España desde la otra orilla

Escudo de armas de José I, rey de España - Ilustración SanchoPanzaXXI

Escudo de armas de José I, rey de España – Ilustración SanchoPanzaXXI

Quizás la única crisis que se parece a la que ahora sufre España es la de 1808. El año anterior, el tratado de Fontainbleau había consentido en la humillante ocupación del país.

En 1808, tras un par de abdicaciones, Fernando VII y Carlos IV cedieron la corona de España al hermano de Napoleón, S.M. Pepe Botellas. Entonces, se vinieron abajo en un instante la autonomía y el orgullo de un país que había sido dueño del mundo.

Los indicadores de hoy señalan que el empleo se ha derrumbado. Nada más en el último trimestre del 2012 se perdieron 850,000 puestos de trabajo y el número de personas que no los tiene llegan ya a los 6 millones. Por otra parte, algunos periódicos- que más parecen obituarios del país- señalan todos los días que la recuperación es imposible.

No pretendo hacer una interpretación más. Quiero contar lo que vi en la península el mes pasado. Tal vez lo mío es solamente la visión de quienes amamos a España desde la otra orilla.

Dos horas después de haber llegado al aeropuerto de Asturias, estuve caminando por el centro de Oviedo. ¿Había cambiado algo?… La capital el principado ha mostrado siempre en sus calles a personas que parecen salidas de un magazine de modas. Unos y otras (¡más las otras!) se cuentan entre la gente más elegante que yo he visto. Sin embargo, pese a la crisis, todos mantenían una distinción sobria e impecable.

Tal fue mi sorpresa que al día siguiente cuando me entrevistaba un redactor de “La Nueva España”, una de las cadenas periodísticas más poderosas de Europa, fui yo quien hizo la primera pregunta: “¿Y dónde está la crisis?”

Días más tarde, en Barcelona, antes de que yo comenzara a disertar en la facultad de derecho de la Universidad internacional de Cataluña, me abordó un caballero anciano de extraordinario parecido con mi abuelo.

Su apellido era Viaña, como yo. Venía desde Santander para saludarme. Era padre de un joven genealogista quien había descubierto que nuestros antepasados eran comunes, provenían de Navarra y había llegado al Perú hacía 275 años. En el 2011, el muchacho viajó a mi país, fue acogido por mis familiares y por fin se casó con una prima de ultramar y ahora vive en Nueva York. Su padre quería agradecerme por haber conservado las costumbres y el amor de la familia desde hace tanto tiempo.

Por fin, abandoné Barcelona y viajé en tren a París.  Ya en territorio francés, caminé hacia el vagón restaurante para pedir alguna bebida y leer un rato. Tenía delante a un español que solicitaba a la cajera una cerveza, pero, por favor, la más barata. La francesa fingía no entender.

Cuando llegué hasta la caja, le hablé en francés a la mujer y le pedí discretamente que le entregara al señor una buena cerveza y que fingiera que era un obsequio del tren. Por supuesto, se la pagué yo junto con la que también pedí para mí.

Un rato después, el español interrumpió mi lectura para decirme: “Muchas gracias, pero no me la he creído. Quiero invitarte esto…”

Partió el bocadillo de patatas que llevaba y me dio una de las mitades… El hombre iba a Toulousse donde una tía monja le había conseguido un trabajo como jardinero del convento. Toda su propiedad en el universo era ese bocadillo. Nadie me ha obsequiado, como este español, la mitad de su fortuna. Y la mayoría de los que conozco se le parecen.

Los diarios agoreros pueden seguir anunciando la defunción de España. No les creo. Tras la crisis de 1808, un pueblo armado de piedras y palos respondió al amo del mundo, Bonaparte, y por fin lo derrotó. Es la misma gente que he visto ahora, tan elegante, tan generosa y con tanta fe y coraje como sus ancestros.

Congreso versus Voto Preferencial

En 1950, el general Manuel A. Odría se presentó como candidato a la presidencia del Perú.

A fin de enfrentar a su gobierno surgido de un golpe militar, la oposición presentó la candidatura del general Ernesto Montaigne. De manera inmediata, Odría hizo apresar y desterrar al otro postulante, y de esa manera llegó a las justas electorales como candidato único.

¿Quién ganó las elecciones?

¡Sorpresa! Ganó el general Odría.

Parece una historia de García Márquez referida a un pasado ignoto, pero la verdad es que algo muy similar va a repetirse en el Perú del 2013. El Congreso del país va a aprobar en esos días una ley que permitirá a los actuales representantes- y a quienes tengan dinero para comprar una curul- ser elegidos sin pasar por el albur de que la ciudadanía les niegue lo que pretenden.

Prácticamente, ya la mayoría está de acuerdo en eliminar el voto preferencial.

Esta modalidad de sufragio-que está a punto de ser abolida-le permite al elector decidir a quien escoge para ser elegido dentro de todos aquellos que le presenta su partido. Vale decir que, aunque le presenten las balotas con un orden determinado por la cúpula, el votante común y corriente decide quién debe ser electo.

Seamos claros, y demos un ejemplo: el Congreso del Perú está integrado por 130 miembros. Si el partido A obtiene el 10% de los votos, le corresponden 13 representantes. ¿Quiénes son ellos?

Sin el voto preferencial, son los 13 primeros candidatos de la lista.

Con el voto preferencial, los ciudadanos que recibieron más votos individuales son electos. De esa manera, no son necesariamente ganadores aquellos cuyos nombres van del uno al 13, sino cualquiera que haya recibido mayores preferencias. Puede ser elegido el candidato 90 o el 130, por ejemplo.

Con la abolición del voto preferencial, no habrá sorpresas. Antes de los comicios, se sabrá quiénes van a ser los representantes elegidos.

Y no solamente eso. El negocio de las cúpulas partidarias será redondo. Porque, ¿quién decide a quienes se va a poner en los primeros puestos de la lista, o sea a los que van a ser necesariamente electos?

El líder o la cúpula del partido, desde Lima, por supuesto.

¿Cuanto debe pagarse para estar entre los elegidos?… Eso lo decide el líder del partido.

Pero un partido debe presentar 130 candidatos. ¿A quiénes se coloca en los 127 puestos restantes?… A quienes estén sedientos de figuración o los compañeritos disciplinados.

En esto no hay discusión. Los congresistas están mostrando una casi total unanimidad, igual a la que exhibieron hace un mes para aumentarse los sueldos.

Una multipartidaria comisión de constitución ya ha determinado que “Cada partido o alianza política presentará a sus candidatos en un orden de preferencia que no puede ser modificado por el elector. El elector sólo podrá emitir su voto por dicha lista, evitando agregar un candidato o mezclar su preferencia con candidatos de otras listas.”

¿Puede llamarse democracia a un sistema en el que el pueblo recibe las cartas marcadas?… No tendremos tiempo de responder a esta pregunta porque el Congreso aprobará esta ley entre gallos y medianoche… como es su costumbre.

Resiste, compañero Víctor

En el segundo piso del Instituto Nacional de Cultura de Lima, Víctor Jara y yo estábamos conversando. En esos días, el famoso cantante chileno terminaba una gira por el Perú. Estábamos en septiembre de 1973. Faltaba una semana para que Víctor fuera asesinado.

Dicen que cuando uno va a morir repite sus pisadas. Tal vez eso le ocurría. Por más de dos horas, me habló de su infancia en Lonquén y de su madre quien le inspiró la canción más conocida de su repertorio, “Te recuerdo, Amanda”. Recordó también la época en que estudiaba en el seminario redentorista y pensaba en a ser sacerdote.

Dos personas deseaban hablarle. Me hice a un lado para no ser indiscreto, pero me di cuenta por los gestos que Víctor estaba declinando una invitación. Lo último que dijo en voz alta fue “Gracias, muchísimas gracias, pero no. “

En ese momento, me animé a invitarlo a ir a Trujillo. “En la universidad, todos querrán oírte. Puedes quedarte en una casa que tengo. Quédate, hermano, todo el tiempo que quieras.”

Víctor sonrió con tristeza: “Dices lo mismo que esos amigos”.- señaló a las personas con quienes acababa de hablar. “Quieren llevarme a Quito y hacerme recorrer Ecuador. Y tú quieres que me quede vivir en Trujillo…”:

“No, Eduardo. Lo que ustedes tratan de hacer es evitar que yo regrese a Chile.”

En efecto, había mucho de eso en nuestras invitaciones. Los periódicos señalaban que un golpe militar era inevitable allí. Los ricos y los poderosos no podían tolerar las reformas sociales iniciadas por el presidente Salvador Allende. Las empresas trasnacionales conspiraban. En cualquier momento iban a comprarse un sargento para que hiciera la tarea sucia.

“Tengo un deber con mi patria. Aprendí a amar la justicia social en los días en que era seminarista y me di cuenta que esa era la verdadera prédica de Cristo. Por eso entré a la Juventud Comunista. Si ocurre algo, debo estar en mi puesto de lucha.”… Arturo Corcuera y yo lo acompañamos al aeropuerto.

El resto es conocido. El 11 septiembre, apenas tuvo noticias de lo que estaba ocurriendo, Víctor Jara se dirigió a la Universidad Técnica donde laboraba. La consigna era resistir en los puestos de trabajo. Se suponía que eso iba a detener a los golpistas… pero un batallón se metió en el edificio a sangre y fuego. Se llevaron a todos los que quedaban vivos. Los condujeron al estadio de Santiago.

A Víctor, en cuanto lo reconocieron, le dieron … un trato especial. Al cantor de los chilenos y de todos los jóvenes latinoamericanos le colocaron las manos sobre una plataforma de acero y se las trituraron. Luego de muchas otras torturas, expiró, pero eso no les bastaba a sus verdugos. Le acribillaron el cuerpo con más de 40 balazos

Las noticias señalan que los ocho ejecutores del crimen han sido identificados. El oficial que lo dirigía no cesa de hacer justificaciones lloriqueantes desde Florida donde reside.

No importan ni los nombres ni el rostro de los miserables. Deben de tener las mismas uñas sucias y los mismos ojos asustados que los acompañarán hasta el fin de sus días. Más importa responder otras preguntas: ¿Quién dio las órdenes? … ¿Y quién mandaba al oficial? …. ¿Y a su comando? …¿Y al general Pinochet?… Los ricos, los grandes propietarios, las empresas norteamericanas. Ellos aplastaron la democracia chilena y erigieron un reino de terror con miles de presos, torturados y muertos. Ellos, y no los resistentes, son los reales terroristas que espantan y oscurecen la historia de nuestra América.

Mataron al cantor, pero el cantor no se calla. Torturaron al antiguo seminarista, pero Cristo lo había hecho inmortal. Le cortaron las manos, pero su guitarra sigue sonando. 25 años después, la seguimos escuchando. Resiste, compañero Víctor: “Venceremos, venceremos, socialista, será el porvenir.”