La muerte de Archie

La muerte de Archie

La muerte de Archie

Archie Gómez ha sido acribillado. El hecho ocurrió a las seis de la tarde del pasado miércoles en Washington.

Las balas no estaban destinadas al súper héroe de los adolescentes. El asesino en realidad disparó contra el senador Kevin Keller quien ha estado luchando todos estos años por el control de las armas de fuego de los Estados Unidos.

En momentos en que el político conversaba con la prensa en las afueras del Capitolio, un sujeto armado hizo fuego contra él. En vista de que no tenía otra forma de protegerlo, Archie se puso frente al político como escudo y recibió los balazos.

El asesino fue detenido de inmediato, y según sus declaraciones a la prensa quería matar al senador por sus ideas pacifistas y por haber sido el primero en declararse gay en ese cuerpo legislativo.

“Archie murió como vivió; siendo un héroe, representando lo mejor de nosotros”, dijo el CEO de Archie Comics, Jon Goldwater, en un comunicado de prensa que fue de inmediato publicado por la CNN.

¿Recuerdan ustedes a Archie?… Aunque llegó a América Latina en los años 60, siempre tuvo el rostro de un adolescente pelirrojo y pecoso, estereotipo de los muchachos gringos. Vivía en la ciudad de Riverdale y estaba enamorado de Verónica del Valle.

¿Lo recuerdan? A pesar de que era torpe para bailar y no sabía jugar el fútbol, gozaba de un éxito increíble entre las chicas. Mi hermana Pocha escondía revistas con el rostro de su ídolo entre sus libros de colegio. Algo me dice que fue su primer amor.

Archie es un personaje ficticio de la historieta norteamericana. Lidera un grupo de adolescentes llamados Betty, Verónica, Torombolo, Carlos y Gorilón. En América latina, la serie se difundió a través de la editorial Novaro de México a partir de 1960. Los creadores del “comic” decidieron dar muerte a su personaje principal el pasado miércoles 16 de julio.

Las circunstancias que vive Estados Unidos y que hace vivir al resto del mundo han sacado a Archie desde su ámbito de héroe de papel para convertirlo en un símbolo valiente de nuestra época.

En primer lugar, aunque pareciera fuera de la historia, la plena libertad para el uso de las armas de fuego es uno de los principios del evangelio republicano. Se amparan, para ello, en trasnochadas fundamentaciones constitucionales y en citas bíblicas sacadas fuera de contexto.

El pacifismo por el que muere Archie contrasta con los sangrientos primeros años del siglo XXI. Osama bin Laden era un bestial genocida, pero no tenía nada que ver con Irak, ni este país era dueño de armas de destrucción masiva. Sin embargo, el presidente Bush inició contra Irak una devastadora, insana e interminable guerra. Aunque ese conflicto terminó, como resultado, el país se debate ahora en otra conflagración de carácter religioso y apocalíptico.

La solidaridad que Archie expresa al morir defendiendo a las víctimas del odio es otro valor que debería regresar al país de los “pilgrims” fundadores. Ni pobres ni perseguidos parece ser la consigna.

De Estados Unidos salieron los eslóganes según los cuales defender al capitalismo era defender a la sociedad occidental y cristiana. En nuestro tiempo, sabemos que por el contrario ese sistema es materialista y diabólico. Según el Papa Francisco, el capitalismo neoliberal ha sido construido como una nueva idolatría del dinero. El supuesto liberalismo de ese sistema y el fin de las regulaciones ocasiona el lucro excesivo de unos pocos y a la destrucción material y moral de los pobres.

El pelirrojo Archie que antaño fuera la imagen de una despreocupada y apolítica juventud norteamericana simboliza la fe de quien da la vida por una causa de paz y de tolerancia.

La prisión y la pesadilla

Una noche de junio de 1950, el general Manuel Odría, dictador del Perú, tuvo una pesadilla. Soñó que el único candidato que le hacía frente en las próximas elecciones presidenciales, el general Ernesto Montagne, lo derrotaba ignominiosamente.

Odría había asumido el mando supremo de la República en 1948 luego de dar un golpe de estado contra el doctor Bustamante y Rivero. Sin embargo, aspiraba a ser un presidente constitucional, y por ello, dos años más tarde, había convocado a elecciones.

Aterrado por el sueño, llamó al general Zenón Noriega, su compadre, a quien había encomendado el ministerio de gobierno. Seguramente discutieron:

-Te dije que lo sacaras del juego… que le encontraras un pariente, un amigo o un vecino aprista, y que lo acusaras de cómplice.

-He hecho algo mejor que eso, Manuel. El jurado nacional de elecciones es nuestro. Ya están preparadas las ánforas, y todos los votos dicen Odría, Odría, Odría…

De todas maneras, a Montagne lo metieron en la cárcel. Una semana después, un día como hoy, como candidato único, el general Odría resultaba electo presidente del Perú.

Lo recuerdo porque este suceso trágico y también risible de hace 64 años se acaba de repetir. El profesor Gregorio Santos, presidente de la región Cajamarca, ha sido condenado a penar 14 meses de prisión preventiva por supuestas irregularidades económicas no probadas en su gestión.

Tres situaciones hacen que la prisión de Santos se parezca a la del general Montagne durante el odriato.

La primera: Santos es el candidato al parecer mayoritario para ocupar otra vez la presidencia de la región. Su encarcelamiento durante 14 meses parece dirigido a desbancarlo.

La segunda: La extraña decisión de la juez no se ajusta a las condiciones prescritas en el artículo  268 y siguientes del Código Procesal Penal para imponer prisión preventiva a un ciudadano. La posibilidad de que Santos se diera a la fuga está completamente descartada por la función pública que ejerce y por su propia candidatura.

El hecho de que durante estos años recientes se le haya iniciado 38 procesos judiciales y que todos hayan sido desestimados uno por uno hace suponer que, en este caso, el criterio de la juez ha sidosubjetivo,  arbitrario y acaso dictado por instancias políticas.

La tercera: Al lado de la mayoría de los cajamarquinos, Santos persiste en oponerse al proyecto minero Conga. Esta lucha es para defender el agua, la vida y la pureza de los aires de las comunidades campesinas que viven en su entorno. De seguir en sus planes, la corporación minera Newmont-Yanacocha puede afectar gravemente el equilibrio ecológico de esta zona habitada por miles de familias que dependen directamente del agua.

Poner a Santos en el penal de Piedras Gordas acompaña sospechosamente al anuncio de que las empresas mineras van a continuar sus trabajos como si se tratara de una forma de acallar a los opositores. Va junto también a un puñado de medidas económicas anunciadas por el gobierno para supuestamente estimular la inversión, y parece ser una de ellas.

Casi al mismo tiempo, se revela una contradicción en el gobierno. El nuevo ministro de Interior, Daniel Urresti, afronta una acusación grave. Se le acusa de haber participado en la muerte de un periodista a quien después de abalearlo lo dinamitaron. Aunque su caso judicial está mucho más avanzado, el presidente lo nombró hace muy poco.

El presidente alega en favor de Urresti la presunción de inocencia. ¿No tendría más sentido reconocérsela a Gregorio Santos cuyo proceso ni siquiera se ha iniciado?

Más que un régimen político, la democracia es un estilo de vida con fines y valores, con respeto por la discrepancia, por la justicia, por la libertad y por la dignidad humana. La democracia es una actitud del espíritu. Cuando no lo es, resulta tan sólo una pesadilla de palacio.