Nancy camina entre las nubes

Cielo - Foto riotous-impresionis

Cielo - Foto riotous-impresionis

Las diversas religiones nos enseñan que la muerte es apenas sueño. Por eso, cuando se queda dormida una persona como nuestra amada Nancy, recurrimos a todos los medios para sentirnos seguros de que eso es verdad, y de que ella permanece entre nosotros.

Ese es el motivo por el cual hoy, en vez de tan sólo llorarla, hacemos una celebración de todo lo que ella va a dejar entre nosotros, la bendición de su presencia y los momentos encantadores en que estuvimos juntos.

Para mi, ella va a significar siempre las citas en la plaza de armas de Trujillo y las largas caminatas hacia el mar y el crepúsculo así como la exultante comprobación de que estábamos vivos y de que teníamos 20 años. Dos o tres meses después de conocernos, nos casamos.

La veo y la veré en el recuerdo de aquellos días en el momento en que juntos tomamos la decisión de que nuestro hijo tuviera cinco nombres. El primero, por su padre y su abuelo. Luis Felipe por el héroe De la Puente Uceda. José Carlos por Mariátegui y por nuestra convicción compartida de que el socialismo es, mucho más que un sistema, una forma ética de vivir y de soñar.

Muy próximos a los años setentas, se dudaba entonces sobre si era necesario circuncidar a nuestro bebé. El ginecólogo, formado en los Estados Unidos, recomendaba esa práctica milenaria del pueblo judío, y pedía nuestra decisión con urgencia. Nancy y yo lo decidimos positivamente, pero no fueron los argumentos científicos los que nos convencieron. En verdad, dimos la orden de que nuestro hijo varón fuera circuncidado por que-ante el recuerdo feroz del holocausto-queríamos que él estuviera siempre del lado de los que sufren prisión y persecución por la justicia.

Recuerdo bien la frase de Nancy en esa ocasión: “No te preocupes. Le hemos hecho un corazón sensible, y toda su vida será solidario, y estará junto a los que padecen.”

Teníamos ambos 23 años, y en los momentos en que debí asumir una misión peligrosa por amor a nuestro pueblo y a la justicia social, Nancy estuvo por completo de mi parte y asumió con entereza la parte del sacrificio que le correspondía.

Tenía ella la herencia de su padre, don Clodomiro, quien todavía adolescente llevaba víveres y pertrechos a los héroes maravillosos de la revolución de Trujillo en 1932. Nonagenario él en estos días está escribiendo un libro sobre esa epopeya. Quiero agradecerle por su ejemplo que le dio un corazón tan especial a Nancy.

Como suele ocurrir en las historias de amor, Nancy y yo nos separamos hace ya mucho tiempo. Sin embargo, poco ha cambiado. Estoy seguro de que, gracias a ella, nuestros hijos entienden ahora de que en los divorcios no hay necesariamente una persona mala.

En los últimos tres años- que duró su cáncer- nos vimos con frecuencia y aprendimos a ser buenos amigos. Hemos hablado de nuestros hijos, de nuestros amigos, de nuestros familiares y de nuestra patria, pero jamás tocamos el tema de la muerte porque nunca estuvimos seguros de que aquella existiera. El mes pasado vine al Perú, y juntos reímos de todo. Un día antes de que fuera anunciada su desaparición, conversamos por teléfono y, como siempre, me habló con bromas y tomaduras de pelo.

Su abnegación y su dulzura han edificado la personalidad de Eduardo, sociólogo en Nueva York,  y de Ginebra, que es una joven antropóloga. No creo que ellos- que llevan su espíritu y su parecido físico- la sientan ausente a partir de ahora. Estoy seguro de que la van a sentir presente y a su lado todos los días que les restan.

Quisiera saber cómo fue el momento en que Nancy se fue de aquí. La imagino abriendo la ventana de su cuarto en el hospital y dando un salto para caminar entre las nubes, ella que fue siempre un pájaro caminante.

Así es, y así ha de ser ahora que ya es suya la vida eterna.

Vuelve la señora de las menestras

GENOCIDIO

GENOCIDIO

¿Se acuerdan ustedes de Cuca Pituca? … Es la señora que en abril del año pasado andaba pidiendo donaciones para derrotar al candidato Ollanta Humala. A pesar de que la bolsa armada por las empresas mineras era más bien millonaria, doña Cuca-a través de su cuenta de Facebook-solicitaba menestras o dinero para comprar el voto de los pobres.

“Por favor chicas, ayúdenme a través de sus amigas también, formen su red de contactos y hágannos llegar las cosas. Hay que ganarnos el voto de los cholos para derrotar a Ollanta como sea. Qué pena que los cholos también tenga un voto. Lo deben haber inventado los comunistas, pero si no podemos impedirles el voto, hay que comprárselo… Nuestro objetivo es hacer 1,000 canastas para el día lunes. ¡Cuento con ustedes!!!”

¿Cuánto vale la vida o el voto de un hombre que ha nacido pobre en el Perú? ¿Y sus esperanzas, sus sueños, sus ansias de cambio, su capacidad de elegir un destino?… Según Cuca y sus amigas, todo eso se puede comprar con dos latas de leche, dos latas de atún, una bolsa de azúcar, una bolsa de arroz, una bolsa de avena y un paquete de menestras.

Para Cuquita, las personas que llama “cholos” no alcanzan el nivel de gente. No deberían hacer decisiones. No tienen derecho alguno. Tienen un precio expresado en latas de leche y en menestras.

A esas personas- a los “cholos”, según Cuca- hay que humillarlas.

Por suerte, la señora de las menestras se equivocó, pero ahora, en enero del 2012, ha vuelto a las andadas. Ahora se ha puesto de seudónimo “la señora Ufff.

A través de los mismos medios que antes empleara- el e-mail y el el Facebook- está haciendo una campaña contra “los derechos humanos, las organizaciones y sindicatos populistas, las comisiones pastorales, los órganos y entidades en defensa de los derechos humanos, ONGs etc.”

No sé por qué razón supone que en vez del candidato nacionalista, ha triunfado la opción de Fujimori. Como si eso hubiera pasado, sus cartas se dirigen contra las entidades arriba señaladas y contra las madres, hermanas y compañeras de los presos del Perú.

A la amiga que me ha reenviado la carta de Cuca, hoy Sra. Puff, le escribo:

No sé por qué la señora Ufff se esconde en el anónimo. O tal vez sí lo sé. Lo hace para ocultar la perversidad con que trata a otras mujeres (¿será ella una mujer o un hombre que disimula su voz?)

El propio presidente acaba de declarar a EL PAIS que a los militares se les daban órdenes de disparar aunque el supuesto enemigo no estuviera armado. Dijo que él se rebeló contra ese mandato. Todo lo cual ratifica lo que ya es historia. Es decir, que en el Perú hubo una dictadura brutal y un terrorismo estatal que se impuso a punta de genocidios y que en vez de la paz social, buscó la rapiña y creó cementerios escondidos en las pampas y los cuarteles.

Millares de seres humanos fueron encarcelados y pagan largos años de prisión en confinamiento perpetuo, es decir, sin tratar con persona alguna ni ver la luz del sol. Además, se les ha cancelado los derechos carcelarios que tienen los otros presos y se les ha enviado a prisiones casi inaccesibles para sus hermanas, hijas, madres y compañeras a quienes la señora Uuuf (la Cuca Pituca de hoy) ataca y denigra.

Es cierto que del lado de los alzados en armas hubo bestialidad y crimen. Pero también ha habido durante esa década terrible quienes, como el presidente, se levantaron contra la tiranía. Y es también cierto que los juzgamientos que entonces se hicieron no son sino aberraciones jurídicas. Además, el Estado no puede responder de la misma forma que los alzados en armas. El Estado es una creación ética dirigida a la paz social no un aparato del terror destinado a apilar calaveras y establecer la paz de los panteones.

La señora Uuff no es señora. Es señor. Puede ponerse con facilidad en ambos lados, pero también podría ponerse en el lado de las desdichadas, de los tristes, de los enterrados vivos. Hay que pensar en ellos.

Que Dios nos ayude. Cada día nos hace mayor falta. A veces parece que amanecemos sin Él.

¿Habla usted francés?

-¿Habla usted francés?

Si su respuesta es “oui”, le tengo una mala noticia: usted nunca podrá llegar a la presidencia de los Estados Unidos.

Bandera de Francia

Bandera de Francia

En un comercial televisivo, Newton Gingrich ataca a su competidor por la candidatura republicana, Mitt Romney, justamente por su capacidad para hablar ese idioma.

Como se sabe, Romney fue misionero mormón durante tres años en París. Ahora eso le debe estar pesando. Basándose en esa habilidad lingüística, Gingrich deduce que se trata de un liberal, calificación que en los predios republicanos desautoriza a cualquier aspirante a llegar a Washington.

La verdad es que no tan sólo las habilidades para hablar un idioma resultan negativas entre los políticos de la extrema derecha norteamericana. Ser culto es de muchas maneras sospechoso. Los republicanos no lo son, y les encanta presumir de sus carencias.

El mismo Romney denuncia la seguridad social y los planes universales de salud del presidente Obama como perversas ideas socialistas que provienen de Europa. Romney, quien lleva la mayoría en las encuestas, arremete contra Europa, y se permite establecer un enfrentamiento entre ese continente y los Estados Unidos.

“El presidente se inspira en las capitales europeas. Nosotros, en las ciudades y pequeños pueblos de (norte) América. Queremos una sola nación. Una nación bajo Dios.”

Romney presume de su fervor religioso y de su elevada moral, y sus partidarios hablan con desprecio de Newton Gingrich  quien se ha casado varias veces. Por su parte, aquel dice de su contendor que es un”pious baloney”, algo así como un beato baboso.

De su lado, el ya defenestrado Herman Cain dio un mordisco en una croqueta de pescado y, luego de hacer gestos de aprobación, preguntó a los periodistas: “ ¿cómo se dice delicioso en cubano?”

No lo dijo por hacerse el gracioso ni por caer bien a los votantes cubanos. Como aclararía más tarde, Cain supone que cada uno de los países latinoamericanos habla un idioma diferente.

Por otro lado, el ex presidente que estos políticos quieren emular y acaso superar, es George W. Bush quien ha legado a la historia frases de una ignorancia lingüística tan encantadora como:

“El problema de los franceses es que no tienen una palabra para entrepreneur…”

Existe un eufemismo que se emplea todo el tiempo para disimular estos arranques. Cada vez que los suelta un candidato, se dice que aquél es “muy auténtico.” Auténtico, en este caso, significa ignorante.

Lo que pasa es que el mercado objetivo de esta tendencia política son los blancos pobres. Aquéllos se sienten ofendidos por el éxito de las minorías negras o latinas que pasaron por la universidad.

Para blasonar de su ignorancia, Rick Perry, otro de los contendores importantes, se da el lujo de rechazar a la ciencia, y dice que la evolución es una “simple teoría” que tiene “una o varias lagunas”. Un porcentaje muy alto de los votantes del país jamás ha oído hablar de Darwin. El 70 por ciento de ellos asume al pie de la letra la existencia de Adán y Eva, de la manzana y el paraíso terrenal, algo que en otros países y confesiones cristianas asumimos como una amable metáfora de la Biblia.

Sobre el cambio climático, el mismo precandidato-actual gobernador de Texas-manifestó sus “científicas” dudas de que el calentamiento del planeta esté siendo provocado por el hombre y denunció que: “creo que hay un número significativo de científicos que han manipulado los datos para que el dinero llegue a montones a sus proyectos.”

Paul Krugman, Premio Nobel 2008, dice que esas observaciones son infames, y le aterra que quizás el próximo año la nación más grande del mundo se encuentre gobernada por un partido que es agresivamente contrario a la ciencia, y de hecho, contrario al conocimiento.

Con sus guerras infernales, George W. Bush nos ha acercado al Apocalipsis más que ningún otro hombre desde Hitler. Hay que pensar lo que podría ocurrir si el sucesor de Obama es uno de estos “pious baloneys”.

El terrorista invisible

Alberto Fujimori - Foto Karen L. Sanders

Alberto Fujimori - Foto Karen L. Sanders

“Si le das de comer a un pobre te llaman “santo”, pero si preguntas en voz alta por las causas de su pobreza y trabajas para que éstas desaparezcan, entonces te pueden llamar comunista”.- dijo Monseñor Oscar Romero, arzobispo mártir del Salvador.

Comunista, ateo, subversivo y terrorista son calificativos que se alternan en la prensa peruana cuando anda metida en “campañas sociales” como la defensa de una gran empresa minera, por ejemplo.

En pocas semanas, se ha colgado el sambenito de terroristas o el de sospechosos de serlo a centenares de peruanos.

Terroristas se ha llamado a los defensores del ambiente y a todos aquellos que se atrevieron a demandar una información clara sobre la posibilidad de que la explotación minera envenene el agua, los cultivos, el ganado y a los propios seres humanos de una de las regiones más grandes del país. Por supuesto, los periódicos aprovecharon de la oportunidad para perseguir a las organizaciones de derechos humanos y calificar a sus miembros de terroristas o de traidores a la patria.

Terroristas fue el calificativo con que las portadas de los tabloides tacharon la fotografía de Lori Berenson y de su bebé. En pleno diciembre, nuestros “cristianos” rotativos no vacilaron en negar la Navidad a la madre del pequeño supuestamente terroristas.

Terroristas también fueron llamados los jueces que autorizaron, de acuerdo con la ley vigente, el viaje de esa señora. Asumiendo una facultad que no le correspondía, el ministro de justicia atacó a los magistrados, y poco después se inició una acción investigadora contra ellos.

Y sin embargo, esos mismos periódicos y muchos políticos que posan como demócratas reclamaron a grito pelado el indulto de Alberto Fujimori quien durante 10 años capitaneó un régimen de terrorismo estatal construido a base de genocidios, manipulación electoral, corrupción a tiempo completo y cementerios clandestinos por uno y otro lado del Perú. ¿Es Fujimori acaso un terrorista invisible?

En junio del 2011, el pueblo peruano votó por una alternativa decente contra el terrorismo de estado que venía empaquetado en la candidatura Fujimori. Estamos seguros de que, luego de encarar otras prioridades, el gobierno democrático enjuiciará a la vasta red de gallinazos que, aprovechando del poder, torturaron  a culpables e inocentes, los descuartizaron, violaron a sus mujeres, se entregaron a la rapiña, quemaron pueblos enteros y se pusieron a las órdenes de los narcotraficantes. Pero ya va siendo la hora.

La justificación de la impunidad- que se usó en el Perú de otros gobiernos como antes en la Argentina de Menem- es el argumento cobarde de que encausar a los criminales de uniforme provocaría un golpe militar.  O sea, hay que suspender la ley y el Estado de Derecho para poder defenderlos.

Eso, además de absurdo,  no es cierto.  En Argentina y Chile, decenas de generales, incluidos jefes de Estado (algunos diez años mayores que Fujimori), penan largas condenas, y  a pesar de ello, ninguna alteración del orden constitucional se ha producido.

Además, los ladrones y criminales sólo fueron una minoría. El resto de los oficiales de esa época no lo fueron, y por eso, pueden ahora dormir sin pesadillas y vivir con pobreza pero con inmaculada decencia. En urbanizaciones modestas y con pensiones cada vez más ajustadas, son ellos los verdaderos sucesores de Grau y Bolognesi.

El Estado de Derecho para una sociedad tiene el mismo papel que la respiración para los seres humanos. No se le puede suspender por una hora como no se puede dejar
de respirar por ese lapso. Cuando eso ocurre, el Derecho y muchos transgresores se vuelven invisibles. Así ocurre en los dos diálogos que siguen:

1) –Doctor. Un hombre invisible está en la sala de espera.
-Dile que lo siento, pero que no lo voy a poder ver.

2) -Señor Invisible. Dice el doctor que no lo va a poder ver.
-No es problema. Me sentirá cuando le esté apretando la garganta.