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Antenor Orrego, el hombre que se convirtió en una escuela

Hace un par de semanas, la Universidad Particular Antenor Orregode Trujillo me otorgó a mayor condecoración académica que ofrece, el Doctorado Honoris Causa. Quiero recordar algo de lo que entonces dijera.

González Viaña, Guerra Cruz, Doctorado Honoris Causa por la UPAO

González Viaña y el rector Guerra Cruz, Doctorado Honoris Causa por la UPAO

Recuerdo la historia de un filósofo que se había cansado de la sabiduría humana y se hallaba sumergido en un fondo triste de escepticismo y soledad.

Una tarde, paseando frente al mar, creyó escuchar una voz infantil que acaso venía del cielo o que tal vez lo llamaba  detrás de una ola. El niño le decía:

-Toma y lee. Toma y lee.

Se llamaba Agustín, (el futuro San Agustín) y él mismo nos ha contado que esa fue su primera revelación del conocimiento humano. Leyó unas páginas de la Biblia y sintió que la gran maravilla del conocimiento radica en que es siempre incompleto como la pequeñez de un hombre frente a la serena inmensidad del mar.

Traigo a la memoria el recuerdo del Padre de la Iglesia porque esa fue exactamente la concepción que Antenor Orrego tuvo del conocimiento. “Nunca lo recibirás completo ni terminado. Conténtate con la mitad del conocimiento. La otra mitad es la que tú buscarás toda la vida.”

Nacido para maestro, lo fue de César Vallejo que, como él había nacido en 1892. Lo fue también de Carlos Valderrama, Alcides Spelucín, Francisco Xandóval,  Macedonio de la Torre, Víctor Raúl Haya de la Torre, de todo un conjunto de jóvenes asombrosos que apenas pasaban de los veinte años de edad pero que ya soñaban con innovar la estética, darle nuevos contenidos a la música y al poema, morir buscando la verdad, unir a los pueblos de América Latina y edificar una sola patria grande, común y libre.

Se conocieron en Trujillo. Nunca en el Perú y pocas veces en el resto del mundo se ha reunido en una sola ciudad un grupo tan prodigioso.

“Te lo repito. Nunca recibirás completo el conocimiento. Siempre te faltará una clave. Te pasarás la vida buscando esa palabra secreta.”

Estamos viendo en nuestros cines una hermosa versión en tercera dimensión de “Alicia en el país de la maravillas”. Como recordarán ustedes, de la misma forma que ocurre siempre en los sueños, Alicia no sabe exactamente donde está ni hacia donde se encamina. Sabe que debe correr en busca del Conejo Blanco y hacerle las preguntas indicadas. Buscar al Conejo Blanco es el camino de la sabiduría.

¿Y qué tiene que ver esto con la universidad? La universidad debería ser el inicio de una búsqueda del conocimiento y una permanente investigación que nunca terminará de saciarse. Cito a Orrego:

“Los estudiantes quieren una amplia base de integración humanista porque no quieren ser simples insectos especializados en una profesión lucrativa. Por eso quieren, ante todo, maestros que tengan un verdadero formato humano, un verdadero porte moral, una auténtica dimensión ética que los haga capaces de cualquier renunciamiento en aras de un interés superior. Porque solo de ellos surgirá la universidad nueva del futuro.”

Y lo cito otra vez:

“Todas las verdades universales deben enseñarse y profesarse en la universidad, pero reelaboradas, repensadas, re-creadas y re-interpretadas, en cierta manera, por maestros y estudiantes. Esto se llama forjar cultura bíblica y dinámica y no cultura yerta de textos literales, cultura rutinaria y de repetición simiesca”.

Por sostener estas verdades sobre la universidad y otras muchas sobre la patria, por demandar el cumplimiento del sueño de Bolívar y la unión de los pueblos de América Latina, miles de hombres y el propio Orrego entre ellos sufrieron afrentas y prisiones innobles y cinco mil trujillanos fueron ejecutados en 1932 a dos kilómetros del campus de la UPAO en los paredones sangrientos de Chan Chan.

Cuando su amigo, el joven Víctor Raúl Haya de la Torre le dijo que ansiaba organizar un partido político para ejecutar el cambio y la revolución socialista, discrepó de él.

-Partido, no. Escuela.- dijo fiel a su formación anarquista. –Una escuela para que los indios, los campesinos y las clases medias conozcan sus derechos y luchen por conquistarlos.

De esa concepción libertaria, nacieron las Universidades Populares González Prada. El resto es historia.

Cuando paseo por el campus de la Universidad Particular Antenor Orrego y veo que es una de las casas de enseñanza más importantes de América Latina, me convenzo de que es bello pasarse la vida, como lo hizo Orrego, buscando la palabra perdida. Y me doy cuenta además de que un hombre, movido por una pasión, al morir puede transformarse en una escuela.

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El Bicentenario debe celebrarse en Trujillo

Trujillo, Perú - Foto Elpadrino1

Trujillo, Perú - Foto Elpadrino1

En toda América, e incluso en España, se está celebrando desde hace un año el Bicentenario de la Independencia Americana. Se considera como tal el momento en que cada una de nuestras naciones proclamó su voluntad de liberarse del dominio colonial.

El 25 de mayo del 2009, la conmemoración comenzó en Bolivia. Los próximos países en hacerla serán por un lado, Colombia el 20 de julio y por el otro, México el 16 y Chile el 18 de septiembre del 2010. En cuanto a Paraguay, el festejo se realizará el 14 de mayo de 2011, mientras que Perú no lo hará hasta el año 2021.

En un sitio web de la empresa española “Prisa”, se muestra un mapa animado de América en el que se van prendiendo luces conforme un país se emancipa. Uno de los últimos en ver esa lucecita es el Perú. Por su parte, el Ministerio de Educación de Lima ha convocado a un concurso nacional denominado “Hacia el bicentenario de la independencia del Perú 2021”.

La lucecita de “Prisa” se prende sin prisa y muy tarde, y la fecha que el ministerio da para el bicentenario es un error.

Lo que se está celebrando en el mundo de nuestra habla no es necesariamente la proclamación de la independencia en alguna de las actuales capitales. Lo que en realidad se recuerda la primera expresión de la voluntad de ser libres y de fundar una identidad propia diferente frente a los poderes coloniales.

En efecto, lo que Bolivia ha evocado es la sublevación de Charcas, hoy Sucre, el 25 de mayo de 1809.  Como sabemos, la completa independencia sólo vendría después de la victoria de Ayacucho el 9 de diciembre 1824.

Lo que recordará México será la mañana del 16 de septiembre de 1810, en la que el párroco del pueblo de Dolores, Guanajuato, Miguel Hidalgo y Costilla, llamó a misa, y con las proclamas de¡”Viva la Virgen de Guadalupe”!, ¡Viva Fernando VII! y ¡Muera el mal gobierno!; incitó al pueblo a levantarse contra los españoles. A este suceso se le conoce como “Grito de Dolores”.

La larga guerra de la independencia sólo culminaría en México el 27 de setiembre de 1821.

De la misma forma y por las mismas razones, celebran Chile, Colombia, Venezuela este año el inicio de este mismo proceso que sólo culminaría muchos años más tarde.

Si la decisión de esperar en el Perú hasta el año 2021 hubiera sido tomada por la municipalidad de la provincia de Lima se entendería el asunto. Que lo haga el Ministerio de Educación significa una grave distorsión y tergiversación de la historia.

El Bicentenario en el Perú debería haberse celebrado hace 30 años en conmemoración de la gesta de Túpac Amaru. Fue él quien con su proclama, con su propia vida y con la más formidable guerra dada en el continente demandó la libertad de toda América tanto de España como de su rey. La libertad para él no supuso sólo una separación política sino la supresión de todas las formas de explotación humana desde la mita y los corregimientos de indios hasta la esclavitud de los negros. Por él, la abolición se decretó en el Perú antes que en toda América. La fecha central del levantamiento tuvo su bicentenario en 1980… y ya estamos en el 2010.

Los levantamientos de Tacna, 1811 y 1813, Huánuco, 1812 y Cusco, 1814, tampoco han sido tomados en cuenta por los festivos iniciadores del Ministerio de Educación.

Por fin, si por frívolo centralismo o por ignorancia tendenciosa, se le pasó todo eso al Ministerio de Educación, al menos puede adelantar la fecha hasta el 29 de diciembre de 1820 en que se produjo la declaración de la Independencia en Trujillo.
Manuel Cabero y Muñoz, Luis José de Orbegoso, Jerónimo de la Torre, José Modesto de la Vega, José María Lizarzaburu, José Tadeo Effio y el Marqués de Torre Tagle, entre otros vecinos, suscribieron el acta y, con el pueblo reunido en la plaza, proclamaron allí la libertad de la patria.

Fue en ese acto en que se arrió el pendón colonial y se le reemplazó por la nueva bandera del Perú.

Fue en Trujillo donde –ocupados por los españoles el centro y sur más todo el altiplano (Bolivia), se refugió la República.

Dos veces capital del país, fue en esa misma ciudad donde se fundarían las primeras instituciones republicanas, la Corte Suprema de la República y la primera universidad laica de América. Por todas razones, el Congreso denominó a este departamento, de La Libertad.

Este año se cumplirán 190 años de la proclamación de la independencia del Perú realizada en Trujillo, y si se olvidaron las pasadas gestas, por lo menos es aquí donde debe comenzar ahora a celebrarse el Bicentenario.

Vallejo y los telegramas de Antenor

Orrego: Prisión por amor a la justicia

Orrego: Prisión por amor a la justicia

En alta mar, Vallejo sacó de uno de sus bolsillos para leerlos de nuevo los urgentes telegramas de Antenor Orrego. Su generoso amigo lo había urgido a aceptar la invitación que él y Julio Gálvez Orrego le hacían para viajar a Francia.

TU VIAJE A PARIS RESUELTO STOP JULIO LOGRO CAMBIAR MI NOMBRE POR TUYO
STOP HAZ MALETAS HERMANO STOP ANTENOR

A ese telegrama, había respondido César con una tajante negativa. Pero Orrego insistió:

URGENTE CESAR STOP VIAJA CON JULIO STOP YA ME TOCARA STOP NOS VEMOS EN PARIS STOP NO OLVIDES JUICIO REABIERTO STOP ANTENOR

El último decía solamente:

EN PARIS ESPERATE DESTINO STOP PERU LA CARCEL STOP ANTENOR

Vallejo se había resistido a aceptar el sacrificio del filósofo, pero después de dos telegramas, el tercero apelaba a la razón más temible. El juicio había sido reabierto, y se le estaba notificando a presentarse ante el juzgado de Trujillo con apercibimiento de detención.

Cuando se dio cuenta de que la cárcel tenía otra vez la boca abierta para él, aceptó.
Salir del Perú era escapar de los infiernos. En alta mar, aspiró largamente como si quisiera alimentarse de libertad. Después, dobló otra vez los telegramas y los metió dentro de un único sobre. Dirigió la mirada al horizonte, y descubrió que el cielo se había tornado inmenso y emitía destellos de un azul obstinado.

Apenas se disipó la densa niebla, comenzaron a acercarse a las islas de Lobos de Afuera. Desde ellas, parecía salir unas voces fragantes que se confundían con los golpes y fragores del oleaje.

-Es un canto de sirenas _le explicó alguien a su lado. Vallejo lo miró de reojo. Sólo pudo notar que estaba vestido de blanco. El hombre agregó:
-Eso es lo que dicen los marinos.
El “Oroya” aceleró y se puso lejos del alcance de las sirenas que se desgañitaban llamando a los tripulantes.

El “Oroya” había salido del Callao hacia Francia el 17 de junio de 1923. El filósofo era dueño de un pasaje, pero había preferido transferírselo al poeta.

En vez de la frialdad de la crítica limeña o el infierno carcelario de Trujillo, César viajaba hacia su destino. Orrego nunca más pudo hacer el soñado viaje. En el Perú, habría de sufrir casi dos décadas de prisión por su amor a la justicia social. Sin saberlo, César Vallejo y Antenor Orrego habían intercambiado sus destinos, o acaso sus almas…


Les reitero que la Universidad Privada Antenor Orrego de Trujillo (UPAO) me ha invitado a dar una conferencia al inicio de su año académico el 26 de marzo. Todos ustedes están invitados a ella. En este texto, tomado de mi novela “Vallejo en los infiernos”, se recuerda un detalle muy importante del viaje del poeta a París.

El libro de Inés

Librería peruana

Librería Peruana

Hoy martes he amanecido viajando. No estaba en un avión ni en un sueño sino leyendo un libro adictivo que no me permitió cerrarlo sino hasta terminar el último párrafo.

Inés de Guijón cumple noventa años, y fue ella quien me repitió en mis años universitarios que para viajar muy lejos no hay mejor barco que un libro. Creo que la frase pertenecía a la poetisa estadounidense Emily Dickinson, pero repetida tantas veces por nuestra querida librera de Trujillo se inesizó y la recuerdo como suya.

Me acuerdo también que citaba a José María de Pereda según el cual el mejor de los libros es la vejez… y es una lástima que el hombre tenga que morirse cuando comienza a leerlo con provecho.

La segunda parte de lo dicho por el romántico español es cuestionable en el caso de Inés Guerra de Guijón quien, ya les he dicho, cumple noventa años de edad, setenta de los cuales ha estado de pie junto a los anaqueles de una librería cuyas puertas siempre estuvieron abiertas para todos… y sigue trabajando.

Sus noventa   no serán pretexto para que hoy, Inés, como lo ha hecho todo este tiempo, abra la tienda a las 9 de la mañana, después de haber ido a misa y la cierre a las 7 de la noche luego de haber conversado- más que vendido libros- con unas cincuenta o sesenta personas. Además de librera, ella ha sido fundadora y dirigente de la mayoría de las instituciones culturales de la ciudad.

En la esquina de Pizarro con la Plaza de Armas, la “Librería Peruana”, suya y nuestra, es el centro mismo de Trujillo. Al lado de ella se encuentra el “Bar Americano” en el cual César Vallejo invitó a sus amigos a celebrar la aprobación de su tesis y su graduación universitaria.

Fue frecuentada entonces por Vallejo, Orrego, Haya de la Torre, Spelucín, Francisco Xandóval, todo el “Grupo Norte” y fue allí donde, décadas más tarde, nos conocimos los muchachos del “Grupo Trilce”.

Es la más antigua casa de libros de la ciudad. Se encuentra allí desde antes de 1920, y Carlos Guijón Miranda llegó a Trujillo en los años 30 para administrarla. Al casarse con Inés en 1942, ambos unieron sus destinos … y sus libros. A dos cuadras, ella fundaría una sucursal que finalmente juntaría con la de su esposo a la muerte de éste en 1994.

¿Debo añadir algo que ya he contado varias veces?… ¡Lo haré! Cuando yo tenía 21 años y acababa de publicar “Los peces muertos”, mi primer libro, lo fui a dejar en la “Librería Peruana” antes de partir a Lima para presentarlo.  Allí, luego de leer comentarios extremadamente generosos sobre mi libro que habían sido publicados en “El Comercio” y “La Prensa”, pensé que el éxito literario coincidía también con el de ventas… ¡Me equivocaba!… y esa sería una lección que me duraría toda la vida.

Fui a la librería para preguntar cuántos ejemplares más se necesitaban, y me encontré con la sorpresa de que los anaqueles estaban todavía colmados de peces muertos.

-Parece que por ahora no necesitamos ejemplares, pero tengo una liquidación.- dijo doña Inés, y agregó:

-Se han vendido… se han vendido dos libros.

Ahora que han pasado los años creo que fue ella misma quien los compró y logró de esa forma que el joven escritor no se desmoralizara y continuara en esa locura de escribir que le ha de durar toda la vida.

No quiero terminar de redactar esta nota porque, siguiendo el consejo de Inés,  deseo continuar navegando en la escritura y porque, además, un libro, el que se escribe y el que se lee, son como un viaje, se comienza con intrepidez, se continúa con asombro y se termina con nostalgia.

Ciro Alegría mientras esperaba ser fusilado

Ciro Alegría

Ciro Alegría

La más importante novela indigenista de América – “El mundo es ancho y ajeno” (1941) fue escrita por un peruano, Ciro Alegría, quien unos años antes había sobrevivido a una matanza, había esquivado un pelotón de fusilamiento, había pasado varios años en la cárcel, había sido desterrado después y la mayor parte de su vida no pudo regresar a su patria debido a que una sucesión de dictaduras se lo impidió siempre.

La Nochebuena de 1931, Ciro Alegría, entonces un muchacho de 22 años, fue al local del Partido Aprista en su ciudad de origen, Trujillo, para colaborar en el reparto de alimentos para los niños pobres. Lo acompañaba su amigo, el pintor Mariano Alcántara que más o menos tenía su misma edad.

El APRA era un movimiento político y social que había insurgido hacía pocos años para realizar grandes cambios estructurales y proponer la unión de los países hispanoamericanos contra el imperialismo de los Estados Unidos. En lo agrario, Víctor Raúl Haya de la Torre, su líder, proponía la expropiación del latifundio, un vestigio feudal en el cual el hacendado era señor de las vidas y destinos de sus indios.

Unas horas después de la repartición de aguinaldos, Ciro y Mariano bebían con otros compañeros el tradicional chocolate caliente de esa noche. Al joven escritor le llamaron la atención los ojos de una bella compañerita y la invitó a salir a pasear por la colindante Plaza de Armas de Trujillo, la más grande del Perú. Eso le salvaría la vida.

Cuando faltaban unos minutos para la medianoche, un camión con soldados estacionó frente al local del partido. Los recién llegados portaban ametralladoras. Algunos se apostaron frente a la puerta. Un grupo de ellos penetró en el local haciendo disparos a diestra y siniestra. Hubo decenas de muertos. La mayoría de aquellos eran, por cierto, niños y amas de casa.

Por su parte, Mariano Alcántara, cansado de esperar a su amigo, se había echado a dormir bajo el escritorio de la oficina administrativa. Cuando entraron los soldados disparando, creyeron que una de sus ráfagas lo había liquidado. Fue él quien muchos años después, en nuestro Trujillo me contaría la historia.

En julio del año siguiente estallaría en esa misma ciudad una revolución que estaba destinada a ser el punto de partida de una formidable insurgencia social en el Perú. Es normal que el joven universitario Ciro Alegría participara en ella. Los rebeldes tomaron el cuartel de la ciudad y por una semana instalaron un gobierno popular. Sin embargo, las fuerzas armadas sitiaron Trujillo por aire, mar y tierra y, después de muchos desiguales combates, aplastaron la rebelión. Miles de trujillanos fueron fusilados sumariamente frente a los paredones de la antigua ciudad pre-hispánica de Chan Chan.

Ciro pudo ser uno de ellos, pero la muerte aún no lo tenía en sus listas. Luego de andar perseguido a saldo de mata, fue finalmente apresado. Un tribunales marcial decidieron su ejecución. En la cárcel, esperó durante meses que se cumpliera la fatídica sentencia.

Cuando lo conocí, varias décadas más tarde, Alegría me contó que allí, entre sueños y en medio de las cuatro paredes carcelarias, había visto a Rosendo Maqui y a los diversos personajes de su épica novela “El mundo es ancho y ajeno”. “Me moría de ganas de salir de allí para escribirla”.-me dijo.

En la obra, publicada nueve años más tarde, los indios de una comunidad andina tienen que afrontar la invasión de sus tierras por el latifundista a quien protegen las fuerzas armadas y las leyes de la república. Sólo la naturaleza que les confiere misticismo y una tremenda resistencia ancestral harán que la comunidad india persevere en su lucha. Ganadora de un premio internacional y publicada en 1941, esa novela significaría también el primer ingreso de la figura del indio en la literatura peruana. Antes de que ella se publicara, los indios no habían sido considerados dignos de entrar en las páginas todavía coloniales de los autores peruanos.

A Ciro le fue conmutada la pena de muerte por una prisión que padeció algunos años para luego exiliarse en Chile. En ese país serían editadas “La serpiente de oro” (1935) y “Los perros hambrientos” (1939). “El mundo es ancho y ajeno”, publicada en casi todas las lenguas, se convertiría después en una novela mundial.

Ni siquiera la fama conquistada por esos hechos pudo servirle para volver a su país. Sucesivas dictaduras se lo impidieron o hicieron del Perú un lugar muy peligroso para el novelista quien por fin se fue a los Estados Unidos y se dedicó allí a la cátedra universitaria.

Tras un largo exilio y después de varias décadas, regresó. Un ataque fulminante al corazón acabó con su vida en 1967. No lo habían hecho desaparecer la ametralladora de los irracionales, tampoco los azarosos años de la persecución y el martirio, ni la posibilidad de ser fusilado. Tampoco lo conseguiría la muerte porque en estos días sus lectores estamos celebrando el primer centenario de su nacimiento y la eternidad de los personajes que él reveló ni la novela que pensó mientras esperaba ser fusilado.




UN CERRO en medio del CORAZON

Ace of hearts
Corazón – Foto: luisar

Otra vez muchas gracias, queridos amigos de Lima y de Trujillo, por asistir multitudinarios a las presentaciones de mis libros DON TUNO… y MAESTRO MATEO.

En el local de la Asamblea Nacional de Rectores, hay butacas para 500 personas. De acuerdo con todas las estimaciones, hubo cerca de dos mil. Similar fue lo de Trujillo.

… Pero hubo algo más. Hubo magia. En un momento de mi discurso en Trujillo, todos ustedes se pusieron de pie y comenzaron a abrazarse… Gracias, gracias!

El maestro Don Tuno  me explicaba una vez las razones por las que yo regresaba a mi tierra:

-A ti te trae tu cerro- me dijo.-Te llama desde lejos y no puedes resistirte. Tu cerro es tu tierra y es tu gente.

De regreso a USA, me he traído mi cerro, y se va a quedar conmigo para siempre… Puedo levantar la mano derecha y ahora mismo…sentir cómo palpita.

Los invito a leer lo que la prensa dice hoy, 31 de marzo:

En Lima:

http://grupoidd.org/ARP/agenciaregionpress_entrevistagviana-laprimera.html

Y en Trujillo:

http://trujilloditalleres.blogspot.com/2009/03/los-dos-eduardos-en-la-tierra-magica.html

Eduardo González Viaña

Don Tuno, el señor de los cuerpos astrales

Encontré a mi compadre Don Tuno, fabricando un hombre.

-Te está saliendo mal.- le critiqué.

-Tú lo que quieres es mujer.-respondió, y volvió a su tarea.

A mitad y mitad entre la sombra de la noche y las primeras luces del día, mirando desde el pequeño banco de madera donde me hallaba, el Maestro Eduardo Calderón Palomino, llamado también Don Tuno, lucía descomunal.

Era su panza lo que más contribuía a las asombrosas proporciones de aquella silueta a contraluz. Su cabeza parecía tallada mil años atrás con unos ojos chinos y una nariz de hacha a los que se añadía una larga cabellera recogida en la forma que lo hicieran los profetas. Por lo menos mide cuatro burros de ancho, me había dicho con el índice del secreto sobre los labios un buen amigo suyo.

Don Tuno

Don Tuno

A las cinco de la mañana en el caserío de Las Delicias de Moche, Trujillo, los difuntos se confunden con los vivos, y los animales con los hombres. Los gallos conversan con otros gallos que viven en corrales distantes, y aquellos con otros y otros, y así hasta el fin del mundo. Los perros y los lobos son una misma cosa. La creación ha vuelto a la unidad primigenia en que hombres, bestias y cosas se comunicaban. La naturaleza entera se halla recogida a la espera de vapores de luz que nacen del oriente. Unos cuantos perros vagabundos anuncian el día.

Desde esas horas, el Tuno se encontraba dedicado a la fabricación de cerámicas y tallas de madera. A las siete comenzaba a ser un sanador. En ese momento, venidos desde Trujillo y desde todos los pueblos por donde corre el río Moche, arribaban a su casa personas que confesaban padecer de todo tipo de dolencias y pesares.

El maestro los recibía uno por uno de manera reservada y les iba recetando las pociones de yerbas que consideraba necesarias para su curación. Algunos cargaban en una bolsa de tela un pequeño roedor muy escurridizo, el cuy, cuyo uso es indispensable para los diagnósticos más especializados.

He llegado a contar entre cincuenta a sesenta los cuyes sacrificados en una sola mañana. Sobre el cuerpo del paciente que, a veces no había declarado sus síntomas, el curador sobaba varias veces el breve animal todavía vivo al tiempo que repetía un ensalmo casi inaudible.

Luego de abrir por la piel al roedor, en sus entrañas palpitantes, el Tuno era capaz de descubrir la raíz del problema y buscar la solución. En unos casos, para curarse bastaba con ingerir ciertas infusiones hechas a base de yerbas. Si se trataba de una enfermedad de Dios, ésa era la solución, o la consulta a un sanador más especializado, un cardiólogo, por ejemplo.

En otros cados, cuando el mal había sido inducido por un brujo malero, mi compadre sentenciaba que se hacía necesaria una Mesa.

-¿Qué es lo más importante para fabricar un ser humano?

-¡Sólo Dios sabe!

-¡Por supuesto! Pero me refiero dentro de tu tarea, compadre.

Se quedó pensando. Miró hacia el cielo.

-¡Ser Dios debe ser una tremenda responsabilidad!… Read more »

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