orquesta tropical ha cambiado varias veces de sede pero nunca ha dejado de ser el corazón de ese espíritu al que se suele llamar “cultura latinoamericana”.

El “Negrito del Batey” , Leo Marini y Nelson Pinedo son algunas de sus voces fantasmas. A uno tras otro de sus más conocidos integrantes los devoró el olvido o la muerte, y a veces también la vida, y muchos empezaron a creer que la Sonora tenía sus días contados, pero súbitamente ocurre todo lo contrario.

La sorpresa es que un peruano es ahora quien tiene sobre sus hombros la responsabilidad tremenda de mover la batuta. Beto Villena, el “Rey de la Salsa”, recibió el encargo de parte del legendario Rogelio Martínez y hace ya rato que la siempre nueva y antigua “Sonora Matancera” ha vuelto a cabalgar los caminos polvorientos y mágicos de nuestra América.

En uno de esos caminos, Beto y yo nos encontramos y, como decía Marlon Brando en El Padrino, la “Sonora Matancera” me ha hecho “una propuesta que usted no podrá resistir”. Y, para qué les voy a mentir, no la he podido resistir.

Pero vamos por partes.
Primero tienen ustedes que decirme que recuerdan a Beto Villena… de otra forma, no sigo. Claro que sí. Es el mismo que en los setenta, introdujo en el Perú un ritmo que nunca ha cesado de sonar, y que en cierta forma expresa un estado del alma nacional, la salsa, que ha borrado las tradicionales diferencias de antaño e invadido los espacios más irreductibles.

Pocos saben que, antes de eso, Beto hizo estudios completos de música en el Conservatorio Nacional y que luego, en Bogotá, se haría Licenciado en Ciencias de la Comunicación, y que su pasión por la música lo llevaría a estudiar varios años en la Escuela Experimental de Folklore de La Habana. En Colombia, habría de comenzar su carrera artística nada menos que como “Rey de la Salsa” y, muy poco tiempo después, brillaría en Nueva York al lado de luminarias como Celia Cruz, Eddie Palmieri o Willie Colón.

A Lima llegó en 1972, como si su misión fuera introducir la salsa en el Perú y él se la hubiera tomado muy en serio, pues así lo hizo en establecimientos que fundó exclusivamente para ello como “Los Mundialistas”, “El Durísimo” o el “,Bertolotto”.
En 1990 diría adiós a la salsa, y cerraría incluso las “máquinas del sabor”, que también había creado.

¿Qué pasó con él entonces?… Le sucedió lo mismo que los evangelios cuentan que le ocurrió a Saulo. Me cuenta que un día cualquiera, el día más diferente de su vida, sintió el llamado del Señor y supo que su tarea consistía en divulgar la Palabra. En varios países de la América Central, predicar ha sido desde entonces el sentido de su vida.

Pero ello no choca en verdad con la música. Claro que no. Ni mucho menos con la “Sonora”. Lo ha sabido Villena desde que el viejo cubano Rogelio Martínez le diera el honroso encargo, y debe ser por eso que, hace diez años, lo primero que escuché a los “matanceros” fue aquel filosófico, pero también cadencioso, bolero según el cual “en el juego de la vida, nada te vale la suerte, porque al fin de la partida, gana el albur de la muerte”.

¿Diez años atrás? ¿Y dónde? No fue en Nueva York, ni en Los Ángeles; tampoco fue en Miami, ni en alguna ciudad europea. Fue en el Perú, pero los “matanceros” pasaron por Lima tan sólo porque tiene aeropuerto internacional, y de allí fueron directamente a Pacasmayo, de donde es originario Beto Villena, y se le había ocurrido llegar a su pueblo con este regalo de fiestas patrias.

Por supuesto que no había teatro que fuera suficiente para las 10 mil personas que los escucharon en un estadio de la ciudad, y que alternativamente bailaban, suspiraban o guardaban un largo y religioso silencio cuando, por ejemplo, el ya mitológico Alberto Cortez de Cuba cantaba: “¡Qué saben de la vida/ los que nunca han vivido/ los que nunca han sufrido/ una pena de amor…!”

Ternos negros y fosforescentes corbatas michi, color concho de vino, allí cantaban también Rubén de Alvarado, del Perú, y el colombiano Yayo La Mar, mientras el maestro de Cali, Augusto Ramos, se sentaba al piano. “Contigo/ se fue toda ilusión/ la angustia/ llenó mi corazon”. “Dos almas que en el mundo/ había unido Dios./ Dos almas que se amaban/ eso éramos tú y yo.” Les juro que no es invento retórico, pero la Luna, esa noche, estaba de verdad en cuarto creciente y rielaba entre algunas pocas nubes hasta que, por fin, a eso de la medianoche, se metió a dormir en alguno de los veleros de la bahía, y se perdió en el horizonte hasta nunca más, hasta morir.

Ahora ustedes me preguntarán por el título de esta carta y por qué hablo de “mi debut con la Sonora”. Y les responderé que ello tampoco es retórico ni metafórico. Como Beto Villena, soy también de ese puerto del norte del Perú, al que había llegado de vacaciones para alimentar aún más la nostalgia que después me devoraría en el norte de los Estados Unidos, donde vivo todo el año.

“¿Qué te parece si hacemos una canción a Pacasmayo?” –me propuso Beto, y ésa fue la propuesta que me pareció imposible de resistir. No sé si Beto ha hecho la letra y yo he puesto la música, o si las cosas han sido al revés, pero todo puede ser y todo puede ocurrir en este lugar del corazón que se llama la nostalgia.

El Bicentenario debe celebrarse en Trujillo

Trujillo, Perú - Foto Elpadrino1

Trujillo, Perú - Foto Elpadrino1

En toda América, e incluso en España, se está celebrando desde hace un año el Bicentenario de la Independencia Americana. Se considera como tal el momento en que cada una de nuestras naciones proclamó su voluntad de liberarse del dominio colonial.

El 25 de mayo del 2009, la conmemoración comenzó en Bolivia. Los próximos países en hacerla serán por un lado, Colombia el 20 de julio y por el otro, México el 16 y Chile el 18 de septiembre del 2010. En cuanto a Paraguay, el festejo se realizará el 14 de mayo de 2011, mientras que Perú no lo hará hasta el año 2021.

En un sitio web de la empresa española “Prisa”, se muestra un mapa animado de América en el que se van prendiendo luces conforme un país se emancipa. Uno de los últimos en ver esa lucecita es el Perú. Por su parte, el Ministerio de Educación de Lima ha convocado a un concurso nacional denominado “Hacia el bicentenario de la independencia del Perú 2021”.

La lucecita de “Prisa” se prende sin prisa y muy tarde, y la fecha que el ministerio da para el bicentenario es un error.

Lo que se está celebrando en el mundo de nuestra habla no es necesariamente la proclamación de la independencia en alguna de las actuales capitales. Lo que en realidad se recuerda la primera expresión de la voluntad de ser libres y de fundar una identidad propia diferente frente a los poderes coloniales.

En efecto, lo que Bolivia ha evocado es la sublevación de Charcas, hoy Sucre, el 25 de mayo de 1809.  Como sabemos, la completa independencia sólo vendría después de la victoria de Ayacucho el 9 de diciembre 1824.

Lo que recordará México será la mañana del 16 de septiembre de 1810, en la que el párroco del pueblo de Dolores, Guanajuato, Miguel Hidalgo y Costilla, llamó a misa, y con las proclamas de¡”Viva la Virgen de Guadalupe”!, ¡Viva Fernando VII! y ¡Muera el mal gobierno!; incitó al pueblo a levantarse contra los españoles. A este suceso se le conoce como “Grito de Dolores”.

La larga guerra de la independencia sólo culminaría en México el 27 de setiembre de 1821.

De la misma forma y por las mismas razones, celebran Chile, Colombia, Venezuela este año el inicio de este mismo proceso que sólo culminaría muchos años más tarde.

Si la decisión de esperar en el Perú hasta el año 2021 hubiera sido tomada por la municipalidad de la provincia de Lima se entendería el asunto. Que lo haga el Ministerio de Educación significa una grave distorsión y tergiversación de la historia.

El Bicentenario en el Perú debería haberse celebrado hace 30 años en conmemoración de la gesta de Túpac Amaru. Fue él quien con su proclama, con su propia vida y con la más formidable guerra dada en el continente demandó la libertad de toda América tanto de España como de su rey. La libertad para él no supuso sólo una separación política sino la supresión de todas las formas de explotación humana desde la mita y los corregimientos de indios hasta la esclavitud de los negros. Por él, la abolición se decretó en el Perú antes que en toda América. La fecha central del levantamiento tuvo su bicentenario en 1980… y ya estamos en el 2010.

Los levantamientos de Tacna, 1811 y 1813, Huánuco, 1812 y Cusco, 1814, tampoco han sido tomados en cuenta por los festivos iniciadores del Ministerio de Educación.

Por fin, si por frívolo centralismo o por ignorancia tendenciosa, se le pasó todo eso al Ministerio de Educación, al menos puede adelantar la fecha hasta el 29 de diciembre de 1820 en que se produjo la declaración de la Independencia en Trujillo.
Manuel Cabero y Muñoz, Luis José de Orbegoso, Jerónimo de la Torre, José Modesto de la Vega, José María Lizarzaburu, José Tadeo Effio y el Marqués de Torre Tagle, entre otros vecinos, suscribieron el acta y, con el pueblo reunido en la plaza, proclamaron allí la libertad de la patria.

Fue en ese acto en que se arrió el pendón colonial y se le reemplazó por la nueva bandera del Perú.

Fue en Trujillo donde –ocupados por los españoles el centro y sur más todo el altiplano (Bolivia), se refugió la República.

Dos veces capital del país, fue en esa misma ciudad donde se fundarían las primeras instituciones republicanas, la Corte Suprema de la República y la primera universidad laica de América. Por todas razones, el Congreso denominó a este departamento, de La Libertad.

Este año se cumplirán 190 años de la proclamación de la independencia del Perú realizada en Trujillo, y si se olvidaron las pasadas gestas, por lo menos es aquí donde debe comenzar ahora a celebrarse el Bicentenario.

Il gatto e la letteratura, la Medalla de Honor del Congreso y la nostalgia

En noviembre del 2009, se me hizo entrega de la Medalla de Honor del Congreso de la República, la más alta distinción que otorga ese poder del Estado. Viajé al Perú para recibirla. A la vuelta, mi maleta pesaba mucho menos, pero había crecido mucho la carga de mi nostalgia.

Debe de ser por ello que hoy publico algo de lo que entonces dije en el acto de la condecoración. Antes, había editado en mi blog la primera parte de mi discurso. La pueden encontrar aquí mismo con el título de “El gato y la literatura”

Con algunas fotos de gatos, les entrego ahora “Il gatto e la letteratura”, una versión italiana de mi mágica traduttrice y hermana Lucia Lorenzini. Gracias a ella, los más asombrosos textos de Jorge Luis Borges fueron vertidos al idioma italiano. Le debo a ella la versión en ese idioma de mi novela “La Ballata di Dante”.

Queda también en este cuaderno virtual la grabación de la ceremonia. Lo hago por petición de algunos amigos, pero no creo que podré visualizarla yo otra vez. Saber que mis compatriotas me reconocen y quieren por los modestos libros que he escrito, me hace sentir con unas ganas tremendas de regresar a la patria que me hace falta desde hace más de veinte años.

Esta tarde en que las aves migratorias viajan al sur en pos de tiempos más benignos, me pongo piedras en el bolsillos, de otra forma me iré con ellas a la patria.


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Il gatto e la letteratura

Un giorno, nel mio villaggio – avevo 15 anni -, andai a trovare una prozia di nome Mercedes che ne aveva appena compiuti 99.

Quando entrai in casa mi accorsi che stava recitando il rosario. Poiché non mi aveva visto, mi sedetti vicino a lei per non interrompere la sua preghiera e mi dedicai a leggere una rivista. C’era tuttavia qualcosa di strano in quella situazione: mia zia Mercedes recitava soltanto la prima parte dell’Ave Maria, e poi restava un attimo in attesa come se si trovasse in chiesa o come se qualcuno accanto a lei recitasse il “Santa Maria, Madre di Dio, prega per noi peccatori, adesso e nell’ora della nostra morte. Amen”.

Guardai da una parte e dall’altra e non riuscii a vedere il suo ipotizzabile compagno. La curiosità mi spinse ad alzarmi e ad avvicinarmi alla solitaria devota. Alla fine, scoprii che c’era qualcuno accanto a lei, ma non era un essere umano. Era il suo gatto. Ogni volta che mia zia terminava la prima parte dell’Ave Maria, il gatto la accompagnava con lunghe fusa, come fanno tutti i felini quando, per puro affetto, accendono il loro motore interno vicino a qualcuno che li ama.

Quando l’anziana e il gatto ebbero finito di pregare, misi la sedia accanto a lei e le chiesi di raccontarmi delle storie. Mia zia era un’eccellente narratrice orale e credo che le sue invenzioni siano state all’origine dei racconti che iniziai a scrivere a quell’età.

Tuttavia, in quel momento mi si presentò un altro problema. A 99 anni, mia zia stava molto bene di salute, ma soffriva di vuoti di memoria. Cominciava a raccontarmi un’appassionante storia dell’inizio del Novecento ma, proprio quando si stava avvicinando al finale, dimenticava il racconto che aveva iniziato e ne cominciava un altro.

Come rendendosi conto della mia sorpresa, mia zia mi disse:

- Capisco, figliolo. Ma voglio che anche tu capisca me. Quando arriva il momento di andarcene da questo mondo, noi vecchi ci sediamo su una sedia a dondolo, come faccio io, a dimenticare. Proprio come i giovani che vanno a scuola per ricordare certe discipline e certi concetti, noi vecchi ci sediamo tutte le sere per dimenticare.

Credo che quel giorno sia stato determinante nell’inizio della mia vocazione letteraria. Mi resi conto che la letteratura serve, al pari del gatto di mia zia Mercedes, ad evitare di trovarci completamente soli al mondo e a permetterci, anche nelle solitudini più grandi, di comunicare con il nostro Dio, con l’universo, con la nostra terra e con la gente che su di essa amiamo di più.

Come le cinquanta avemarie recitate dalla mia vecchia zia, la missione del creatore di finzioni consiste nel dire, esprimere, borbottare e perfino proclamare canzoni di ricordi e di nostalgie rivolte verso l’auspicata felicità collettiva degli uomini e verso le infinite estensioni della vita.

Compresi inoltre che, così come a scuola si insegna a ricordare, bisognava anche imparare a dimenticare e che questa poteva essere anche la missione della letteratura che avrei prodotto: far sì che la nostra gente dimentichi la durezza e la perversione di quella prolungata notte di insonnia, di violenza e di sangue che il più delle volte è stata la storia del Perù.

Far pace con i brutti ricordi non significa tuttavia decretare l’oblio del crimine e nemmeno accettare con rassegnazione l’abuso, meno che mai tollerare ll’impunità dei perversi e degli ingiusti. Pensai che, come il gatto che svegliava mia zia dopo un lungo rosario, la letteratura avrebbe dovuto scuotere dal letargo la nostra gente e mostrarle che la democrazia e la libertà non si regalano ma si conquistano. Gli scrittori hanno generalmente assunto come propria la funzione di rifare la storia. Nel Perù in cui ci è toccato di vivere, quella funzione è molto più impellente. Qui occorre impedire che la nostra storia si sfasci.

I miei libri non possono cancellare lo sfruttamento dei poveri, la corruzione dei potenti, la tortura e il genocidio utilizzati per reprimere la collera del povero e del giusto. La mia letteratura non cambierà il mondo, ma mi sprona a servire cause generose e valori senza i quali l’uomo cessa di essere uomo e la società diventa insopportabile.

Ed è  stata questa la missione che mi sono imposto all’età di quindici anni, quando scrissi il mio primo racconto e conobbi il gatto e le amnesie di mia zia Mercedes. Se volete sapere cosa accadde in seguito, ve lo dico. Un anno dopo, la morte andò a trovare l’anziana… e forse tutte e due restarono a conversare e a pregare, unite per sempre. (Traduzione di Lucia Lorenzini)

Vallejo y los telegramas de Antenor

Orrego: Prisión por amor a la justicia

Orrego: Prisión por amor a la justicia

En alta mar, Vallejo sacó de uno de sus bolsillos para leerlos de nuevo los urgentes telegramas de Antenor Orrego. Su generoso amigo lo había urgido a aceptar la invitación que él y Julio Gálvez Orrego le hacían para viajar a Francia.

TU VIAJE A PARIS RESUELTO STOP JULIO LOGRO CAMBIAR MI NOMBRE POR TUYO
STOP HAZ MALETAS HERMANO STOP ANTENOR

A ese telegrama, había respondido César con una tajante negativa. Pero Orrego insistió:

URGENTE CESAR STOP VIAJA CON JULIO STOP YA ME TOCARA STOP NOS VEMOS EN PARIS STOP NO OLVIDES JUICIO REABIERTO STOP ANTENOR

El último decía solamente:

EN PARIS ESPERATE DESTINO STOP PERU LA CARCEL STOP ANTENOR

Vallejo se había resistido a aceptar el sacrificio del filósofo, pero después de dos telegramas, el tercero apelaba a la razón más temible. El juicio había sido reabierto, y se le estaba notificando a presentarse ante el juzgado de Trujillo con apercibimiento de detención.

Cuando se dio cuenta de que la cárcel tenía otra vez la boca abierta para él, aceptó.
Salir del Perú era escapar de los infiernos. En alta mar, aspiró largamente como si quisiera alimentarse de libertad. Después, dobló otra vez los telegramas y los metió dentro de un único sobre. Dirigió la mirada al horizonte, y descubrió que el cielo se había tornado inmenso y emitía destellos de un azul obstinado.

Apenas se disipó la densa niebla, comenzaron a acercarse a las islas de Lobos de Afuera. Desde ellas, parecía salir unas voces fragantes que se confundían con los golpes y fragores del oleaje.

-Es un canto de sirenas _le explicó alguien a su lado. Vallejo lo miró de reojo. Sólo pudo notar que estaba vestido de blanco. El hombre agregó:
-Eso es lo que dicen los marinos.
El “Oroya” aceleró y se puso lejos del alcance de las sirenas que se desgañitaban llamando a los tripulantes.

El “Oroya” había salido del Callao hacia Francia el 17 de junio de 1923. El filósofo era dueño de un pasaje, pero había preferido transferírselo al poeta.

En vez de la frialdad de la crítica limeña o el infierno carcelario de Trujillo, César viajaba hacia su destino. Orrego nunca más pudo hacer el soñado viaje. En el Perú, habría de sufrir casi dos décadas de prisión por su amor a la justicia social. Sin saberlo, César Vallejo y Antenor Orrego habían intercambiado sus destinos, o acaso sus almas…


Les reitero que la Universidad Privada Antenor Orrego de Trujillo (UPAO) me ha invitado a dar una conferencia al inicio de su año académico el 26 de marzo. Todos ustedes están invitados a ella. En este texto, tomado de mi novela “Vallejo en los infiernos”, se recuerda un detalle muy importante del viaje del poeta a París.

El libro de Inés

Librería peruana

Librería Peruana

Hoy martes he amanecido viajando. No estaba en un avión ni en un sueño sino leyendo un libro adictivo que no me permitió cerrarlo sino hasta terminar el último párrafo.

Inés de Guijón cumple noventa años, y fue ella quien me repitió en mis años universitarios que para viajar muy lejos no hay mejor barco que un libro. Creo que la frase pertenecía a la poetisa estadounidense Emily Dickinson, pero repetida tantas veces por nuestra querida librera de Trujillo se inesizó y la recuerdo como suya.

Me acuerdo también que citaba a José María de Pereda según el cual el mejor de los libros es la vejez… y es una lástima que el hombre tenga que morirse cuando comienza a leerlo con provecho.

La segunda parte de lo dicho por el romántico español es cuestionable en el caso de Inés Guerra de Guijón quien, ya les he dicho, cumple noventa años de edad, setenta de los cuales ha estado de pie junto a los anaqueles de una librería cuyas puertas siempre estuvieron abiertas para todos… y sigue trabajando.

Sus noventa   no serán pretexto para que hoy, Inés, como lo ha hecho todo este tiempo, abra la tienda a las 9 de la mañana, después de haber ido a misa y la cierre a las 7 de la noche luego de haber conversado- más que vendido libros- con unas cincuenta o sesenta personas. Además de librera, ella ha sido fundadora y dirigente de la mayoría de las instituciones culturales de la ciudad.

En la esquina de Pizarro con la Plaza de Armas, la “Librería Peruana”, suya y nuestra, es el centro mismo de Trujillo. Al lado de ella se encuentra el “Bar Americano” en el cual César Vallejo invitó a sus amigos a celebrar la aprobación de su tesis y su graduación universitaria.

Fue frecuentada entonces por Vallejo, Orrego, Haya de la Torre, Spelucín, Francisco Xandóval, todo el “Grupo Norte” y fue allí donde, décadas más tarde, nos conocimos los muchachos del “Grupo Trilce”.

Es la más antigua casa de libros de la ciudad. Se encuentra allí desde antes de 1920, y Carlos Guijón Miranda llegó a Trujillo en los años 30 para administrarla. Al casarse con Inés en 1942, ambos unieron sus destinos … y sus libros. A dos cuadras, ella fundaría una sucursal que finalmente juntaría con la de su esposo a la muerte de éste en 1994.

¿Debo añadir algo que ya he contado varias veces?… ¡Lo haré! Cuando yo tenía 21 años y acababa de publicar “Los peces muertos”, mi primer libro, lo fui a dejar en la “Librería Peruana” antes de partir a Lima para presentarlo.  Allí, luego de leer comentarios extremadamente generosos sobre mi libro que habían sido publicados en “El Comercio” y “La Prensa”, pensé que el éxito literario coincidía también con el de ventas… ¡Me equivocaba!… y esa sería una lección que me duraría toda la vida.

Fui a la librería para preguntar cuántos ejemplares más se necesitaban, y me encontré con la sorpresa de que los anaqueles estaban todavía colmados de peces muertos.

-Parece que por ahora no necesitamos ejemplares, pero tengo una liquidación.- dijo doña Inés, y agregó:

-Se han vendido… se han vendido dos libros.

Ahora que han pasado los años creo que fue ella misma quien los compró y logró de esa forma que el joven escritor no se desmoralizara y continuara en esa locura de escribir que le ha de durar toda la vida.

No quiero terminar de redactar esta nota porque, siguiendo el consejo de Inés,  deseo continuar navegando en la escritura y porque, además, un libro, el que se escribe y el que se lee, son como un viaje, se comienza con intrepidez, se continúa con asombro y se termina con nostalgia.

La guerra de los alfajores

Alfajores

Alfajores - Foto lovelihood

¿De dónde vienen los alfajores? ¿Cuáles son los auténticos? Estas preguntas suenan a metafísicas, y casi lo son. En Los Ángeles han desencadenado una guerra de comunicados entre argentinos, nicaragüenses, peruanos, bolivianos y chilenos. Es una guerra de la nostalgia en la que cada cual siente que lo único original sobre la tierra es lo que probó de niño en la añorada patria lejana. Róger Navas-Balladares, nacido en Nicaragua, es el culpable del conflicto. En el 2003, fundó Split Bean Coffee, una compañía dedicada ofrecer las más distintas variedades de café. De un momento a otro, se le ocurrió preparar alfajores y ha tenido éxito. Periódicos como «Los Angeles Times», «San Jose Mercury News» y «The Philadelphia Inquirer», entre otros, han hablado de una «receta misteriosa que pronto a todos nos convertirá en adictos». Manjar blanco, piña, guayaba, frambuesas, fresas, chocolate y hasta mantequilla de maní son algunos de los sabores de este postre cuya receta, según Róger, le viene desde Trujillo y Chiclayo del Perú aderezados con sus orígenes hispánicos que lo hacen trazar orígenes en alguna lejana pastelería asturiana. El profesor Samuel Huntington no para de advertir que los hispanos se van a apoderar de USA, y a lo mejor tiene razón. La historia confirma que cuando los invasores preparan pasteles y escriben poesía es porque han decidido quedarse y conquistar. Róger fue mi alumno en la Universidad de Berkeley. En vez de una rápida profesión útil, buscó el saber. Al tiempo que hacía estudios de Antropología Cultural, exploró la Kabalah y las tradiciones del judaísmo, sin dejar de lado la comida kosher. Continuó con el flamenco e hizo un viaje a la India, de donde salieran en el siglo XII los monjes heterodoxos que lo difundieron. Egipto fue el puente y, por fin, España, la receptora de aquella danza religiosa. Por todas las regiones y, por supuesto, cocinas, anduvo mi alumno. Cuando en mi clase leíamos novela latinoamericana, me rogó que incluyéramos ese recetario portentoso que es «Como agua para chocolate». No me extraña que haya trocado la toga y el birrete en el mandil y la gorra del chef. Si este conflicto se convierte en guerra santa, algún suicida puede devorar alfajores y lanzar su carro contra algún consulado de Los Ángeles. Por eso, me atrevo a recordarles a todos que el alfajor proviene de la ocupación mora de Andalucía. La etimología lo hace emerger de «al-hasú», que en árabe significa «relleno». Todavía en Cuenca, España, lo llaman «alajú» y se elabora a base de almendra, miel e higos, todo ello envuelto en una oblea. Con el tiempo, cada región de América (la que habla en cristiano) adaptó el alfajor español y cocinó sus propias versiones. Todos en todas partes preparan los «originales». Solamente en la Argentina y el Perú, hay más de veinte variedades que culminan en el delirante «kingkong», un alfajor que se hace en Chiclayo y contiene en sabroso ecumenismo una diversidad de pisos y sabores. Estudiante de Teología en Lima, María Elena Miranda señala que el alfajor prueba la existencia del alma. Moviendo la nariz al estilo de Samantha, afirma que las dos galletas son nuestros cuerpos y que el sabor es el alma difundiéndose por el Universo. Por su parte, la publicista Mariola Saavedra dice que son la dieta cotidiana de Jaren. Desde Buenos Aires, a mi consulta, la psicóloga Andrea Yannuzzi afirma que éstas son las únicas guerras que provienen del amor a la querencia. ¡Cómo será, pues! En estos cándidos días, los latinos que vivimos en USA pensamos que hemos sido hechos de barro y del soplo generoso de Dios, pero también de nostalgia y pasta de alfajores.

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