El cargamontón contra Lori Berenson

Lori Berenson - Foto: Mariana Bazo

Lori Berenson - Foto: Mariana Bazo

Nada es tan despreciable como el cargamontón. Tan cobarde es que, en el Perú de nuestros días, sus víctimas más frecuentes son las mujeres.

Durante casi una década, todo el Perú oficial, las personas “serias”, la radio, la prensa y el dinero  amontonado por las empresas mineras se fueron encima de Ollanta Humala en un Plan Sabana que estaba destinado a acusarlo de criminal y de terrorista, acallar su voz, y, por fin, humillarlo y aplastarlo.

Por eso fue que hice campaña por él. Semana tras semana, escribí artículos en este y en diferentes diarios del mundo así como en el Internet, el medio preferido por quienes no somos dueños de los medios. Lo hice porque siempre me he sumado a los perseguidos y a los débiles. Y por eso escribo esta nota.

En estos días, el cargamontón se dirige contra alguien que no puede defenderse por ser mujer y ser extranjera y por llamarse Lori Berenson.

Su historia comenzó en 1995. En esos días, la ira de la dictadura peruana se dirigía contra los “judíos” porque un empresario de ese origen étnico  había permitido que en su canal de TV se revelaran algunas millonarias cuentas bancarias de Montesinos. Con esa información se puso en evidencia que buena parte de la fortuna del socio del tirano provenía de los pagos que le hacían los narcotraficantes.

Pero, sobre todo, Fujimori y su asesor estaban enfurecidos contra Estados Unidos porque el embajador de ese país había denunciado la millonaria coima recibida por el gobierno en la compra de aviones militares sobrevaluados a Bielorrusia.

De pronto y por esas razones, el régimen se hizo antinorteamericano, y el jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas –después convicto por narcotráfico- envió soldados para que hicieran pintas en la Vía Expresa de Lima contra los “judíos” y el “imperialismo yanqui”.

Para su mala suerte, una joven detenida entonces por sus simpatías con el movimiento Túpac Amaru, Lori Berenson, era norteamericana y de origen judío, y por eso, bajo órdenes expresas de Fujimori, en un par de horas de supuesto juicio, tres jueces militares encapuchados la condenaron a prisión perpetua por el delito de “traición a la patria”, una sentencia  que comenzó a cumplir en un penal con temperaturas bajo cero y en condiciones de confinamiento solitario perpetuo.

Algo que evidencia el trato desigual contra ella es el hecho de que una chica japonesa y otra, italiana, antes y después acusadas de lo mismo, recibirían por todo castigo la deportación a sus países de origen.

El absurdo delirante de condenar a alguien por traición a una patria que no era la suya y la parodia brutal del proceso suscitaron en todo el mundo el ridículo y la censura. En todo el mundo, menos en el Perú donde la muchacha fue pintada como “enemiga del país” por la televisión y la prensa mercenaria cuyos dueños aparecerían después en los videos recibiendo millonarios sobornos de Montesinos.

Tras la fuga de Fujimori y bajo el régimen democrático, se obedeció el fallo de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos que consideraba aberrante el supuesto proceso judicial anterior, y en 2001 se ordenó un nuevo juicio. Sin embargo, las condiciones en que se realizó éste fueron otra parodia y una especie de linchamiento público.

Marcos Ibazeta, un abogado del team de Montesinos, se encargó de presidir el tribunal y,  desde antes de iniciarse las acciones procesales, adelantó su opinión condenatoria. No hubo humillación que este pobre hombre ahorrara a su víctima desde el primer momento en que pretendió que aquella respondiera tras de rejas.

En un remedo de los juicios estalinianos, el día previo a la sentencia, Ibazeta- quien buscaba publicidad para ocupar un puesto público- levantó el índice derecho y conminó a la acusada a renegar sus ideas socialistas. Aquello hacía más claro que, contra todo principio civilizado, se condenaba a Lori Berenson por sus convicciones ideológicas y no por un acto delictivo.

No se le probó ninguno de los cargos de la acusación, y se la condenó por “colaboración con los terroristas”, un cargo que no estaba incluido entre los que se le imputaban, y se le dio 20 años de prisión.

En libertad condicional luego de haber cumplido las dos terceras partes de su condena, Lori Berenson ha conseguido un permiso judicial para viajar a Estados Unidos. Ahora el cargamontón de los periódicos y la televisión se dirige contra ella y contra las autoridades judiciales que le concedieron el permiso de viaje.

La libertad no es lo único que suprime la dictadura. En el Perú ha confiscado bienes más valiosos como son la decencia de los que recibieron sus dádivas y la valentía de los que callaron o miraron hacia otro lado.

La dictadura puso en suspenso la libertad por diez años,  pero sus efectos persisten y sus antiguos colaboradores- los que sonrieron, aceptaron y aplaudieron los crímenes y los ultrajes-  son ahora dueños de la mayor parte de los medios.

La prensa, la radio y la televisión ya han comenzado el cargamontón. Hay cosas más estimables que también puede perderse en el Perú de estos días. Son el amor y la compasión que están a punto de ser canjeados por una perversidad implacable. ¡Por amor de Dios, déjenla libre, dejen en paz a esta mujer y a su criatura!

Religión y gobierno en Estados Unidos

La Biblia y la pistola - Foto Ken Wilcox

La Biblia y la pistola - Foto Ken Wilcox

“Después de mucha oración y meditación, he decidido suspender mi campaña presidencial”, dijo hace unos días Herman Cain, el empresario de las pizzerías “Godfather” que aspiraba hasta ese momento a ser el candidato republicano que le hará frente a Barack Obama en la lisa por conducir la nación más poderosa del mundo.

Esto resulta extraño porque el rey de las pizzas aseveraba antes que el mismo Dios luego de mucho insistir había terminado convenciéndolo a postular.

La porfía del dulce maestro de Galilea nos parecía incongruente con la propuesta de Cain para suprimir el ingreso de trabajadores indocumentados al país. La mejor solución al problema migratorio, según él, era levantar una valla electrificada y potencialmente letal en la frontera con México.

Por supuesto que el evangelio de Cristo tampoco guarda coherencia con los postulados de los otros aspirantes republicanos. Uno tras de otro desfilan frente a la TV proclamando que Estados Unidos debe continuar en la guerra.

Ninguno de ellos, además, ha sido capaz de denunciar el pecado de avaricia de los bancos y las corporaciones capitalistas que en su afán de enriquecerse sin medida, han empujado al mundo a la más pavorosa crisis económica de los últimos cien años.  Ninguno de ellos tampoco ha mostrado compasión cristiana  por los sufrimientos que soportan los que perdieron sus casas, ni mucho menos por la angustia de los trabajadores desocupados y de sus familias.

El hombre que probablemente proveía de pizzas al Señor tuvo que renunciar a la candidatura debido a algunas sospechas sobre su vida íntima. Primero, fueron cuatro mujeres las que lo acusaron de haberlas acosado sexualmente.

Después de ellas, Ginger White, una empresaria de Atlanta, reveló que había mantenido un romance con Cain durante 13 años. Los registros telefónicos, con apasionadas llamadas de madrugada, evidenciaban una relación más que estrecha.

Cain, por su parte, aceptó que White era amiga suya, pero negó que hubiera tenido con ella una relación sexual. Quizás la llamaba tan sólo para leerle la biblia.

Lectores de diversos países me piden que comente la razón por la cual los votantes de una de las naciones más adelantadas del planeta pueden escuchar –sin reírse- los alegatos de un grupo de políticos que en cualquier otro país del mundo serían tildados de mentecatos.  Hablan con Dios, portan una biblia en una mano y con la otra aferran a su esposa para demostrar una moral intachable. ¿Qué tiene que ver todo eso con la eventual conducción de la Casa Blanca ?

Se me ocurren varias explicaciones. La primera tiene que ver con el origen histórico de esta nación. Recordemos que fue fundada por puritanos que huían de la persecución inglesa y que, congregados en comunidades autónomas, trataron de formar  sociedades perfectas en torno de algunas iglesias y pastores.

Estas pequeñas teocracias han sobrevivido de alguna forma al impulso moderno y democratizador.  Hay gente que todavía discute por ejemplo la verdadera naturaleza del principio constitucional de la separación entre la Iglesia y el Estado. Según los evangélicos fundamentalistas, ese resguardo legal no sirve para amparar al Estado sino para evitar que el Estado se entrometa en la vida de la iglesia.

De otro lado, a lo largo de su aventura histórica y en su búsqueda de la identidad nacional, dos ideas-fuerza han conformado lo que podría ser una ideología norteamericana: la noción de la excepcionalidad y la del Destino Manifiesto. Según aquellas, los Estados Unidos  deben marchar a ocupar el lugar de preponderancia que les corresponde en el planeta. Primero, fue el Lejano Oeste; después, México y por fin el resto del continente.

Se trata de una repetición de la bíblica “Tierra Prometida”. Según John Judis, para la que se autoconsidera Nación Elegida, siempre habrá salvajes que civilizar, antiguos que modernizar, oprimidos que liberar y un mundo imperfecto que mejorar. Estos conceptos han sido repetidos en el debate por Mitt Romney al explicar la razón por la cual los soldados “americanos” deberían continuar en tierras tan lejanas y diferentes de las suyas.

Al final de todo, hay por supuesto, el pavoroso problema de una educación –individualista, incompleta, especializada- que forma, en vez de un ciudadano, un consumidor feliz y acrìtico de los bienes que le proporciona el capitalismo Sus limitaciones se advierten cuando sabemos que sólo la tercera parte de la población se ha enterado de la teoría de la evolución. Su apatía se nota en el hecho de que la edad promedio del votante es 57 años.

Tal vez el gran modelo de los candidatos republicanos y el hombre que ellos quisieran ser es George Bush. El genocidio bestial perpetrado por el fundamentalista Osama Bin Laden le sirvió de pretexto para desatar una interminable guerra contra las Fuerzas del Mal.. Sin embargo, cuando todavía era candidato, un periodista le preguntó si sabía quiénes eran los talibanes… El entonces futuro líder del mundo respondió que eran un grupo musical de rock.