USA: Llegó volando un ilegal

-¿Es un pájaro?

-¡Es un avión!

-No, hombre. Es un mojado. Un ilegal.

Luego de este diálogo inicial, el coro de “Los Tigres del Norte” canta:

Llegó del cielo, y no es un avión.
Venía en su nave, desde Criptón,
y por lo visto, no es un “americano”
sino otro igual como yo, indocumentado.
Así es que, Migra, él no debe de trabajar
porque aunque duela, Supermán es ilegal.

Supermán es ilegal.

Supermán es ilegal.

Hace un par de semanas, el presidente Barack Obama anunció la suspensión inmediata de las deportaciones de hijos de indocumentados que tengan menos de 30 años, que hayan llegado antes de los 16 y no tengan un historial criminal.

La medida, que favorecerá a uno o quizás dos millones de jóvenes en su mayoría hispanos, se ampara en el hecho de que los mismos son, como lo dijo el mandatario, jóvenes “esforzados, talentosos y patrióticos”

Obviamente, el virtual candidato de los republicanos, Mitt Romney, ha deplorado que el presidente usara una Orden Ejecutiva para sobrepasar el permanente boicot –escondidamente racista- del Congreso.

La verdad es que en uno y otro lado de los Estados Unidos, los sectores derechistas se han radicalizado y, además de querer empujar este país hacia doscientos años atrás, están deseosos de convertir la vida de los inmigrantes “hispanos” en un infierno.

En Arizona, a partir de la nueva ley de inmigración, resulta sospechoso cuando no prohibido hablar castellano, expresarse con acento extranjero, tratar con inmigrantes e incluso tener rostro de indocumentado aunque la gobernadora del estado, Jan Brewer no ha podido decir a los periodistas cómo es exactamente esa imagen.

Tan radical y expeditiva es la ley que el propio gobernador de California se ha asustado. El fornido actor de Terminator, Arnold Schwarzenegger, un austriaco nacionalizado estadounidense, ha declarado que no volverá a viajar a Arizona porque –debido a su fuerte acento- podrían apresarlo.

De otro lado, todos los precandidatos republicanos no perdieron ocasión para asegurar que el mejor trato para los hispanos es ponerlos en la frontera con México. Como se recuerda, la mayoría de ellos dijo tener poderes para hablar con Dios quien, según ellos, les había ordenado participar en la contienda.

Ya en nuestros tiempos la campaña no es tan sólo contra los que entran ilegalmente, sino contra todos los latinoamericanos quienes, según sus detractores, son una amenaza para la cultura y la identidad “americanas”. Eso se advierte en las palabras del republicano de Arizona, J.D. Hayworth, quien reclama una “moratoria en la inmigración legal procedente de México.”

De su parte, el representante de Colorado también republicano Tom Tancredo califica a Florida como un país del Tercer Mundo, lo cual evidencia que la campaña antiinmigrante es decididamente racista. Tancredo, nieto de inmigrantes latinos, pasa por alto el hecho de que los cubanos de Florida son legales y que ese estado es uno de los más prósperos y desarrollados del país.

En esas circunstancias, los inmigrantes (debo decir, los nuevos, porque éste es un país de inmigrantes) cuentan con el soporte de la gente civilizada y progresista que se ha expresado en multitudinarias manifestaciones en casi todas las ciudades del país. Pero tienen de su lado algo más, y es el humor, la chispa, la gracia y el genio de “latinos” como los “Tigres del Norte” y otros grupos como los “Hermanos Ortiz” según los cuales Supermán es tan ilegal como cualquier otro indocumentado porque entró por el cielo, no tiene pasaporte, ni visa, y ni siquiera licencia para volar.

Cuentan, además, con la inocencia y la valentía de la niña peruana que –cuando la esposa del presidente hablaba en su escuela de una inmigración legal y ordenada- la interrumpió para decirle:- ¡Pero mi mamá no tiene papeles, señora Obama…!

Dejemos que Supermán siga volando:

No tiene mica ni permiso pa’ volar.
Y les apuesto que ni seguro social.
Hay que echar a Superman de esta región
y si se puede, regresarlo pa’ Criptón.

En el cumpleaños de mi padre

Ayer fue el cumpleaños de mi padre y hoy es justamente el Día del Padre. Quiero leer unas páginas de mi libro “Maestro Mateo” que escribí como si conversara con mi padre:

El mar - Perú

El mar – Perú

Seguro dieron las siete de la mañana, pero el reloj municipal estaba lejos, y no era posible oír las campanadas. Creo que las escuché dentro de mi corazón.

Mateo me había conducido volando hasta las orillas de un mar tranquilo. El sol reverberaba sobre las olas cuando descendimos. Era la playa de mi pueblo, y de súbito me sentí muy atrás en mi vida y me descubrí caminando sobre una arena blanca con destellos metálicos al lado de mi padre.

Aquél extrajo de la relojera un enorme Omega de oro, y  confirmó la hora que yo calculaba:

-Las siete- proclamó. – Eso significa que ya hemos caminado más de una hora.

Habíamos llegado al extremo sur de la bahía. Frente se alzaba un faro centenario. Cuando estaba  frente a mi padre, hablaba yo de prisa, hablaba sin verlo ni oírlo, casi sin hablar. Pensaba que él era un hombre muy sabio, y que mis palabras no eran demasiado necesarias.

-Perdona, hijo, ¿Qué es lo que me preguntabas?

Se lo repetí.

-¿Me preguntas si es cierto que el barco del pirata Drake aparece cada Viernes Santo?… ¿Por qué no, hijo? Es cierto y no es cierto.  Todo lo que la gente cree es cierto.

-¿Aunque sea falso?

-Aunque lo sea. Lo razonable es que una nave hundida hace varios siglos no puede navegar otra vez, aunque sea Viernes Santo. Pero, ¿por qué tiene que ser cierto sólo lo razonable?

El perro ahora corría junto a nosotros. Se metía entre mis pies y los de mi padre. No entiendo por qué ninguno de los dos se dio un porrazo. Estábamos tan centrados en la conversación que habríamos atravesado un muro si hubiera estado en nuestro camino.

-Además, si ese barco alguna vez existió y su tripulación luchó en vano contra una tempestad temible, entonces se ha quedado grabado en ese tiempo. Y hasta ahora, todo lo que sabemos del tiempo es que no es absoluto.

Le escuché pero no le entendí.

-Nosotros, Martín, estamos hablando esta mañana frente al mar. De acuerdo con las posibilidades, por tu edad, tú vivirás más que yo. Ahora bien, todas las veces que recuerdes esta conversación ambos volveremos a existir tal y cual nos estamos viendo y escuchando hoy.

Mateo había perdido toda esperanza de fastidiar a mi padre o de cazar al menos una gaviota. Dio decenas de vueltas y saltos pero no cogió ninguna. De todas formas, cuando se ha perdido toda esperanza, queda la posibilidad de molestar. El perro negro corrió veloz contra las olas, se sumergió y se alzó varias veces como un monstruo marino, pero las avecillas no regresaban.

Mi padre no lo vio. Caminaba mirando la arena, y se perdió un espectáculo. Las aves marinas habían ascendido a los cielos y formaban allí escuadras fantásticas. Iban de oriente a occidente, y de allí otra vez hacia el oriente. Volaban en formaciones triangulares que luego se convertían en estrellas de seis puntas cuando dos triángulos opuestos se juntaban. Pasaban a vuelo rasante sobre las olas y otra vez remontaban hacia un cielo muy alto.

Mi padre se quedó en el mutismo por un largo rato.

-¡Qué raro!- dijo al final. Parece que hubiera estado muerto. En la muerte aprendí que cada uno de nosotros ve lo que quiere ver…

No insistí con la pregunta.

-Me gustaría viajar por los siete mares y los cinco continentes.- dije mirando las olas.

Frente a nosotros pasaron unos mariscadores. Comentaban a gritos que habían atrapado pulpos y cangrejos enormes. Mateo había descendido ya y corría dando saltos delante de nosotros.

– Cuando sea grande, lo voy a hacer. Voy a recorrer el mundo, papá.

-Has dicho que te gustaría hacerlo y que lo vas a hacer. Entonces, ya lo estás haciendo.

Me explicó luego que todo sueño obstinado termina por hacerse real.

-La vida tiene que ser una pasión. La pasión es el anticipo de la vida que te espera.

Añadió:

-¿Y se  puede saber a dónde quieres viajar?

-En primer lugar, me iré a un país donde llueva y donde la gente pueda usar paraguas. Aquí ni siquiera los venden.

-¿Te interesan tanto los paraguas?

-Claro que sí. En las películas, la gente interesante suele usarlos.

-Y además de países lluviosos, ¿a qué otros irás?

Se lo dije.

– Bueno, entonces ya estás allí, y en todos los lugares que esperes ver. Cuando llegues y explores esos países, te convencerás de que todo estaba dentro de ti mismo.

Volvimos luego al lugar donde habíamos estado detenidos. Allí nos esperaba la canasta que le había servido a mi padre para comprar una lisa y un lenguado a un pescador del camino. Pretendía decirle luego a mi madre que ésa había sido nuestra pesca de la mañana.

Yo iba recitando los nombres de las ciudades y las islas que iba a conocer.

Mi padre no lo veía. Nunca llegó a verlo, aunque yo se lo mostraba con el dedo, pero estalló en una carcajada interminable. Me abrazaba y reía, reía sin parar.

Me dio dolor pensar que algún día esa risa se evaporaría y que mi padre se haría aire. Aire sería incluso el lugar que ocupaba su cuerpo en el planeta. Se me ocurrió que el planeta no podía seguir existiendo sin mis padres. Sin él, no habría risas ni consejos. Sin ella no habría aire suficiente para vivir aquí.

Hablé otra vez de prisa con mi padre. Hablé sin verlo ni oírlo, casi sin hablar. Se me ocurría que estaba soñando con él, y que en cualquier momento pasaría a otro sueño. Quizás le hablé de la muerte que ya había visto en los ojos azules, transparentes de Mateo e incluso en los suyos.

Mi padre se dio cuenta de que yo me iba a ir, y no quiso que nos separáramos sin darme un consejo.

-Te repito lo que pienso sobre la muerte. ¡La muerte. Ah, la muerte! Nos espera en todas partes, pero si somos cuidadosos, seremos nosotros quienes la esperemos.

Noté que mi padre estaba en uno y otro lado como si ya se fuera a borrar. Le pedí que se quedara un rato más conmigo. Quería darle un triple abrazo como él me había enseñado a hacerlo.

-No temas. Ya te dije que todo esto va a repetirse todas las veces que me recuerdes.

Me lo dijo sentado sobre una roca en el oriente. En vez de mirarme, observaba el horizonte donde el sol se hundía.

Después, mi padre se fue desvaneciendo.

Se me había acercado Mateo y me hacía señas para emprender otro vuelo. Entonces, lo que quedaba de la sombra de mi padre se convirtió en palabras:

-La vida es como un cuento narrado por un perro loco. Un cuento lleno de ladridos. Hay algo que nos quiere decir, y es la pura verdad, pero hay que sacarla de entre los ladridos.

Mis manos se levantaron como las de los sonámbulos, y seguí a Mateo en el vuelo. Nos dirigíamos hacia alguna estrella. Detrás de nosotros, en medio de una noche muy profunda, se quedaba parpadeando el lucero generoso de mi padre.

El burro escritor

Eduardo González Viaña - Foto Paulina Hermosillo

Eduardo González Viaña – Foto Paulina Hermosillo

Cuando vino a inscribirse en mi clase, Rosi Tamauluna llevaba sobre la cabeza y los hombros un largo velo multicolor. Me explicó que solía usarlo por respeto frente a su padre, y que, ahora, por la misma razón, lo hacía frente a su profesor.

Rosi es una nativa mixteca. Los Tamauluna llegaron a Oregon desde su pueblo nativo en el sur de México hace algunos años. Don Salomón, el padre, prefiere su idioma original, habla poco castellano y menos inglés, trabaja en la construcción y, por las tardes, extrae de la guitarra misteriosas melodías.

Los mixtecos son uno de los pueblos más antiguos de América, y sus ancestros inventaron la escritura de los famosos Códices precolombinos. Ah… lo olvidaba… Don Salomón es un inmigrante indocumentado.

Hace un tiempo, un periodista exagerado entró de repente con su fotógrafo en una de mis clases y les anunció a mis alumnos la noticia del momento. Mi libro “El corrido de Dante” , según les contó, acababa de ganar el premio internacional de novela de los Estados Unidos. Lo había leído en inglés como “Dante’s Ballad”, aunque ya estaba publicado en castellano y también en italiano como “La Ballata di Dante”.

El hombre de prensa añadió que Virgilio, el burro que acompaña al personaje de mi historia se iba a hacer internacional. Por eso me entrevistaba y también quería hablar con mis alumnos. Aunque pequeña de estatura, Rosi Tamauluna suele sentarse en la última fila del salón. Desde allí levantó la mano para declarar que ella me traduciría a la lengua mixteca.

-¿Y qué nombre va a llevar el libro?

-Se va a llamar BELO NU SHAUNA ING.

En vista de que la palabra Dante no se hallaba en esa frase, quise preguntarle qué significaba, pero prefirió no decírmelo.

En los meses que han pasado desde entonces, mucha agua ha corrido bajo los puentes. Ramón Tamauluna, su hermano, se alistó en la Guardia Nacional y debe llegar a Afganistán uno de estos días. Es la única forma que ha encontrado para no ser perseguido por ilegal y para que la Guardia le pague, en el futuro, sus estudios universitarios.

Rosi se casó en noviembre con Scott, quien es hijo de mexicano y de norteamericana. Lamentablemente, el padre del novio no puso asistir a la boda porque la semana anterior los agentes de Inmigración lo ubicaron en la empresa donde trabajaba, lo capturaron por ilegal y lo deportaron a México luego de 30 años de haber vivido en los Estados Unidos.

Por su parte, don Salomón Tamauluna perderá su trabajo en julio. Ese mes expira su licencia de conducir y, por lo tanto, no podrá dirigirse a su centro de labor, perderá el seguro del carro, quedará en una condición de trabajador semiesclavo y podrá ser capturado por la policía si lo encuentran conduciendo. Como se sabe, Ted Kulongoski, el pasado gobernador “demócrata” de Oregon, fue quien ordenó ese despojo inhumano de la tarjeta de conducir (que también es cédula de identidad)  contra los inmigrantes ilegales.

Y, para colmo, dos primos de Rosi, Alejandro y Guadalupe Tamauluna, fueron detenidos en la frontera cuando intentaban entrar en este país. Sus captores eran “Patriotas”, un grupo de voluntarios racistas cuyos métodos no son precisamente blandos.

De todas formas, no todo tiene que ser triste. La pequeña Rosi ya tiene papeles legales gracias a su esposo que es ciudadano. En los últimos días de clase ambos me visitaron en mi oficina para contarme algunos planes futuros. Los dos quieren ser abogados de inmigración para proteger a los suyos, y yo estoy ayudándolos. Se me ocurrió que tal vez Rosi aceptaría en esta ocasión decirme qué significaba en lengua mixteca la frase BELO NU SHAUNA ING.

Se echó a reír.

-No tiene nada que ver con el título sino con usted.-replicó. Y añadió que -BELO NU SHAUNA ING quiere decir… quiere decir: El viejo burro que cuenta historias.

Ese soy yo, un viejo burro que se cansó ya de narrar historias tristes, y que ahora sólo contará las más bravas historias o sea las de quienes se rebelan.

Como la  propia Rosi. Ella logró estudiar y llegar a la universidad a pesar de no tener papeles. El cambio comienza con ella y con los miles de jóvenes que están haciendo lo mismo. Como decía el activista César Chávez, no se puede deseducar a los que han aprendido a leer. NO se puede humillar a quien aprendió a sentir orgullo. El cambio social es irreversible.

Eso lo sabe incluso un viejo burro que suele contar historias.

USA: El castellano de flor en flor

Tú sabes en qué se parece un ascensor a una mariposa?

– En que el ascensor también va de ‘floor’ en ‘floor’.

No me acuerdo dónde escuché este diálogo, y a lo mejor, yo mismo, soy uno de los interlocutores. Es una broma, por cierto, pero también es algo más que eso. Es, además, el testimonio lingüístico del avance incontenible en Estados Unidos de un idioma que hasta hace pocos años era invisible, tímido e inaceptable en la vida social.

‘Flor’ y ‘floor’ (piso) sirven en este caso para hacer un juego de palabras, pero traen a la memoria la existencia de un híbrido llamado spanglish, que ha puesto los pelos de punta a más de un purista del castellano o del inglés. Es más, algunos candidatos a puestos de trabajo lo declaran como uno de los idiomas de su dominio y algunos profesores políticamente correctos los toman en serio y aprueban con una ceja arqueada de asombro y admiración.

No, el spanglish no es un idioma, sino una mezcla heterogénea de sintagmas y voces procedentes de una y otra lengua, sin pretensión de gramática y cuyas expresiones son múltiples y diferentes de acuerdo con cada una de las comunidades norteamericanas, y no hay posibilidad alguna de que adquiera la transparencia de una lengua ni su condición de comunicadora universal.

En mil años, el castellano ha sobrepasado airoso las invasiones germánicas, la conquista árabe y su propio dominio sobre el Nuevo Mundo sin que las estructuras gramaticales se hayan alterado mayormente. Una de las razones por las que amo este idioma mágico es su burlona estrategia para resistir los cambios de la historia.

Soy uno de los cuarenta millones que lo hablan o lo sienten en Estados Unidos, y si tengo en cuenta que cuando llegué a este país, éramos diez millones menos, prefiero no hacer pronósticos en torno del futuro de la lengua de Shakespeare en este país.

Una alumna me preguntó ayer si en América Latina hablamos mejor o peor que en España, y yo recordé a Borges, quien decía que: “No he observado que los españoles hablaran mejor que nosotros. Hablan en voz más alta, eso sí”.

Y nosotros estamos ahora haciendo lo mismo. Los hispanoparlantes hablamos cada día en voz más alta en Estados Unidos. Nuestra presencia física como nuestras realizaciones en todos los terrenos le han quitado al idioma su anterior condición de invisible, y los padres hispanos ya no temen que sus hijos lo hablen, ni que sean discriminados por esa causa.

Sin embargo, en la otra orilla hay quienes se asustan. El doctor Samuel Huntington, por ejemplo, se ha construido una fama mundial como agorero y nigromante a fuerza de quitar el sueño de muchos norteamericanos con miles de páginas que repiten el estribillo de que los inmigrantes vamos a dividir al país. Olvida que hemos fundado buena parte de él.

San Diego, Los Ángeles, Santa Rosa, Paso Robles, Santa Bárbara, Santa Clara, Santa Clarita, Salinas, Modesto, Merced, Ventura, Escondido, Santa Mónica, San Bernardino, San José, Palo Alto, San Francisco, Sacramento y la propia Florida, con sus rotundos nombres hispánicos, son prueba de que probablemente Huntington fue reprobado de niño en la clase de historia, o quizás ni siquiera la tomó, lo cual es posible dentro del sistema educativo actual de Estados Unidos.

Los fundadores, por lo demás, todavía no sabían roncar con marcialidad en las noches porque el llamado ‘sueño americano’ no fue una invención de ellos, sino una promesa de diversidad, tolerancia y libertad surgida de la convivencia entre la gente de todo el mundo que ha llegado en estos siglos y sigue llegando a esta nación de inmigrantes.

Y por todo esto, el español se expande aquí, tímido, mágico y bello como una mariposa que va de flor en flor y de floor en floor.