José Ramos, ser maestro en el Perú

José Ramos Bosmediano - Foto de Sute XVI

José Ramos Bosmediano – Foto de Sute XVI

Si quiere estudiar, una niña de Pakistán debe arriesgarse a caminar hacia la escuela seguida por miradas de odio y puede recibir un balazo en el cuello.

Para poder enseñar, un maestro del Perú se condena a un sueldo mínimo para toda la vida.

En Estados Unidos, el sueldo de un miembro del Legislativo equivale a cuatro veces el de un maestro. En el Perú, un congresista recibe por lo menos el salario de 35 profesores. ¿Será tan inmensa la cultura de los “padres de la patria” como su equivalencia en salarios de maestros?

Los maestros del Perú son señalados por las autoridades y por una prensa casi monocorde como los culpables de que la educación alcance solamente niveles mediocres. Se les responsabiliza por el bajo rendimiento de los escolares, y se olvida a los niños que llegan a clase en ayunas, o a los que se acostaron son hambre la noche anterior.

Las últimas administraciones se han preciado de un crecimiento económico sin precedentes, -un boom peruano- en los años de la aplicación más rígida del neoliberalismo, pero la pobreza no desciende de la misma forma, y la inversión en el sector educativo es sumamente inferior al que la Unesco recomienda.

He recordado todos estos indicadores en Navidad porque ese día falleció el maestro José Ramos Bosmediano.

Nos conocimos en la Universidad de Trujillo. Pepe estudiaba Educación en las especialidades de Filosofía y Ciencias Sociales. Me acuerdo de que escribía sin cesar sobre los pensadores griegos. Más tarde se interesó en la dialéctica. Desde entonces, no importa cuáles fueran los avatares de su vida y de sus luchas, sus textos siguieron fluyendo sin interrupción.

En 1972, concurrió a la organización del sindicato unitario de trabajadores de la educación peruana (Sutep). Esa organización reclamó desde un comienzo un sueldo básico para todos los maestros, su estabilidad laboral, el derecho a la organización sindical y a la huelga y, sobre todo, la función de proponer políticas para cambiar el caduco sistema educativo.

Secretario general del Sutep por dos periodos, Ramos impulsó las luchas de esa organización hacia la alianza con los sectores explotados del país y hacia un combate resuelto contra cualquier dictadura.

Como todos los dirigentes e integrantes del Sutep, fue echado de su trabajo o perseguido por sus ideas todas las veces en que se satanizó al Sutep, o sea todo el tiempo. Sin embargo, nada de eso lo arredró. Con su esposa que también es maestra criaron tres hijos, que ahora son profesionales.

José Ramos proclamó siempre su condición de miembro del Partido Comunista, y eso en el Perú significa a ser calificado de antisocial o señalado como un permanente sospechoso.

Aunque nunca he pertenecido a las filas de ese sector, admiro la valentía de estos luchadores sociales. Dos de los peruanos más ilustres del siglo XX pertenecieron al mismo partido de José Ramos Bosmediano, y fueron César Vallejo y José Carlos Mariátegui.

Hace pocas semanas lo llamé por teléfono. Le aconseje que reuniera sus ensayos y que publicara un libro. Me respondió que una vez que pasaran sus “pequeños problemas”, se dedicaría a ello.

Los sectores más poderosos y egoístas acusan a los comunistas de ser anticristianos. Creo que tanto ellos como cualquiera de los luchadores sociales, con o sin partido, han llegado a esa tarea por amor a las promesas del humilde maestro de Galilea.

Mi amigo Pepe ha fallecido la mañana del 24 diciembre. Hasta en su muerte ha apostado por esta fiesta del renacimiento que pertenece a todas las religiones y a todos, a esta milagrosa porfía de la condición humana. La lucha continúa.

¿Felices fiestas o Feliz Navidad?

Belén andino - Foto de LovePerú

Belén andino – Foto de LovePerú

“Happy Holidays” (felices fiestas a secas, y no feliz Navidad) decía la primera tarjeta que recibí en diciembre, y creí que me la enviaba Walmart, Sears o tal vez Toys R Us. Por fin, pensé, esas tiendas se han quitado los disfraces pascuales y no disimulan que su verdadero dios es el dólar, y su único profeta, un viejito rojo y gordiflón.

Me equivocaba. Me la enviaba Rigoberto Masa, catedrático en una universidad cercana. RM va a la misa en español con su familia todos los domingos y pasa la bolsita de la colecta, pero esconde la mención cristiana de la navidad porque en los ambientes académicos está prohibida, y teme que sus amigos gringos (quienes lo llaman Rigg) lo consideren un latino conservador, ignorante, retrógrado, machista y primitivo.

Los norteamericanos “políticamente correctos” impusieron esa prohibición hace unos años, y ahora todo el mundo la acata. Ordenan ellos que se diga solamente “felices fiestas” porque, según afirman, la alusión al nacimiento de Cristo resulta insultante para quienes no comparten la religión predicada por el Rabí de Galilea. Aunque la proscripción pascual es obedecida por la mayoría en los medios universitarios, yo sencillamente no la acepto, y quiero desear a mis lectores una feliz Navidad y un maravilloso Hannukah, las dos celebraciones cristiana y judía que coinciden en diciembre.

Debo agradecer, además, a “Rigg” y a sus rígidos censores la oportunidad de ratificar en público mi filiación cristiana. Ella le da forma y sentido a mi vida, y le pone su sello a todo lo que hago, pienso, escribo y sueño. El signo de la cruz, incluso, me orientó desde temprano hacia el socialismo, una forma ética de vivir y una idea que los malvados declararon anticristiana y que, sin embargo, es la mejor manera de lograr que se haga verdad en la tierra la justicia prometida por el Hijo del carpintero. Ser cristiano, por fin, me hace miembro de una comunidad eterna e indeciblemente feliz.

¿Soy un cristiano a rajatabla? Sí y no. Dudo de la organización eclesiástica y desconfío de algunas autoridades de la iglesia. En la historia universal, me repugnan las Cruzadas, las conversiones forzadas, la diabólica Santa Inquisición y el apoyo a los ricos y a los poderosos dispensado por la iglesia y, sin embargo, no renuncio a mi cristianismo, esa fuerza carismática que a cada momento se despierta, condena y reforma las instituciones humanas.

A pesar de todo lo anterior, puede decirse que el mundo fundado en los principios judeocristianos es una civilización de la libertad. El Dios que habla a través de Moisés y de Jesús nos hace distinguir lo bueno de lo malo, pero nos da la libertad de elegir. Suena paradójico que una cultura de amor y libertad haya creado un mundo sin justicia y sin libertad, pero crearlo es la tarea que nos está encomendada. Esta sensación de mundo incompleto y de hombre no terminado es lo que más me convence de mi religión. Tenemos que fundar un mundo de justicia y aquél será un mundo más vivible, y nosotros, habremos terminado de crearnos. La libertad, como dijo Manuel Azaña, no hace felices a los hombres, pero los hace más hombres. He oído decir que Dios trabajó seis días, y al séptimo descansó. Eso significa que nosotros debemos ocuparnos de lo que nos ha dejado inconcluso.

Hannukkah celebra a un grupo de rebeldes judíos, capitaneados por Judas Macabeo, que hace 23 siglos se levantó contra la dominación siria, rescató su antiguo templo y reconquistó su libertad religiosa. En la Roma de los césares, los perseguidos cristianos festejaban la presencia eterna de Hijo del Hombre, trazando el signo del pescado sobre la arena y bendiciéndose recíprocamente antes de ser entregados a las fieras. Ser valiente es una condición para ser cristiano, querido Rigg. No te dejes censurar.¡Anda, anímate y dinos algo más que “felices fiestas!”

Los peligros de La Haya

Escudo nacional del Perú - Grabado

Escudo nacional del Perú – Grabado

Para ganar un juicio se necesita tener una buena causa y un excelente abogado. En sus alegatos ante el tribunal de La Haya, el Perú cuenta con ambos requisitos.

Los puntos que se defienden son correctos, casi obvios. En cuanto a sus defensores, la nuestra es una de las mejores diplomacias de América Latina.

Hay, sin embargo, un peligro. La prensa amarilla y algunos políticos están haciendo de las suyas. En vez de ilustrar al país sobre los argumentos del alegato, los titulares de la prensa están colmados de un sombrío clima de guerra.

Según las primeras planas sensacionalistas, que son las leídas por el pueblo en los periódicos colgados en el kiosco, sea cual fuere el fallo, los tanques estarán cruzando las fronteras y los aviones, bombardeando las ciudades. El pánico vende.

Algunas amas de casa se preguntan si ya es hora de almacenar alimentos para el caso de una escasez producida por la invasión.

Todavía faltan algunos meses para que se emita el fallo. No obstante ello, este clima ya está llegando al paroxismo.

Hay un concepto sociológico que puede servirnos para entender las sinrazones que motivan y alimentan climas como éste. Se trata del llamado pánico moral. Se le define como una condición, episodio, persona o grupo de personas que son consideradas como una amenaza contra los valores e intereses sociales y acaso la propia supervivencia de la nación.

Quienes manejan los controles del pánico, conducen al pueblo a una mentalidad del desastre.

En tanto que el pánico aumenta hay un sentido de urgencia para hacer algo ahora o de otra forma la sociedad ha de sufrir graves consecuencias más tarde. Este sentimiento se expresa en el endurecimiento de os aparatos de control social del estado y en un clima de sospecha en el que todos debemos probar que no somos terroristas ni antipatriotas.

La tensión se advierte en expresiones del más iletrado chauvinismo. Ya hace meses, por ejemplo, de que un escritor declarara que no le gustaba mucho la comida peruana porque producía gases. Ello estuvo a punto de desatar un linchamiento por supuestamente ser un antipatriota.

En verdad, la preocupación primera debe ser la de liberarnos de los tiempos en que la dictadura destruyó nuestras instituciones sociales. Ello porque, aparte de que la razón esté de su parte, en todo juicio se requiere que el demandante sea creíble. ¿Lo es el Perú?… ¡Claro que s!

El Perú es una democracia bien establecida, y su último dictador está entre rejas. Se olvida sin embargo que, además de tirano y de ladrón, el hombre del penal Barbadillo es un terrorista de estado que ordenó y justificó un genocidio. No se le trata con la vara con que debe ser medido. Al líder de Sendero Luminoso se le ha prohibido la visita de un sacerdote. Sin embargo, a Fujimori se le ha aceptado a trámite su petición de indulto y se le hace vivir en una cárcel de cinco estrellas.

De otro lado, técnicamente, esta democracia no tiene una constitución. Se vive todavía bajo el acta de gobierno que se dio el golpista.

Por fin, el subsecretario general de las Naciones Unidas, Heraldo Muñoz, ha recomendado al gobierno peruano el fortalecimiento del diálogo interno. En vez de condenar el conflicto social y criminalizar la protesta, aconseja “visualizar el conflicto no como algo negativo, sino como una oportunidad para resolver situaciones concretas mediante el diálogo y la negociación.”

En vez de la catástrofe, se debe estimular al recuerdo de la grandeza peruana. Ella se debe expresar ahora en la voluntad de fundar una democracia estable. Sólo así, el país ganará todos los días el veredicto de la historia.

La loca de España

La lloca ´l rinconín - Foto Malú

La lloca ´l rinconín – Foto Malú

La llaman “La loca del Rinconín”. Es la mujer más triste que he visto en mi vida. Está de pie en la playa de Gijón, Asturias, y mira el horizonte. Trata de ubicar allí los recuerdos de su hijo que se fuera de España hace ya tiempo en busca de mejores oportunidades o quizá tan sólo de algunas ilusiones.

Dos estatuas perpetúan en el mundo la historia de los migrantes durante el siglo XX. Una es la estatua de la libertad en Nueva York que, de acuerdo con el poema, ofrece amparo y sueños a quienes todo eso han perdido. En nuestros días, con una muralla en la frontera y con leyes racistas en diferentes estados, esas palabras parecieran estar siendo borradas.

La otra es ésta de Asturias. En el idioma de esa región española,  se llama  “lloca” (loca) a una escultura colocada en la bahía de Gijón en 1970 para simbolizar a las madres que esperan al hijo ausente.

La loca está y no está. Aunque su cuerpo de bronce sigue plantado en España, su alma y sus sueños vagan por tierras extranjeras. Acaso piensa en las dos monedas de oro- toda su fortuna- que cosió en el abrigo azul del viajero, y sabe que si aquél tiene dificultades acaso las solucionará con ellas.

Recuerdo a la loca porque estoy leyendo noticias de España. De acuerdo con ellas, la caída actual de la población es la mayor en cuarenta años.  Hacia la mitad del siglo, se empequeñecerá de manera abismal.

La primera causa de la reducción de los nacimientos se encuentra en el descenso del efectivo de mujeres en edad fértil, causado por la crisis de natalidad de los años 80 y principios de los 90. Sin embargo, es evidente que la brutal crisis económica está enviando a los jóvenes a ultramar.

Responde de ello la parálisis del mercado nacional cuya sangría en el empleo no se ha detenido.

Añaden las previsiones que la tasa de dependencia se elevará hasta el 58% en diez años y alcanzará a situarse en el 99,50%. Así, en 2022 habrá diez personas en edad de trabajar por seis parcialmente inactivas, es decir, de menos de 16 años o más de 64. El dato se dispara en 2052 con una persona en edad de trabajar por otra que no estaría.

Las previsiones más pesimistas afectan a Galicia, Castilla y León, Asturias, País Vasco, Aragón, Extremadura, Cantabria y La Rioja, donde el número de fallecimientos pronto superará al de nacimientos.

Conozco Asturias y viajo en estos días para Oviedo, su capital.He ofrecido clases en su universidad en 2006 y 2008, y ahora me invitan a dar una charla. En la milenaria ciudad, conocí a Woody Allen quien es ciudadano de honor y premio Príncipe de Asturias. Nos vimos en la calle de las Milicias Nacionales donde tiene un monumento. Me acerqué a saludarlo. Por su parte, creyendo que yo le iba a pedir un autógrafo y para fingir modestia, me dijo: “Asturiano, yo te lo pido. Fírmame aquí”. “Disculpe”, le respondí, “no le puedo firmar ese papel porque mi editor me lo ha prohibido.”

Recuerdo que este profeta del pesimismo dijo una vez que: “la humanidad se encuentra ante una encrucijada. Una senda lleva hacia la desesperación; la otra hacia la extinción total. Recemos para que tengamos la cordura de escoger correctamente.”

Y sin embargo, estábamos en Oviedo. En su territorio, trescientos locos asturianos comandados por el rey Pelayo detuvieron a pedradas a un ejército de miles de árabes que, debido a ello, no pudieron llegar al extremo norte de la península. Gracias a ellos, en la batalla de Covadonga, se salvó España y se comenzó la tarea larga pero triunfal de la Reconquista. España no está perdida.

Abogados y escritores

Al Dr. Eduardo González León, mi padre

En la casa de mi infancia había un cartelito colgado por mi madre que decía: “Dios mío, ojalá que en esta casa no entren ni médicos ni abogados”.

Abogados y leyes

Abogados y leyes

Sin embargo, un abogado entraba y salía todos los días de casa. Era mi padre. Además, mamá tenía dos hermanos abogados, Y por fin, muchos años después, yo recibiría el título que me recomienda defender “las mejores causas” y también lo haría en su momento mi hija Anabelí. Todo lo cual revela el excelente sentido del humor de mi madre y ofrece la evidencia de que existen ciertas enfermedades de familia.

Como es normal entre los abogados, escribí poemas durante la adolescencia, y acudía con interés vehemente a las audiencias penales y a las clases de derecho de familia, pero tan sólo para inspirarme en ellas. Tiempo después colgaría en mi estudio el doctorado en literatura junto a mi poco usado título profesional de abogado, pero nunca olvidaría ciertas nociones jurídicas que han sido fundamentales en mi tarea de escritor y en mi pretensión de ser un hombre decente.

Ello se debe a un consejo que me dio mi padre cuando advirtió que mis pasos iban por el descarriado sendero de la literatura.“Es evidente que vas a ser escritor”- me dijo y añadió: “Por lo tanto, es preciso que leas con amor y atención el Código Civil. Fíjate bien cómo está escrito: no hay un solo adjetivo en sus páginas. No hay una sola palabra que sobre… y no hay ninguna que falte. Solamente cuando escribas así, serás de verdad un escritor.”

Y eso es lo que he intentado hacer toda la vida y lo que me ayuda a saber si mi prosa es limpia y si mi texto convence, deleita o inspira. Tal es también la madera de la que están construidos los recursos del litigante cuando tratan de ser eficaces y los mandatos del juez cuando son completos, en ambos casos cuando los textos se escriben por apetito de justicia y no por gula de palabras.

Viajo en estos días a España invitados por las facultades de Derecho de la Universidad de Catalunya y la de Oviedo para dictar algunas charlas sobre “Derecho y Literatura”. Esa es la razón de estos recuerdos.

Hay algo que mi padre añadió: “Si de todas maneras también quieres ser abogado, estudia y aprende bien la noción del acto jurídico, y lo serás. De paso, eso te servirá para saber si eres un hombre correcto.” Para los profanos, al decir “acto jurídico”, mi padre se refería a las relaciones consensuales en mérito de las cuales dos o más partes se ponen de acuerdo para establecer un contrato, armar una empresa, casarse, arrendar una casa, comprar un bien u ofrecer un servicio, vale decir para que los hombres hagan el milagro cotidiano de edificar una sociedad y de vivir en armonía.

Cuatro son sus elementos: sujeto legal, objeto posible, fin lícito y observancia de la forma prescrita por la ley, y aunque este correo no pretende ser un artículo jurídico, creo que todos ellos se sintetizan en el respeto a la voluntad de las partes que es la expresión del primer bien

de la vida, la libertad; y ella, la libertad, es la que nos junta incansablemente y la nos hace más humanos y mejores integrantes de un mundo en el que nuestra misión es obrar con amor y crear una sociedad realmente justa.

Poco tiempo he ejercido la profesión de abogado, pero todo el tiempo vuelvo a los principios jurídicos que me hacen saber si mis acciones son correctas, y siempre trato de escribir como lo aprendí en Código Civil, y por todo eso, vuelve a mi recuerdo la imagen de mi padre levantándose de la mesa del almuerzo para atender a un cliente. “Discúlpame- le dice a mi madre- pero debes entender que un abogado es como un sacerdote, y debe llevar la paz a quienes la necesitan.”

El crimen y la amnesia

En la mitología grecorromana, se supone la existencia del Lethes, el río del olvido. Quienes lo atraviesen, pierden la memoria.

Durante su campaña en España, los romanos lo identificaron con el río Lima. Por ello, en plena guerra, los soldados se negaron a cruzarlo. Por fortuna y para hacer frente al terror de sus subordinados, el centurión Décimo Junio Bruto pasó a nado hasta la otra orilla, y desde allí comenzó a llamar a los soldados, uno a uno, por sus nombres.

Dos acontecimientos políticos podrían hacernos suponer que los peruanos ya hemos perdido la memoria, y nada hay que pueda librarnos de la incurable amnesia.

Ellos son: primero, la noticia de que la Comisión de Gracias Presidenciales del Ministerio de Justicia ha admitido a trámite la solución de indulto presentada por los hijos de Alberto Fujimori a favor del ex dictador. En mérito de su próxima liberación, ya han aparecido en Lima carteles con el rostro del reo y la consigna “Fujimori, presidente 2016”.

La otra manifestación de amnesia son los ajetreos gubernamentales y legislativos para aprobar una llamada “Ley del Negacionismo”. En redundancia con la norma que prohíbe la apología del terrorismo, esta ley está destinada supuestamente a censurar y condenar cualquier expresión oral o escrita que justifique las acciones de los subversivos.

La ley del negacionismo que se cocina ahora no se limita a repetir con demasía la anterior disposición fujimorista. La enriquece. Ahora también será penado “menospreciar, hostilizar u ofender gravemente a un colectivo social.” Esos supuestos subjetivos servirán para impedir cualquier alusión a las decenas de miles de víctimas que sufrieron tortura o muerte por parte de los agentes del estado sin estar involucradas en absoluto con el accionar subversivo.

La ley del negacionismo servirá para justificar un “gobierno duro y fuerte.” Vale decir, para organizar legalmente la censura.

Las obras de César Vallejo, Ciro Alegría, José María Arguedas, Alejandro Romualdo e incluso las de nuestro premio Nobel Mario Vargas Llosa podrían ser “cuidadosamente analizadas” para mutilar o impedir la de edición de todo aquello que “ofenda gravemente a un colectivo social.” El periodista tendrá que temer la reacción del censor que lee por detrás de sus hombros, o del sargento que estudiará con lupa las posibles ofensas.

Los dos acontecimientos políticos, la excarcelación de Fujimori y la ley del Negacionismo parten de un supuesto: que nos hemos olvidado por completo de la sangre vertida en los Andes en una espantosa y étnica guerra sucia cuyas víctimas fueron principalmente quienes no podían defenderse, los ancianos, las mujeres, los hombres y los niños de las aldeas serranas.

Como lo dijo el fiscal Avelino Guillén: ” De forma paralela y simultánea, existía una estrategia clandestina, que era una guerra sucia, que consistía en la eliminación extrajudicial de presuntos subversivos. Los ejecutores de esa guerra sucia, todos, han reconocido que ellos eran un grupo de aniquilamiento de ejecución. Ellos ubicaban, capturaban y eliminaban. Ellos nunca tuvieron un solo detenido.”

Son las víctimas innombrables. Nosotros debemos ponerles rostro.

Me apresuro a citar al poeta español Rafael Alberti, antes de que su lectura quede prohibida en el Perú: “Si los condenas a muerte. Si los matas, ellos serán los seis clavos de tu caja. Mueran o no tú estás ya muerto, muerto ya, en la tapa de tu caja hay seis clavos”.

Cuando se pierde la memoria se pierde el futuro. No al encarcelamiento. No al negacionismo. No crucemos el río del olvido.

Elecciones USA: Yo decidí

El tío Sam

El tío Sam

Mientras usted lee está nota, Lupita, Francisco, Venustiano, Roberto, Juan, Carmen, Benedicto, Pancho, Jorge y Teodoro entre otros jóvenes estarán cumpliendo 18 años de edad en Estados Unidos.

Raúl Bueno, Elqui Rosendo Burgos, Isaac Bay, Eduardo Martín González, Andrea Yannuzzi, María Elena Miranda, Tania de Souza también se encuentran entre los 50 mil jóvenes latinos que este mes cumplirán la edad de votar …!Felicitaciones! El próximo año serán 60 mil.

Ellos sí votan.

La edad promedio del votante norteamericano es de un poco más de 55 años. Entre los latinos, más del 90 por ciento acude a las urnas.

Las estadísticas señalan que los votantes de origen hispano le han dado el triunfo al presidente Obama. Si además 50 mil personas se añaden cada mes a ese contingente, a partir de ahora cualquier líder o partido que quiera triunfar en las elecciones tendrá que matricularse en una clase de español.

En febrero de este año, la cubierta de un ejemplar de la revista “Time” mostró decenas de fotos de inmigrantes hispanos con un titular que decía “Yo decido”. Supongo que el titular de la próxima va a ser “Yo decidí”.

Los gringos no saben cuán heterogéneos somos… y no lo sabrán. En los libros de enseñanza del español, las ilustraciones muestran muñequitos marrones con bigotes si son hombres y ropa apretada si son damas. No pueden imaginarnos de otra manera, pero no importa. En los comicios del 2012, la comunidad latina votó como una entidad pan-étnica.

En todos los estados, ocurrió eso… También, en Florida… Siempre se supone que allí la población de origen cubano va a depositar sus cédulas por la derecha republicana. Siempre fue así, pero los veteranos de Bahía Cochinos ya pasaron de la tercera edad. Sus hijos y sus nietos no han heredado los viejos rencores y, más bien, ansían una normalización de las relaciones con la isla.

Los latinos votaron por Obama a pesar de que el presidente hizo todo lo posible por disuadirlos. En el 2008 se hablaba de “La promesa de Obama”, pero el hombre de la Casa Blanca incumplió todos sus ofrecimientos.

La “promesa” incluía una ley de reforma de la inmigración en el primer año de gobierno. No fue así.

Por el contrario el Presidente Obama utilizó sus poderes ejecutivos para incrementar las deportaciones y hacer de las fronteras un muro inexpugnable y letal. Las deportaciones en masa tuvieron un efecto devastador en las vidas de las familias hispanas. Miles fueron separados para siempre de sus seres queridos y otros tantos transitaron por las ciudades norteamericanas aterrados ante esa posibilidad.

Este gobierno ha sido más peligroso para los inmigrantes latinos que el del propio señor Bush.

El líder demócrata mostraba mano dura para complacer a sus votantes “blancos” quienes andan intimidados por la creciente influencia hispana en el país. Sin embargo, los llamados “blancos”-quienes votaron por Obama en el 2008- fueron los primeros en darle la espalda en las elecciones del último martes.

Mientras el presidente y los gobernadores demócratas ofrecían puestos importantes en la administración a damas y caballeros hispanos, les negaban la licencia de conducir a varios millones de ellos… y sin ese carnet no se puede salir a la calle muy tranquilo en este país.

¿Por qué el presidente no va a actuar ahora de esa misma manera?… Porque cada mes hay 50 mil nuevos votantes latinos. En mis clases universitarias, de cada 25 estudiantes, uno o dos votan si son gringuitos. Todos los alumnos latinos, en cambio, lo hicieron esta vez, y votaron por Obama. Son los que deciden.

¿Qué se decide en Estados Unidos?

Banderas estadounidenses

Banderas estadounidenses

Cada vez que prendo el televisor, aparece el rostro de un anciano patético que aconseja a los norteamericanos votar por Romney para evitar la llegada del comunismo.

El caballero dice ser un inmigrante que huyó de Hungría comunista. Mientras habla, se alternan fotografías en blanco y negro de gente desarrapada y posan detrás de él rostros escuálidos y famélicos.

“El comunismo hace más pobres a los pobres”-dice el personaje y añade que muchos en los Estados Unidos han olvidado esa lección. Supuestamente, él la recuerda, y por eso va a votar por Romney.

¿A qué viene esta advertencia? ¿Son partidarios de la hoz y el martillo Obama y los demócratas?

No, no es así, ni el anciano húngaro está completamente loco. Ocurre que el gobierno del señor Obama se ha caracterizado por una esforzada lucha para lograr que todos en este país tengan acceso a un seguro de salud. Estados Unidos es uno de los pocos países del mundo que no lo tiene.

Cuando llegó a la Casa Blanca el actual presidente, más de la mitad de los norteamericanos estaba excluida de ese beneficio.

En cualquier latitud, su proyecto de reforma sanitaria habría sido considerado loable y necesario. Aquí, los extremistas del partido republicano-quienes ahora buscan el poder-lo calificaron como una perversa medida comunista.

En medio del debate, se hicieron públicas historias desgarradoras capaces de poner a prueba la compasión del más duro, menos la de los “cristianos” del Tea Party.

Fred Holliday tenía 39 años el 17 de junio de 2009 en que falleció, justo al iniciarse el debate en el Capitolio de la propuesta de reforma de la Salud. …Estaba sin seguro cuando empezó a sufrir extrañas molestias que incluían sudores nocturnos, fatiga crónica y orina con sangre. No fue al médico porque era muy caro. Cuando al fin encontró un empleo que se lo cubría, descubrieron que padecía cáncer de riñón. Y que este era ya incurable.

En otra ciudad, una joven paciente de cáncer retrasó por meses no sólo el inicio del tratamiento sino el dar la noticia a sus padres porque temía que los gastos de curarla los obligaran a hipotecar la casa. Y así fue. Cuando la vendieron y literalmente, “se quedaron en la calle”, ya no había esperanzas para la chica.

De acuerdo con las reglas, las compañías no estaban obligadas a pagar por enfermedades preexistentes a la contratación del seguro. Por ello, la madre de Obama- diagnosticada de cáncer – había muerto luchando porque una compañía le pagara las facturas y evitar que sus hijos quedaran en la ruina.

“No padezco de ninguna enfermedad terminal. No tengo que pagar las cuotas mensuales de un seguro para que mi dinero vaya a costear el hospital de algún extraño.”-me dijo el obrero que cargaba una refrigeradora para reemplazar la mía.

Estaba él influido por la supuestamente “cristiana” campaña de los republicanos para quienes cualquier actitud solidaria es comunismo. El viejito húngaro, quien es empresario, nos atosiga con sus avisos televisados y gasta en ellos varios millones al día. Si los multiplicamos por todos los meses de campaña, podemos calcular que con ese dinero podría haber pagado las cuotas de sus trabajadores durante más de 10 años.

Si Romney llega a la Casa Blanca, desactivará todo lo que hizo su predecesor para convertir los Estados Unidos en un país más humano. La caridad –llamada inclusión social en algunos países- es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad de los seguros es horizontal e implica respeto mutuo. Está en juego este contraste en la nación que lidera el destino del mundo. Al triunfar el egoísmo, todo lo que es humano estará de sobra.

Pantaleón y sus plañideras

“Perdón por lo que no llegué a hacer y por lo que no pude evitar”- dice Alberto Fujimori en un mensaje que ha sido profusamente difundido por la televisión. La frase aparece sobre un autorretrato que lo muestra delante de un paisaje de la Sierra del Perú.

La sangre derramada

La sangre derramada

Se trata de una obvia alusión a las matanzas que tuvieron lugar en esa región durante el tiempo de la guerra sucia. Para acabar con un terrorismo, el gobierno de entonces impuso otro. La Sierra central fue solamente su epicentro. En Lima y el resto del país, hubo torturas, detenciones y desaparecidos. En el cuartel de Ayacucho, todavía no han terminado de exhumar a las víctimas enterradas allí. Decenas de miles de peruanos pagaron con su vida el hecho de no estar ni en el bando de la rebelión contra el estado ni en el bando del terrorismo estatal.

Quisiéramos creer que se trata de una autocrítica. Sin embargo, como siempre, el dictador hace trampa. “… Por lo que no pude evitar” se refiere claramente a los crímenes de lesa humanidad. La frase transforma a Fujimori en un hombre honesto que no pudo evitar los excesos de los ejecutores. Una vez más, el reo echa toda la culpa a las fuerzas armadas.

Fujimori se parece a Pantaleón, el tragicómico personaje de Mario Vargas Llosa. En la novela, al capitán Pantoja-un honesto y sobrio padre de familia- le dan la orden de formar un servicio de prostitutas (visitadoras) para atender las necesidades sexuales de las tropas acantonadas en la Amazonía. Aunque ello va contra toda sus convicciones morales y puede causar la destrucción de su familia, el oficial cumple las órdenes encomendadas.

Sin embargo, cuando la prensa del país descubre el servicio del burdel ambulante y lo condena como incompatible con la moral del ejército, los superiores de Pantoja-quienes le dieron la orden- señalan a éste como el único responsable y lo someten a un tribunal militar.

Es un mensaje, Fujimori quiere aparentar que fueron otros, y no él, los verdaderos responsables. El solamente habría sido un candoroso japonesito que no tuvo arte ni parte en las matanzas de los colinas y de otros criminales que él amnistió. Las decenas de maletas que se fueron con él durante su vergonzosa fuga no las llenó él, fue otro que lo hizo. Los 15 millones con los que quiso acallar a su cómplice Montesinos no salieron de su bolsillo. Supuestamente estaban en el servicio de inteligencia, y fueron sus ministros quienes dispusieron de ese dinero.

Influido por las normas éticas de su institución y de su propia conciencia, el capitán Pantaleón Pantoja guardará silencio antes que echar lodo sobre el Ejército. Fujimori dirá que “no lo pudo evitar”.

La guerra sucia que lideró Fujimori sigue al pie de la letra los dictados de un manual que se ha aplicado en diversos países del mundo. Ella implica como lo señalan los mismos: generación de miedo, terror, pánico, desorganización, duda en la población civil, comisión de actos de extrema crueldad, comisión de masacres, genocidios, delitos de lesa humanidad, difusión de mentiras, desapariciones, torturas, violaciones, detenciones arbitrarias, ejecuciones extrajudiciales, presos políticos, desplazamiento de población, espionaje, persecución; aniquilamiento de líderes sociales, asesinato de periodistas y defensores de derechos humanos, entre otros.

De todo esto hubo en el Perú. Fujimori fue la cabeza de un terrorismo de estado que no debemos olvidar ni negar. En su país de origen, los culpables de un delito se hacen el harakiri para preservar la honra de sus descendientes. En el Perú, Fujimori usa un ventilador para esparcir lodo y vergüenza sobre quienes estuvieron próximos a él.

De otro lado, sus descendientes le han tomado fotos antes de la ducha y del desayuno para mostrarlas y suscitar lástima. Aparte de ello, utilizan tácticas que un día son de ruego y otros días de amenaza. La más reciente de sus tácticas de campaña es este esperpéntico autorretrato.

No entiendo cómo se anuncian persecuciones contra los convictos de terrorismo, incluso contra quienes ya cumplieron su pena, y sin embargo, se acepta que los apologistas del terrorista Fujimori formen un partido y ensalcen sus métodos sanguinarios. Indultarlo será aceptar que el terrorismo estatal y sus miles de muertos fueron solamente un exceso… y que Fujimori trató de evitarlo.

Los publicistas del reo se han transformado en plañideras ambulantes, pero su mensaje a veces los traiciona como en este caso: “por lo que no pude evitar”. Indultar a Fujimori significa aceptar el lodo que ahora quiere echar sobre las fuerzas armadas. Será una decisión para que la revise la historia.

De la Puente y Don Quijote

Don Quijote

Don Quijote

Las primeras veces que leí “Don Quijote” tenía yo 13, 15, 17, 19 y 24 años, y nunca pude entender esa derrota porque estaba convencido de que los héroes eran eternos e invencibles.

Hace algunos años, una tarde en Barcelona, anduve por la colina de Montjuic y recordé que allá, en la playa que la circunda, se batieron Don Quijote de la Mancha y el Caballero de la Blanca Luna. El libro de Cervantes nos informa que allí fue vencido aquel hombre bueno que encarnaba los principios más nobles, justos y libres de la entreverada condición humana.

Las primeras veces que leí “Don Quijote” tenía yo 13, 15, 17, 19 y 24 años, y nunca pude entender esa derrota porque estaba convencido de que los héroes eran eternos e invencibles.

Muchos años después de su última batalla acontecida en octubre de 1965, Luis Felipe de la Puente Uceda no tiene partida de defunción ni se-pultura conocida. Tampoco existe un parte militar que dé cuenta oficial del hecho de armas. Y, por fin, no quedó uno solo entre sus compañeros –herido o prisionero- que pudiera narrar la verdadera historia de Mesa Pelada.

En vista de todo ello, sólo tienen dos caminos quienes reflexionen hoy sobre el tema. El primero es olvidar que hubo una última batalla, y asumir el raciocinio mítico según el cual los héroes no mueren jamás.

En virtud de la leyenda, que los campesinos ya han estado narrando, Lucho se transformará, con el correr de los tiempos, en un cerro con alma o en una estrella que brillará para su pueblo aun en los tiempos más oscuros.

La otra forma de ver este asunto es inferir que la batalla del gue-rrero De la Puente no ha terminado todavía. Ello significa que, ahora, como ayer o peor aún, sigue vigente en el Perú una sociedad basada en la discriminación, con una economía cuya primera dimensión es el hambre.

Un poco antes de lanzarse a la lucha armada, el líder del Movimiento de Izquierda Revolucionaria convocó en la Plaza San Martín a un mitin en el que habría de explicar las razones de su decisión, al tiempo que llama-ba a fundirse en una gran unidad popular a todos los hombres y partidos que aspiraran al cambio socialista en el Perú.

Me acuerdo que el presidente de entonces, Fernando Belaúnde Terry, había prometido, antes de las elecciones, resolver en noventa días el problema de La Brea y Pariñas (la explotación ilegítima de nuestro petróleo por una empresa transnacional). Novecientos días más tarde, al inquilino de Palacio de Gobierno le incomodaba que le hicieran recordar esa promesa.

Era el tiempo también en que nos despertábamos en la madrugada y escuchábamos, en forma clandestina, las transmisiones de Radio Habana. También eso era prohibido. Estaban fuera de la ley la esperanza y la utopía.

Lucho de la Puente no logró formar la unidad de la izquierda a la que había aspirado. Hay que entender la reticencia de los revolucionarios limeños que escucharon en la Plaza San Martín a este extraño provinciano que no o-frecía alcaldías ni diputaciones sino puestos en el frente de combate.

A Lucho, las malas lenguas “izquierdistas” lo acusaban de haberse casado religiosamente y de comulgar los domingos. Y creo que las malas lenguas decían la verdad. Pero ni una cosa ni la otra le impidieron constituir la más coherente insurrección contra el orden establecido que se había dado hasta entonces.

Como los románticos héroes del APRA del 32, De la Puente y el MIR no se levantaron contra un régimen sino contra un sistema. Eso es lo singular de su alzamiento al igual que su vigencia hasta ahora. Lo siguieron espontáneos grupos de estudiantes y campesinos, artesanos y profesionales, cristianos y agnósticos, antiguos apristas y marxistas nuevos. Tal vez faltaron en la ciudad la organización y el apoyo. Tal vez sobraron la valentía y el amor.

Vuelvo a pensar en la derro-ta de Don Quijote, y me doy cuenta de que me equivocaba. Los héroes pueden morir y ser escarnecidos y derrotados muchas veces. Lo que nunca muere son los principios que hacen hombre al hombre y dignifican la condición humana. “Por La Libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida”, dijo el ilustre vencido en Montjuic.

Y De la Puente lo hizo por las aspiraciones de libertad y de justicia que un día por fin han de hacerse completa verdad. Y yo creo que así será por que la batalla de Lucho no ha terminado. Además él no ha muerto, su bandera está entera y nuestro corazón no se ha rendido.