Votar en Estados Unidos

-¿Por quién votará usted el próximo martes?

– Hmm… Hágame recordar, por favor, quiénes son los candidatos.

Parece comedia cinematográfica. Es y no es. Mientras en el resto del mundo, estamos pegados al televisor para saber las últimas acerca de estas elecciones, la edad promedio de la audiencia de la CNN en USA es de 60 años, millones de estadounidenses no votan y el votante medio tiene ya el pelo canoso o no lo tiene en absoluto.

En cuanto a los más jóvenes, su participación electoral es pobre. Soy catedrático y, al día siguiente de elecciones, suelo preguntar a mis alumnos por quién votaron. Dieciocho, en una clase de veinte, prefieren mirar al techo.

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VOTE!!

No saben lo que se pierden. Esta nación practica una de las democracias más directas y participativas del mundo. Muchos asuntos reservados para el congreso en la mayoría de los países, aquí son resueltos directamente por el pueblo.

Tal vez muchos no estén enterados que en Estados Unidos no se vota solamente cada cuatro años. Se vota cada noviembre, y la gente toma decisiones en los niveles que conciernen a la unión federal, al estado y a la ciudad en que viven.

En el estado de Oregón, por ejemplo, el votante decidirá primero por quiénes vota para presidente y vicepresidente de los Estados Unidos. Pero eso no será todo.

Después tendrá que decidir por una serie de puestos que ahora están libres: un senador y un representante al congreso estadounidense, el Secretario de Estado de Oregón, el Secretario del Tesoro, el Fiscal general, un senador y un representante para el congreso estatal.

Además, votará por un juez de la Corte Suprema del estado y por otros funcionarios judiciales.

¿Terminó? No, todavía no. Felizmente, se vota por correo, de modo que habrá tiempo en la comodidad del hogar para todo lo que viene después. Para el que siente incómodo en casa, hay precintos públicos disponibles y para aquél a quien no le gusta mucho el inglés, se le explicará cómo votar en un libro-guía en español

Vienen luego doce proyectos de ley de carácter estatal. Este año, un ciudadano ultraconservador ha presentando un proyecto según el cual queda prohibido dar clases en otro idioma que no sea el inglés. Por “otro idioma” se refiere naturalmente al español.

Los votantes liberales, por su parte, quieren que se haga más rigurosas en Oregón las sanciones contra el narcotráfico y que se funden hospitales públicos para tratar a los adictos. Cualquier persona puede presentar estas “propositions” Le basta con reunir mil firmas. En el libro guía, se ofrece el presupuesto de cada medida y, por su parte, cada organización ciudadana, adherente o en desacuerdo, explicará los pros y los contras de la misma.

Por último, en el nivel de ciudad, se votan 40 “anexiones”, o sea pedidos de empresarios que quieren hacer construcciones fuera de los límites urbanos. Generalmente, los “verdes” que ya tienen el pelo gris, votan por el no, y ganan. Gracias a ello, las ciudades en Oregón son pequeñas o medianas, y están casi por completo libres de contaminación y delincuencia.

Las más famosas “propositions” que recuerdo en estas dos últimas décadas han expresado la renuencia ciudadana a que los impuestos sean acordados por otra entidad ejecutiva o legislativa que no sean ellos mismos. Hay, además, una medida que hizo noticia mundial, y es el Acta de Morir con Dignidad. Aprobada en 1994, cuestionada por la Iglesia Católica después ante los organismos judiciales y ratificada en 1997, permite que un ciudadano aquejado por enfermedad terminal reclame asistencia médica para lograr una «muerte humana y digna», mediante la ingestión de medicamentos para acabar con su vida de modo indoloro

Oregón fue el primer estado en el mundo en ofrecerla. Bélgica y Holanda lo harían en 2002.

-¿Por quién votará usted el próximo martes?

El ciudadano que, mascando chicles, declare su ignorancia o su renuencia se abstendrá de tomar decisiones sobre su propio destino y quizás el de toda la raza humana.

Elecciones USA: El Papa vota esta semana

Estados Unidos no  va a salir de la bancarrota mañana ni tampoco va a ganar la guerra en Irak esta semana. Quien más lo sufre es John McCain porque sabe que ambos eventos son los únicos que podrían darle la punta en la carrera hacia la Casa Blanca.

Hay, sin embargo, otro elector capaz de producir un cambio dramático en el estado actual de la contienda. Es el Papa Ratzinger. El actual ocupante de la Casa Blanca le debe el triunfo del 2004.

En los Estados Unidos de ese año, se enfrentaba al presidente Bush el candidato demócrata John Kerry. La catástrofe de la economía que ya se sufría entonces y los ataúdes que volvían de la guerra hacían que la gente y las encuestas dieran como victorioso al candidato opositor.

Sin embargo, cuando faltaba una semana para los comicios, un aviso de una página publicado en miles de periódicos y distribuido como volantes en la iglesias advirtió que el católico dispuesto a votar por John Kerry, y no por el presidente Bush, debería confesarse. Varias decenas de obispos  católicos, inspirados por el entonces Cardenal Ratzinger, firmaban la declaración. Curiosamente,  el aviso de costo multimillonario fue pagado  por una organización de protestantes fundamentalistas llamada “Familia,  Patria y Propiedad”.

Aunque parezca increíble, la motivación de los obispos para votar por el presidente  era su fijación en temas extrañamente obsesivos  como el aborto, la experimentación genética y el matrimonio de homosexuales.  Olvidaban tanto la bancarrota  moral y económica  como la bestialidad de una guerra que se inició sin motivo real alguno. Los pastores no mostraban precisamente una gran sensibilidad cristiana ante la destrucción y la mortandad desencadenadas en un país que fue sede de la historia humana.

Se olvidaban además de que el candidato demócrata John Kerry  era católico (les horrorizaba que fuera divorciado), y en el colmo de la amnesia borraban de su memoria el hecho de que en febrero del año 2 mil,  George W. Bush, en campaña electoral, se presentó en la Bob Jones University, y recibió el apoyo de esa institución que acusa a la iglesia  católica de idólatra y que llama al Papa, agente del Anticristo.

En esas condiciones, el confesado y comulgado “voto latino” fue determinante para romper la paridad y ofrecer un cómodo triunfo al ya entonces ocupante de la Casa Blanca.

En los días que corren, se distribuye en los templos y a través del Internet una especie de carta abierta a los católicos norteamericanos suscrita por la Conferencia de Obispo de ese país. “Forming Consciences for Faithful Citizenship” (Formando conciencias para una ciudadanía creyente) recomienda a los fieles no votar por un candidato que demuestra “una moral funesta”.

¿Quiénes son los candidatos de “moral funesta”? No los republicanos, por cierto. Para ellos, la guerra y la crisis no existen. Lo más terrible del país son los problemas sexuales, el sexo antes del matrimonio, las muchachas que abortan, los gays que quieren casarse.

¿Y qué pasa si un católico vota por un candidato de “moral funesta”? Lo dice el documento: “Es importante aclarar que las decisiones políticas que toman los ciudadanos no solamente tienen un impacto en la paz general y en la prosperidad sino también pueden afectar la salvación del individuo.”  Ya sabemos, por tanto, qué lugar caluroso para toda la eternidad nos espera en caso de votar contra McCain.

En noviembre votará también el Papa. Probablemente, como en 2004, se lea en el púlpito la carta de los obispos el domingo previo a las elecciones. Muchos católicos preferirán ese día ver en la tele un partido de fútbol que asistir a la misa en la que se leerá el pronunciamiento.

En una cárcel, Dios, la Virgen y VALLEJO EN LOS INFIERNOS

En mi novela EL CORRIDO DE DANTE, el personaje conversa con una familia a la que ha ayudado a pasar la frontera y entrar sin documentos a los Estados Unidos. Le intriga saber quién es la extraña dama que, sin anunciarse, caminó al lado de los inmigrantes.

“Dante le preguntó si sabía algo de la dama que los había acompañado.

-¿A qué dama te refieres?

-No le vi la cara, pero la dejé conversando con usted.

-¿Conversando conmigo? ¡Qué raro¡… Fíjate que no me acuerdo.

-Ella me dijo que se encargaría de ustedes.

-Ah… pues claro. Entonces te refieres a la señora de ojos bonitos que no terminaba de hablar conmigo.

-Pues sí, supongo que a ella me refiero. ¿Sabe usted quién era?

-Pues fíjate que no lo sé.

-Por lo menos. ¿Me podría decir de qué conversaban? ¿De qué le hablaba ella?

-¿Qué de qué me hablaba? ¡Cómo que de qué me hablaba¡ ¿De qué hablamos las mujeres cuando somos madres?…No dejó de hablarme de su hijito que parece ser un niño muy malcriado… Creo que así son todos los hijos de inmigrantes. Esa señora, su esposo y su niño tuvieron que salir de su país en un burro hace mucho tiempo. En todo caso, el niño les ha resultado un malcriadito. Parece que se le escapó una vez para ir a conversar con unos doctores… Lo que me llamó la atención fueron sus ojos tan bonitos, y el hecho de que no llevara ni siquiera un maletín de mano. Lo único que cargaba era una tilma blanca de esas que sirven para llevar flores.”

¿La Virgen de Guadalupe entre los esperanzados inmigrantes que cruzan la frontera? ¿Acaso también Dios? Sí, ¿Y por qué no? Dios aparece en la historia cuando camina al lado de miles de forasteros que durante cuarenta años caminan por los desiertos y borran las fronteras en pos de la Tierra prometida.

Mi novela VALLEJO EN LOS INFIERNOS que hoy estoy presentando en Madrid y luego en una docena de ciudades de España también nació de una invocación a Dios. Me habían invitado a hacer una lectura de poemas hispanoamericanos en la Penitenciaría estatal de Oregon, pero a la entrada me decomisaron los libros en obediencia a determinadas normas carcelarias.

Tenía enfrente a unos quinientos presos hispanos y no sabía qué decirles. De pronto, escuché salir de mí uno de los pocos poemas que sé de memoria, el “Dios” de César Vallejo.

Pensé que no me iban a entender, y acerté. No entendieron a Vallejo, pero lo sintieron. Antes de que terminara de decir el poema, muchos de estos hombres supuestamente muy duros bajaban los ojos. Algunos no temían mostrar que estaban llorando. Los guardias miraban hacia el cielo.

Seré breve. A la salida del penal, pensaba escribir un artículo sobre la poesía y sus efectos sobre los presidiarios. Pero no era eso lo que yo iba a hacer. Esa misma noche, soñé que escribía una novela biográfica sobre Vallejo y que transcurría en una cárcel, y que quienes no la entendían, la sentían como quien siente la tarde y el mar, o las lágrimas cuando se nos escurren sin que lo sepamos.

Fue ese penal el lugar a donde un año después y previo permiso burocrático, leí unas páginas de la primera edición de VALLEJO EN LOS INFIERNOS. Los presos latinos no tenían abogados, o los tenían de oficio. Uno de ellos me contó que el suyo no hablaba español ni lo visitaba. Le había hablado una sola vez por teléfono y había sido mal traducido por otro recluso. Pero sabían o sentían que yo había escrito para ellos.

Pensé en los presos que padecen prisión allá porque son foráneos y en otros países porque no piensan como piensa el gobierno. Según Gandhi, una voz interior nos dice que sigamos combatiendo, aunque estemos solos. Nos dice que no temamos a este mundo sino que avancemos llevando el nombre de Dios.

Mi novela comienza en una cárcel, y allí continúa porque Vallejo no fue jamás absuelto. El evangelio de Mateo llama bienaventurados a los que sufren persecución y prisión por su amor a la justicia. A los presos políticos, personaje y autor les dedican el libro.