Cárcel de la prisión: el violinista y el censor

Lean, por favor, esta vieja carta que encontré en Oviedo. Conocí la asombrosa capital del Principado de Asturias, España, hace unos años y fui catedrático visitante allí en dos ocasiones.

Investigaciones en archivos y en memorias me permitieron ubicar algunas cartas escritas en la prisión por los prisioneros políticos del franquismo. La memoria histórica es lo único que puede salvarnos de, otra vez, la perversidad fascista.

Nótese que la misiva viene acompañada del comentario de un empleado carcelario encargado de la censura.

Cárcel de Oviedo, 14 de abril de 1944
Inolvidable María de la Paz:

Con ésta, ya te he escrito unas cuarenta cartas, y no sé si las has recibido. Es probable que estés fuera de España, o tal vez muerta, y eso sería lo mejor que te podría haber pasado.

El primer año de mi prisión te escribía cada mes. Algunas cartas las envié al correo central de Madrid. Otras las entregué a compañeros de celda que iban a ser liberados. Todos me ofrecieron buscarte. Ninguno volvió ni siquiera a visitarme. ¿Y sabes qué? No los culpo. Si alguna vez llego a salir de aquí, no vuelvo más.

Por todo eso, debo repetir lo que dije en las misivas anteriores ya que ésta va a ser leída por mucha gente antes de que llegue a tus manos..
Repito que soy Francisco Llamas, natural de Oviedo y violinista. Tengo 36 años y fui apresado en 1939, cuando las tropas del Generalísimo Franco entraron en Madrid. Seis meses antes, tú, María de la Paz (Méndez Quevedo) habías salido hacia Valencia con tus padres. Te fuiste porque yo te lo pedí y exigí. Te aseguré que nos reuniríamos cuando terminara la guerra y que no volveríamos a separarnos.

A mí me trajeron a la cárcel de Oviedo y, hasta el día de hoy, no sé de qué me acusan. El primer año me interrogaron varias veces por el hecho de que la Orquesta Sinfónica, en la que yo trabajaba, se quedara en Madrid durante todos los años de la guerra, y dijeron que eso significaba colaboración con los republicanos. Pero ya han pasado cinco años, y hasta ahora no me han juzgado ni siquiera por ese delito. (TACHADO EL RESTO DE LA FRASE.)

A las personas que lean esta carta y traten de encontrarte, les doy las gracias por anticipado, y también al padre Pascual Núñez quien me animó a escribirte cuando ya había perdido toda la fe. En vista de que ya han transcurrido cinco años desde el fin de la guerra, cree él que las pasiones han amainado y que todo el mundo nos ayudará a encontrarnos.

Después de un año en la cárcel y de tanto escribir en vano, pensé que tu destino era otro. No estabas ni presa ni muerta, ni viviendo en el extranjero. Sencillamente, habías encontrado un hombre con quien rehacer tu vida. Si esto es así, no me contestes. Tienes todo el derecho a ser feliz y a olvidar el rostro de este fantasma sin destino. Pero si no es así, contéstame cuanto antes.

A los señores encargados de la censura, les ruego leer mis letras y tachar lo que consideren inconveniente, pero dejar luego que mis palabras vayan hacia donde deben ir. La esperanza de encontrarte, inolvidable María de la Paz, es lo único que me hace despertar cada mañana. Ya he sufrido más de lo que se puede sufrir. Te ama
Francisco

Nota del censor: Leída y aprobada. Señorita María de la Paz: Si esta carta llega a usted, le recomiendo contestarla. No sé cómo habrá sido antes Paco Llamas, ni qué lo llevó a meterse en el bando de los rojos, pero es un buen hombre. En todo el tiempo que le conocemos, no nos ha dado motivos para considerarlo de otra forma.- (Fdo.El censor: Arsenio)

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