Las memorias de Raúl Vargas

Raúl Vargas

Raúl Vargas

Pocas veces he conocido a un intelectual tan múltiple y brillante como Raúl Vargas Vega. Profesor universitario, teórico de la educación y director de varios de los medios periodísticos más importantes del Perú, sus temas van desde la política y la literatura hasta las fantasías de la culinaria más exquisita.

Su libro “Memorias de un comensal” es uno de los textos nominados al concurso “Gourmand World Cookbook 2011, el máximo certamen literario de gastronomía en el mundo cuyos premios se otorgan cada mes de marzo en París. Mirko Lauer, Karissa Becerrra, Sara Beatriz Guardia, Cristóbal Noriega y Rosario Olivas son los otros peruanos finalistas.

Raúl, quien es director de noticias de RPP, se encuentra por esa razón ahora en la Ciudad Luz. Según leo, “Memorias de un comensal” es un amplio fresco de la cocina peruana, americana y mundial. En artículos y ensayos, que deben de ser muy sabrosos, se vincula a la buena mesa con la bohemia, la literatura y todas las alegrías de la vida.

Una anécdota de nuestra vieja amistad me asegura de que debe tratarse de un texto excelente. Raúl es tan bueno para cocinar como para hablar de un plato exquisito. Tanto lo es que al escucharlo describir un plato,  se puede sentir como si, en ese mismo momento, uno lo estuviera degustando.

A comienzos de los años 80, cuando vivía yo en París, recibí una invitación a comer por parte de un buen amigo, el poeta africano Jean Claude Birago. Me pedía que, por favor, llevara yo a otros amigos escritores latinoamericanos. Miembro de una acaudalada familia del Senegal, sus padres habían preparado una comida típica de ese país en homenaje suyo en vista de que acababa de recibir un Doctorado en Etnología.

-Por favor, trae a tus amigos. Si además hay un especialista en gastronomía, muchísimo mejor.

En serios aprietos me vi entonces. Julio Ramón Ribeyro no podía estar con nosotros por razones de salud. Alfredo Bryce se encontraba en Roma. El poeta Elqui Burgos aceptó de inmediato, pero ni él ni yo teníamos la especialidad que demandaba nuestro futuro anfitrión.

Para nuestra suerte, Raúl Vargas había llegado a París. Era la persona ideal. Se lo dijimos, y no dudó en ir con nosotros.

A las dos de la tarde de un sábado, nos recibieron en una residencia del distrito 16. De inmediato, nos hicieron pasar al comedor. En la mesa, frente a cada uno de nosotros se encontraba la primorosa y policroma cerámica de un ave. A manera de aperitivo,  nos pusieron en la mano una copa que contenía un aguardiente que supusimos del África.

Jamás había bebido yo un líquido como ese. Era enérgico, violento, siniestro, pavoroso. Supongo que deben de ser así los piscos elaborados en Chile. Pero lo apuramos de un sorbo para pasar cuanto antes al esplendor que intuíamos en la comida africana.

Tuvimos que esperar… y mucho. Veinte minutos después del primer aperitivo, vino el otro, y después el siguiente. Nos miramos asustados y le hicimos una señal a Raúl para que nos sacara del aprieto. Sólo él, con su reconocido tacto y maneras de hombre de mundo, podía ayudarnos.

Así fue. De inmediato comenzó Raúl a hablar de un plato italiano que acababa de degustar en la Toscana. Pensaba tal vez que de esa manera nuestros anfitriones se decidirían a pasar al plato de fondo.

Se trataba de una receta del Cinquecento. Todo el Renacimiento Italiano se cifraba en ella. La gula venerable de los cardenales, el veneno de los príncipes maquiavélicos, el Domo de Milán, la Torre de Pisa, los infiernos de Dante, la sensualidad infinita de las madonnas, todo estaba reunido allí. Podíamos oler el potaje, saborearlo, escuchar el rumor de los cipreses,  añadir por fin a todo ello un buen queso y un vino adecuado… y descansar.

Tan vívida fue la descripción que Elqui Burgos tomó su servilleta y se la pasó por los labios. Creyendo que se trataba de una cortesía típica peruana, nuestros amigos senegaleses también alzaron la servilleta e hicieron lo mismo. .. Y el padre de Jean Claude nos invitó otra copa del mismo brebaje.

De la comida italiana, pasó Raúl a la francesa y por fin a la peruana. Los olores, los sabores, e incluso la temperatura de cada plato nos eran transmitidos en tal forma que todos usábamos la servilleta para limpiarnos los labios… Nuestros anfitriones estaban fascinados con el gastrónomo orador… Pero la comida no llegaba.

Por mi parte, cada vez que bebía el aperitivo terrible, veía el mundo más verde que nunca. Las recetas de Raúl Vargas felizmente evitaban que yo pasara a un mareo devastador… El plato de fondo, sin embargo, no tenía cuándo arribar a nuestra mesa.

Creo que ya eran las cuatro de la tarde, o tal vez algo más, cuando el dueño de casa, mezclando el asombro con la fineza nos preguntó si no queríamos comer. No supimos qué responderle.

No comíamos porque no nos habían servido, y la buena educación nos había obligado a callar. Monsieur Birago entendió de pronto nuestro problema.

-¡Perdonen, perdonen… no les habíamos explicado!.- dijo al tiempo que sacaba un pequeño martillo que se encontraba entre los cubiertos. Lo levantó y dio un golpe sobre el cerámico primoroso que tenía enfrente…. Al caer los fragmentos de la obra de arte, se mostró ante nosotros un humeante y oloroso plato de “pollo a la cerámica”.

Cuando recuerdo eso, pienso que Raúl nos salvó la vida. De otra forma, habríamos tenido que continuar bebiendo el elixir implacable.

No estaba con nosotros José Manuel Gutiérrez, un peruano que después ganaría el premio de novela Blasco Ibáñez. Escritor místico él, no aceptó nuestra invitación porque se hallaba observando los treinta días de un ayuno voluntario para reflexionar sobre los pecados del mundo.

Ahora que lo pienso, mejor que no fuera. En una novela autobiográfica, José Manuel, quien toma el nombre de Krufú Orifuz, se asocia a una secta del bosque amazónico, y devora a su maestro para adquirir sabiduría.

Lo he llamado hoy a Madrid donde vive para comunicarle que Raúl Vargas está en París y que ha llevado su libro.

-Ojalá que llegué pronto a España.-me ha respondido.- Voy a devorarlo.

Chela Zárate escribiendo en el malecón de Pacasmayo

Playa de Pacasmayo - Foto Díaz-Horna

Playa de Pacasmayo - Foto Díaz-Horna

Esta noche, he soñado con mi puerto de infancia, Pacasmayo. Tendría yo doce o trece años, y caminaba por la plaza de armas que por entonces era para mí gigantesca.

Solamente me seguía una perrita llamada “Lupa” que pertenecía a la familia Zárate. Con ella detrás, avancé hacia el malecón que da a la playa. Lo hice por la primera cuadra de esa calle, y vi que Chela Zárate salía de su casa también en dirección hacia la playa.

Se sentó sobre una de las bancas rojas de ese paseo marítimo con un cuaderno negro en el que estaba escribiendo algún texto. Aprovechando de que yo era un niño invisible en mis sueños, me acerqué tras de ella para tratar de leer lo que decía.

Chela Zárate estaba escribiendo poesía, y eso era extraño en una chica de ese tiempo. Quizás componía una canción que más tarde se llamaría “Callecita azul” y que mucho tiempo después, sería un vals finalista en un concurso nacional de la canción peruana de Panamericana Televisión.

Tal vez en mi sueño le pregunté “¿por qué se escribe poesía?”. En la escuela me habían enseñado que todo ya se había escrito, se había pensado o se había hecho. ¿Por qué entonces una muchacha en plena mitad del siglo XX se decidía a hacer algo tan innecesario?

La perra “Lupa” movió la cola en gesto desaprobatorio. Por mi parte, me alejé de allí, recorrí el mundo y cambié de sueños, y acabo de despertar en mi lecho en una ciudad norteamericana muy lejos de allí.

Mi sueño era por supuesto una memoria infantil de mi pueblo y, sobre todo, de mi prima Chela. En este instante, continúo pensando en ella. Recuerdo que después se hizo maestra, escribió poemas para los niños, se convirtió en una seria consultora académica y, en los últimos años, recorrió las escuelas del Perú como una promotora de la lectura tenaz y empeñada en que las escuelas fueran de verdad escuelas y en que los niños se hicieron más niños y más hombres a través de los libros.

“Gira, gira, gira
el pajarito pinto
haciendo un
zzzummm,zzzummm
en su loco pico.”

“Zzzzzzzzummm, zummm,
el viajero mago
liba con fruición
el néctar del amor…”

En ese Pacasmayo, puerto de nuestra infancia, su imaginación se alimentó de aires marítimos, de faros bisbiseantes, de cerros misteriosos y de la visión espléndida de un océano que nunca termina. ¿Cómo no ser poeta si se vive en medio de esos sueños? ¿Cómo no ser poeta si se siente que el loco, inconcebible universo termina allá afuera, detrás del océano, pero comienza aquí mismo, aquí adentro de nosotros mismos?

Chela acaba de fallecer. En el Perú es ahora verano. Aquí lejos, en Salem, en pleno norte del norte del continente, está nevando. Aquí, la recuerdo y le agradezco. Gracias a ella por escribir poesía y por hacer eternos esa callecita azul y ese pequeño pueblo que estarán presentes para mí hasta el último día de mi vida.

Ahora, Chela se ha ido a descubrir el cielo, a constatar que el cosmos comienza en nosotros, y que Dios está dentro de nosotros en la mitad de un sueño y acaso caminando al lado de una perrita llamada Lupa.

Anoche soñé que estaba en mi pueblo de infancia, y que bajaba al malecón por una callecita azul. Por allí se ido Chela al horizonte, a caminar, a soñar y a continuar escribiendo poesía para niños.

No la interrumpamos. Ahora ella está soñando con nosotros.

Asturias, un modelo para inmigrantes.

González Viaña  - El viajero

González Viaña - El viajero

Cerca del extremo norte y occidental de España, en el puerto de Gijón, Principado de Asturias, una mujer de acero contempla la inmensidad marina hacia la cual levanta impotente una de sus manos.

Representa a la madre del inmigrante. Ramón Muriedas, el escultor, recuerda en ella a las madres que cosieron en el abrigo de su hijo que partía una o dos monedas de oro, los ahorros de toda la vida, para que echaran mano de ellos cuando fuera necesario. Se cuentan leyendas de una mujer que acudía todas las tardes a ese lugar para recordar el momento en que se embarcara el hijo que no dio noticias nunca más. En el idioma bable, propio de Asturias, se la llama “La Lloca del Rinconín”.

Pocas entidades nacionales como el Principado de Asturias pueden ser una muestra viviente de lo que los movimientos migratorios significan. Durante todo el siglo XIX y más de la mitad del siglo XX, millares de europeos inundaron las Américas. Asturias fue pionera al punto de que en 1920, 41 por ciento de toda su población estaba en el otro lado del mar.

En nuestros tiempos, en que ese fenómeno nos toca a los hijos de las naciones del sur del planeta, el principado es un ejemplo de cómo se puede revertir una tendencia y convertir una entidad nacional en una potencia económica.

Con un PBI que supera al de varias naciones de América y de Europa, es una de las más pujantes provincias de España y, en vez de exportadora de mano de obra que fuera otrora, esta región se ha convertido para muchos países en un codiciable socio de mercado.

Bien lo calculó el Perú en los últimos años al crear un consulado que de inmediato ha significado la multiplicación de las empresas asturianas con inversión en el Perú en el sector de la minería, obra pública, ingeniería, informática, vulcanizados, servicios y consultoría y materias primas agrícolas.

La pequeña comunidad de peruanos residentes no se duerme. Coordina con su consulado acerca de las nuevas posibilidades que se ofrecen en lo que algunos economistas han comenzado a llamar “el milagro asturiano”. Constituidos en asociaciones muy dinámicas, el año pasado llegaron a realizar un congreso de residentes peruanos en España que fue auspiciado por el consulado y la embajada del Perú.

Cuando casi toda España había sido invadida por los moros, fueron los asturianos en sus ásperas montañas quienes derrotaron al ejército más poderoso del planeta, 722, cerraron las puertas del resto de Europa e iniciaron la Reconquista. Será por eso que cuando entrevisté a los hijos niños y adolescentes de los peruanos inmigrantes me hablaron de Pelayo, el héroe de esa lid, como de un abuelo prodigioso que los motiva a realizar cosas consideradas imposibles.

Acaso una de las mejores noticias que nos da Oviedo, la capital el principado, es que el consulado peruano es honorario. Vale decir que no le cuesta un dólar al Perú contar con este dinámico centro de relaciones. Miles de actuaciones consulares que antes debían de realizarse en Madrid o Barcelona se hacen allí y están a cargo de un funcionario asturiano que debe afrontar directamente el servicio sin percibir sueldo, salario o compensación alguna.

El consulado peruano en Asturias funciona en el estudio de un abogado. Tan sólo el amor y la admiración por el Perú motivaron que hace dos años Javier Junceda aceptara el cargo y fuera juramentado por el embajador del Perú en España, Jaime Cáceres Sayán.

No lo sabemos, pero a sus 42 años de edad, Junceda es posiblemente el más joven miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación. Por otra parte, dirige el departamento de derecho administrativo de la Universidad Internacional de Cataluña y es el titular de uno de los principales estudios jurídicos de Asturias, y acaso de la propia España.

Uno de los especialistas internacionales del Derecho del Ambiente, Junceda ha publicado varios libros sobre el tema, entre ellos uno que fuera editado por el Congreso de la República del Perú.

Es, igualmente, miembro de honor de los colegios de abogados de Lima y La Libertad,  y profesor honorario de las universidades Antenor Orrego, Nacional de Trujillo e Inca Garcilaso de la Vega así como usual participante en  foros que realiza la Universidad Católica del Perú.

¿Qué tiempo se da Junceda para atender el consulado y, al mismo tiempo, tan numerosas actividades jurídicas y académicas?… Se lo pregunté hace un mes cuando llegué a Oviedo para presentar uno de mis libros. La difusión del consulado había logrado que centenares de españoles y también de peruanos llegados de uno y otro extremo de la región abarrotaran la audiencia.

“No lo sé. Lo hago porque me nace, porque siento que la unidad entre España y el Perú es cosa de parentesco. Un parentesco de sangre y del corazón.”

En el Perú, las marmotas vienen del Japón

La marmota en los Estados Unidos es una tradición. Es la más pequeña y acertada adivina del tiempo que hay en el planeta.

Cada 2 de febrero, en un pueblo de nombre impronunciable, Punxsutawney, siete caballeros vestidos de frac y con sombrero de copa se apuestan frente a la madriguera y esperan a que salga, restregándose las pestañas, el pequeño roedor.

Al dejar su casa, la marmota piensa un instante y mira hacia atrás y adelante. Si no ve su sombra, pronostica que la primavera está por llegar y decide quedarse fuera de la madriguera. Si descubre su propia sombra, eso significa que el invierno va a continuar y por lo tanto se regresa a la camita para continuar durmiendo.

En el Perú, comienza a nacer una tradición parecida. En una suerte de cárcel dorada o dormitorio de marmota, hiberna un hombre al que se debe tanto el saqueo de la hacienda pública por centenares de millones de dólares como espantables crímenes contra la humanidad que hicieron normal y cotidiano el dolor, la tortura, el tormento, el suplicio y el genocidio.

Con la misma avidez y afiladas uñas de los roedores de su especie, esa marmota, antes de escapar de su madriguera con dirección al Japón, llenó decenas de maletas con dinero,  documentos secretos, videos reveladores y parte de su botín. El avión ya se le iba, pero continuaba cerrando maletas. Después, en Tokio, firmó de prisa un cobarde fax de renuncia a la presidencia para poder usar las manos en contar los fajos de dólares que había llevado.

El roedor que gobernó el Perú no perdonó ni siquiera el más pequeño dinerito que se le pusiera cerca. Cuando los japoneses le enviaron ropa usada para donar a los menesterosos, le pareció que entregar eso a los peruanos pobres iba a significar un despilfarro, y encargó a su hermana que vendiera esa mercancía.

La rapiña procedía además de los arreglos entre su socio Vladimiro Montesinos y los narcotraficantes. Nacía en la sobrevaloración de las obras públicas. Derivaba de las multimillonarias comisiones por contratos y por compras a empresas del exterior. Se originaba en los sobornos que aceptaba de los grandes empresarios. Según el procurador anticorrupción, 6 mil millones de dólares desaparecieron de las arcas del Estado durante la era de la marmota.

Una parte de ese capital fue invertida en comprar la fidelidad de los canales de televisión, otra fue destinada a subvencionar periódicos-basura con los cuales se ha alimentado desde entonces la necesidad de información de los peruanos pobres.

Los videos filmados por su socio nos han mostrado adonde fue también ese dinero. Cualquier lector puede revisarlos en este mismo momento en el Internet si desea ver a parlamentarios, periodistas, publicistas y empresarios, y tener frente a ellos una sesión de vergüenza y de vómito mientras cuentan los dólares que les regatea Montesinos, el contratista.

Debido a las limitaciones de la ley de extradición, no se le ha juzgado por todos sus crímenes, pero se le han probado todos los imputados, y él mismo ha admitido otros para evitar más revelaciones propias de la secuencia judicial.

Hace poco, escribí: ” Todos saben en el Perú que los nueve modestos estudiantes y su profesor fueron víctimas de una masacre ordenada por un hombre que hacía gala de su admiración por una bestia vecina, y dijo en esos días: “El será Pinochet, pero yo soy Chinochet.”

Todos saben que este personaje simplón, seminalfabeto, casi lombrosiano, justificó en público y en privado, todas las veces que pudo, el baño de sangre…”

Me refería a los estudiantes y al profesor de la Universidad Nacional de Educación que a medianoche fueron sacados de sus viviendas en el campus para luego ser torturados, quemados vivos y enterrados en medio de los caminos. Cuando su desaparición fue denunciada, la marmota del Perú salió a la televisión para declarar que los muchachos se habían fugado para ir a unirse a la subversión.

Creo hoy que el mayor de los crímenes de la marmota ha consistido en fundar un Estado perverso y sembrar una opinión pública para la cual la bestialidad criminal de parte del gobierno es admisible en caso de conmoción interna, o de oposición que pueda revelar secretos muy incómodos.

Ese tipo de opinión todavía no ha sido borrado, ni parece haber intención en hacerlo. Ello explica los altos porcentajes que las encuestas adjudican en su camino hacia la presidencia a una candidata cuyo primer decreto será abrir la puerta de la madriguera donde duerme la marmota.

Algunos de los millones robados pagaron los estudios secundarios de “college” de esa señora como pagaron y están pagando los carnavalescos bailes que promocionan su campaña. No hay en el caso peruano siete caballeros vestidos de frac y con sombrero de copa apostados frente a la puerta de la marmota, sino la farándula, la morralla, las carnestolendas, las comparsas, el rey momo, lo grotesco, lo maloliente y lo infame.

La candidata sube en las encuestas, y su mano está cada vez más cerca de la puerta de la madriguera. En, Punxsutawney, la marmota es una tradición. En el Perú, tradición  y maldición son palabras muy parecidas.


Perú, matrimonio gay y una bocanada de humo

Alejandro Toledo - Foto Marcello Casal Jr./ABr

Alejandro Toledo - Foto Marcello Casal Jr./ABr

“Si una mujer te pregunta cuándo te casas con ella, aspira la pipa, echa sobre su rostro una fuerte bocanada de humo y dile que son ojos son bellos.” (Proverbio chino)

Un candidato a la presidencia del Perú acaba de lanzar al ruedo tres ideas no muy originales: el matrimonio gay, la despenalización del aborto y el libre consumo de drogas.

Parece que está muy influido por el proverbio chino citado porque sus propuestas son una cortina de humo y un  tufo espeso que pretende ocultar los reales e inmediatos problemas del Perú.

Sus proclamas suenan extrañas en un país donde los estudiantes duermen la siesta en el parque para olvidar la falta de almuerzo y los jubilados cuentan cada día cuánto les queda de la pensión que les fuera cortada por la mitad por Fujimori.

Las mismas resultan chocantes en un país en el que ingenieros, abogados y médicos se  meten de taxistas porque no hay puestos de trabajo. Un país en el que millares de hombres y mujeres, muchos con título universitario,  huyen al extranjero para cargar bultos, cuidar niños, limpiar casas, cambiar de pañales a los viejos, y ser siempre considerados ilegales. Un país, por fin, en el que cientos de millares de familias beben agua caliente con azúcar y cierran los ojos por la noche sin haber saciado por completo su apetito.

Toda esta gente demanda que se le diga cómo se ha de solucionar el problema de la pobreza y el hambre… Y les parecen tan extrañas las palabras del candidato como chocantes las declaraciones oficiales según las cuales el Perú se encuentra ya en las puertas del Primer Mundo.

Veamos algunos temas que el candidato de las bodas gay no quiere tratar:

1)      Las minas de oro del Perú se encuentran entre las más ricas del mundo y, sin embargo, reciben beneficios tributarios excepcionales.  Además, no contribuyen a la disminución del hambre allí donde se encuentran, Cajamarca, por ejemplo, donde la mitad de los campesinos sufre hambre.

2)      No existe un impuesto a las sobreganancias de las grandes mineras. El estado se consuela con un Óbolo voluntario que proviene supuestamente de sus buenos corazones. Según un economista, ese “óbolo” convierte al Perú en una republiqueta incapaz de regular la distribución de sus propios recursos naturales y que prefiere mendigar una limosna en vez de recaudar lo que le corresponde.

3)      La influencia política de la gran minería es considerable. Según cables diplomáticos revelados por Wilileaks y The Guardian, “el director ejecutivo de la minera Antamina instó a los representantes diplomáticos de Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Suiza y Sudáfrica en el Perú a exigir, de manera conjunta, al gobierno peruano que rote a los profesores de las zonas de influencia mineras. El funcionario pidió además que esa misma exigencia se haga a la Iglesia Católica para que cambie de ubicación a los obispos que apoyan a las comunidades…”

4)      Estos mismos directivos –que al parecer cambian maestros y obispos- se sentirán renuentes a meter la mano en el bolsillo para apoyar a un candidato que encare el verdadero problema y los obligue a pagar un impuesto. Para ellos, resultará, más simpático el que habla de los gays y de las drogas. ¿Será eso lo que piensa el candidato?

No encierra esta nota juicio alguno sobre los temas planteados por el señor Toledo. Me parecen, sí, oportunistas y grotescos.

Entiendo esas proclamas en España, por ejemplo, donde pretende aparecer como moderno y renovador un partido socialista que luego de haber abandonado sus afilados principios es más bien conciliador y romo.

Las entiendo en Estados Unidos donde se aspira a que los jóvenes olviden la pobreza, la necesidad del seguro médico universal y la inseguridad del sistema, y reclamen conquistas hedonistas que el establishment estará más que deseoso de conceder.

Ya sé que hablar de impuesto a las sobreganancias de las mineras puede ser calificado de subversivo en el Perú todavía sujeto a censura y a tutela que nos ha dejado Fujimori.

Por de todas formas, dos cosas debemos exigirle a quien aspire a la presidencia.

La primera es que limpie al país de las excrecencias de la dictadura, que anuncie que el criminal no será indultado, que rinda culto a la memoria de sus víctimas y que descriminalice la protesta social.

La segunda es que anuncie una guerra contra el hambre con medidas claras y valientes, que recuerde que el oro es un recurso no renovable… y que la confianza del pueblo tampoco lo es.

Los pobres no le van a reclamar que despenalice las drogas. No tienen cómo comprarlas y les disgusta el tufo de quienes los suponen idiotas y les fuman en la cara.