Natalia Málaga, presidenta

Natalia Málaga

Natalia Málaga

Si las elecciones fueran este domingo, la voleibolista Natalia Málaga podría convertirse en presidenta del Perú.

No estoy a favor ni en contra de esa señora. Estoy pensando, más bien, en ese sabor de haber sido timados que tienen en la boca la mayor parte de los ciudadanos de este país.

El desencanto actual alcanza a todos los poderes e instituciones del estado. La confianza, la credulidad , la esperanza, la fe y el candor han sido sustituidos con una pandemia de escepticismo, de cinismo y de sospecha . Nadie cree en nada. Todos sospechan que fueron estafados, y no quieren serlo de nuevo.

Ante situaciones como ésta, la gente prefiere temperamentos tajantes aunque sean expresados en palabras tan broncas como los de la referida señora.

Los sondeos de opinión expresan cada vez menos confianza en la presidencia de la República a cuyo titular los encuestados suponen pusilánime o incumplido La gente votará por quien le ofrezca una meta y, de veras, cumpla con sus ofrecimientos y proyecte una imagen atrevida. Y en todo esto, la señora Málaga ya dio el primer mate.

Por sexto mes consecutivo, las encuestas señalan que el congreso peruano es una institución en la que muy pocos tienen fe. Continuamente sus miembros son encontrados en vergonzosas situaciones delictivas.

A cada momento los congresistas son acusados de tránsfugas. Quienes los defienden aseveran que aquéllos no tenían un programa que defender toda vez que sus “partidos” no son partidos políticos sino clubs electorales en los cuales invirtieron ciertas sumas de dinero con el fin de recaudar otras mayores. ¿Cómo se puede acusar de tránsfugas a quienes no tienen ideario, ideas ni mucho menos ideales que traicionar?… ¡Tránsfugas, no! Más bien, negociantes carniceros que se hacían pasar por vegetarianos.

Esto no puede decirse de las chicas de la señora Málaga, todas las cuales están dispuestas a defender los colores de su uniforme.

La desconfianza alcanza a los dos ex presidentes y al dictador encarcelado, y ofrece a cada rato aberrantes revelaciones sobre los mismos.

Lo peor de esta situación radica en el hecho de que el pillaje de los gobernantes termina por ser justificado por el pueblo. “Robó, pero hizo obra. ¿Quién no roba? ¡Usted que fuera!”

La perversidad terrorista de Fujimori también ha sido aceptada de esa misma manera. “Mató, pero eliminó el terrorismo.”

Por último, se ha difundido una imagen de los derechos humanos como irrelevantes invenciones de las ONG. Se olvida que los mismos no han aparecido ayer. Más bien, corresponden a las mejores tradiciones de todos los países y se han inspirado en las lecciones de amor y de compasión de las diferentes religiones. Un país que los ningunea es visto como retrógrado y carca, o como un paria alejado de la ética y la moral que presiden los tratados internacionales.

Y eso será exactamente lo que ocurra a partir de la ley 30151 que consagra la impunidad para los miembros de las fuerzas armadas y de la Policía Nacional cuando matan o hieren en supuesta acción de servicio. En vista de que operará de forma retroactiva, abrirá las puertas de las cárceles a los que ultimaron a los campesinos de Cajamarca y del Cusco. ¿Es ésta una ley Conga o Espinar? ¿O se trata más bien de una feroz promesa de sangre contra quienes defiendan el agua y el ambiente?

¿Aceptara Natalia Málaga ser candidata a la presidencia de Perú? … No lo creo.. Para la deportista, la ley Conga sería como una pelota de acero, y ella no querría enviar a las chicas a dar mates tan irracionales.

La Haya, aceptarla y aplaudirla

Palacio de la Paz - La haya

Palacio de la Paz – La haya

Aunque el fallo del Tribunal de la Haya no fuera el deseado por una u otra parte, ambos gobiernos deberían aceptarlo desde hoy y ejecutarlo apenas sea posible.

Hay una buena razón para eso: ambas partes escogieron y aceptaron la jurisdicción de ese foro desde el momento mismo de presentada la memoria y que contestada ésta por la réplica. Esta ya no es la hora de patear el tablero.
Hay algo más. La existencia de tribunales internacionales y la plena aceptación de sus sentencias es una prueba de que la racionalidad y la paz son posibles entre las naciones civilizadas. Cuando esto no ocurre, el resentimiento y los recuerdos desdichados se apoderan de la cultura popular o son excitados partes interesadas y suelen conducir a la desconfianza recíproca o a la creencia en la solución violenta.
Quizás hay algo peor que las guerras, y son las guerras frías. Ocasionan la locura mediática y, a veces también, la toma del poder por parte de chauvinistas interesados. Las dictaduras se hacen dueñas de la situación para desviar la atención de sus métodos brutales o de su insaciable rapiña. Por su parte, los gobiernos huérfanos de apoyo popular suelen también usarlas para crecer en las encuestas.
El supuesto “interés nacional” acalla cualquier disentimiento contra la política oficial. Aquellos que expresan su duda en la conducción del estado, su protesta contra el crimen o la corrupción o solamente su propuesta de una política diferente pueden ser calificados de enemigos de la patria. Los políticos de todos los sectores tienen que estar continuamente pasando un test de pretendido amor por la peruanidad. Tanto la oposición como la propia democracia que eran puestas en suspenso indefinido.
Ocurre a cada rato. El más próximo recuerdo lo tenemos en los días fujimorianos.
En condiciones de flagrante autocracia, las fuerzas cívicas del país se unieron en torno del doctor Javier Pérez de Cuéllar para acabar con la dictadura a través de las elecciones. Uno de los peruanos más respetados de la escena internacional del siglo XX se enfrentaba en los comicios a un jardinero semianalfabeto…
Sin embargo, ese jardinero no era un “caído del palto”. Sus asesores y su prensa advirtieron de inmediato  la posibilidad de una posible guerra provocada por el Ecuador. Al mismo tiempo, se habló de la necesidad de hacer propaganda de la posición peruana en todo el mundo. Diversos políticos opositores aceptaron el encargo… y el pasaje… Entre ellos viajó al exterior el propio doctor Pérez de Cuéllar. Sin él en el país, la oposición electoral fracasó.
En una reciente visita a mi país, el taxista me sugirió comprar barcos. Me pareció extraño porque no estábamos en época de comprar juguetes. Sin embargo, el buen hombre se refería a barcos de verdad porque había leído que los chilenos estaban próximos a invadir nuestras fronteras.
Según él, no había conflictos sociales en el país. La protesta de los cajamarquinos por la posible contaminación de sus aguas era, de acuerdo con nuestro taxista, pagada por los chilenos.
Sus “libros de texto” eran unos cuantos tabloides, de aquellos que pueden comprarse cualquier día pues lo que los diferencia no son las noticias sino los traseros que publican en primera página.
La sentencia del tribunal de La Haya y su consecuente aceptación por las partes será una prueba de que las guerras no son inevitables. Con ella, se le quitará material a los chauvinistas, soporte a las dictaduras, dólares a los corruptos y recursos a los trasnochados enemigos de la integración regional.
En las guerras, mandamos a nuestros hijos a convertirse en carroña. En la guerra fría, las aves de carroña toman el poder… y hacen las compras.
Por eso, la sentencia, sea cual fuere, debe ser bien recibida por todos.