El compañero Juvenal

El año pasado, cuando me dijeron en Trujillo que don Juvenal Ñique había cumplido 99 años, decidí ir a visitarlo para que me diera la receta.
Mi amigo, el doctor Daniel Canchucaja, a quien le había pedido que me acompañara, me preguntó:
¿Y dónde quieres visitarlo? ¿En su casa o en su trabajo? Añadió que Juvenal trabajaba en la Universidad César Vallejo
.
No le quise creer, pero por las dudas llame por teléfono a ese centro de estudios, y de inmediato me pasaron a su oficina. La persona que me atendió me indicó que el amigo buscado había salido de la oficina hacia un salón para reemplazar en clase a joven profesor que estaba enfermo.
Poeta, periodista, ensayista, maestro y, sobre todo, luchador social, ha participado con valentía y desmesura en la gesta del cambio peruano. Una mañana, cuando le faltaba una semana para cumplir 17 años, se enteró de que el pueblo había tomado el cuartel O’Donovan para iniciar una revolución.
Con otros muchachos de su edad, Juvenal tomó el camino de la cárcel pública y allí liberó a varios compañeros, entre ellos a su ídolo Ciro Alegría, que padecían prisión por sus ideas.
Lugarteniente del héroe Manuel Arévalo, Juvenal ha publicado un libro que revive sus experiencias. Como se sabe, Arévalo fue uno de los fundadores del aprismo en Trujillo. Luego de ser capturado fue torturado con brutalidad para que delatara a los integrantes de la organización clandestina del APRA en el Norte, pero no habló. Fue acribillado a traición, cuando era llevado a Lima por la policía, el 15 de febrero de 1937 en el lugar donde ahora se levanta su cruz,”, entre Huarmey y Pativilca. La tiranía de Benavides justificó el asesinato diciendo que había querido fugarse.
La primera vez que Juvenal conoció la cárcel fue durante la tiranía de Benavides en que lo acusaron de terrorista “dinamitero”. Y eso no lo ha cambiado porque sabe que quienes son llamados así por una tiranía al cambiar el tiempo y la historia son considerados héroes y redentores.
Parece que no ha perdido la costumbre de ser valiente porque, con una valentía propia de norteño, defiende sus ideas y admira a quienes –no importa el frente en que militen- sacrifican la libertad y la vida por sus propias creencias.
En la revista “Sólido Norte”, Juvenal Ñique dice que el Gobierno de García no fortaleció al APRA, y fue más bien un gobierno de Alan García y de sus amigos. Pero, retruca “¿acaso Alan fue elegido con los votos de sus amigos?” (Sólido Norte, febrero 2008)
El centenario compañero no ha recibido ninguno de los beneficios de ser miembro fundador de un partido que ha estado dos veces en el gobierno. No estado jamás entre los lobbystas de corporaciones trasnacionales ni en el directorio de las empresas del Estado. Tampoco ha sido asesor encargado de amnistiar a narcotraficantes. Con motivo de la espectacular fuga del Chapo en México, un amigo que me da informaciones sobre la vida de Juvenal, se pregunta: “¿allá, en México, no se han inventado todavía las gracias presidenciales?”
Glorioso pero difícil es el camino de de estos héroes sin monumento en el Perú. La prisión y la persecución fueron cotidianas en su vida durante la larga clandestinidad del aprismo. La pobreza en el hogar y la triste pérdida de algunos compañeros no lo arredraron. No hicieron mella en su fe. Redobló su trabajo en los buenos y los malos días para lograr que los suyos no sufrieran las consecuencias.
No es raro por eso que haya llegado a los cien años esta semana y, sin embargo, no haya pedido permiso en la universidad para celebrar este aniversario. Todo lo contrario, aparte de su recién publicado libro sobre Arévalo, está preparando otro sobre la revolución de Trujillo.
¿Estará en su oficina don Juvenal? ¿Habrá salido a tomar un café con  una profesora joven? Me hago todas estas preguntas porque viajo Trujillo en estos días y quiero que Juvenal Ñique nos dé una clase de cómo se llega a ser un hombre valiente en el Perú.

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