Ballate peruviane cantate da lontano (en italiano)

Sobre “La ballata di Dante”
Per Francesca Lazzarato - 09/05/2008 - Il manifesto
Riferimenti: Eduardo González Viaña - La ballata di Dante

Contrasti Ferocia e humor da Santiago Roncagliolo e Eduardo González Viaña Nomadi per scelta o per necessità, sono numerosi, fra gli autori in scena alla rassegna Lingua Madre, quelli che vivono lontani dal proprio paese. È il caso dei peruviani González Viaña e Roncagliolo, ma anche della francoivoriana Tadjo e di Bessora, svizzero-gabonese A parte nomi come quello di Mario Vargas Llosa o del mai dimenticato Manuel Scorza, della letteratura peruviana in Italia non si sa molto, nonostante nel corso del tempo le traduzioni non siano mancate: ormai introvabili i libri di José Maria Arguedas, di Ciro Alegría e dello straordinario cuentista Julio Ramón Ribeyro, quasi ignoti al grande pubblico autori fondamentali come Bryce Echenique, praticamente sconosciuta la generazione tra i quaranta e i cinquanta, da Alonso Cueto a Jorge Eduardo Benavides, Ivàn Thays o Patricia de Souza. Anche per questo è importante che la Fiera del libro abbia deciso di offrire ai lettori italiani l’occasione di incontrare due autori peruviani di tutto rispetto, appartenenti a generazioni diverse, differentissimi nello stile eppure con un tratto comune: la lontananza dal proprio paese d’origine, visto che entrambi vivono e lavorano fuori dai confini del Perù.

Assai più sofisticata, eppure straordinariamente leggibile, è la scrittura musicale, immaginosa e ironica di Eduardo González Viaña, altro peruviano ospite a Torino (domenica alle 11 nell’Arena Piemonte e lunedì alle 20 alla Sala Azzurra), dove presenterà la prima traduzione italiana di tutta la poesia di César Vallejo, curata da Antonio Melis per le edizioni Gorée. Nato nel 1961 e sconosciuto in Italia fino alla recente apparizione in italiano del suo ultimo romanzo (La ballata di Dante, Gorée, pp. 304, euro 18), González Viaña vive da molti anni negli Stati Uniti, dove insegna all’università, ed è un ottimo giornalista ma soprattutto uno splendido scrittore la cui vasta opera include, oltre ai romanzi, numerosi libri di racconti, alcuni libri a metà tra fiction e ricerca etnologica come Habla, Sampedro e l’incantevole Sarita Colonia viene volando (biografia quasi immaginaria di una «santa dei poveri» peruviana mai riconosciuta dalla chiesa), e cronicas ammaliatrici come Los sueños de América, che racconta le storie straordinarie dei latinos negli Usa. E a questo tema è dedicato La ballata di Dante, magnifico romanzo in cui Dante Celestino, messicano immigrato da oltre vent’anni ma ancora indocumentado, nonché vedova dell’amatissima moglie Béatriz, percorre in lungo e in largo gli Stati Uniti in compagnia dell’asino Virgilio, alla ricerca della figlia Emmita, fuggita con un giovane delinquente chicano nel giorno del suo quindicesimo compleanno.

Oltre a una prosa «così perfetta che viene voglia di cantare mentre si legge» (il giudizio è di Alfredo Bryce Echenique), a un senso dell’umorismo fuori del comune e a una squisita capacità affabulatoria, González Viaña offre anche una visione estremamente interessante, poetica e fuori da ogni schema della diaspora latinoamericana in particolare e delle migrazioni in generale, del meticciato culturale, dell’identità - o della perdita della medesima - in seno a una società che può solo illudersi di imbrigliare e frenare con muri, espulsioni e pugno di ferro un fenomeno come quello dell’immigrazione.

Un motivo in più per leggerlo e ascoltarlo, visto che, se «gli Stati Uniti hanno gli incubi in spagnolo», come ha detto di recente il Pulitzer Junot Diaz, anche quelli di troppi «italiani ex brava gente» parlano una imprecisata lingua straniera.

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Dossier “Sobre Vallejo en Trujillo, en Trilce y en los infiernos”

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Su gracia nos deja vivir en el misterio.

Sobre “Vallejo en los infiernos”
Por Nicanor de la Fuente, Nixa, poeta y periodista en ejercicio, 105 años, contemporáneo del Grupo ¨Norte¨

“Vallejo en los infiernos” es un libro que todos estábamos esperando, o quizás necesitando en el Perú.

Un gran escritor relata los días jóvenes, las pasiones tremendas, los dulces amores, los primeros poemas y la infame carcelería que vivió el más grande de nuestros poetas, César Abraham Vallejo.

El novelista y su personaje tienen mucho común además de su nacimiento en el mismo departamento de La Libertad, de sus estudios en la Universidad Nacional de Trujillo, y hasta de su vivienda en la misma calle de Trujillo. Los vincula una común creencia en la literatura como una forma de robarle vida a la muerte, y lograr que la eternidad sea la patria de sus libros, de su pueblo, de su generación y de su tiempo.

La militancia en la lucha por el cambio social acerca mucho más aún a uno y a otro. Cualquiera de ellos podría decir que donde hay libertad y justicia, allí está mi vida y allí están mis sueños.

He leído la novela y me he sentido de vuelta en esos asombrosos tiempos que también a mí por suerte me tocó vivir. Juntando realidad e ilusión, las dos mitades de toda vida humana, González Viaña ha descrito las reuniones de los jóvenes bohemios de 1920, nos ha hecho vivir las caminatas de César con María Sandoval, nos ha permitido escuchar la voz profética de Antenor Orrego, nos ha hecho viajar de Trujillo a Santiago de Chuco y por fin nos ha puesto en el barco en el que César Vallejo se marchó hacia París y hacia nunca más.

La elegancia y la precisión de la prosa de González Viaña- acaso la más cuidada de nuestra actual literatura- se juntan con la arquitectura perfecta de una novela que nos hace adictos a su lectura y por fin nos junta en una permanente visión de incandescencia sin término.

Para quien lea la poesía de Vallejo, se hace ahora imprescindible tener a la mano VALLEJO EN LOS INFIERNOS. No leo ensayos sobre la poesía o los poetas porque sus interpretaciones suelen quedarse en los límites del ensayista. Prefiero la novela biográfica porque en ella el personaje puede volver a caminar, e incluso a vivir y a escribir, y a explicarnos por qué loca razón o sinrazón tomó el camino de escribir.

La poesía, sobre todo la de Vallejo, es la unión de dos palabras que vivían en páginas muy distintas del diccionario y que parecían injuntables. La unión de las dos no tiene por qué decirnos alguna verdad temible. Su gracia reside en que nos deje vivir en el misterio.

Gracias, César Vallejo, por habernos dado tanta poesía que nos hace temblar y soñar. Gracias, Eduardo González Viaña, porque con tu libro seguiremos soñando y temblando por todo lo que dure este misterio.

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La experiencia abismal de Vallejo

Sobre “Vallejo en los infiernos”
Por Antonio Melis, Catedrático de la Universidad de Siena, Italia. Uno de los más importantes peruanistas europeos.

La inquietud creadora permanente es el rasgo más notable de la narrativa de Eduardo González Viaña. Después del éxito extraordinario de su novela El corrido de Dante, una epopeya picaresca de los migrantes mexicanos clandestinos en Estados Unidos, no se ha dormido en los laureles, sino que se ha lanzado en otra aventura muy diferente. Ha aceptado el reto de contar la vida de Vallejo, a partir de su “momento más grave”, el de la cárcel injusta sufrida en sus años juveniles. Ha realizado su empresa narrativa a partir de una profunda identificación con el poeta y su obra. Toda la novela, en efecto, se desarrolla a través de un sabio y refinado contrapunto con los textos poéticos de Vallejo.

Los infiernos que aparecen en el título aluden al lugar más sórdido de la prisión de Trujillo pero también a la experiencia abismal que toda poesía auténtica supone. Alrededor de este núcleo central, se evocan los momentos más significativos de la vida del poeta, antes del viaje definitivo a Europa. La religión del hogar es uno de los alimentos fundamentales de sus primeros poemarios. En la novela este repertorio se manifiesta intensamente en la memoria de la madre y de la “numerosa familia que dejamos”. Las referencias al período escolar iluminan el cuento desgarrador de Paco Yunque. Las comprobaciones precoces de la injusticia humana encuentran confirma-ciones abrumadoras en sus primeros contactos con el mundo de los trabajadores, especialmente los mineros.

La formación religiosa del poeta se desarrolla entre mensajes contradictorios. Por un lado choca contra una visión formalista y dogmática, fundada en la obsesión del pecado. Por el otro elabora una lectura revolucionaria del Evangelio, que lo empuja a la identificación total con los pobres de la tierra.

Cuando González Viaña relata la violencia ciega que se desata contra el pueblo, advertimos en sus páginas apasionadas algo que va más allá de la época de Vallejo. En el trasfondo, se percibe claramente la referencia a la guerra sucia que ha ensangrentado el Perú en años recientes. No faltan las referencias al contexto internacional, desde la primera guerra mundial hasta la revolución mexicana y la revolución de octubre.

Las historias de amor del poeta juegan un papel fundamental. González Viaña nos ofrece retratos inolvidables de las mujeres que han marcado los años peruanos de Vallejo. Una vez más utiliza con gran acierto las referencias a los poemas de Los Heraldos Negros y de Trilce. Las enamoradas de su juventud son al mismo tiempo personajes reales de una narración y sublimación lírica.

Al lado de los amores, aparecen las grandes amistades. El narrador nos proporciona un cuadro muy eficaz de la “Bohemia” trujillana, ese círculo de escritores y artistas que afirma el protagonismo de la provincia peruana. La figura de Antenor Orrego, el primero que intuyó la grandeza de Vallejo, sobresale por sus calidades intelectuales y humanas.

La utilización cuidadosa de los documentos es particularmente evidente en lo que se refiere a la pesadilla carcelaria vivida por el poeta. La trágica noche de Santiago de Chuco se reconstruye en todos sus detalles. Pero el tiempo lineal de la narración se altera continuamente, para dejar el paso a violentas inversiones. La deshora vallejiana impone su ritmo marcado por bruscos anacronismos. En estas páginas se manifiesta una compenetración admirable con los estratos más profundos de su poesía.

Toda la novela, en sus distintos registros estilísticos, se halla iluminada por la prosa diáfana de González Viaña. El reto de transmitir la vida de uno de los mayores poetas del siglo XX se transforma en un triunfo literario, donde los recursos admirables del oficio están al servicio de un gesto profundo de amor.

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Una epopeya colectiva

Sobre “El Corrido de Dante”
Por Luis Bagué Quílez, Premio Hiperión de poesía. Universidad de Alicante

La aparición de un nuevo sello editorial siempre es síntoma de que «algo se mueve» dentro de un panorama literario que a menudo se deja conducir por inercias tan fáciles de detectar como difíciles de remediar. Si, además, la editorial no sólo nace con buenas intenciones, sino con una perspectiva estética bien definida, el síntoma puede transformarse en evidencia. La murciana Alfaqueque Ediciones surge con el deseo de conquistar la complicidad de los lectores gracias a su cuidado formato y a un catálogo que, a juzgar por su primer título, promete muchas y gratas sorpresas.

La decisión de publicar «El Corrido de Dante», del peruano Eduardo González Viaña, no admite la presunción de inocencia. La novela, que viene avalada por el Premio Internacional Latino 2007 en Estados Unidos, es una emocionante epopeya colectiva que plantea múltiples lecturas. La obra narra el viaje que emprenden el inmigrante Dante Celestino y el burro Virgilio en busca de Emmita, la hija de Dante, fugada durante su fiesta de quinceañera con el motorista Johnny Cabada. Sin embargo, la aventura individual de Dante pronto se convierte en metáfora de la inmigración mexicana en Estados Unidos. Desde lo particular a lo universal, González Viaña despliega un mosaico narrativo en el que hay lugar para todos los géneros conocidos, e incluso para algún otro de cosecha propia.

«El Corrido de Dante» se presenta como una novela de aprendizaje a la inversa, en la que se superponen varios discursos. De hecho, el viaje de Dante Celestino se estructura como un viaje real a través de la geografía norteamericana —desde Mount Angel (Oregon) hasta Las Vegas— y como un viaje interior a través de los recuerdos del personaje, desde su llegada a los Estados Unidos hasta el encuentro con su amada Beatriz. Y «El Corrido de Dante» también puede leerse como una sátira social sobre la inmigración. La fábula picaresca el burro Virgilio, la peripecia kafkiana de los «espaldas mojadas» en túneles subterráneos o la odisea funeraria de Beatriz, a medio camino entre el humor negro y la amarga tristeza, son ejemplos de la vocación de contar con la sonrisa del lector en aquellos asuntos demasiado dolorosos como para tomárselos en serio. Y «El Corrido de Dante» es sin duda un relato fantástico, en el que la presencia de la difunta Beatriz dota a todos los personajes de un difuso estatuto entre la vida y la muerte, como si los curiosos cadáveres de Comala se hubieran decidido a cruzar la frontera y relatar la historia de sus vidas. Y «El Corrido de Dante» podría interpretarse como una galería de tipos pintorescos que oscilan entre la caricatura esperpéntica y el retrato compasivo: tres mariachis fantasmas, el milagroso profeta Moisés Facundo, el coyote Leonardo Ceja, la «madame» Augusta Robusta, el traficante Leonidas García o el compositor El Peregrino, entre otros invitados. Y «El Corrido de Dante» es, definitivamente, un corrido, donde la música se refleja mediante las voces del narrador entrometido, los personajes y las canciones de amor y desamor que atraviesan tiempos y espacios. Y «El Corrido de Dante» contiene, además, un homenaje a los clásicos de la literatura. En primer lugar, claro está, a la «Divina Comedia», pues este Dante es guiado a través de los círculos del infierno por los rebuznos del cartesiano Virgilio y por el eco celestial de Beatriz. Aunque al lector no se le escapa que Dante tiene también algo de Ulises y de un Don Quijote que, acompañado por su particular Sancho Panza, realiza dos salidas en busca de su hija y, acaso, de su identidad.

Siendo todo ello, «El Corrido de Dante» cristaliza en un nuevo género contemporáneo: un híbrido entre la «Road Movie» y «El Donkey Book» o, siguiendo la tradición castellana, entre el «Libro de Caballerías» y el «Libro de Burrerías». Como recordaba el autor en unas declaraciones recientes, «El Corrido de Dante» no es, a pesar de su apariencia, una novela. Más bien se trata de un pueblo. Y, quizá, de toda una literatura.