La señora y su asesor

Hace unos años en Lima iba yo en un taxi cuando el chofer me preguntó: “¿No cree usted que deberíamos comprar un barco?”

Creí que había oído mal, pero el hombre insistió en que los peruanos deberíamos ahorrar para comprar más barcos. Pensé que estaba loco, y le rogué que me dejara, por favor, en la próxima esquina.

-No, señor, no estoy loco. El gobierno del señor Fujimori nos ha revelado que Chile está comprando barcos. Por cada barco que ellos compren, nosotros debemos comprar dos.

El buen hombre era uno entre el millón de personas que ese gobierno había echado del trabajo, y que se habían visto obligados a trabajar haciendo taxi. Amablemente, traté de calmar su miedo asegurándole que, si en esos momentos, estallara una guerra podríamos guarecernos bajo el techo de alguno de los supermercados. En vista de que casi todos son chilenos, los pilotos invasores no nos lanzarían una bomba.

Eran los años del Sr. Fujimori, y su gobierno había emprendido una campaña psicológica para que el pueblo aceptara y aplaudiera nuevas compras bélicas. No había mucho patriotismo en esa campaña sino más bien interés en las cuantiosas comisiones que se pudiera obtener.

Ya había ocurrido lo mismo cuando el gobierno compró aviones usados a Bielorrusia y los pagó como nuevos. Se calcula que en esa operación el presidente y su entorno recibieron una comisión de 200 millones de dólares.

Ambas campañas fueron producto de la asombrosa inteligencia del asesor Vladimiro Montesinos. En 1995, se dio maña para salvar a su jefe cuando los grupos democráticos se habían unido tras de la candidatura presidencial del doctor Javier Pérez de Cuéllar.

A través de todos los medios periodísticos próximos al gobierno-o sea casi todos- se creó el fantasma de una guerra posible con Ecuador. Con un guión de Montesinos, el presidente llamó a la unión de los peruanos, para defender la causa nacional. A los líderes políticos se les pidió que viajaran por el mundo a exponer nuestras razones.

En una decisión lamentable, el candidato opositor tomó un avión y prácticamente abandonó la campaña. El resultado desastroso para la causa democrática todos lo conocemos.

Cuando los organismos internacionales plantearon la meta de la eliminación de la pobreza, el dictador encontró que aquella era una excelente justificación para su régimen. Ordenó una campaña de esterilización forzosa para las mujeres pobres del Perú que se ejecutó entre 1993 y el 2000.

¿Cuantos muertos hacen un genocidio? ¿Mil? ¿Cinco mil? ¿Diez mil?… En esa campaña, 300 mil mujeres fueron esterilizadas de grado o de fuerza. Muchas de ellas fueron a la posta médica a solicitar servicios para continuar su embarazo. En vez de eso, les produjeron un aborto. En muchos de los casos, murieron juntas la madre y la criatura. El poder judicial estableció que miles de mujeres fueron mutiladas como consecuencia de la esterilización forzosa.

Vale decir que para el raciocinio fujimorista, la pobreza se acaba eliminando los pobres.

La más reciente treta de Montesinos-durante la presente campaña electoral-consistió en fingir un supuesto alejamiento con la señora Keiko. Falso. Todos sabemos que, desde su celda ahora, y tal vez mañana desde palacio, Montesinos continuará cogobernando el Perú.

La más extraordinaria hazaña del asesor es haber logrado que miles de jóvenes pobres- en Lima principalmente-se sientan de pronto ricos, y blancos.

“Es culpa de estos cholos y serranos que Ollanta tenga tantos votos” …”Esterilicemos a los cholos. Que no nos malogren la raza” son algunas de las consignas que circulan en el Internet y que hacen correr algunos jóvenes ansiosos de ser considerados blancos y de la clase A.

De súbito, el Perú se ha transformado en un capitalismo sin capitalistas, una aristocracia sin aristócratas y un racismo sin arios…O de conservadores sin propiedad que conservar y blancos que nunca se han mirado al espejo. De acuerdo con las últimas encuestas, la mayoría de los votantes del señor Kuscinsky y ahora de la señora Fujimori se consideran a sí mismos ricos y blancos, aunque no lo sean. Muchos de ellos respondieron al encuestador que están participando en un sorteo para obtener una invitación a la exclusiva boda del príncipe de Inglaterra.

Los otros peruanos-que somos la mayoría-no tenemos un asesor tan brillante. El corazón nos dice sin embargo por quién votar. Por amor al Perú, pedimos a los ricos que voten por los ricos. Los demás lo haremos por quien mejor nos represente, Ollanta.

Contra el miedo, Ollanta

Durante los días previos a las últimas elecciones presidenciales en Estados Unidos, Jeff Dummy, un obrero que estaba instalando los servicios de riego subterráneo de mi jardín, me dijo que iba a votar en contra del entonces candidato Barack Obama. Me dio a conocer sus motivos:

-Ha dicho que va a reformar el sistema de salud. Eso quiere decir que los hospitales, las medicinas y los profesionales van a estar al servicio de todos.

Me pareció extraña la razón que aducía. Aparte de que cincuenta millones de norteamericanos no tienen servicios de salud, el propio Jeff se queja siempre del alto precio de los medicamentos. En vista de que no posee un seguro médico, se ve obligado a pagar 300 dólares por su dosis mensual de Lipitor. Si no compra ese fármaco, su colesterol podría llegar a niveles incontrolables. Su vida correría peligro.

-No entiendo lo que me dice. Usted debería votar por Obama para gozar del seguro de salud y evitar un riesgo de muerte.

-Es que se trata de una medida socialista-argumentó Jeff.-Los servicios universales de salud son socialistas. Obama es un socialista disimulado.

-Sinceramente, no lo creo, pero ¿que le importa usted eso?

-¡Cómo! ¿No se da cuenta?… Además de darnos un sistema gratuito de salud, los socialistas van a internar en campos de concentración a todas las personas mayores de cincuenta años.

Al buen Jeff Dummy le habían contado ese cuento por internet y por televisión durante meses. Al parecer, la propaganda del miedo había dado resultados. Felizmente, Obama resultó electo presidente por encima de todas las paranoias.

 

La propaganda del miedo es la misma en todas partes. No tiene mucha originalidad. En el Perú de nuestros días, se están usando cuentos y artimañas que ya se utilizaron en México y El Salvador, por ejemplo.

En esta semana, he recibido unas cincuenta veces el supuesto reportaje que una periodista alemana hace al candidato de Gana Perú. Según la misma, Ollanta cree en el cinturón de castidad y en Hitler, y pretende meter a todos los peruanos en un cuartel del ejército.

Aunque el texto era de por sí delirante, los correos me fueron enviados por personas ansiosas de creer en ellos y que no vacilaban en declarar: “Después de haber tenido la posibilidad de tener un presidente blanco y de ojos azules, no queremos que otro cholo nos venga a gobernar.Eso es espeluznante.”

Pacientemente, he rastreado el Internet… y nada encuentro. No existe el periódico aludido ni mucho menos la periodista. Más bien, a través de su cuenta de Facebook, la verdadera Ulrike Baader está indignada con quienes usan su nombre.

En otro email, una querida amiga mía me ruega que no vote por Ollanta. “No puedes votar por ese hombre que les va a quitar la jubilación a personas que tienen más de 40 años de trabajo. Te lo ruego.”

En este caso, los propagandistas son aún más perversos. Se dirigen a personas de la tercera edad con una historia que se vuelve contra ellos. Como todos sabemos, más bien el gobierno de Fujimori cortó por la mitad el monto de las pensiones de jubilación y eliminó la mayoría de los beneficios sociales con el objeto de caerles simpático a las empresas extranjeras.

En México y en El Salvador, la extrema derecha armó la ficción de que esos países iban a formar una sola nación con Cuba y a Venezuela si triunfaban las candidaturas populares.

En El Salvador advirtieron que el posible triunfo de la izquierda significaría el cierre de todas las iglesias. La incoherencia y lo canallesco de esta versión-supuestamente defensora del cristianismo-es que era lanzada por el partido derechista ARENA, el mismo que financió el asesinato del santo defensor de los pobres, el obispo Romero contra quien dispararon los sicarios en el momento en que alzaba la hostia.

Esta es la propaganda del miedo. La arman y sustentan las voraces corporaciones extranjeras, las únicas perjudicadas por el ascenso de un gobierno popular que les exigirá pagar mejores precios por nuestros productos naturales. Es alarmante el poder de manipulación y de control de la opinión que tienen en un país que de veras es libre y quiere votar libremente.

Han ensayado todos los trucos contra el candidato popular, pero todo indica que Ollanta Humala va a ganar la presidencia. La propaganda del miedo tiene un límite. El miedo no se lleva bien con la inteligencia ni con el amor. Siempre llega el día en que triunfa la condición humana.

Dos razones para votar por Ollanta

Bandera del Perú

Bandera del Perú

Los peruanos tenemos muchas razones para votar por Ollanta Humala, pero sólo voy a hablar de dos.

1) Votaremos por Ollanta Humala porque no queremos que otros nos digan por quién debemos hacerlo y por quien no.

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, nos ha demandado que no votemos por el nacionalismo. Nos ha dicho que Chile no tolerará que los peruanos elijamos a ese candidato.

Siguiendo a Piñera, el presidente del Perú condena que se vote por Ollanta Humala. Según él, los otros postulantes sí son elegibles puesto que continuarán con lo que el llama su sistema.

Como todos sabemos, hace cinco años el señor García- a través de su secretario- y el entonces presidente Alejandro Toledo- por intermedio de uno de sus ministros- solicitaron la intervención de los Estados Unidos contra el eventual triunfo de Ollanta Humala por supuestamente atentar contra los intereses de ese país. Es obvio que el embajador norteamericano prefirió mirar a otro lado para no mostrar su repugnancia ante tal actitud de servidumbre.

Esta arremetida llegó al paroxismo el día en que las encuestas revelaron el inminente triunfo de candidato nacionalista. En ese momento, nos llegaron todos los males del mundo.

Según la mayoría de los diarios y la TV, la pérdida de las inversiones, las variaciones de la Bolsa de Valores, el alza del precio de los alimentos e incluso tal vez la explosión en la central atómica de Fukushima son y serán las consecuencias de votar por Ollanta Humala.

Y sin embargo, votaremos de esa forma porque es una ofensa que se nos suponga títeres e incapaces, por rechazo a las imposiciones del presidente de Chile y a las amenazas del nuestro. Votaremos por amor propio, por autoestima, por dignidad, por decencia.

2) Votaremos así porque sabemos que, además del cáncer y del sida, hay una enfermedad más grave.

Un peruano respetable ha dicho que la alternativa de votar entre otra candidata y Ollanta supone tomar una decisión entre el cáncer y el sida. Existe, sin embargo, otra enfermedad que ataca a 11 millones de peruanos. Es la extrema pobreza.

Mientras el ocupante del palacio de gobierno anuncia que ya estamos entrando en el primer mundo, una de cada cinco familias sólo tiene un balde de agua en todo el día para cocinar sus alimentos y cumplir a medias con sus tareas de higiene personal.

En las ciudades de la costa, la miseria se mete en las casas del 21 por ciento de la población. En la sierra, siete de cada diez personas se van a dormir por la noche sin haber saciado el hambre.

Uno de cada cinco niños no sabe todavía lo que son el cáncer y el sida, pero tiene el vientre abultado, las mejillas hundidas y los párpados cansados de quien padece de desnutrición crónica.

Los maestros que educan a esos niños y los policías que los cuidan apenas sobreviven con sueldos que lindan la indigencia.

Tres de cada diez familias peruanas no tienen en su vivienda ni agua potable, ni desagüe ni electricidad.

Siete de cada diez automóviles que se deslizan por nuestras florecientes ciudades del “primer mundo” son taxis y dos son mototaxis. Quienes van al timón son peruanos que perdieron el empleo o no tuvieron jamás un puesto de trabajo debido al sistema neoliberal de los gobiernos Fujimori, Toledo y García. Puede ser que ellos sí sepan lo que son el cáncer y el sida, pero más saben lo que significa trabajar sin domingos en un país que no les ofrece seguro social ni servicios médicos.

El Perú es el primer productor mundial de plata, el segundo de cobre y zinc y el sexto de oro. Con mucho optimismo y mayor frivolidad se asegura que son los resultados del “sistema”, y que eso nos llevará al primer mundo. Lamentablemente, debido ese mismo “sistema”, la mayoría de los trabajadores no ve llegar a sus planillas los beneficios de tanto crecimiento.

En estas circunstancias, ni la Alianza Gana Perú ni su candidato plantean –como se ha dicho al satanizarlos- un gobierno similar al de otros países, sino van a impulsar reformas para hacer más democrática a la sociedad y emprenderán una profunda reforma tributaria, que obligue a los más ricos a pagar más impuestos, en particular a las transnacionales que se dedican a la exportación de minerales.

La miseria en que vive nuestra gente es la verdadera enfermedad del Perú. Lo ha sido desde los días en que la denunciaron y lucharon contra la sociedad que la produce peruanos tan valientes como José Carlos Mariátegui y Víctor Raúl Haya de la Torre.

Olvidar la pobreza del Perú y mencionar con burla el cáncer y el sida sólo expresa amnesia, falta de solidaridad, egoísmo y carencia de amor.  No vamos a votar contra la democracia. Vamos a votar contra la pobreza, y la vamos a derrotar. Vamos a votar por Ollanta Humala.

Uno de cada cinco niños no sabe todavía lo que son el cáncer y el sida, pero tiene el vientre abultado, las mejillas hundidas y los párpados cansados de quien padece de desnutrición crónica.

Los maestros que educan a esos niños y los policías que los cuidan apenas sobreviven con sueldos que lindan la indigencia.

Tres de cada diez familias peruanas no tienen en su vivienda ni agua potable, ni desagüe ni electricidad.

Siete de cada diez automóviles que se deslizan por nuestras florecientes ciudades del “primer mundo” son taxis y dos son mototaxis. Quienes van al timón son peruanos que perdieron el empleo o no tuvieron jamás un puesto de trabajo debido al sistema neoliberal de los gobiernos Fujimori, Toledo y García. Puede ser que ellos sí sepan lo que son el cáncer y el sida, pero más saben lo que significa trabajar sin domingos en un país que no les ofrece seguro social ni servicios médicos.

El Perú es el primer productor mundial de plata, el segundo de cobre y zinc y el sexto de oro. Con mucho optimismo y mayor frivolidad se asegura que son los resultados del “sistema”, y que eso nos llevará al primer mundo. Lamentablemente, debido ese mismo “sistema”, la mayoría de los trabajadores no ve llegar a sus planillas los beneficios de tanto crecimiento.

En estas circunstancias, ni la Alianza Gana Perú ni su candidato plantean –como se ha dicho al satanizarlos- un gobierno similar al de otros países, sino van a impulsar reformas para hacer más democrática a la sociedad y emprenderán una profunda reforma tributaria, que obligue a los más ricos a pagar más impuestos, en particular a las transnacionales que se dedican a la exportación de minerales.

La miseria en que vive nuestra gente es la verdadera enfermedad del Perú. Lo ha sido desde los días en que la denunciaron y lucharon contra la sociedad que la produce peruanos tan valientes como José Carlos Mariátegui y Víctor Raúl Haya de la Torre.

Olvidar la pobreza del Perú y mencionar con burla el cáncer y el sida sólo expresa amnesia, falta de solidaridad, egoísmo y carencia de amor.  No vamos a votar contra la democracia. Vamos a votar contra la pobreza, y la vamos a derrotar. Vamos a votar por Ollanta Humala.

Lucho Alva no se rendirá

Por el Internet, me entero de que mi amigo Luis Alva Castro ha sufrido un temible accidente en la sierra de La Libertad donde estaba haciendo su campaña hacia el parlamento de la república.

El vehículo en el que viajaba se desbarrancó en un abismo y rodó la cuesta por más de doscientos metros. El compañero que conducía murió de inmediato. Lucho sufrió heridas de las cuales se va recuperando. Ahora tendrá que recuperar el ánimo… si es que en algún momento lo ha perdido…

“No te preocupes.”-le he dicho por teléfono a su hija Anita. “No hay nada que pueda detener a tu padre. No es la primera vez que sufre un percance. Cuando se le cree derrotado, de súbito vuelve a la superficie de pie y con ánimos de caminar. Es un porfiado.”

Sé lo que le digo porque lo conozco desde hace mucho tiempo. Cuando éramos estudiantes en la Universidad de Trujillo en los años 60, nos vincularon las ideas revolucionarias del Apra auroral. Me parece que fueron Egberto Longaray y Luis de la Puente Uceda quienes nos presentaron. Nos acercó también el cuaderno de poemas que ocultaba entre sus libros de ciencias económicas – una tímida afición por la literatura -que por entonces compartíamos con los muchachos del grupo “Trilce”.

Tiempo después, en nuestra generación se produjo una ruptura. Abandonamos el partido quienes persistíamos en el generoso socialismo de los fundadores del aprismo y pensábamos que las dirigencias no nos representaban. Desde entonces y creo que hasta que me muera, he seguido creyendo lo mismo. Creo que el socialismo es una dimensión ética de la vida, pero no tengo partido. Esto me permite escribir sobre Lucho quien sí lo tiene.

Las diferencias de opiniones jamás nos separaron. En realidad, tanto el como yo somos amigos de nuestros amigos sin importarnos demasiado el local político que frecuentan. En el caso de Luis Alva Castro, esa tendencia a la concertación y el diálogo lo llevó a congregar a una serie de economistas e ideólogos durante los años en que además de vicepresidente de la República, era también el primer ministro.

Lucho es un hombre de partido y un político químicamente puro. Lo extraño es que los políticos suelen creer que únicamente ellos tienen la solución. Alva Castro parece suponer exactamente lo contrario, y por eso busca siempre la opinión y el apoyo de quienes no comparten la idea estrecha del “partido” y creen en la política como un proyecto de sabiduría moral.

Esa forma de ser hizo de él el concertador por excelencia durante su reciente período como presidente del Congreso hasta el punto de que, al terminar el mismo, era el candidato de la oposición para ser reelegido. Ahora, ha propuesto una concertación a todos los candidatos por La Libertad a efecto de que sea quien fuere el elegido trabaje por metas comunes a nuestra región.

El oficio de mediador no lo hace renunciar a sus ideas. Por el contrario, no hay discípulo más próximo a la memoria de su maestro como lo es Lucho. En nuestros tiempos universitarios, Egberto Longaray imprimió en mimeógrafo “El antimperialismo y el Apra”, un texto auroral que ya muchos “apristas” preferían ocultar.

Por su parte, en nuestro tiempo, cuando un cierto revisionismo borra el nombre, el recuerdo y los escritos de Víctor Raúl, Alva Castro ha editado muchas veces los textos subversivos y rebeldes del fundador del aprismo así como del filósofo Antenor Orrego y de muchos pensadores sociales peruanos.

En el hospital donde se restablece, nuestro gran amigo debe de estar evocando las sombras inmortales de los revolucionarios ejecutados en Chan Chan y del propio Luis de la Puente Uceda que resumen, más allá de las banderías políticas, el eterno anhelo de una sociedad justa y fraterna. Por todo eso, Luis Alva Castro no se rendirá.

Ollanta Humala y una historia de inmigrantes

Ollanta Humala

Ollanta Humala

Liliana del Campo fue una de las primeras personas en saber que Ollanta Humala ganará las elecciones del Perú, y que seguramente lo hará en primera vuelta.

Lo calculó hace unos meses cuando se dieron a conocer las revelaciones de Wikileaks. De acuerdo con ellas, un ministro del entonces presidente Toledo y el secretario del doctor Alan García visitaron al embajador de Estados Unidos para pedirle que interviniera frente al inminente triunfo de Humala en las elecciones pasadas.

Liliana cálculo que si los emisarios de dos presidentes peruanos, su propuesta de una intervención extranjera y el cargamontón que se le hace al candidato nacionalista no le habían hecho mella durante cinco años, era previsible que su popularidad volviera a repuntar.

Debido a la campaña negativa de la mayoría de los medios periodísticos y del propio presidente García, muchos peruanos temían expresar en público su aprobación por Ollanta Humala. Ahora lo están haciendo, y la tendencia a la victoria es imparable.

José Manuel, compañero de Liliana, fue el primero en enterarse por boca de ella de lo que se venía:

-Entonces tenemos que irnos el país-le dijo. Van a triunfar los pobres y los cholos. Además, se va a destruir el sistema del presidente García.

-¿Y qué tiene de bueno el sistema del presidente García?

-Bueno, en primer lugar, tenemos las minas de oro más ricas del mundo.

Liliana le preguntó dos cosas: la primera, si el oro estaba allí por obra del sistema del señor García y la segunda, si sus utilidades ayudaban en algo al país. En las regiones donde se hallan las explotaciones mineras, el 70 o el 80 por ciento de la gente se va a la cama con hambre.

-Debes de saber que ese sistema crea empresas y puestos de trabajo.

Liliana no quería discutir con su amado compañero, pero pensaba que era extraño todo lo que él decía. En las calles de Lima y las principales ciudades del país, el 80 por ciento de los vehículos son taxis informales. Son conducidos por personas a quienes ese sistema los echó de sus puestos de trabajo.

Por otros motivos, el propio José Manuel no ha trabajado jamás. Cree que, por su aspecto físico y su origen social, está destinado a mandar y ser obedecido. El es alto, colorado y según dice, de buena familia. También es algo panzón; por ello, sus amigos lo llaman Flash Gordon.

Vivía de las utilidades que le producía una tienda de ropa perteneciente a su familia, pero la misma se fue a la bancarrota porque no podía competir con las grandes empresas extranjeras y los “malls” que el señor García ha atraído y fomenta.

-A Ollanta Humala no lo para nadie. Los otros candidatos se sacan los ojos para lograr el segundo puesto.-respondió Liliana.

-Por eso mismo debemos irnos a Estados Unidos cuanto antes.-señaló Flash Gordon. La mayoría de la prensa y la televisión están contra él, pero sólo contribuyen a hacerlo subir en las encuestas. Sus partidarios se pasan la voz de boca a boca, o a través del Internet. En Egipto, quienes querían acabar con el sistema ni siquiera tenían una computadora en su casa, y sin embargo se trajeron abajo al presidente Hosny Mubarak.

Liliana y Flash Gordon son personas de mediana edad. Divorciados, se conocieron hace un par de años y viven juntos. Su fuente de sustento son las rentas de algunas casas que tiene ella. Él le jura que “cualquier día de estos” le pagará todo el dinero que ella le entrega mensualmente.

-Comprende, Lilianita, no nos podemos quedar en el Perú porque somos de buena familia. Tienes un buen apellido. Tú eres toda una Liliana del Campo y la Ciudad…

Un día de enero, Flash Gordon le anunció a su compañera que por fin viajaba al país soñado. Había ganado una lotería de visas. Le pidió un préstamo para pagar su pasaje y para los primeros meses en Miami.

Han pasado varios meses desde su viaje, y Flash Gordon se queja de que los “ americanos” no lo han tratado a él como se merece.

En vista de haber ganado la visa, un funcionario de colocaciones le preguntó en qué podía trabajar. En el Perú, hay dos clases de ingenieros: los que tienen título profesional y los que se hace llamar así, los blancos y colorados que prefirieron no entrar en la universidad. José Manuel es uno de ellos e iba a decir “Soy ingeniero”, pero no lo hizo por temor de que el funcionario le pidiera el título.

-Soy agricultor-contestó.

-Ah, agricultor. Entonces, esa camioneta lo va a llevar a un parque público. Allí le darán una palana para que comience a trabajar de inmediato.

En busca de alguien que lo ayude, Flash Gordon ha visitado las oficinas de los candidatos que están a favor del sistema de Alan García, pero ha tenido mala suerte. Casi todas han cerrado.

Del más de un centenar de comités que tenían en Miami Fujimori, Kuczynski y Toledo solamente quedan cinco. Incluso, los comités apristas se han declarado rebeldía contra García, y llaman a votar por Ollanta Humala.

Flash Gordon llama a Liliana con urgencia para solicitarle su ayuda económica y moral. Como ella sabe que he escrito algunos libros y muchos artículos sobre inmigración, me ha mandado un correo electrónico y me ha llamado por teléfono para pedirme un consejo.

Lo lamento. Me parece que esta vez Flash Gordon se ha ido muy lejos del planeta Mongo.

-Déle un trabajo de cobrador o póngalo de taxista.- le digo. Tal vez así Flash Gordon se canse de cholear a todo el mundo y aprenda a trabajar. En vez de difundir terrores sobre el próximo gobierno popular, hay que volver a sentir orgullo nacionalista. El amor y la justicia, y no el egoísmo, harán verdad el sueño de todos los peruanos.