Vallejo - Amansar las palabras
VALLEJO EN LOS INFIERNOS, la primera novela escrita sobre el poeta, es distribuida en el Perú por Librerías Crisol y por Editorial Horizonte, Nicolás de Pierola 995, Tel. 427-9364
Por Eduardo González Viaña
Fragmento de su novela VALLEJO EN LOS INFIERNOS
-¿Y ha tenido otras frustraciones?
-¡Muchas!… pero, en este momento, la mayor es no poder terminar este libro.
-¿Ha escrito muchos libros hasta ahora? ¿Cuántos?
-El año pasado, en Lima, publiqué “Los heraldos negros”
-¿Y está contento con ese libro?
-Sí. Lo estoy. Pero, ¿qué le puedo decir?
Quería expresarse en un lenguaje más accesible para que lo entendiera el curandero. De pronto, monologó. Dijo que la sociedad del Perú solamente concebía a los poetas como payasos adorables.
-¡…Y yo no me veo así! … La palabra, para ellos, es sólo ornato: un jardín verdecito con arbustos recortados para simular animalitos. Yo quiero devolver la palabra a los hombres.
-¡La palabra, la palabra!… Haga como nosotros los curanderos, amigo Vallejo. ¡Amánsela, primero!
En “Los Heraldos negros”, Vallejo había mezclado el simbolismo con una sombría y trágica observación del mundo. Sin embargo, sus poemas conservaban la tersura de las formas clásicas. En la prisión, le decía a Salomé Navarrete que no tan sólo quería producir una revolución en la poesía.
-Hay que transformar las palabras si es necesario. ¿Si es necesario? ¡Qué digo! Siempre es necesario.
-¡Amánselas, primero, don César! ¡Haga lo que yo le digo!
-¿Amansarlas?
-Sí. Eso es lo que hago con las enfermedades. Amansarlas. ¡No crea! ¡No siempre es fácil curar! A veces, hay que pasarse un día o una noche observando a la enfermedad. Hay que decirle palabras dulces. Hay que pedirle que salga, quese deje ver.
Le reveló sus técnicas.
La primera consistía en observar el movimiento de las cosas.
-El amanecer, el anochecer, el vuelo de las abejas, los cambios de la luz, los movimientos de esta mecedora.
Don Salomé era capaz de observar todos estos fenómenos naturales durante horas y escudriñar sus mínimos detalles. A veces, un pájaro volaba desde el norte para traerle los secretos de las plantas que curan.
La segunda técnica era la observación atenta de las estrellas en las noches.
-Converse con ellas. Alábeles su movimiento por los cielos. Pero no hable. ¡Piénselo!
El tercer camino consistía en dormir luego de estas experiencias. El sueño siempre tenía una respuesta.
-Si no tiene una respuesta… ¡hable directamente con Dios!
Siento a Dios que camina
tan en mí, con la tarde y con el mar.
Con él nos vamos juntos. Anochece.
Con él anochecemos. Orfandad…
Pero yo siento a Dios. Y hasta parece
que él me dicta no sé qué buen color.
Como un hospitalario, es bueno y triste;
mustia un dulce desdén de enamorado:
debe dolerle mucho el corazón.
