Cuatrocientos años de amor – De la Puente y Don Quijote

 Hace algunos años, una tarde en Barcelona, anduve por la colina de Montjuic y recordé que allá, en la playa que la circunda, se batieron Don Quijote de la Mancha y el Caballero de la Blanca Luna (1615). El libro de Cervantes nos informa que allí fue vencido aquel hombre bueno que encarnaba los principios más nobles, justos y libres de la entreverada condición humana.

Cincuenta años después de su última batalla acontecida en octubre de 1965, Luis Felipe de la Puente Uceda no tiene partida de defunción ni sepultura conocida. Tampoco existe un parte militar que dé cuenta oficial del hecho de armas. Y, por fin, no quedó uno solo entre sus compañeros –herido o prisionero- que pudiera narrar la verdadera historia de Mesa Pelada.

En vista de todo ello, sólo tienen dos caminos quienes reflexionen hoy sobre el tema. El primero es olvidar que hubo una última batalla, y asumir el raciocinio mítico según el cual los héroes no mueren jamás. 


La otra forma de ver este asunto es inferir que la batalla del guerrero De la Puente no ha terminado todavía. Ello significa que, ahora, como ayer o peor aún, sigue vigente en el Perú una sociedad basada en la discriminación, con una economía cuya primera dimensión es el hambre.

Un poco antes de lanzarse a la lucha armada, el líder del Movimiento de Izquierda Revolucionaria convocó en la Plaza San Martín a un mitin en el que habría de explicar las razones de su decisión, al tiempo que llama-ba a fundirse en una gran unidad popular a todos los hombres y partidos que aspiraran al cambio socialista en el Perú.

Me acuerdo que el presidente de entonces, Fernando Belaúnde Terry, había prometido, antes de las elecciones, resolver en noventa días el problema de La Brea y Pariñas (la explotación ilegítima de nuestro petróleo por una empresa transnacional). Novecientos días más tarde, al inquilino de Palacio de Gobierno le incomodaba que le hicieran recordar esa promesa.

Era el tiempo también en que nos despertábamos en la madrugada y escuchábamos, en forma clandestina, las transmisiones de Radio Habana. También eso era prohibido. Estaban fuera de la ley la esperanza y la utopía.

Lucho de la Puente no logró formar la unidad de la izquierda a la que había aspirado. Hay que entender la reticencia de los revolucionarios limeños que escucharon en la Plaza San Martín a este extraño provinciano que no ofrecía alcaldías ni diputaciones sino puestos en el frente de combate.

A Lucho, las malas lenguas “izquierdistas” lo acusaban de haberse casado religiosamente y de comulgar los domingos. Y creo que las malas lenguas decían la verdad. Pero ni una cosa ni la otra le impidieron constituir la más coherente insurrección contra el orden establecido que se había dado hasta entonces.

Como los románticos héroes del Apra del 32, De la Puente y el MIR no se levantaron contra un régimen sino contra un sistema. Eso es lo singular de su alzamiento al igual que su vigencia hasta ahora. Lo siguieron espontáneos grupos de estudiantes y campesinos, artesanos y profesionales, cristianos y agnósticos, antiguos apristas y marxistas nuevos. Tal vez faltaron en la ciudad la organización y el apoyo. Tal vez sobraron la valentía y el amor.

Vuelvo a pensar en la derrota de Don Quijote, y me doy cuenta de que me equivocaba. Los héroes pueden morir y ser escarnecidos y derrotados muchas veces. Lo que nunca muere son los principios que hacen hombre al hombre y dignifican la condición humana. “Por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida”, dijo el ilustre vencido en Montjuic. 

Y De la Puente lo hizo por las aspiraciones de libertad y de justicia que un día por fin han de hacerse completa verdad. Y yo creo que así será por que la batalla de Lucho no ha terminado. Además él no ha muerto, su bandera está entera y nuestro corazón no se ha rendido.
 

Cárcel de la prisión: el violinista y el censor

Lean, por favor, esta vieja carta que encontré en Oviedo. Conocí la asombrosa capital del Principado de Asturias, España, hace unos años y fui catedrático visitante allí en dos ocasiones.

Investigaciones en archivos y en memorias me permitieron ubicar algunas cartas escritas en la prisión por los prisioneros políticos del franquismo. La memoria histórica es lo único que puede salvarnos de, otra vez, la perversidad fascista.

Nótese que la misiva viene acompañada del comentario de un empleado carcelario encargado de la censura.

Cárcel de Oviedo, 14 de abril de 1944
Inolvidable María de la Paz:

Con ésta, ya te he escrito unas cuarenta cartas, y no sé si las has recibido. Es probable que estés fuera de España, o tal vez muerta, y eso sería lo mejor que te podría haber pasado.

El primer año de mi prisión te escribía cada mes. Algunas cartas las envié al correo central de Madrid. Otras las entregué a compañeros de celda que iban a ser liberados. Todos me ofrecieron buscarte. Ninguno volvió ni siquiera a visitarme. ¿Y sabes qué? No los culpo. Si alguna vez llego a salir de aquí, no vuelvo más.

Por todo eso, debo repetir lo que dije en las misivas anteriores ya que ésta va a ser leída por mucha gente antes de que llegue a tus manos..
Repito que soy Francisco Llamas, natural de Oviedo y violinista. Tengo 36 años y fui apresado en 1939, cuando las tropas del Generalísimo Franco entraron en Madrid. Seis meses antes, tú, María de la Paz (Méndez Quevedo) habías salido hacia Valencia con tus padres. Te fuiste porque yo te lo pedí y exigí. Te aseguré que nos reuniríamos cuando terminara la guerra y que no volveríamos a separarnos.

A mí me trajeron a la cárcel de Oviedo y, hasta el día de hoy, no sé de qué me acusan. El primer año me interrogaron varias veces por el hecho de que la Orquesta Sinfónica, en la que yo trabajaba, se quedara en Madrid durante todos los años de la guerra, y dijeron que eso significaba colaboración con los republicanos. Pero ya han pasado cinco años, y hasta ahora no me han juzgado ni siquiera por ese delito. (TACHADO EL RESTO DE LA FRASE.)

A las personas que lean esta carta y traten de encontrarte, les doy las gracias por anticipado, y también al padre Pascual Núñez quien me animó a escribirte cuando ya había perdido toda la fe. En vista de que ya han transcurrido cinco años desde el fin de la guerra, cree él que las pasiones han amainado y que todo el mundo nos ayudará a encontrarnos.

Después de un año en la cárcel y de tanto escribir en vano, pensé que tu destino era otro. No estabas ni presa ni muerta, ni viviendo en el extranjero. Sencillamente, habías encontrado un hombre con quien rehacer tu vida. Si esto es así, no me contestes. Tienes todo el derecho a ser feliz y a olvidar el rostro de este fantasma sin destino. Pero si no es así, contéstame cuanto antes.

A los señores encargados de la censura, les ruego leer mis letras y tachar lo que consideren inconveniente, pero dejar luego que mis palabras vayan hacia donde deben ir. La esperanza de encontrarte, inolvidable María de la Paz, es lo único que me hace despertar cada mañana. Ya he sufrido más de lo que se puede sufrir. Te ama
Francisco

Nota del censor: Leída y aprobada. Señorita María de la Paz: Si esta carta llega a usted, le recomiendo contestarla. No sé cómo habrá sido antes Paco Llamas, ni qué lo llevó a meterse en el bando de los rojos, pero es un buen hombre. En todo el tiempo que le conocemos, no nos ha dado motivos para considerarlo de otra forma.- (Fdo.El censor: Arsenio)

Paz en Colombia. Perversidad en el Perú

Un neonazi colombiano dice: “No estoy de acuerdo con el presidente Santos ni con el proceso de paz. Debemos mantenernos en la guerra hasta rendir a los guerrilleros de las FARC o exterminarlos”

Las frases pertenecen a uno de los neonazis presos en Dresden a donde viajaron para unirse a una marcha de ultraderechistas alemanes.

Lamentablemente, sus compañeros europeos los vieron muy morenos y los molieron a golpes. Después, la policía los arrestó por llevar banderas y otros símbolos correspondientes a la ideología de Adolfo Hitler.

“Nosotros también pertenecemos a la raza pura”-dice el neonazi entrevistado. Añade que “nuestros compañeros alemanes no se dan cuenta de que estamos un poco quemaditos debido a los problemas climáticos. Es increíble hasta qué punto ha llegado la influencia de Castro y Chávez en el gobierno alemán puesto que ya ni en la cuna del nazismo se puede usar banderas, parches u otros símbolos nazis.”

Las frases anteriores muestran el tipo de gente que se está manifestando contra el proceso de paz en Colombia. Como se sabe, el gobierno de ese país y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) han llegado a un acuerdo para firmar la paz definitiva en un plazo no mayor a seis meses.

El acuerdo está dando final a un doloroso conflicto que duró varias décadas y desangró al hermano país. Se calcula en cientos de miles el número de muertos en una guerra que no tenía cuando terminar y que sólo la buena voluntad, la inteligencia política y la generosidad del presidente Santos y de su contraparte están llevando a su fin.

No se trata de un simple armisticio. Los acuerdos son tan importantes que han de provocar un cambio significativo en la historia de Colombia y un ejemplo para los países que padecen similares contiendas.

Por ello, el primer punto alcanzado corresponde al desarrollo agrario.. El problema de la tierra ha sido el elemento central en los orígenes del conflicto.

De otro lado, se establecerán mecanismos para lograr la participación política democrática de los antiguos alzados en armas en el marco de lo que ambas partes califican de “nueva apertura democrática.”

Ambas partes, finalmente, muestran consenso en la sustitución y erradicación de los cultivos ilícitos de coca y la intensificació de la lucha contra el narcotráfico.

Hay que destacar que Juan Manuel Santos ha participado directamente en el conflicto cuando era ministro de defensa del gobierno anterior y fue quien dio golpes más certeros a los ejércitos de las FARC. Político, periodista y economista, demuestra ahora que también tiene corazón e inteligencia para acabar con una guerra innecesaria y para entrar en la historia.

En el Perú, se ha terminado una guerra infame hace más de 20 años, pero lamentablemente aún subsiste en el gobierno el criterio de exterminar al derrotado.

No es justificable que un individuo empuñe las armas contra el Estado cuando existen instituciones y caminos legales para hacer escuchar su protesta o su propuesta de cambio. Sin embargo, no lo es tampoco el Estado responda con la matanza de individuos y comunidades ajenas al conflicto.

Y eso lo que ocurrió en los días de Fujimori. La ejecución sumaria pobló de sepulcros nuestros campos. Nuestras cárceles se poblaron de calabozos perpetuos para enterrar a hombres vivos. Eso no ha cambiado en el actual gobierno democrático; a veces, parece haber recrudecido.

Después de haber cumplido sus condenas, han salido o saldrán ciudadanos que las más de las veces estuvieron como sepultados vivos. Se les debería permitir la reinserción en la sociedad e incluso su participación en el sistema político democrático.

En vez de ello, algunos voceros que semejan la voz de los neonazis colombianos están pidiendo que el gobierno rompa con la legalidad y los entierre. La perversidad no tiene fin. Tampoco lo tiene la estupidez de quienes pelean hasta que su contendor haya sido exterminado. Eso es de caníbales no de hombre civilizados.

En estos días, se lee titulares de los periódicos que claman venganza y persecución contra los vencidos así como la destrucción de sus familias y la infamia contra sus descendientes. Cuando alguien se expresa así contra alguien que está caído, creo con Kart Krause, que “el diablo es optimista si cree que puede hacer más perverso al hombre.”

Raúl Wiemer, un hombre

No hay pensadores de derecha en el Perú. La derecha no existe intelectualmente. Ello es obvio porque el capitalismo salvaje sólo puede ser defendido con la bestialidad de la represión, con la pluma bajo salario o con el aullido bestia de la llamada “derecha bruta achorada.”.

Parafraseo a Orson Welles, según quien, durante la era del macartismo en Estados Unidos, solamente había izquierdas, y fueron ellas mismas- no Mac Carthy- las que se autodemolieron por falta de unidad. Es doloroso pensar que lo mismo puede pasar hoy en el Perú.

Raúl Wiemer es un modelo de lo que un pensador social debe hacer para vivir y morir aquí. En primer lugar, como él, hay que recordar que un hombre de fe no está aquí para “hacer política” sino para hacer la revolución.

Se “hace política” cuando se busca una curul o una chamba futura en cualquiera de los clubs de descerebrados que se reúnen en torno de un individuo y jamás de una idea porque no tienen ni idea de lo que eso significa. Se hace la revolución cuando se entrega la vida para combatir por un proyecto de felicidad colectivo. Vale decir, cuando se asume que el socialismo, en vez de ser un partido, es una ética, o sea una forma decente de vivir… y también de morir.

A quienes pensamos como socialistas, la sociedad nos impone actas de sujeción disimuladas o nos ofrece formas hipócritas de renegar. Si queremos ganar algunas líneas en los periódicos, por ejemplo, debemos censurar, uno por uno, a todos los gobiernos izquierdistas del continente, desconfiar de la eficiencia de las empresas del estado, Petroperú, en primer lugar,  brindar por el desarrollo de un “capitalismo moderno”, asumir el socialismo como una amable utopía del pasado y declarar que postulamos una izquierda “moderna”, o sea vacía, roma, cobarde.

Si Raúl Wiemer hubiera abdicado de sus ideas o las hubiera hecho más “potables” habría sido aceptado de inmediato como un pensador moderno. En otro caso, más próximo, el candidato que usufructuó sus servicios generosos y llegó a la presidencia le habría dado un  puesto en su lista de representantes o, luego del triunfo, una silla en su gabinete de ministros, y no lo hubiera maltratado como lo hizo para que sus nuevos amigos no supieran que tenía un amigo comunista y “pobretón.”

El propio destino lo puso en jaque, pero Raúl no cambió. Hace una década, se le anunció el cáncer perverso que terminaría por matarlo, pero aquello no lo desvió ni un momento de su perseverancia en las ideas del cambio social. Amaba entrañablemente a su tierra y a su gente, y ello le hacía sentir, aún en los momentos más dolorosos, que no hay paz sin justicia ni justicia sin amor.

Si no lo atemorizó la proximidad de la muerte, menos pudo hacerlo un gobierno que elige ministros de interior en la lista de los enjuiciados por crímenes de guerra o que pretendió acallar a todo el mundo con una draconiana “ley del Negacionismo”, redundancia macartista de ese otro mamarracho jurídico “contra la apología”, una creación fujimoresca que continúa vigente.  Me parece que es su último artículo aquel en que lo señala con dolor:

“¿Cómo construir una sociedad pacífica y en vías de reconciliarse, si el Estado, estimulado por los medios y la derecha más recalcitrante, sigue con la política de quitarles la voz a los perdedores y están proponiendo otras cosas…?”

A lo largo de los años, el capitalismo ha intentado hacer creer que su bandera es la del cristianismo. Ahora, sin embargo, con las palabras de los últimos papas, se hace evidente que no hay más perverso materialismo que el de los dueños del mundo. Y, como lo he dicho una vez, ser socialista, por el contrario, equivale hoy a levantar la cruz del martirio y las ideas del Maestro de Galilea.

Por todo eso, Raúl Wiemer fue un hombre de izquierda. Baste con decir que fue un hombre y que lo seguiremos leyendo. Quien ha encendido la luz, ha prendido también la llama, y no se apagará.

Confusión conyugal

En el avión desde Los Ángeles, me ocurrió algo que me ha parecido idéntico a la situación política del país. Al tomar el lugar que me correspondía, di las buenas noches a mi compañera de asiento, pero ésta resultó ser una señora algo malgeniada o quizás muda que volvió la cabeza hacia la ventana.

Dormí de un tirón, desperté a las cinco de la mañana y me dirigí al baño del avión. Un caballero, sentado con su esposa, dos filas antes, hizo lo mismo.
Quizás él volvió primero y se equivocó. En la oscuridad de la nave, tomó asiento al lado de la señora muda. Por mi parte, me senté al lado de su esposa. No me di cuenta.

De repente, la señora que estaba a mi lado y que yo presumía era la muda, recuperó el habla y me dijo: “Eres un madrugador, amorcito.”

Sorprendido por su impertinencia, me puse un antifaz para dormir. No habían pasado cinco minutos cuando sentí que la mano de la señora muda acariciaba mi cabeza y me decía: “Peladito, dormilón…”

Me levanté del asiento indignado, pero de inmediato comencé a presenciar una escena en el lugar al que había ido el otro caballero, o sea el mío al lado de la muda. Aquélla gritaba: “Este hombre es un degenerado”

Cuando se prendieron las luces de todo el avión, la muda continuó “Este hombre ha querido manosearme.” El hombre asustado se puso de pie, y la mujer que estaba a mi lado clamó: “Ese hombre es mi esposo”. Luego me miró: “¿Y usted, quién es?”

Pasa lo mismo en el Perú. De un momento a otro, hemos despertado al lado de quien no esperábamos. Hace cuatro años presencié la campaña de las organizaciones populares para lograr que el candidato Ollanta Humala llegara al gobierno.

Los “partidos” de hoy pagan con dinero o especies el aplauso de sus “portátiles”, la pega de carteles, las pintas y la presencia s en sus manifestaciones. Humala no necesitó eso. Los campesinos que vi en Cajamarca hacían “cuyadas” para apoyar al que consideraban su candidato. Un anciano campesino estaba vendiendo su único borrego para comprar pinturas y hacer cartelones humanistas.

Su candidato les había dicho que si tuviera que elegir entre el agua y el oro, se quedaba con el agua.

Eso lo vi hace cuatro años. El candidato triunfó pero hizo todo lo contrario de lo que prometía. Desde el primer día, decidió la continuidad del modelo económico y del acta constitucional de Fujimori. Ante el problema social minero, impuso una política dura con los de abajo y complaciente con las corporaciones internacionales.

El hombre que vendió su único borrego debe de haber sufrido mucho cuando varios de los suyos cayeron muertos por los balazos de un cuerpo policial que parecía al servicio de la minera. Aparte de los muertos, el hombre sabe que muchos de sus familiares y compañeros han sido golpeados y otros padecen injusta persecución judicial.

La dureza de una policía a la que se ha dotado de una ley que le asegura impunidad contrasta con la pasividad del gobierno frente al narcotráfico, la inseguridad y la delincuencia.

En mucho se parece a un suceso del siglo pasado. En 1931, una buena parte de la población votó por Luis Sánchez Cerro pensando que su formación militar y la dureza de sus facciones eran muestra de firmeza y de dinamismo.

Aunque tenía listo el fraude electoral, aquél necesitaba masas para la campaña, y los grupos choloides y afroperuanos se las dieron en la inocente creencia de que haría un gobierno para quienes se le parecían físicamente, los de abajo. No fue así. Apenas victorioso, se entregó por completo a los ricos. En todo les sirvió, con obsecuencia.

Incluso, llegó hasta el paroxismo demencial de bombardear una ciudad peruana, Trujillo, y de ordenar la ejecución de miles de ciudadanos. Pero la derecha siempre pide más y más, y peor todavía, los blancos jamás lo consideraron uno de ellos y nunca lo admitieron como socio en el Club Nacional.

Sumamente parecido en el rostro a Sánchez Cerro, quien también se sublevó en el sur, el actual gobernante-aparte de su inclemencia con los campesinos pobres-sólo ha exhibido un liderazgo endeble y pusilánime. Durante todos estos años, ha parecido siempre un ex presidente.

Y a pesar su total sometimiento ante la derecha, sufre el constante acoso de los grupos sociales a los que sirve y tanto él como los suyos son tratados con desprecio y discriminación.

¿Confusión conyugal? Tal vez. El gobierno trabaja para quienes no lo eligieron, y quienes vendieron un borreguito o se deslomaron para apoyar la campaña otra vez han sido postergados y engañados.

El compañero Juvenal

El año pasado, cuando me dijeron en Trujillo que don Juvenal Ñique había cumplido 99 años, decidí ir a visitarlo para que me diera la receta.
Mi amigo, el doctor Daniel Canchucaja, a quien le había pedido que me acompañara, me preguntó:
¿Y dónde quieres visitarlo? ¿En su casa o en su trabajo? Añadió que Juvenal trabajaba en la Universidad César Vallejo
.
No le quise creer, pero por las dudas llame por teléfono a ese centro de estudios, y de inmediato me pasaron a su oficina. La persona que me atendió me indicó que el amigo buscado había salido de la oficina hacia un salón para reemplazar en clase a joven profesor que estaba enfermo.
Poeta, periodista, ensayista, maestro y, sobre todo, luchador social, ha participado con valentía y desmesura en la gesta del cambio peruano. Una mañana, cuando le faltaba una semana para cumplir 17 años, se enteró de que el pueblo había tomado el cuartel O’Donovan para iniciar una revolución.
Con otros muchachos de su edad, Juvenal tomó el camino de la cárcel pública y allí liberó a varios compañeros, entre ellos a su ídolo Ciro Alegría, que padecían prisión por sus ideas.
Lugarteniente del héroe Manuel Arévalo, Juvenal ha publicado un libro que revive sus experiencias. Como se sabe, Arévalo fue uno de los fundadores del aprismo en Trujillo. Luego de ser capturado fue torturado con brutalidad para que delatara a los integrantes de la organización clandestina del APRA en el Norte, pero no habló. Fue acribillado a traición, cuando era llevado a Lima por la policía, el 15 de febrero de 1937 en el lugar donde ahora se levanta su cruz,”, entre Huarmey y Pativilca. La tiranía de Benavides justificó el asesinato diciendo que había querido fugarse.
La primera vez que Juvenal conoció la cárcel fue durante la tiranía de Benavides en que lo acusaron de terrorista “dinamitero”. Y eso no lo ha cambiado porque sabe que quienes son llamados así por una tiranía al cambiar el tiempo y la historia son considerados héroes y redentores.
Parece que no ha perdido la costumbre de ser valiente porque, con una valentía propia de norteño, defiende sus ideas y admira a quienes –no importa el frente en que militen- sacrifican la libertad y la vida por sus propias creencias.
En la revista “Sólido Norte”, Juvenal Ñique dice que el Gobierno de García no fortaleció al APRA, y fue más bien un gobierno de Alan García y de sus amigos. Pero, retruca “¿acaso Alan fue elegido con los votos de sus amigos?” (Sólido Norte, febrero 2008)
El centenario compañero no ha recibido ninguno de los beneficios de ser miembro fundador de un partido que ha estado dos veces en el gobierno. No estado jamás entre los lobbystas de corporaciones trasnacionales ni en el directorio de las empresas del Estado. Tampoco ha sido asesor encargado de amnistiar a narcotraficantes. Con motivo de la espectacular fuga del Chapo en México, un amigo que me da informaciones sobre la vida de Juvenal, se pregunta: “¿allá, en México, no se han inventado todavía las gracias presidenciales?”
Glorioso pero difícil es el camino de de estos héroes sin monumento en el Perú. La prisión y la persecución fueron cotidianas en su vida durante la larga clandestinidad del aprismo. La pobreza en el hogar y la triste pérdida de algunos compañeros no lo arredraron. No hicieron mella en su fe. Redobló su trabajo en los buenos y los malos días para lograr que los suyos no sufrieran las consecuencias.
No es raro por eso que haya llegado a los cien años esta semana y, sin embargo, no haya pedido permiso en la universidad para celebrar este aniversario. Todo lo contrario, aparte de su recién publicado libro sobre Arévalo, está preparando otro sobre la revolución de Trujillo.
¿Estará en su oficina don Juvenal? ¿Habrá salido a tomar un café con  una profesora joven? Me hago todas estas preguntas porque viajo Trujillo en estos días y quiero que Juvenal Ñique nos dé una clase de cómo se llega a ser un hombre valiente en el Perú.

¿Por qué no visitó Lima el papa Francisco?

“No siempre sin motivo la actividad de las industrias extractoras se ha visto como una explotación injusta de los recursos naturales y de las poblaciones locales, reducidas, a veces a la esclavitud y obligadas a mudarse, abandonando sus lugares de origen.”

¿Quién dijo estas palabras antimineras?

¿Acaso fue Gregorio Santos?… Entonces, hay que encarcelarlo dieciocho meses sin previo juicio ni acusación probada.

¿Las dijo Marco Arana?… Hay que detenerlo aunque esté sentado pacíficamente en una banca de la plaza de armas de Cajamarca. Hay que llevarlo a la comisaría, darle golpes en los riñones e insultarlo. En toda mención periodística, hay que llamarlo ex-cura.

¿Las proclamó Patria Roja?… ¿Una ONG? ¿Algún partido de izquierda?… A cualquiera de ellos, hay que llamarlos caviares o terroristas.

¿Hubo mucha gente escuchando estas palabras?… La Fuerzas Armadas y policiales tienen derecho de usar sus armas a discreción.

No, no, por favor, que nadie ponga la mano en la pistola. Quienes escuchaban estas palabras no eran campesinos pobres, contaminados o despojados de sus tierras. Eran representantes de de las industrias mineras más importantes del mundo, entre ellas la Anglo American, la China Minmetals Corportation, Rio Tinto, Zamin Resources, etc… y junto a ellos, diversos expertos de la Iglesia Católica en este sector, Caritas y Oxfam America.

Y que nadie se apresure a encarcelar o difamar al autor de esa reflexión porque son palabras del papa Francisco y fueron leídas en la Jornada de reflexión sobre la industria minera mundial, organizada por el Pontificio Consejo Justicia y Paz en septiembre del 2013.

De entonces para acá, mucha agua ha corrido bajo los puentes, y el líder de la cristiandad ha hecho cada vez más claras sus propuestas. La reciente encíclica nos muestra como la destrucción y el envenenamiento de la tierra son fruto de una ambición perversa y sin límites propia del capitalismo neoliberal.

El Papa, además, acaba de visitar su nativa América del Sur en la cual algunos gobiernos ensayan políticas de cambio social muy valientes que al mismo tiempo son reconocidas por sumamente eficaces, y se ha reunido en el encuentro mundial de pueblos realizada en Bolivia con un gobernante a quien califica de su “admirado” Evo Morales.

Pertenezco a una generación a la que se quiso hacer creer que el mundo estaba dividido irreconciliablemente entre socialistas y cristianos. Las frases y actitudes que ahora vienen de Roma nos muestran que eso fue siempre una farsa.

Las frases del Papa no son nuevas; provienen de nuestro viejo y querido Evangelio. Son dichas ahora como un llamado urgente porque Francisco llegó a la Iglesia en un momento en que el capitalismo muestra su rostro más carnicero, feroz y apocalíptico.

Ese sistema asume ahora una postura neoliberal. En ella, la oferta y la demanda han reemplazado a los diez mandamientos, y el culto diabólico del mercado ha suplantado a la veneración de Dios. O sea que el anticristo ha salido del clóset y está en algún directorio minero.

De otra parte, las actitudes de los presidentes Rafael Correa y Evo Morales demuestran que la izquierda ha aprendido también una lección, y ella enseña que en vez de buscar enemigos o infiltrados, en actitud paranoide, hay que encontrar y reunir a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Eso es urgente.

Y podemos estar seguros de que: “Quienes se empeñan en la defensa de la dignidad de las personas, pueden encontrar en la fe cristiana los argumentos más profundos para ese compromiso”.

Respecto a la pregunta que da título a esta nota, en un país donde el Estado prefiere el oro sobre el agua y la naturaleza y donde la fuerza pública está dotada de impunidad para disparar contra los disidentes, es evidente que hacer una pascana no resulta cómodo ni para Francisco ni para sus eventuales anfitriones oficiales quienes deben sentirse mejor yendo a presentar sus respetos al rey de España.

USA: los candidatos latinos

Estoy seguro de que Luis Favre es el asesor de imagen de Ted Cruz, precandidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos.

Lo creo porque el “latino” Cruz, un político muy poco recordable en las encuestas, de un momento a otro, ha pasado a convertirse en la persona de quien casi todo el mundo ha hablado la semana pasada.

El señor Cruz lanzó una broma vejatoria contra el vicepresidente Joe Biden en el mismo momento en que éste estaba velando a su hijo Beau, quien murió de cáncer al cerebro a los 46 años de edad.

Ahora todos recuerdan a Ted Cruz… aunque sea como infame. Pienso que tiene que ser una estrategia de Luis Favre porque es el mismo que en el Perú está tratando de convertir a un desabrido PP Monster en una impúdica Jennifer López con tendencias bolcheviques.

La extrema derecha norteamericana tiene los ojos puestos en Cruz y en Marco Rubio para las elecciones próximas. En vista de que el voto hispano ha crecido notablemente, suponen que un “latinou” de pelo negro- aunque sea bizco- puede cortejar con éxito a este importante segmento de la población.

De Marco Rubio hemos hablado antes. El periódico español “El País” que también cree en las identidades raciales llegó a llamarlo el “Obama republicano” aunque lo más justo habría sido llamarlo “La nueva Sarah Palin”, la mujer que creía que “Corea del Norte es la que está en el sur, y es nuestra aliada, ¿no?”

Un par de años atrás, el senador Rubio dio una charla en un colegio secundario. Cuando un chico le preguntó por el origen del universo, respondió: “Oh, men! Yo no soy un científico, pero te lo voy a decir: El mundo fue creado en seis días. Al séptimo, su creador descansó.

-¿Y cuál es la antigüedad del universo?

-Eso es más fácil. ¿En qué año estamos? En el 2012. Entonces, el mundo tiene 2012 años.

Además de superlativo ignorante, Marco Rubio es un enemigo feroz de cualquier reforma que facilite el tránsito de los inmigrantes latinos a la legalidad

En lo social, se opone a aumentar el salario mínimo. Su plan tributario consiste en reducir los impuestos sobre los estadounidenses más ricos y las corporaciones grandes y elevar la tasa de impuestos sobre las familias trabajadoras. Además, ha votado para reducir radicalmente la educación pública y rebajar los fondos para las becas Pell, lo cual hará el acceso a la educación universitaria todavía más difícil.

Marco Rubio propone revocar la Ley de Salud, llamada también Obamacare,  y eliminar la seguridad médica para millones de latinos así como la cobertura de Medicaid para las familias de bajos ingresos.  El seguro social, por supuesto, debería ser, según él, eliminado o privatizado, que es lo mismo.

Aunque renuentes en un principio a las políticas postmodernistas de identidad, los ultraderechistas han terminado por entender que las mismas son una garantía para la continuidad del sistema frente al embate del cambio social. Esas políticas soslayan que todavía existe la crueldad del hambre y la feroz codicia del capitalismo. Hacer creer que la lucha de clases ha desaparecido como motor de la historia y que la etnia y el género la han sustituido les sirve para supuestamente enterrar todo recuerdo del socialismo.

Y por esa razón, los republicanos sacan de la tienda las pelucas negras, los bigotes, el castellano agringado y todas las máscaras de hispanos que encuentran. Creen que así los latinos votarán por un latino como ellos aun cuando su proyecto político sea reaccionario. Ahora todo  está en manos de la cara dura de los candidatos y la catadura de sus publicistas.

Una inmigrante en el paraíso

Lo he contado antes. Un sábado estaba sentado en una banca de un parque de Salem. Gozaba de un buen libro y de una calurosa primavera. De repente, sentí risas femeninas.
 
Venían de una banca cercana. Eran tan intensas que me interrumpieron la concentración. Eran tan contagiosas que también yo comencé a reír.
 
Traté de volver a la lectura, pero era imposible. Media hora más tarde, todavía riendo, logré levantarme de la banca y fui a ver a mis vecinas. Hablaban castellano y eran dos. Tal vez de 40 y de 22 años. Las supuse madre e hija, y lo eran. Llegué hasta ellas.
 
-Señora, por favor. ¿Podría decirme de que nos estamos riendo?
 
Me respondió Margarita:
 
-Reímos- me dijo- porque a Marianita, mi hija, la acaban de despedir de su trabajo.- Se puso la mano sobre la boca para no seguir riendo, y continuó:

-El manager dijo que sus papeles eran chuecos.

-¿Lo eran?

– Por supuesto. Mariana y yo somos ilegales.
 
No pudo contener la risa, y Mariana rió también.
 
-Lo más cómico es que esta mañana, el administrador del apartamento donde vivimos me ha telefoneado. Exige que nos vayamos porque somos muchos: Mariana, su compañero, su bebé y yo.
 
-¡Espere! Eso no es todo. Hace tres meses, le dimos 2 mil dólares a un tipo que nos iba a conseguir visas de verdad. El tipo se ha hecho humo…
Ya no pude aguantar. Miraba al cielo para que me dijera qué hacer en esas circunstancias. Margarita se dio cuenta.
 
-Se pregunta por qué nos reímos. ¿Verdad? … Hay una buena razón. Nos reímos porque el sufrir sin reír es muy malo. Hace daño para la salud.
 
En una entrevista, la periodista italiana Francesca Russo me pregunta hoy si mis personajes son inventados, y yo le digo que no es así. En la historia anterior, por ejemplo, Margarita es en realidad Carmen García, la inmigrante mexicana a quien conocí riendo en el parque.
 
Era ella una dama bastante guapa de Guadalajara que pronto se convertiría en mi primera amiga de Oregón. Respiraba una entusiasta filosofía de la vida. Su aspecto juvenil y el hecho de ser una “güera” le habían permitido pasar la frontera caminando por el puente como si fuera una chiquilla gringa. Lo había hecho muchas veces.
 
Por ella, conocí a otros maravillosos ilegales, y me di cuenta que estaba llamado a ser un escritor de la inmigración en los Estados Unidos. Tenía que darles voz a quienes no la hubieran tenido de otra forma.
 
Los motivos de su ingreso en este país me fueron narrados con encanto y me sugirieron la historia que plasmé en “Siete noches en California”, un texto con el cual ganaría el premio mundial de relato Juan Rulfo. Las reuniones religiosas de sus connacionales, tan importantes para la comunidad inmigrante, me dieron motivo para escribir “El programa de Dios”.
 
Carmen creó además un programa de televisión destinado a la población hispanoparlante de Oregón. Arrendó, después, una casa en Salem y la dedicó al cuidado de ancianos. Esa no era una actividad para una persona “ilegal”, pero eso la tenía sin cuidado. “Y si no soy yo, quien cuidará a los viejitos que solamente hablan español.”
 
Por fin, me llevé una sorpresa muy grande cuando escuché que a través de la radio hispana alguien daba consejos a los inmigrantes ilegales para evitar los abusos de la “migra”. Era Carmen. Cuando le hice recordar que ella también era una ilegal, se mató de risa.
 
Escribir esto suena como si estuviera delatándola, pero ya no es necesario. La “migra” ya no podrá detenerla. La semana pasada, Carmen sufrió un ataque cerebral y, en pocas horas, falleció. Se fue de noche, y ahora comprendo por qué. Como buena ilegal, lo hizo para entrar en el paraíso sin que la vieran.

El oso peruano de Londres

El oso Paddington

El oso Paddington

El peruano más conocido de Londres es un joven inmigrante de sombrero rojo que lleva un sánduche de mermelada de naranja en el bolsillo y una moneda de un sol cosida en el interior de su chaleco. Lo llaman el Oso Paddington.

En realidad, no solo lo llaman así. Es un oso de verdad que, según los cuentos infantiles, llegó aquí desde “el remoto y oscuro Perú.” En ese país, leen los niños ingleses, su anciana tía estaba a punto de entrar en un asilo y, para salvarlo del desamparo, lo embarcó para Inglaterra vestido con un elegante saco rayado de lanilla. Un pequeño letrero colgando de su cuello decía: “Por favor, cuiden a este oso. Muchas gracias.”

Una encantadora familia británica lo adoptó y le puso el apellido Paddington por la estación del tren en que lo encontraron.

Es una pena que los publicistas de Marca Perú no hayan tenido el talento de inventar un personaje tan dulce y metafórico como este. El “remoto y oscuro Perú” recuerda en Londres a quienes leen las noticias internacionales a un país lejano en el que buena parte del territorio ha sido concesionada a empresas extractivas sin tener en cuenta que los recursos mineros son agotables, y que la explotación no produce un número de empleos considerable en comparación con el envenenamiento de la atmósfera y la destrucción del ambiente que causa en regiones habitadas por la mayoría de los peruanos.

Los comentaristas de fuera se preguntan si todos esos sacrificios han sido considerados dentro de un plan de desarrollo de largo alcance y se muestran asustados ante la evidencia de que no es así, y que las pérdidas de vidas humanas aumentan y el gobierno endurece la represión de las poblaciones disidentes con medidas tan brutales como la impunidad para los elementos de las fuerzas armadas y policiales que ocasionen muertos y heridos con el mal empleo de sus armas.

Felizmente, la imagen de nuestro paisano, el buen Oso Paddington es la de un compañero de juegos tan niño como los niños que son sus amigos.

Este cándido rostro es tan simpático como los mangos peruanos de los mercados de Londres y los sabrosos espárragos que son al parecer el primer producto peruano de exportación a este país.

De otro lado, la quinua se ha impuesto aquí tanto como en el resto del mundo. Su precio sube constantemente y su presencia puede verificarse en el menú de los mejores restaurantes. Recuerdo que hace dos años cuando también vine a este país, la quinua solamente era ofrecida en los mercados de gente saludable, orgánica y “políticamente correcta.”

La palta, el camote, la chirimoya e incluso el kion peruano tienen gran acogida aquí.

Sin embargo, lo que más me ha asombrado en esta visita a la “pérfida Albión” es que junto al simpático osito y a nuestros recursos agrícolas, la poesía también puede ser uno de nuestros primeros productos de exportación.

Lo comprobé con nuestro Cesar Vallejo. En la presentación de mi novela biográfica “Cesar Vallejo’s Season in Hell” tan solo esperaba que llegara un grupo de especialistas, pero la asistencia fue masiva. Centenares de personas colmaron el teatro de la primera universidad de Londres en el lanzamiento de la obra.

Nada menos que Stephen M. Hart, uno de los más importantes latinoamericanistas de Europa, había liderado la traducción de mi libro y esa era una tarea en la cual habían participado bajo su batuta quince profesores angloparlantes de todo el mundo.

Lo voy a decir con la mayor sinceridad. No había esperado tanto ni siquiera en el Perú. Al otro día, mayor fue mi sorpresa cuando encontré a un grupo de estudiantes londinenses que leían “Masa” en inglés junto a la estatua de Mahatma Gandhi quien fuera alumno de la universidad. Eso ya era Vallejo para todo el mundo.

Si Vallejo en vida hubiera intentado regresar, la cárcel lo habría estado esperando. Un juicio penal fraguado indisimulado castigo por sus ideas políticas lo había condenado a caminar errante por el mundo. Por eso mi obra se llama “Vallejo en los infiernos”

Hoy por la mañana tomé el tren hacia París. Cuando el oficial de Inmigración selló mi pasaporte, se me ocurrió que pensaba: “Voy a decirle a mis niños que he conocido a un caballero del país de Oso Paddington.