El ébola y el Perú

Peligro biológico

Peligro biológico

“Hay que llevar el virus del ébola a Centro América.”

“Una vez que todos esos comedores de tacos hayan muerto, nosotros podremos instalar McDonalds, Wal-Marts y Home Depots. Puede ser incluso que construyamos un Disneylandia. Será el paraíso.”

No son palabras mías. Las acaba de decir la famosa periodista conservadoraAnn Coulter ante Fox News, una de las primeras cadenas televisivas de los Estados Unidos.

Más todavía, según ella, el ébola puede solucionar el problema de inmigración ilegal. Dice la periodista: “En primer lugar, hay que infectar a cada uno de los niños latinos que llegan a Estados Unidos con el virus del ébola. De esa manera, vamos a desalentar a los inmigrantes. En vez de hacer eso, el gobierno de Obama les da medicinas gratuitas. Por eso es que viene tanta gente”

“Yo digo que en vez de seguro médico les demos fiebre hemorrágica. Si llenamos a cada niño ilegal con el ébola, sus padres van a tener que pensarlo dos veces…. Nos guste o no nos guste, esa enfermedad ha llegado a nuestro país. En consecuencia, es necesario darle un buen uso. A eso lo llamo “hacer limonada sin limones.”

¿No le parece una solución demasiado extrema? “De ninguna manera. Infectando a miles de niños y devolviéndolos a sus países, ellos contagiarán a sus padres y al resto de la población. Esa es la mejor parte de mi plan. ”

Durante cien años, los apologistas del capitalismo han calificado ese sistema como occidental y cristiano. Supuestamente, el socialismo era lo contrario. Eso es un embuste. El propio Papa ha culpado las abismales desigualdades entre ricos y pobresal predominio de una mentalidad egoísta e individualista expresada por un capitalismo financiero al que llama disoluto y salvaje.

Todo lo que está ocurriendo en el mundo, y ahora, las palabras de Ann Coulters comprueban que el capitalismo en su etapa neoliberal es un sistema caníbal.

El Ébola y el perro del hortelano

Sin embargo, la ideóloga norteamericana no está sola. Su doctrina de “hacer limonada sin limones” se parece entrañablemente en el Perú a la del “perro del hortelano” planteada por Alan García.

En el año 2009, ese presidente impulsó una Ley de la Selva destinada a despojar a los peruanos indígenas de sus tierras ancestrales. Sus territorios serían concesionados o vendidos a empresas extranjeras para la explotación del petróleo y el gas, la edificación de “resorts” y acaso también de McDonalds, Wal-Marts y Home Depots.

El paraíso imaginado por García iba a significar un genocidio. Alrededor de un millón de peruanos a quienes se llamaba “ciudadanos de segunda clase” iban a quedarse sin hogar y naturaleza, y acaso emigrar a las miserables barriadas de Lima para incrementar ese espantable infierno de hambre, crimen y muerte.

Ni el convenio 169 de la OIT, que reconoce el derecho colectivo de propiedad de los pueblos indígenas sobre su tierra, ni la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas de la ONU pudieron alejar a García de su pretensión de Progreso o Masacre.

Más aún, la legítima defensa de los nativos fue penada y criminalizada por el gobierno. La porfía del gobernante ocasionó una matanza de policías e indígenas. Y, por fin, los hombres que salieron a defender sus tierras, sus hogares y sus cielos fueron encarcelados y ahora siguen siendo juzgados. Si una amnistía no los saca de la cárcel ahora mismo, los futuros historiadores del Perú confundirán esta época con la de Alan García.

Como se ve, el ébola, García y el capitalismo neoliberal caminan de la mano. Si la situación no cambia, este país será el de la contaminación y la muerte, pero también de los McDonalds, Wal-Marts y Home Depots. Y acaso también Disneylandia.